1. METHODOLOGICAL FRAMEWORK
1.1. Delimitation of the universe of study
Normalmente, el conjunto de términos que conforman un lemario o una lista de entradas es extraído del mismo corpus donde se extraen o identifican las definiciones. Corresponde a criterios selectivos de corte exclusivo. Esto es, aunque la definición no sea extraída literalmente del corpus, sí atiende a los criterios que el mismo especialista que ha estado inmiscuido en el diseño del corpus sea uno de los consultores para la validación de las definiciones y, por tanto, de la red conceptual de la terminología (del conjunto de términos). El carácter exclusivo, de esta manera, recae en que terminólogo, especialista y corpus influyen directamente en la forma y el contenido de la definición.
Por otro lado, cuando la definición terminológica está inserta en un diccionario general, el concepto al que designa por medio del término se encuentra en relación con una red más amplia de conceptos que permiten una mayor riqueza léxica y semántica. El terminólogo y el especialista validan su forma y su contenido, por decirlo así, de una manera parcial, pues no tienen acceso al entramado completo que el concepto en cuestión tiene con los demás conceptos del corpus; sólo validan lo que está bajo su control dentro del área de especialidad que traten en ese momento. Así, el mismo procedimiento para diseñar una definición terminológica tendrá más o menos alcance de acuerdo con el tipo de corpus desde donde sea extraída.
Lo anterior nos da fe de la relación establecida entre concepto, término y definición. A lo largo de este capítulo hemos visto que este trinomio tiene a su vez características de sus elementos por separado, y características de esos mismos elementos cuando se relacionan unos con otros.
Se puede ver, por consiguiente, que en la relación existente entre concepto y término, el proceso de denominación, meramente terminológico, es un fenómeno muy distinto a su par en lexicografía, el proceso de designación. Atendiendo a esta perspectiva, la denominación es el mecanismo por el cual nosotros
como seres humanos y particularmente los especialistas de un área, en tanto tales, asignan una representación lingüística a un concepto, a un significado delimitado por sus condiciones pragmáticas de uso en un discurso especializado. Esta denominación del concepto está a su vez comprometida con el discurso de especialidad donde es emitida. Es decir, la denominación del término depende también de los otros términos en el discurso que a su vez denominarán conceptos de la red que delimita al concepto que se está denominando. El mecanismo por el cual la denominación se da con mayor efectividad, es el mecanismo de activación del término, que no es otra cosa que el descubrimiento y análisis de aquellos contextos de uso donde los rasgos del concepto referido emergen y dirigen la vista hacia la unidad que mejor los denomina, el término. Esta primera relación nos permite, por tanto, validar al término como el elemento de trabajo nuclear en la labor terminográfica.
En la segunda relación mencionada, la que corresponde al binomio término-definición, hemos visto que hay que tomar en cuenta cuatro aspectos importantes: El contexto de activación, el contexto definitorio, la definición y el contexto lingüístico. Definir la definición terminológica es ya un trabajo complejo que teorías de distinta naturaleza han abordado, de las cuales hemos mencionado aquí sólo tres y de ellas nos hemos quedado con la que corresponde a la Teoría Comunicativa de la Terminología. Así, para efectos de este trabajo y la definición terminológica es una estructura lingüística que refleja las características de un concepto a través de la utilización de un término, esto es, una unidad léxica derivada de un campo de especialidad.
Nos dimos a la tarea de rastrear qué punto o ubicación de ese discurso especializado es de donde se desprenden término y definición. Para la ubicación de los términos hay ya numerosas investigaciones, pero lo que nos ocupaba aquí era poder distinguir la relación término definición, por lo que necesitábamos ubicar el instante inmediato anterior a la creación de la definición. Este momento es, pues, el contexto definitorio12. Una estructura que
12 Otras investigaciones, empero, han incluido los contextos definitorios en un grupo denominado “Contextos Ricos en Conocimiento” (KRC por sus siglas en inglés), ya que no se limitan sólo a aquellos que contienen información definitoria sino que además aportan información pragmática o metalingüística, como los
focaliza los rasgos más importantes del concepto y que a su vez lo hace a través de estructura semiestables llamados patrones definitorios. Si bien una relación conceptual es difícil de analizar, un patrón representa una regularidad que coadyuva a explicar un fenómeno y a lanzar generalizaciones comprobables, es decir, es más sencillo de analizar. El resultado de dicho análisis es una identificación de las relaciones que establece un término con cada uno de los elementos de la estructura que lo define, es decir, con la definición terminológica.
A manera de conclusión podríamos decir que la relación concepto-término-definición es una codependencia semántica lineal que, dependiendo de la utilización o el análisis de alguno de sus tres elementos, el terminógrafo podrá apoyarse para diseñar las diversas categorías de datos de una entrada en un diccionario de especialidad. Si se focaliza el concepto, se podrá mirar el conjunto de rasgos asociados a él y las relaciones que dicho concepto tiene con otros conceptos de la misma área de especialidad; esto dará como resultado la distinción más minuciosa del término o los términos que se asocien a dicho concepto. Si se focaliza el término, se podrá observar la representación lingüística de un concepto y se podrán definir las características morfológicas y semánticas que lo hacen distinto de otras piezas léxicas utilizadas por los hablantes de una lengua. Aquí se podrá ver, además, la diferencia que puede guardar con alguna palabra similar utilizada en el lenguaje general si se coloca en algún contexto de activación a través de la relación que guarde con otros términos o palabras en dicho contexto ya que debemos recordar que el contexto de activación guarda una distancia muy cercana a un contexto de uso. Si se focaliza la definición, se podrá observar la estructura sintáctica más adecuada para representar las características del término, esto es, el conjunto de rasgos conceptuales que se han elegido como imprescindibles para poder definir el alcance semántico de dicho término.
Finalmente, vemos que la relación concepto-término da fe de las elecciones tomadas por los especialistas para representar por medio de palabra o término los rasgos inherentes de un concepto patrones que menciona Alarcón, y relacional o atributiva, como también contempla Meyer (2001)12, pero a este tema volveremos en el apartado 2.4.
con los matices que el propio discurso de especialidad, y la relación término-definición da fe de la representación lingüística del término a través de un acto comunicativo (definitorio) que condensa el conjunto de los rasgos elegidos en una estructura lingüística organizada: la definición terminográfica13.
El conjunto de características esenciales y complementarias presentes en la definición terminográfica es un punto que crea controversia constante, ya que por un lado el especialista verá como obligatorias aquellas características reflejadas en otros términos dentro de la corriente teórica en la que se formó, o la estructuración previa de su formación, mientras que el terminólogo tendrá en cuenta, además, relaciones semánticas (hiperónimos, hipónimos, cohipónimos, etc.), relaciones morfosintácticas y léxicas (colocaciones, concordancias, contextos) y relaciones conceptuales (árbol de campo, mapa conceptual, campos semánticos). Estas variables harán que la definición se incline hacia uno u otro campo semántico y, en consecuencia, declare como obligatorios ciertos rasgos del concepto para conformar los descriptores genéricos, dejando de lado las demás características como opcionales. En cualquier caso, los argumentos imperantes siempre parecen ser los de estos especialistas y no estos mismos argumentos en relación con el potencial usuario.
13 De aquí en adelante nótese que nos referiremos a la definición en el diccionario especializado como definición terminográfica, siempre atendiendo al criterio de De Bessé (1997, p. 65), quien hace una distinción entre definiciones terminológicas y definiciones terminográficas. Para él, las primeras crean conceptos mientras que las segundas sólo los describen en referencia a un sistema conceptual preexistente. Sobre esta noción, que compartimos, Pérez apunta: “Esta distinción entre definiciones terminológicas y definiciones terminográficas está en consonancia con la diferente orientación que normalmente poseen ambas actividades: normativa en el primer caso y descriptiva en el segundo. En consecuencia, los encargados de formular las definiciones terminológicas son los propios expertos en la materia y los organismos normalizadores correspondientes, mientras que las definiciones terminográficas se encuentran en los trabajos de orientación descriptiva realizados por los terminógrafos.” (Pérez, 2002).