4 CHAPTER FOUR
4.4 RESEARCH METHODS
4.4.3 Data collected in this study
4.4.3.2 Dependent variable
El cambio como elemento permanente en una sociedad costarricense que se abre a un mundo cargado de imágenes, de impacto, de vertiginosidad, de defensa y custodia del acervo sociocultural propio, entre otros aspectos más, se enmarca mucha veces en espacios de discriminación y limitaciones de derechos que parecían autos ya superados en un Estado como el costarricense que “pregona defender” los principios básicos de una democracia imbuida dentro de la diversidad.
En parafraseo de Castells (2001, pp. 420-421) las representaciones simbólicas y su significado para la comunidad que las asume, se convierten en el engranaje que cimenta la cotidianeidad, siendo capaz de trascender espacios de tiempo que van a marcar la conducta o las conductas, encauzándolas por ende, hacia actitudes individuales y colectivas que inducen a la estructuración de elementos armoniosos y pluralistas en una sociedad o hacia como el mismo Castells lo esgrime “pesadillas”.
La lectura y el análisis en este esfuerzo investigativo del basamento teórico-metodológico y de las representaciones simbólicas y su significado construidas en la educación media costarricense y en específico en las lecciones de Educación Cívica nos lleva a esbozar lo subsecuente:
1. Una colectividad social vigente que todavía sigue determinando las di- ferencias entre los “episodios o etapas de desarrollo” del ser humano tanto a nivel individual como social, partiendo de una máxima dirigida por el aspecto etario y biológico, desvirtuando e invisibilizando como lo señala Induni (2002), los propios elementos que constituyen al ser hu- mano en una dimensión histórica y subjetiva enmarcada en una comu- nidad, así como, en una multiplicidad de símbolos, representaciones y dimensiones que van a permear su conducta. Entonces, se plantea con ello, un ser humano encapsulado a determinados elementos casi mo- nolíticos que delimitan su estadio, los cuales si se observan en su mis- ma estructura van cercenando la diferencia y a la vez acusando a lími- tes sumamente ambiguos y lejanos de su contexto. Por lo que en re- ferencia precisa al concepto de juventud o juventudes como bien se advirtió a lo largo del estudio, es necesario instituir su lectura a partir de una referencia conceptual pluridimensional, heterogenia y subjetiva que le van a dar ese carácter intrínseco en el análisis de las juventudes de sociohistórico, pero que a la vez le genera la posibilidad de ser fle- xible hacia el cambio, es decir, de ser dinámicas y de tener la posibili- dad de resignificarse.
2. Una percepción del estudiante extranjero nicaragüense en los salones de clase de la asignatura de Educación Cívica, flexibilizada en su coti- dianeidad, a partir del espacio geográfico donde se desarrolla el proce- so de enseñanza y de aprendizaje80. Esto parte de una relación que denominamos de “influencia de frontera” que permite un mayor rango en los espacios de diálogo entre miembros de la comunidad educativa, fomentando en los salones de clase niveles de tolerancia mayores a los estudiantes extranjeros nicaragüenses, en contraposición a los mostrados en las lecciones del centro educativo de zona urbano-margi- nal. Situación que parece enmarcarse por los espacios de intercambio a nivel político y comercial, entre otros campos, que se gestan a lo lar- go de la zona fronteriza. Más cabe mencionar, que muchos de esos es- pacios de “diálogo” entre los estudiantes, parten de un carácter de adaptabilidad que básicamente implica el disminuir u opacar81 los ele- mentos más llamativos de la identidad traída por los migrantes nicara- güenses.
3. Un programa vigente para la asignatura de la Educación Cívica (MEP, 2009) que promueve en su estructura básica un estudiante que pueda racionalizar su mundo circundante pero a la vez que pueda hacer una transformación de su espacio, situación que se presenta ideal y en principio excepcional para generar la construcción del conocimiento. Pero contradictoriamente, la mediación pedagógica en los salones de clase se encuentra en muchas ocasiones aún afianzada, cargada y fa- vorecida de estrategias y metodologías pasivas donde los estudiantes se presentan como receptáculos vacíos prestos a llenarse de conoci- mientos unívocos y monolíticos. Plantean por tanto, un panorama radi- calmente fecundo, para un proceso de enseñanza y de aprendizaje acrítico, finito e irreflexivo en el ámbito áulico, donde se hace plausi- ble la génesis de elementos discriminatorios y alienantes esgrimidos dentro de la colectividad social costarricense, que en muchas ocasio- nes se plantean para tratar de ocultar falencias que tienen que ver más con el ejercicio inadecuado del poder político en el Estado que con el intercambio sociocultural de los habitantes de una unidad territo- rial.
4. Una formación inicial del docente en educación media que se enmarca como elemento fundamental para generar oportunidades de cambio dentro del engranaje social, cultural e histórico constitutivo de la socie- dad del siglo XXI, situación con la cual se converge desde el mismo planteamiento del programa vigente de la asignatura de Educación Cí- vica que alude hacia una organización racional y humanista capaz de transformar la sociedad costarricense (MEP, 2009), así como en los ar- gumentos diversos de los informes del Estado de la Educación Costa- rricense (Programa Estado de la Nación, 2005, 2008 y 2011) que sos- tienen que la escogencia de docentes adecuados a las exigencias de
80. Cabe resaltar que esto no significa que la violencia simbólica, física y verbal no se manifieste, sino que los espacios para el intercambio de muy diversa índole en las zonas fronterizas pueden favorecer que esa tensión en la percepción de lo diferente o de lo que está fuera del ser costarricense (lo cual está permeado por rasgos meramente vallecentralinos) se apacigüe o sea manifiesto de manera menos explícita, situación que de ninguna forma es deseable en una convivencia de democracia y respeto.
los estudiantes y con procesos de capacitación continua, amplían el espectro de acción de los partícipes en el proceso educativo y por con- siguiente, para la generación de oportunidades. El punto crucial gira entorno a la reflexión crítica que ese docente realice sobre su labor educativa, su formación y su importancia dentro del proceso de ense- ñanza y de aprendizaje, siendo baluarte para una lectura meticulosa de su entorno circundante, enmarcado en una sociedad costarricense diversa. Situación que se observa complejizada de acuerdo a la carga ideológica que el docente posea, siendo estos axiomas ideológicos los que van ser guía y a la vez foco de incidencia para quienes estén facul- tados a favorecer la construcción del proceso educativo.
5. Una Identidad Nacional Costarricense como invención primigenia y favorecedora del “ser costarricense“, que pervive en pro y a favor de elementos plenamente vallecentralinos, que falsean a plenitud una cotidianeidad marcada por la pluralidad étnica, cultural y sociohistórica vigente en la sociedad costarricense y en los salones de clase dentro de la educación media. Siendo esta predominancia de elementos vallecentralinos, caldo de cultivo para el empoderamiento de una masa poblacional poco reflexiva y acrítica del mundo rededor, que continúa sin reflexionar su espacio, su comunidad y su convivencia próxima, aceptando interpretaciones de otros, casi como axioma de idoneidad a seguir. Situación que funge como asidero para la exposición y reproducción de ideas cargadas de prejuicios, estereotipos y cargas valorativas sumamente negativas hacia un grupo o grupos en particular, que inciden en la exclusión e invisibilización de éstos. Por tanto, es menester de los partícipes en el proceso de enseñanza y de aprendizaje como espacio donde se pueden ampliar los horizontes de cambio, el atender lo que en parafraseo de Bain (2005) se enmarca como punto primordial en un ámbito áulico, el auspiciar no solo la compresión de lo que se dice o expone en el salón de clase, sino, el de acrecentar la lectura crítica y el pensamiento crítico para ir más allá de la mera reproducción y reinterpretar esas invenciones como la Identidad Nacional Costarricense que compete a este estudio, pensándolas y repensándolas a partir de sus limitaciones y falencias para la colectividad social costarricense.
6. Una institucionalidad ministerial que parece tener claro el rumbo que se desea implementar en las lecciones de Educación Cívica, basada en un acto educativo que funja como catapulta para la construcción del conocimiento, teniendo como baluarte la “Ética, la Estética y la Ciuda- danía”. La disyuntiva es la capacidad que posea el docente de hacer valedero ese compendio de metodologías y estrategias plasmadas en el programa vigente y de las políticas en general del Ministerio de Edu- cación Pública. Situación que sale a colación por el enorme espacio que aun poseen dentro de los salones de clase las metodologías y es-
trategias pasivas que únicamente favorecen la memorización o método de enseñanza tradicional, cercenando los espacios de reflexión y diálo- go tan importantes para la revisión, comprensión y construcción de tó- picos tan complejos como lo es el tema de la Identidad Nacional. 7. Una desvaloración del acervo sociocultural e histórico por parte de los
estudiantes de origen nicaragüense, para tratar de adoptar y adaptar elementos de la Identidad Nacional Costarricense, proceso que tiene como punto álgido el aprehender el “ser costarricense”, como mecanismo esencial para alcanzar una aceptación mayor dentro de la sociedad receptora, situación que socaba y funge como potenciadora de la discriminación, dada la invisibilización a la que deben apostar, deteriorando las relaciones de intercambio que son parte esencial de la dinámica cultural. Siendo esta dinamicidad, baluarte de la reciprocidad entre pueblos e individuos en la reconstrucción y recreación de relaciones donde prevalezca una observancia de la diversidad, sin huellas de odio, prejuicios y segregación-exclusión. 8. Un llamamiento de los propios estudiantes nicaragüenses a que se
construya una sociedad sin distingo de nacionalidades, sin estereotipos y prejuicios, donde prevalezcan lazos de comunicación e intercambio favorecedores del crecimiento cultural que se esgrime a partir de una dinámica social basada en los aportes de todos y no en la imposición de un ideario nacional y cultural sobre otro. Donde la reciprocidad sea un agente común para la resolución de las desavenencias y para al- canzar los puntos de encuentro en una dinámica que se resuma en el
respeto, como adminículo génesis, de una sociedad donde prive la
recuperación de lo propio y de lo extraño como cimiento esencial para una convivencia garante de la pluralidad.
9. Un Sistema Educativo Costarricense que bajo la égida del Ministerio de Educación Pública funge como autoridad ejecutoria de los progra- mas de estudio vigentes, por lo tanto, desde ese espacio primigenio de control y garante de la “calidad educativa” en el caso costarricense, el MEP podría favorecer el desarrollo no solo de cambios metodológi- cos y de estrategias de abordaje, sino de una concepción que posee mayores alcances ya aún nivel del sistema como un todo82, para dar una incorporación definitiva a la interculturalidad como elemento base para fomentar la paz y una convivencia en la diversidad en los salones de clase, dando espacio con ello, a una sociedad del siglo XXI que se enmarque no solo en la celeridad de los intercambios83 sino en la cali- dad de estos, basados en el respeto como arista vital en la dinámica del engranaje sociocultural e histórico desarrollado a nivel individual, comunal, nacional y con el inmigrante extranjero.
82. A nivel de currícula.
83. Visión expuesta por Castells (2001).