Entendemos por trasferencia un género especial de relación respecto de una persona; es un tipo característico de relación de objeto. Lo que la distingue principalmente es el tener por una persona sentimientos que no le corresponden y que en realidad se aplican a otra. Funda- mentalmente, se reacciona ante una persona presente como si fuera una del pasado. La trasferencia es una repetición, una reedición de una re- lación objetal antigua (Freud, 1905a, p. 116; 654). Es un anacronis- mo, un error cronológico. Se ha producido un desplazamiento; los im- pulsos, los sentimientos y las defensas correspondientes a una persona del pasado se han trasladado a otra del presente. Es primordialmente un fenómeno inconsciente, y la persona que reacciona con sentimientos
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de trasferencia por lo general no se da cuenta de esa distorsión. La trasferencia puede constar de algunos de los componentes de una relación de objeto, es decir, puede apreciarse en forma de sentimien- tos, pulsiones, deseos, temores, fantasías, actitudes e ideas o defensas contra ellos. Las personas que son causa original de las relaciones de trasferencia son personajes importantes y significativos de la primera infancia (Freud, 1912a, p. 104, 416; A. Freud, 1936, p. 18). La trasfe- rencia se produce en el análisis y fuera del análisis, en las personas neu- róticas y psicóticas y en las normales. En todas las relaciones humanas hay una mezcla de reacciones realistas y de trasferencia (Fenichel, 1941, p. 72).
Antes de proceder a ampliar nuestro esbozo elemental es necesario aclarar la terminología. El encabezado de este capítulo es "La trasfe- rencia", y ésa es la antigua y conocida palabra que introdujo Freud y que la mayoría de los analistas siguen empleando. En años recientes ha habido un movimiento para modificar esta cuestión porque parecía que la palabra "trasferencia" podía inducir a error. "Trasferencia" es singular y los fenómenos de trasferencia son muchos y diversos; gra- maticalmente sería más correcto decir "trasferencias". Por desgracia, a mí "trasferencias" me suena artificial y raro, y he tenido que recu- rrir a un término medio entre la corrección y la familiaridad. Y así pre- fiero emplear la expresión "reacciones de trasferencia" para referirme a toda la clase de los fenómenos de transferencia. Cuando empleo la palabra "trasferencia", debería entenderla como un nombre colecti- vo, una forma abreviada de reacciones de trasferencia.
Las reacciones de trasferencia siempre son inapropiadas. Pueden serlo por lo que respecta a la calidad, cantidad o duración de la reacción. Se puede reaccionar demasiado intensa o demasiado débilmente, o se puede tener una reacción extraña al objeto trasferencial. La reacción trasferencial es impropia dentro de su contexto actual, pero otrora fue una reacción apropiada a una situación pasada. Tanto se acomodan mal las reacciones de trasferencia a una persona de la actualidad como convinieron exactamente a alguien del pasado.
Por ejemplo, una paciente joven reacciona con lágrimas y enojo porque la ha- go esperar dos o tres minutos, y fantasea que quiero dedicar tiempo extra a mi paciente favorita. Es una reacción impropia en una mujer de treinta y cinco años de edad, inteligente y culta, pero sus asociaciones conducen a una situa- ción anterior, en que encajaba esa serie de sentimientos y fantasías. Recuerda sus reacciones de niña de cinco años, que esperaba que su padre fuera a su recámara a darle las buenas noches con un beso. Siempre tenía que esperar unos minutos porque para él era una regla despedirse primero de su hermana
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mayor. Entonces ella reaccionaba llorando, enojándose y con fantasías celo- sas... precisamente lo que ahora siente conmigo. Sus reacciones son propias de una niña de cinco años, y visiblemente no lo son en una mujer de treinta y cinco. La clave para entender ese comportamiento está en reconocer que es una repetición del pasado, o sea una reacción de trasferencia.
Las reacciones de trasferencia son en lo esencial repeticiones de una relación de objeto del pasado. Se ha entendido la repetición de muchos modos y según parece desempeña funciones múltiples. La frustración y la inhibición de los instintos hacen que el neurótico busque ocasiones tardías de satisfacción (Freud, 1912a, p. 100, 414; Ferenczi, 1909). Pero la repetición se ha entendido también como un medio de esquivar los recuerdos, una defensa contra el recuerdo, así como una manifestación de la compulsión de repetir (Freud, 1912a, 1914c; A. Freud, 1936; Fe- nichel, 1945b).
Es ese hecho de que un comportamiento determinado repita algo del pasado el que hace que probablemente resulte impropio en el tiempo presente. La repetición a veces es una duplicación exacta del pasado, una réplica, una revivencia, o tal vez sea una reedición, una versión modificada, una representación deformada del pasado. Si en el com- portamiento de trasferencia se trasluce una modificación del pasado, suele ser en el sentido de satisfacer un deseo. Con mucha frecuencia se siente como que las fantasías de la infancia sucedieron realmente (Freud, 1914b, pp. 17-8, 986; Jones, 1953, pp. 265-7). Los pacientes tienen por el analista sentimientos que pueden interpretarse como se- ducción sexual por el padre, que después resultan ser una repetición de un deseo sucedido originalmente en la fantasía infantil. Los senti- mientos de trasferencia activados suelen resultar intentos semejantes de realización de deseos (Freud, 1914c; Fenichel, 1945b; Greenacre, 1950;
Bird, 1957). En los pacientes que tratan de terminar en su acting out tareas incumplidas se advierte una prolongación de esta idea (Laga- che, 1953).
Los objetos que fueron las fuentes originales de la reacción de trasfe- rencia son las personas importantes en los primeros años de un niño. Suelen ser los padres y otros educadores, los dispensadores de amor, comodidad y castigo, los hermanos y hermanas y otros rivales. Pero las reacciones de trasferencia pueden derivarse de figuras posteriores y aun de la actualidad, aunque el análisis revelará que esos objetos ul- teriores son secundarios y aun se formaron a partir de las figuras pri- marias de la primera infancia. Finalmente, debe añadirse que algunas porciones del individuo pueden desplazarse hacia otros, o sea que pue- de producirse una proyección. También aparecerán en forma de reac-
ciones de trasferencia, pero dudo que este tipo de respuesta tenga su lugar debido en el campo de las reacciones de trasferencia. Lo veremos más detalladamente en la sección 3.4.1.
Es probable que las reacciones de trasferencia se produzcan más ade- lante en la vida con personas que desempeñan una función especial, originalmente a cargo de los padres. Y así los amantes, los jefes, las autoridades, los médicos, los maestros, los actores y los personajes cé- lebres pueden en particular activar reacciones de trasferencia. Además, las reacciones de trasferencia pueden darse también con animales, ob- jetos inanimados e instituciones, pero aquí también el análisis demos- trará que se derivan de las personas importantes de la primera infancia ( Reider, 1953a).
Todos y cualquiera de los elementos de una relación de objeto pue- den entrar en una reacción de trasferencia; cualquier emoción, pulsión, deseo, actitud, fantasía y las defensas contra ellos. Por ejemplo, la in- capacidad que tenga un paciente de sentir enojo contra su analista puede proceder de su defensa infantil contra la manifestación de enojo. De niño aprendió que el mejor modo de prevenir terribles querellas con su violento padre era no tener conciencia de su propio enojo. En el aná- lisis no tenía conciencia del enojo que había detrás de su persistente blandura.
Durante el análisis pueden producirse identificaciones que pudieran ser reacciones de trasferencia. Uno de mis pacientes adopta uno u otro de mis rasgos de carácter de vez en cuando durante el análisis. Esto sucedía a veces cuando se sentía rezagado respecto de un competidor más venturoso. Era cual si tuviera que hacerse como yo al no poder poseerme como objeto de amor. Su historia indicaba que empleaba es- te mecanismo cuando competía con sus hermanos mayores por el amor de su padre.
Las reacciones de trasferencia son esencialmente inconscientes, aun- que algún aspecto de la reacción pueda ser consciente. La persona que siente una reacción de trasferencia puede tener conocimiento de que está reaccionando excesiva o extrañamente, pero no de su verdadero significado. Puede incluso tener conocimiento intelectualmente del ori- gen de la reacción, pero sin conciencia de algún componente o fin emo- cional o instintual importante.
Todas las personas tienen reacciones de trasferencia; la situación ana- lítica no hace más que facilitar su formación y las utiliza para interpre- tar y reconstruir (Freud, 1905c, 1912a). Los neuróticos son particular- mente propensos a las reacciones de trasferencia, como lo son en gene- ral las personas frustradas e infelices. El analista es un objetivo primor-
162 LA TRASFERENCIA CUADRO CLÍNICO 163 dial para las reacciones de trasferencia, pero también lo son todas las
personas que tienen importancia en la vida de un individuo. Resumiendo: trasferencia es tener pulsiones, sentimientos, actitudes, fantasías y defensas respecto de una persona actual que no convienen a esa persona sino son una repetición de reacciones formadas en rela- ción con personas importantes de la primera infancia, y desplazadas inconscientemente a figuras actuales. Las dos características sobresa- lientes de una reacción de trasferencia son la repetición y la impropie- dad. (Para una ampliación de esta definición véase sección 3.4.1.)