Chapter 2. Materials and Methods
2.8 Design of experiments
Las competencias son dominios que hacen eficaz a una persona en una situación determinada y se aprenden en un contexto. Asimismo, se refieren a aprendizajes de carácter complejo. Son al menos tres las condiciones que definen el carácter complejo de las competencias: 1. No constituyen una habilidad muy específica. 2. Requieren de la movilización de recursos para su adquisición y realización, y 3. Superan los saberes para convertirse en recursos para formar nuevas competencias.
La primera de ellas se refiere a que, las competencias, no constituye una habilidad muy específica; tal es el caso de aprender a emitir un mensaje utilizando el correo electrónico. A pesar de la dificultad aparente de dicho aprendizaje no constituye en sí mismo un dominio competencial; en la medida en que es una habilidad específica, producto de un conocimiento y un procedimiento determinado. Podría constituirse en una competencia cuando su utilización es el resultado de una elección. Para más claridad ver el siguiente ejemplo propuesto por Perrenoud:
“Se podría proponer “saber elegir y utilizar correctamente el medio que sea, a la vez el más rápido y el más confiable para transmitir una información confidencial”. Eso exige mucho más que la utilización del correo electrónico, puesto que se deben evaluar los riesgos, por lo tanto, representarse redes y comparar los inconvenientes y las ventajas de diversos procedimientos (teléfono, fax, correo, mensajero, conexión a Internet) en una situación precisa. La elección dependerá de si se quiere transmitir un número de tarjeta de crédito a un proveedor, un documento médico a un colegio o una exclusividad a una agencia de prensa, en un equilibrio entre los riesgos y beneficios. Esta elección movilizará conocimientos amplios, tanto psicosociológicos como tecnológicos, acerca del funcionamiento efectivo de los diversos procedimientos” (Perrenoud, 2003, 61).
La segunda condición se refiere a la necesidad de recursos individuales y del entorno que requieren las competencias para su adquisición y realización. Las competencias como cualquier otro aprendizaje requieren para su adquisición de la
existencia en el individuo de unos recursos (prerrequisitos): capacidades, conocimientos, rasgos de personalidad, actitudes, valores, etc., así como de los recursos que le ofrece el contexto: redes de información, relaciones, oportunidades, necesidades.
Las competencias utilizan, integran y movilizan conocimientos (Perrenoud, 2003, 8) y otros recursos para su adquisición y actuación. Pero como habíamos citado con anterioridad éstos no pueden ser considerados competencias. Los recursos cognitivos, las aptitudes intelectuales, las habilidades, los conocimientos de una persona son indispensables para la adquisición de competencias, para la adaptación de las mismas a los distintos contextos y, especialmente, para enfrentar tareas complejas, exigentes y poco rutinarias, pero no son competencias.
La principal intencionalidad de la educación basada en competencias es
“contribuir a engendrar conocimientos utilizables fuera de cada disciplina y fuera de la escuela misma” (Rey, 2000, 16). Es decir, el “objetivo final de la escolarización es la preparación de los estudiantes para que actúen de forma eficaz fuera del contexto escolar. Eso supone la adquisición de conocimientos, destrezas y competencias que se puedan transferir a situaciones reales de la vida” (Eurydice, 2002, 20). Perrenoud define las competencias como “una capacidad de movilizar varios recursos cognitivos para hacer frente a un tipo de situaciones” (Perrenoud, 2005, 11).58 Se esperaría que un alumno que tenga una competencia vinculada a un contenido y a una situación concreta pueda utilizarla en un contenido distinto y en una nueva situación. Sin embargo, nos queda la inquietud sobre la posibilidad real de dicha transferencia o adecuación de la competencia.
“La transferencia de conocimientos no es, pues, un hecho tan establecido como se piensa. Pero, quizá ¿está ahí lo esencial? Porque la importancia de la transferencia no
58 Obsérvese que la capacidad de la que habla este autor se refiere a los conocimientos, entendidos como “representaciones de la realidad, construidas y recopiladas de acuerdo a nuestra
experiencia y a nuestra formación” (Perrenoud, 2003, 8); es decir, las capacidades se entienden
como aprendizajes que posibilitan dominios eficaces en situaciones concretas, y no como potencialidades de la especie humana.
reside, de entrada, en los hechos mentales espontáneos que pueden observarse, sino más bien en la exigencia que constituye… Preocuparse por la transferencia durante el aprendizaje es, ante todo, restituir los saberes como respuestas a preguntas que se han hecho los hombres; como saberes movilizables por parte del que aprende para responder a preguntas que él mismo se hace o se hará. Es, luego, llevar al que aprende a que se proyecte mentalmente en el mundo cuando aprende, recuerde situaciones vividas, se represente o imagine situaciones a las que se enfrentará, situaciones a las que otros hombres, sus semejantes, se enfrentan o se enfrentarán. No es posible un verdadero aprendizaje sin que lo que se aprende se perfile en un universo externo a la situación de aprendizaje” (Meirieu, 2003, 113-114).
Las competencias se refieren a aprendizajes complejos que involucran diversos recursos para su construcción y para los desempeños. Sin embargo, este carácter complejo, no implica que la competencia adquirida sea o no sea intrínsecamente transferible a otros problemas o situaciones.
“La construcción de competencias es inseparable de la formación de modelos de movilización de conocimientos de manera adecuada, en tiempo real, al servicio de un acción eficaz. Y, por lo mismo, los modelos de movilización de diversos recursos cognitivos en situación de acción compleja se desarrollan y se estabilizan según la práctica… Los modelos se construyen de acuerdo a una formación, de experiencias renovadas, redundantes y estructuradoras a la vez, formación aún más eficaz porque se asocia con una postura reflexiva” (Perrenoud, 2003, 11).
Es decir, el carácter de transferible, como dice Le Boterf, no hay que buscarse en “las” competencias o los “conocimientos”, sino en “la” competencia, es decir, en la facultad de la persona de transferir (Le Boterf, 2001, 112), la cual es educable.
“La formación de una competencia depende de una dosis justa entre el trabajo aislado de sus diversos elementos y la integración de estos elementos en una situación de operabilidad. Toda la dificultad didáctica reside en manejar de manera dialéctica estos dos enfoques. Pero creer que el aprendizaje secuencial de conocimientos provoca
espontáneamente su integración operacional en una competencia, es una utopía” (Etienne Lerouge, 1997, 67).
Un alumno puede aprender unos procedimientos, unas reglas, unas operaciones lógicas, unos conocimientos. Podrá practicar su aplicación en unas situaciones predeterminadas. Pero, si dichos aprendizajes no son movilizados en situaciones complejas, no puede hablarse de competencias. Le Boterf (2000, 42 y 93), como habíamos citado, define las competencias en términos de
“conocimiento combinatorio”, de “saber movilizar”. Las competencias se crean
según la práctica (lo que no significa que no se apoyen en unos conocimientos teóricos), de acuerdo con la multiplicación de situaciones que unen, por la repetición y variación, unida al deseo de realización de un desempeño óptimo. Este ejercicio desarrolla sobre todo, modelos que permiten la movilización de recursos, teniendo en cuenta las demandas del contexto y la situación concreta.
Las competencias revelan una forma de inteligencia situada, específica (Perrenoud, 2003, 38); es decir, requieren tanto de recursos específicos (procedimientos, esquemas, hipótesis, modelos, conceptos, informaciones, conocimientos, métodos), como también de formas específicas y estructuradas de movilizarlos y de asociarlos. Podemos afirmar, en consecuencia, que “las
competencias no se forman a través de la integración de saberes suplementarios, generales o locales, sino a través de la creación de un conjunto de disposiciones y de esquemas que permiten movilizar los conocimientos en situación, en tiempo útil y de manera adecuada” (Perrenoud, 2003, 40).
Y, finalmente, la tercera condición de las competencias como aprendizajes complejos hace referencia a que superan los simples saberes para convertirse en recursos para la formación de nuevas competencias y en una estrategia que integra y moviliza los saberes en una situación y con una finalidad concreta.
Educar por competencias implica un proceso de enseñanza-aprendizaje riguroso. Por una parte unos conocimientos específicos lo suficientemente amplios que permitan el dominio en distintos contextos, así como la oportunidad del aprendizaje en contextos diferentes que entrenen al aprendiz en la experiencia de la adaptación del dominio a distintas situaciones y problemas.
Asimismo, las competencias se forman frente a situaciones que son complejas desde el principio. Es decir, para formar competencias se requiere la presencia de situaciones-problema, capaces de movilizar una serie de recursos para su resolución, a la vez que orientados hacia aprendizajes específicos. Se trata de proponer a los alumnos situaciones interesantes y significativas que despierten su interés y generen curiosidad por encontrar respuestas adecuadas e incluso novedosas. Como en todo proceso educativo los tipos de experiencias a las que el sujeto es expuesto definen, en gran medida, el aprendizaje.