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Descriptive statistics and preliminary analysis

4. Empirical study

4.2 Descriptive statistics and preliminary analysis

El espíritu nuevo, la observación y la experiencia

de 1750 llenó todo el siglo XVIII. Diderot lo dio. Si el entendimiento se forma en nosotros por las sensaciones, las sensaciones son cosas o materiales o en estrecha dependencia de la materia, es decir de los ner­ vios, del cerebro. Ahora bien, en física, en historia natural se experi­ menta con la materia y mediante estos experimentos se descubren las explicaciones. ¿Por qué no iba el filósofo a intentar el mismo método? Diderot cree que es posible y necesario. «Todo en nosotros es experi­ mental», escribe a Mlle Volland, y los

Pensíes sur l'interprítatwn de la na-

ture,

la

Lettre sur les aveuglcs,

la otra

sur les sourds et mutis y

obras que escribió luego para sí mismo, precisan el método y lo llevan a conse­ cuencias extremas. Para comprender la sensación es necesario com­ prender la vida en sus formas más elementales: «Hay que comenzar por clasificar los seres, desde la molécula inerte, si existe, hasta la mo­ lécula viva, el animal microscópico, el animal planta, el animal, el hom­ bre». En el animal y el hombre, las sensaciones dependen de los órga­ nos; habrá por tanto que observar la constitución de estos órganos, seguir las experiencias que crean en ellos lo que llamamos enfermeda­ des como la ceguera, la sordera, el sueño, la histeria, las intoxicaciones; provocar, si es necesario, estas experiencias. En una palabra, la filosofía debe fundarse sobre la fisiología, la historia natural, la medicina. Los mejores filósofos serán un ciego de nacimiento que sea capaz de com­ parar su experiencia con la de los hombres normales, o un médico tal como era Bordcu o podía serlo. Así podremos llegar a una explicación no ya racionalista y abstracta de la vida, sino materialista, es decir apo­ yada por completo en experiencias que se bastan a sí mismas, sin inter­ vención de un principio espiritual inasible y por tanto arbitrario: el ser vivo es un agregado de seres elementales; se ha perfeccionado por la acción misma de la vida, «los órganos producen necesidades y recípro­ camente las necesidades producen órganos»; estas necesidades produ­ cen de modo semejante y desarrollan los órganos llamados espirituales, las pretendidas facultades del alma que evolucionan, varían, se modifi­ can exactamente como los órganos materiales, es decir que no «son nada fuera de sí mismos». La filosofía no es más que una rama de la ciencia, de la ciencia experimental, de la ciencia de la materia.

Los demás filósofos, materialistas o no, carecen de la sagacidad de Diderot. Tenían menos curiosidad por la fisiología o la medicina; les parecía más expeditivo razonar que estudiar las realidades. Pero todos conocían el valor de la experiencia y de los métodos experimentales. Incluso los pusieron en práctica. En muchos casos optaron por la ob­

servación y la experiencia contra los «sistemas»; por los sabios resigna­ dos a «la modestia de la experiencia» contra los «sistematizadores». En esta polémica de los sistemas que hemos resumido atacaron a los «filó­ sofos abstractos» con los más rudos golpes. Voltairc alaba la experien­ cia más de lo que la practica; es poco capaz de una filosofía seguida. Pero Hclvetius afirma que todo sistema «se derrumba a medida que se edifica, si no se funda en la base inquebrantable de los hechos y de la experiencia». Quiere «hacer una moral como una física experimental». Es seguro que es más lo que prometió que lo que cumplió. Pero a falta de experiencias intentó sin embargo apoyarse sobre hechos; sobre cen­ tenares de hechos, muchos de los cuales son discutibles o falsos, pero que él toma prestados a los únicos garantes de que disponía, a Buffon, a los que habían hablado de los chriguanos, los pegu, los caribeños, los giagos y de otros muchos pueblos, a la antropología y la etnografía de su tiempo. Conoce y cita también a muchos químicos, médicos, natu­ ralistas. Si razona mal, es porque razona sobre hechos, o sobre lo que se tenía como hechos. D'Holbach tiene los mismos escrúpulos: «El hombre debe recurrir a la física y a la experiencia en todas sus investi­ gaciones». En realidad, sin dudar de ello, busca otros apoyos. Pero sin embargo apela a razones de anatomía y de medicina, a las experiencias o las observaciones de La Peyronic, Bartolin, Wilíes sobre el letargo, la trepanación, las proporciones del cerebro, la alimentación. Cita, como Hclvetius, las observaciones de los viajeros; intenta la mitología com­ parada. Quiere ser científico.

Si no consiguió más que Helvetius, fue sin duda por su culpa, pero fue también por culpa de su tiempo. Los hechos de los que parten son que hay pueblos que no tienen lenguaje articulado, que la harina al fer­ mentar engendra gusanos, que la sustancia de algunos enfermos puede convertirse brusca y totalmente en piojos y en pulgas. Errores que sólo pueden apuntalar errores. Pero de ellos no dependía el constituir la fí­ sica, la fisiología, la etnografía de 1760 como las de un Claude Ber- nard, de un Bcrthelot y de un Darwin. Disponían de malos instrumen­ tos. Con ellos hicieron un trabajo imperfecto y mediocre. Pero sus intenciones estaban de acuerdo con la filosofía experimental de aquel que los criticaría luego, de Taine.