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5 Conventional Sintering and Characterization

5.2.1 Density

Las características del sector forestal imponen a las actuaciones un sistema de planificación a largo plazo, que los forestales de todo el mundo conocen con el nombre de "Ordenación de Montes", y que se caracteriza (Dubourdieu et al., 1993).

- Por un conocimiento de partida del sector forestal: a escala nacional son los Inventarios Forestales Nacionales; a escala monte son los inventarios locales.

- Por fijar los objetivos (concretos y lógicos) a alcanzar: estos objetivos son los generales (para el país) y los particulares (para los montes) de la política forestal y deben estar definidos por la Sociedad a través de sus representantes.

- Por prever las medidas necesarias (selvícolas y económicas) tanto en el tiempo, como en el espacio, para alcanzar los objetivos fijados.

El primer problema que se plantea a la gestión forestal es actuar o no actuar. No intervenir también es una forma de gestión, que, evidentemente, puede tener sus ventajas e inconvenientes y que se debe ponderar. La elección de no intervenir trae como consecuencia que la naturaleza regenere mediante su actuación la masa que ha ido envejeciendo con el paso del tiempo. El procedimiento suele ser por medio de alguna catástrofe, de tipo natural, que produzca las circunstancias necesarias para la regeneración, normalmente mediante la eliminación del arbolado viejo. Esta alternativa de no actuar es la que se está llevando en los parques naturales de muchos países del mundo y puede conducir a circunstancias no deseadas. Un ejemplo típico de ello es la política seguida en EE.UU., en los parques nacionales hasta el año 1988, año del incendio del parque nacional de Yellowstone, en donde se quemaron más de 600.000 hectáreas por incendios naturales que no se pudieron controlar (Romme y Despain; 1990). La actuación no controlada, y muchas veces catastrófica, de la naturaleza en la regeneración de las masas forestales, se puede suplir por una actuación pensada del hombre adelantándose a su acción en aquellos sitios y en las épocas que sea necesario. Si no lo hacemos, buen ejemplo, de los problemas encontrados es el citado incendio de Yellowstone.

La gestión por el hombre de las masas forestales debe conducir a una regeneración natural de las mismas. Esta regeneración natural es mucho más difícil y altamente problemática en montes sometidos a una alta presencia humana (visitas, ocio, acampada, recreo, ganado, recogida de frutos) y cuando por condicionantes sociales no se efectúan las cortas en los momentos y lugares adecuados.

Si por no intervenir, se pierde la capacidad de producción de semilla fértil, hay que proceder a una regeneración, por siembra o plantación, con todas las limitaciones que ello conlleva consigo, tanto de orden técnico y económico como social y además, en unas condiciones que no suelen ser las adecuadas (ya que se pueden producir algunas de las siguientes circunstancias: encespedamiento y compactación del suelo, invasión de matorral, pérdida de elementos nutrientes...). El fin principal de la actuación sobre las masas, es decir, de la gestión forestal, es asegurar su regeneración natural, que se consigue por medio de la corta de los árboles que han llegado a su edad de madurez (para muchos gestores

forestales, la no consecución de la regeneración natural es sinónimo de fracaso profesional). Este hecho se traduce en el clásico y conocido principio de persistencia (conservación) de las masas a los que la economía forestal añade los de rentabilidad y máximo rendimiento (Olazabal, 1883; Mackay, 1961).

Estos principios, de origen Centroeuropeo, y que presentan un marcado carácter productivista, han orientado y marcado la gestión forestal, prácticamente, desde su origen hasta el impacto, que en los años setenta, en todos los países de Europa Occidental, tuvo la política de la Administración republicana de Nixon en U.S.A., con la creación en 1969 de la "Environment Protection Agency" y la celebración de la Conferencia de Naciones Unidas Sobre Medio Ambiente Humano de Estocolmo en 1972.

Desde siempre, la gestión forestal ha marchado completamente unida y subordinada a las necesidades relativas a los sistemas forestales que han tenido en cada momento los individuos y las sociedades constituidas (en los casos en que éstas existan o puedan imponer sus normas a los ciudadanos individuales). Hoy en día, coexisten, a escala general, diversos tipos de gestión forestal, que yendo de la más antigua a la más moderna, se pueden clasificar de la siguiente forma (Spurr, 1979).

- Gestión de explotación

Es el primer tipo de utilización de los bosques. Las masas y los árboles se tratan como un recurso natural, fácilmente disponible, sin preocuparse de su regeneración. Las zonas taladas se convierten en cultivos agrícolas o simplemente se abandonan. En Europa tuvo carta de naturaleza hasta que, en algunas ciudades alemanas en el siglo XII, empezó a escasear la madera como combustible y se comenzaron a utilizar los primeros procedimientos de gestión rudimentaria (métodos de gestión del monte bajo) para conseguir un abastecimiento continuado de leña. Este tipo de gestión sigue siendo la norma habitual en muchos países, fundamentalmente, en zonas tropicales y boreales.

- Gestión convencional extensiva

La necesidad de madera para su utilización, no sólo, como combustible, sino para la construcción y para la industria naval, motivó en Europa, ya desde comienzos del siglo XII pero acentuada en el siglo XVIII, la necesidad de regenerar las zonas taladas y de organizar (gestionar) los bosques para la producción continuada de madera (principio de la persistencia) y otros bienes.

Este enfoque, que todavía se sigue ampliamente utilizando, se basa en la gestión de las masas que hayan llegado a su edad de madurez (turno) para permitir su regeneración natural. La edad de madurez, se determina normalmente por criterios tecnológicos (dimensiones de los árboles), o por criterios de máxima renta en especie (se efectúan las cortas cuando el crecimiento medio de la masa empieza a disminuir). Estos procedimientos son los que se siguen de una manera general en los montes públicos europeos con especies de crecimiento lento.

La gestión convencional extensiva incluye, asimismo, el empleo de técnicas selvícolas (claras, podas) y de modelos de crecimiento de masas (tablas de producción, claras numéricas...) para permitir el aumento de diámetro y de calidad de los árboles que van a llegar a la corta final.

- Gestión convencional intensiva

Simultáneamente, y por diversas causas (fundamentalmente motivos económicos y de facilidad de gestión), en los siglos XVIII y XIX muchos bosques de frondosas se convirtieron en bosques de coníferas por repoblación con Pinus sylvestris y Picea abies o se repoblaron terrenos abandonados por la agricultura con coníferas de crecimiento medio (Pinus pinaster). El tipo de gestión favoreció la existencia de coníferas de valor comercial y además en forma de masas puras (monoespecíficas) y regulares (de una sola clase de edad). Se trata de un verdadero cultivo de árboles (selvicultura) atendiendo a los tres principios clásicos de gestión Centroeuropea, ya citados anteriormente (persistencia, rentabilidad y máximo rendimiento), que durante esta época adquieren carta de naturaleza y se desarrollan y aplican de una manera científica y técnica.

- Gestión naturalista

En pleno apogeo de la utilización del tipo de gestión convencional intensiva, se comprobó, a mediados del siglo XIX, en Alemania, Suiza y Francia, en zonas donde crecían la segunda y tercera generación de las repoblaciones de coníferas, que las producciones solían ser menores que en la primera corta. El hecho se atribuyó a la formación de suelos ácidos por los residuos forestales (actualmente, también, se contempla la posibilidad de cierto grado de agotamiento genético de los árboles padre dejados como portagranos).

Para resolver el problema, se empezó a prestar atención a la adaptación de las masas a la ecología de la zona donde vegetan. Este enfoque preconiza las masas mezcladas (pluriespecíficas) y de estructura irregular (donde coexisten todas las clases de edad). Una escuela representativa de este tipo de intervención es la desarrollada en Suiza por Gurnaud que ideó el procedimiento de gestión de montes conocido con el nombre de Método de Control (Biolley, 1920).

- Gestión intensiva de turno corto

La crisis del petróleo 1973, y sus consecuencias, motivó que se pensara en la utilización de las superficies forestales como soporte de especies de crecimiento muy rápido que sirvieran como fuente de energía y de materias primas químicas. Para ello, a partir de las experiencias realizadas en Alemania durante la Primera Guerra Mundial, se intenta, no sólo el aprovechamiento integral de los árboles, sino la utilización de especies de turnos muy cortos, inferiores a 10 años, que se aprovechan con relativa frecuencia, pudiendo llegar a ser bienal. Simultáneamente, para favorecer el crecimiento de los árboles, se utilizan diversos tipos de fertilizantes y se produce una investigación sobre mejora genética.

Afortunadamente, este tipo de gestión no se ha llevado a cabo por la bajada del precio del petróleo.

- Gestión multicriterio

Independientemente, de cuál sea el fin último de la gestión forestal (productor, protector, paisajista, biológico, social, uso múltiple, reserva o parque natural), parece evidente, que el propietario o el gestor, deba tomar sus decisiones basadas en un análisis, tanto de las alternativas posibles, como de las posibles repercusiones que puedan tener no sólo sobre los ecosistemas sino sobre la sociedad.

Actualmente, aunque se considera que la producción de madera, sigue siendo, la mayoría de las veces, la función predominante de los montes; la importancia cada vez más creciente de las funciones sociales y de protección, lleva, hoy en día, a la realización, de estudios globales sobre la dinámica y el equilibrio de los ecosistemas forestales con su aprovechamiento (funcionamiento de los ecosistemas forestales, calidad de los productos forestales, integración de todos los elementos de cálculo económico).

En este sentido, se han empezado a utilizar, desde 1980, las llamadas técnicas de Gestión Multicriterio que pretenden integrar distintos objetivos asociados a la gestión forestal (Buongiorno y Gilles, 2003; Bouchon et al., 1991; Hof, 1993; Romero, 1993; Díaz Balteiro y Romero, 2008).

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