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Derivative instruments and hedging activities

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14. Derivative instruments and hedging activities

establecer su Iglesia

P

ara apreciar todo movimiento restaurador de Dios dentro de la Igle- sia, primero debemos saber varias cosas sobre ella, la cual puede ser definida como el Cuerpo de Cristo universal compuesto por

muchos miembros. Uno debe entender qué preciosa es la Iglesia para Cris-

to Jesús. Le costó más dar a luz la Iglesia que ninguna otra cosa que haya hecho a lo largo de toda la eternidad.

Cuando Dios creó los cielos y la Tierra, todo lo que tuvo que hacer fue pensar en lo que quería y luego pronunciar su palabra creativa, y todo fue traído a la existencia. Cuando Dios creó al hombre, todo lo que tuvo que hacer fue tomar un puñado de polvo y transformarlo en el cuerpo humano de Adán. Fue simplemente por un acto creativo artesanal, y luego por so- plar algo de su Espíritu eterno dentro del hombre y convertirlo en un alma viviente. Cuando Dios llamó a Abraham para comenzar la raza hebrea, la cual daría a luz su nación escogida de Israel, todo lo que tuvo que hacer fue darle una revelación a Abraham y luego vigilar a sus descendientes hasta que volvieron de Egipto a poseer su tierra prometida de Canaán.

¿Cuánto le costó a Dios formar la Iglesia? Ahora veamos cuánto le costó

a Dios formar la Iglesia. Ah, sí, toda la divinidad se involucró en producir la Iglesia. Jehová Dios dio a su Hijo Jesús al mundo para la redención de la humanidad, para que ellos pudieran ser miembros de la Iglesia de Cristo. Jesús amó a la Iglesia y se dio a sí mismo por ella, para poder presentársela

como una Iglesia gloriosa sin mancha ni arruga (Efesios 5:25-27). Jesús dio el Espíritu Santo a la Iglesia para su poder, preservación y perfección. El Espíritu Santo le da a cada miembro individual la capacidad de comunicar- se con Dios en un nuevo lenguaje de oración y alabanza del Espíritu, una dínamo que genera vida y poder interior.

La Iglesia es tan eterna como Cristo Jesús. La Iglesia no era algo que Dios

decidió hacer luego de que Israel lo rechazó. La Iglesia fue concebida en la mente de Dios desde el pasado eterno. Estaba en la mente del Eterno desde el comienzo y fue planeada y ordenada antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4; Apocalipsis 13:8). El concepto de Iglesia es tan eterno como Cristo mismo. La muerte de Jesús en la cruz pagó el precio redentor por cada persona que se convertiría en un miembro de la Iglesia. La resurrec- ción de Jesús autorizó la creación de la Iglesia, y la venida del Espíritu San-

to en el día de Pentecostés le dio nacimiento.

¿Cuánto le costó a Cristo comprar y crear la Iglesia? Su indescriptible ago-

nía en el Huerto de Getsemaní, una corona de espinas en su cabeza, treinta y nueve dolorosos latigazos sobre su lomo, llevar la pesada cruz de madera sobre su espalda lacerada y finalmente su horrible humillación, sufrimiento y el derramamiento de la última gota de su sangre mientras colgaba de esa cruel cruz hasta morir: ese fue el precio de compra que pagó para tener su Iglesia. Batalló contra las huestes del infierno y salió victorioso al tercer día de la tumba. Sí, personalmente le costó a Dios más que ninguna otra cosa que jamás haya hecho. La Iglesia significa más para Cristo que la vida mis- ma, porque Él se entregó por ella. No ha de extrañarnos que la Iglesia sea tan estimada y preciosa para Jesús. La Iglesia es más preciosa para Él que ninguna otra cosa en los cielos o en la Tierra.

¿Dios quería la Iglesia? Y de ser así, ¿por qué? ¡Absolutamente! Él per-

sonalmente declaró: “Yo (...) edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Note las

poderosas implicancias de cada palabra.

“YO” Jesús está personalmente comprometido con la edifi- cación de su Iglesia. Declara enfáticamente que toma el lugar de dueño personal y Cabeza. Toda su eterna vida está abocada a redimir, situar y hacer crecer a esos miembros hasta la madurez total.

(Tiempo futuro) Cuando Jesús hizo esta declaración la Iglesia no había nacido todavía, pero era la soberana voluntad de Jesu- cristo. El futuro indica la determinación de producir y perfeccionar a pesar del tiempo y esfuerzo requeridos, aunque llevara dos mil años hacerlo.

“EDIFICARÉ” Sugiere un largo, lento e interminable proceso (Efesios 2:20, traducción literal: la Iglesia está “siendo edifica- da”). Él la está edificando conforme a un plan. No dejará de edificarla hasta que cada miembro necesario sea ubi- cado en su posición correcta, y todo el edificio finaliza- do a la perfección.

“MI” La Iglesia es su propiedad personal, orgullo y posesión (Hechos 20:28). “Cristo (…) se entregó por ella [la Igle-

sia]” (Efesios 5:25b). “Él adquirió [la Iglesia] con su propia sangre” (Hechos 20:28c). Jesús es celoso de su

posición como dueño y cabeza de lo que Él llama “Mi Iglesia”.

“IGLESIA” Establece de una vez la distinción entre esta compañía especial y llamada de cualquier otra clasificación de seres humanos. Todo el cielo y hasta el infierno recono- cen que la Iglesia le pertenece a Jesús. Todas las fuerzas de maldad y la gente humanista tratan de impedir que la Iglesia de Cristo se convierta en todo lo que Dios ha planeado de antemano para la cantidad y calidad de sus miembros, el propósito final y la obra que ella hará du- rante la era de la Iglesia y por toda la eternidad.

Jesús, en su cuerpo humano, compró a la Iglesia, pero es a través de la obra de su Espíritu Santo que está edificándola. Una analogía relacionada es la siguiente: David, el profeta de Dios y rey de Israel, recibió por reve- lación divina el plano del templo de Dios. Juntó oro, plata y bronce e hizo provisión para todos los otros materiales necesarios para edificar el templo. Luego se los dio a Salomón, quien dirigió la edificación del templo hasta que estuviera acabado. Jesús proveyó todas las cosas para la edificación de la Iglesia (Juan 17:4; 19:30). Luego comisionó al Espíritu Santo para que tomara las provisiones, diera a luz la Iglesia y continuara trabajando den- tro de ella hasta que cada parte esté en su lugar y todo sea perfectamente

completado. Jesús también dio la unción quíntuple de apóstol, profeta, evangelista, pastor y maestro a miembros especiales de su Cuerpo con el propósito de edificar y perfeccionar a su Iglesia. Los apóstoles y profe-

tas juegan un rol definido en cuanto a trabajar junto a Cristo Jesús en su

Iglesia. Son los que ponen el fundamento y hacen los toques de acabado al edificio de Dios, la Iglesia. Nació en el día de Pentecostés, pero tuvo que ser construida de cierta forma. Serán “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular. En él todo el edificio, bien armado, se va levantando para llegar a ser un templo santo en el Señor. En él también ustedes son edificados juntamente para ser morada de Dios por su Espíritu” (Efesios 2:20-22). Ellos no solo ponen el fundamento, sino

que fueron establecidos como ministros permanentes durante toda la era de la Iglesia. “En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen milagros; después los que tienen dones para sanar enfermos, los que ayudan a otros, los que ad- ministran y los que hablan en diversas lenguas” (1 Corintios 12:28). Fueron

puestos para trabajar primeramente con la Iglesia, hasta que cada miembro sea edificado a la plena estatura y ministerio de Cristo Jesús.

Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evan- gelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo.

–Efesios 4:11-13

Esas escrituras definitivamente declaran que los apóstoles y profetas te-

nían un ministerio vital en cuanto a echar el cimiento de la Iglesia, y tienen que tener un ministerio continuo de llevar a la Iglesia a la plenitud de la verdad, la semejanza con Cristo, la madurez en el ministerio y en la fase personal. La última generación de la Iglesia mortal alcanzará todas estas ca- racterísticas, ministerios y madurez. Hay una razón por la cual los apóstoles y profetas están siendo restaurados nuevamente a la Iglesia, porque ellos cumplen un rol vital en el proceso de llevarla a la “plenitud de Cristo”. Dios ha predeterminado una obra que la última generación hará y que ninguna otra generación en la Iglesia ha hecho jamás. Para cumplir esta tarea nece- sitará toda la perfección, edificación, unidad de la fe y conocimiento que el

Hijo de Dios tiene, hasta la completa medida de la madurez y plenitud de Cristo mismo. Como los apóstoles y profetas son una parte esencial de ese proceso, deben ser restaurados, reconocidos y aceptados para poder cum- plir su parte en ministrar a la Iglesia hasta que esta alcance el propósito pre- destinado de Dios para ella. Se precisa elevar un clamor en la Iglesia: “Dios, levanta tu compañía de profetas y apóstoles de los últimos días”.

Jesús quiere regresar a la Tierra y unirse con su Novia/Iglesia. Dios quiere

enviar a Jesús a la Tierra por segunda vez, no para sufrir, sangrar y morir, sino para inmortalizar a su amada Iglesia y ser plenamente unido con ella, de modo que ella pueda colaborar con Él en establecer su Reino por toda la Tierra. Pero todavía no puede porque es retenido, restringido y mantenido en el ámbito de los cielos hasta que ciertas cosas tengan lugar en la Tierra en su Iglesia. “Enviándoles el Mesías que ya había sido preparado para ustedes, el cual es Jesús. Es necesario que él permanezca en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas” (Hechos 3:20-21).

La restitución/restauración de la Iglesia comenzó en el año 1517 luego de más de mil años en que la Iglesia se encontraba en condición de apostasía, llamada la Edad Oscura. En esa fecha vino la gran restauración de la Iglesia, cuando comenzó el Movimiento Protestante. Desde ese momento ha habido cinco grandes movimientos de restauración: los movimientos Protestante, de Santidad, Pentecostal, Carismático y Profético. Cada movimiento restau- ró varias verdades esenciales y ministerios, nuevamente a la iglesia, que se habían perdido durante la Edad Oscura.

Para los que están interesados en un estudio más profundo sobre lo que cada uno de los movimientos restauró, un cuadro detallado sobre la restau- ración de la Iglesia se encuentra en mi libro The Eternal Church (La Iglesia

eterna). Hay un cuadro actualizado en mi libro Los profetas y el movimiento profético. El capítulo siguiente abarcará las diez cosas principales que el Es-

El Movimiento