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5 Case Study: Designing and Producing a SeaBED Class AUV Propeller

5.6 AUV Design Summary

comenzaron a ser una preocupación a atender y que por esa misma razón, su análisis debe hacerse atendiendo este complejo escenario.

¿De qué manera se educan los cuerpos? Al menos como hipótesis de trabajo podría decirse que debemos abordar esta temática a partir de cómo se delimitan –aunque solo de maneras muy difusas y, valga decirlo una vez más, nunca de manera absolutamente independiente– esferas que remiten a la cultura y la naturaleza, a partir de las relaciones que se establecen entre la una y la otra, y a partir del lugar que ocupa el cuerpo y los modos de educación de los cuerpos respecto de cada una de ellas.

…forma parte de los deberes humanos el que cada uno de nosotros cuide y mantenga celosamente la originalidad de su carácter personal, lo que haya en él que lo diferencie y determine, respetando, en todo cuanto no sea inadecuado para el bien, el impulso primario de la Naturaleza, que ha fundado en la varia distribución de sus dones el orden y el concierto del mundo. –Y aun me parecería mayor el imperio del precepto si se le aplicase, colectivamente, al carácter de las sociedades humanas. (RODÓ, 1959, p. 191) (Las mayúsculas corresponden al documento original.)

¿De qué maneras se educan los cuerpos? Al menos como postulado de partida de este trabajo, debería señalarse el interés por indagar respecto del nivel individual y colectivo que tanto el cuerpo como la educación –entendidos ambos como espacios privilegiados de intervención cultural y política– tienen, así como también del lugar que a partir de allí adquieren dentro del problema de investigación abordado en este trabajo.

Reformarse es vivir… Y, desde luego, nuestra transformación personal en cierto grado, ¿no es ley constante e infalible en el tiempo? (…) Cada uno de nosotros es, sucesivamente, no uno, sino muchos, y estas personalidades sucesivas, que emergen las unas de las otras, suelen ofrecer entre sí los más raros y asombrosos contrastes. (RODÓ, 1959, p. 266) (Los puntos suspensivos y las cursivas corresponden al documento original.)

O para expresarlo en una misma idea que pone en diálogo ambas tensiones, volvamos a mirar desde la perspectiva que nos aportan las fuentes seleccionadas; y volvamos a hacerlo desde la complejidad que tiene la constitución de ciertos campos de saberes que –según vengo proponiendo– se deberían analizar para comprender los procesos de educación de los cuerpos; en particular, en este caso, el campo construido a partir de los saberes de la anatomía y de la fisiología, y que se relacionó con la práctica médica.

La Higiene condena la ciudad y enaltece el campo. Estatuye, a renglón seguido de gran variedad de razonamientos y pruebas, que toda la profilaxis no bastará jamás a eliminar los agentes morbígenos de la ciudad, y que, en cambio, el campo casi no exige medidas profilácticas. (…) la ciudad no puede ser excluida; porque el hombre culto de nuestros días es incompatible con la vida campesina; porque ciudad implica sociabilidad y sin ella el progreso se

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detendría de pronto, etc., etc., -cuyas consideraciones, y muchas otras,

obligarían a concluir en que si la Higiene exige el campo con exclusión de todo expediente, más vale renunciar a ella. De tales argumentos, el que más cuenta, por englobar a los demás, es el de que, lesionada la sociabilidad, se atacaría al progreso. La sociabilidad es la cohesión o la afinidad de los hombres. Gracias a ella forman un cuerpo solo, más fuerte que el cuerpo de las otras especies animales, y gracias a ella se fraguaron aquellos caracteres físicos y psíquicos de los cuales andamos enorgulleciéndonos a cada momento. Es su obra, la del genio de la especie. Esto sentado, se comprende que ir contra ella equivale a interrumpir nuestra historia lapidándola y renunciando por adelantado a nuestro evolutivo perfeccionamiento. Y la pretensión de la Higiene entonces será absurda, puesto que la Higiene salió de la sociabilidad, es carne de su carne, precisamente. (LEGNANI, 1918, p. 65-66) (Las mayúsculas corresponden al documento original.)

Difícilmente encontremos un testimonio más explícito de cómo la tensión cultura- naturaleza (en este caso representada en el análogo binomio campo-ciudad) y la tensión individual-colectivo atravesaron aquella cultura uruguaya finisecular. Pienso que en el texto recién citado quedan de manifiesto las dos líneas que estoy intentando reconstruir, así como algunos de los múltiples cruces que entre ellas se efectuaron y el interés que tiene el abordaje de los procesos de educación del cuerpo para el análisis desde la perspectiva de la historia cultural. Entiendo que, desde la perspectiva del problema de investigación abordado, vemos esbozarse un territorio en el que se encuentran el cuerpo –tanto en su nivel individual como colectivo–, la higiene –entendida como campo de saberes y como dispositivo de regulación de los cuerpos–, y un conjunto de valoraciones que organizan las relaciones que entre ellos se establecieron. Y todo ello adquiere una dimensión de interés aún mayor si consideramos que para ese mismo autor “…cuando la Higiene aborda cuestiones de carácter individual o colectivo, privado o social, ha de inclinarse hacia las soluciones de libertad, o sea de salud, sinónimos de evolución y de vida…” (LEGNANI, 1918, p. 29); interés que se desprende del establecimiento de una continuidad cuerpo-salud-vida que permite sospechar que los intentos por regular y educar los cuerpos, no fueron ajenos a las preocupaciones más generales por extender la vida en términos orgánicos. Este elemento resulta relevante en la medida en que desde la perspectiva de trabajo asumida es de interés analizar los procesos de educación del cuerpo en dialogo con los campos de saberes desde los cuales estos procesos estuvieron organizados, en particular, en su relación con el campo de saberes médico-científicos.

Y sin embargo, en ese mismo documento podemos encontrar formas de conceptualizar la Higiene que dan cuenta de la complejidad en los modos en que esos saberes fueron construidos, por ejemplo

Cuerpo y espíritu son una sola cosa. (…) Si el hombre fue dividido en dos, fue por error de concepto primero, y después para estudiarlo mejor, pero momentáneamente, y no nos ilusionemos. Ello no representa una realidad. Lo real es la individualidad. Ya los cuantiosos resultados del estudio obligan a unir de nuevo. Nos obligan a retornar a la Higiene primitiva, que, como es

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