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Design System development phases and methods

Hasta el año 1934 sólo apliqué mi teoría clínica, derivada del terreno de la economía sexual, al dominio biofisiológico general. Pero no terminaba aquí la labor. Por el contrario, ahora más que nunca, parecía completamente esencial probar experimentalmente la exactitud de la fórmula del orgasmo. En el verano de 1934 llegó a Dinamarca el Dr. Schjelderup, Director del Instituto Psicológico de la Universidad de Oslo, con el objeto de participar en un curso que yo dictaba para colegas escandinavos, alemanes y austríacos. Deseaba el doctor Schjelderup aprender la técnica del análisis del carácter. En vista de que él no podía continuar el trabajo en Dinamarca, sugirió que yo siguiera mis experimentos en el Instituto Psicológico de la Universidad de Oslo. Allí fui a enseñar la técnica caráctero-analítica, y se me dio, en cambio, la oportunidad de llevar a cabo mis experimentos fisiológicos.

Sabía yo que, al principio, necesitaría la ayuda de técnicos especialistas a cada paso. Conversé con el ayudante del Instituto Fisiológico de Oslo, con quien no tuvimos dificultad en entendernos. Mi teoría le pareció razonable. El problema fundamental era averiguar si los órganos sexuales, en estado de excitación, demostrarían un aumento de carga bioeléctrica. Basándose en mis datos teóricos, el fisiólogo proyectó un aparato. Se desconocía la magnitud del fenómeno a medirse. Jamás se habían llevado a cabo experimentos de esa naturaleza. La carga superficial de las zonas sexuales, ¿sería de un milésimo de voltio o de medio voltio? La literatura fisiológica no contenía datos para contestar a esas preguntas. Más aún, no era un hecho generalmente conocido el que existía una carga eléctrica en la superficie del cuerpo. Cuando en diciembre de 1934, pregunté al director de un instituto fisiológico en Londres cómo podría medirse la carga de la piel, encontró muy extraña la pregunta. Antes de finalizar el siglo pasado, Tarchanoff y Veraguth habían descubierto el "fenómeno psicogalvánico", es decir, que se producían cambios en el potencial eléctrico de la piel como resultado de las emociones. Pero el placer sexual nunca había sido medido.

Después de algunos meses de deliberaciones, se decidió construir un aparato que consistía en una cadena de tubos electrónicos. Las cargas eléctricas del cuerpo perturbarían la corriente normal ("corriente anódica") de los tubos, que sería amplificada por el aparato, transmitida a un oscilógrafo electromagnético, y por medio de un espejo se registraría sobre una tira de papel. El aparato quedó terminado en febrero de 1935. Los sujetos experimentales fueron algunos de mis amigos noruegos y yo.

Fue sorprendente encontrar que las curvas que representaban las corrientes de la acción cardiaca eran sumamente pequeñas en comparación con los cambios en las cargas superficiales. Después de una serie de experimentos de tanteo preliminar, se aclaró la perspectiva. Omitiré aquí todos los pormenores de los ensayos, presentando únicamente los descubrimientos más esenciales. Los experimentos duraron dos años, y sus resultados fueron publicados en una monografía1 a la que remito al lector interesado en los detalles técnicos y

en los experimentos de control.

La superficie total del organismo forma una "membrana porosa". Esta membrana demuestra un potencial eléctrico con respecto a cualquier región del cuerpo donde se raspa la epidermis. En circunstancias corrientes, la piel sana demuestra un potencial básico o normal, el que representa el potencial biológico normal de la superficie del cuerpo. Es simétrico en ambos lados del cuerpo y en todo el cuerpo es aproximadamente igual (cf. Fig. 2, pág. 157). Varía, dentro de estrechos límites, según la persona (10-20 MV).

Aparece en electrograma como una línea horizontal pareja. En superposición se observan, a intervalos regulares, los puntos máximos del electrocardiograma. Las crestas cardíacas corresponden a cambios en el potencial normal de la piel debidos a las pulsaciones eléctricas del corazón.

Existen ciertas zonas en las que se observa una conducta completamente distinta de la del resto de la superficie: son las zonas erógenas: labios, ano, pezones, pene, mucosa de la vagina, lóbulos, lengua, palmas de las manos y —aunque parezca extraño— la frente. La carga de estas zonas puede estar dentro de las cifras del potencial de otras partes de la piel, pero también pueden acusar un potencial normal mucho mayor o mucho

menor que la piel común. En las personas vegetativamente libres, el potencial de una misma zona sexual rara vez es constante; las mismas zonas pueden acusar variaciones hasta de 50 MV o más. Esto corresponde al hecho de que las zonas sexuales se caracterizan por una intensidad de sensación y capacidad de excitación sumamente variable. Subjetivamente, la excitación de las zonas sexuales se experimenta como una corriente, como picazón, rubores, olas de sensación, calor agradable, o sensaciones "dulces", "disolventes". Estas características no se encuentran, o sólo en un grado mucho menor, en aquellas zonas de la piel que no son específicamente erógenas.

Mientras que la piel común registra su carga bioeléctrica en forma de una línea horizontal, casi recta (cf. Fig. 1, pág. 157) la sucesión de los distintos potenciales de una zona erógena se registran como una línea ondulada, ascendiendo o descendiendo en forma más o menos pronunciada. A este cambio constante de potencial lo llamaremos "errante" (cf. Fig. 3, pág. 157).

E1 potencial de las zonas erógenas —salvo el caso de que estuviera dentro de las cifras del resto de la piel— "yerra", es decir, aumenta y disminuye. E1 ascenso de la curva ondulada indica un aumento de la carga de la superficie; su descenso, una disminución. El potencial en las zonas erógenas no aumenta, salvo que exista una

sensación placentera de corriente en las zonas respectivas. Por ejemplo, el pezón puede erguirse sin que ocurra

un aumento de potencial. E1 aumento de potencial en una zona sexual siempre va acompañado por un aumento en la sensación de placer; a la inversa, una disminución del potencial, siempre corre paralelo a la disminución de la sensación de placer. En varios experimentos, el sujeto pudo, basándose en sus sensaciones, indicar lo que estaba registrando el aparato en la habitación contigua. Esos descubrimientos experimentales confirman la fórmula de tensión y carga. Demuestran que una congestión o tumescencia en un órgano, no basta por sí sola para producir la sensación vegetativa de placer. Para que la sensación de placer sea perceptible, es necesario

que, además de la congestión mecánica del órgano, haya un aumento de carga bioeléctrica. La intensidad psíquica de la sensación de placer corresponde a la cantidad fisiológica del potencial bioeléctrico.

Experimentos de control con material no vivo demostraron que este lento "errar" orgánico del potencial es una característica específica de la sustancia viva. Las sustancias no vivas no dan reacción alguna, o, en los cuerpos cargados de electricidad, como ser una linterna, producen sacudidas, saltos irregulares, mecánicamente angulares, del potencial (cf. Figs. 6 y 7, pág. 158).

Llamemos al potencial "errante” ascendente, potencial preorgástico. Éste varía, en el mismo órgano, según la ocasión; varía también según la persona en el mismo órgano. Corresponde a la excitación o corriente preorgástica en el órgano vegetativamente activo. El aumento de carga es la respuesta del órgano a un estímulo

placentero.

Si hacemos cosquillas con un trozo de algodón seco en una zona erógena, conectada a un electrodo aplicado suavemente y sin presión, provocando una sensación de placer, el potencial registra una oscilación ondulada; el llamado "fenómeno de las cosquillas" (K a *. Fig. 8, pág. 158). Las cosquillas son una variante de la fricción sexual. Esa última es un fenómeno básico en el dominio de los seres vivientes; también lo es la sensación de picazón, pues automáticamente resulta en el impulso de rascarse o frotarse. Tales impulsos tienen una relación esencial con la fricción sexual.

Por la experiencia clínica adquirida en orgonterapia, sabemos que no siempre pueden producirse conscientemente las sensaciones de placer sexual. Similarmente, no puede provocarse una carga electrobiológica en una zona erógena, simplemente mediante estímulos placenteros. E1 que un órgano responde o no con excitación a un estímulo, depende por entero de la actividad del órgano. Es ése un fenómeno que ha de tenerse muy en cuenta en el curso de los experimentos.

El fenómeno de las cosquillas puede presentarse en todas las regiones de la superficie del organismo. No ocurre al frotar sustancias inorgánicas húmedas con algodón seco. Las partes positivas ascendentes de la oscilación de las cosquillas generalmente son más empinadas que las descendentes. La línea ondulada del fenómeno de las cosquillas que se obtiene en zonas que no sean las específicamente sexuales, es más o menos horizontal. En las zonas sexuales, la oscilación de las cosquillas se superpone a la onda eléctrica "errante", al igual que las crestas cardíacas.

La presión de cualquier índole disminuye la carga de la superficie, volviendo ésta exactamente al nivel anterior cuando se alivia la presión. Si se interrumpe, por medio de presión, un agradable ascenso ''errante" del potencial, éste cae bruscamente; al suprimir la presión continúa al nivel que tenía cuando fue interrumpido (cf. Fig. 9, pág. 158).

estímulo, más pronunciado el aumento. Depende, además, de la disposición psicológica para responder al estímulo. Cuanto mayor es esta disposición, tanto más pronunciado, es decir rápido, es el aumento.

Los estímulos agradables, que producen sensaciones de placer, por lo general dan como resultado un aumento de potencial; por el contrario, los estímulos que producen angustia o displacer disminuyen la carga superficial con mayor o menor rapidez e intensidad. Naturalmente la amplitud de esas reacciones depende también de la prontitud del organismo para reaccionar. Las personas emocionalmente bloqueadas y

vegetativamente rígidas, como, por ejemplo, los catatónicos, muestran escasas o muy leves reacciones. En

ellos, la excitación biológica de las zonas sexuales cae dentro de las cifras registradas por el resto de la superficie del cuerpo. Por tal motivo, la investigación de esos fenómenos eléctricos de oscilación requiere la selección de sujetos experimentales apropiados. Se observan reacciones a la angustia en forma de bruscos descensos de la carga superficial en las mucosas de la vagina y la lengua, y en las palmas de las manos. E1 mejor estímulo es proporcionar al sujeto una emoción inesperada, ya sea gritándole, haciendo explotar un globo, o dando súbitamente un violento golpe de gong, etc.

E1 fastidio, al igual que la angustia y la presión, disminuye la carga bioeléctrica en las zonas sexuales. En un estado de ansiosa expectativa, disminuyen todas las reacciones eléctricas, no pudiéndose producir el aumento del potencial. Por regla general, es más fácil provocar las reacciones de angustia que las de placer. La disminución de carga más pronunciada ocurre con el susto (cf. figs. 10 y 11, pág. 159).

E1 pene, en estado de flaccidez, puede registrar un potencial mucho menor que la piel común. La

compresión de la raíz del pene y la consiguiente congestión de sangre en él, no aumentan el potencial. Este

experimento de control demostró que sólo la excitación placentera, y no la congestión mecánica por sí sola, produce un aumento en la carga bioeléctrica.

Es mucho más difícil producir reacciones de placer después de una reacción de susto. Es como si la excitación vegetativa se volviera "cautelosa". Si se utiliza una solución concentrada de azúcar como fluido electródico en la lengua, el potencial aumenta rápidamente. Si se aplica una solución de sal inmediatamente después, el potencial disminuye (cf. figs. 12 y 13, pág. 159).

Si se aplica azúcar nuevamente, después del experimento con la sal, ya no se da un aumento de potencial. La lengua reacciona como si estuviera "cautelosa" o "desilusionada". Si se aplica a la lengua azúcar únicamente varias veces consecutivamente, el aumento de potencial registrado es menor en cada oportunidad, como si la lengua se "acostumbrara" al estímulo agradable. Los órganos que se han desilusionado o acostumbrado reaccionan lentamente, aun a los estímulos placenteros.

Si el electrodo no se conecta a la zona sexual que se está explorando, sino que se emplea un conductor

indirecto, los resultados son los mismos. Por ejemplo, si un sujeto masculino y uno femenino colocan

simultáneamente un dedo en los fluidos electrógenos conectados al oscilógrafo, al tocarse sus labios en un beso se registra un pronunciado aumento de potencial (cf. fig. 14, pág. 159). Es decir, que el fenómeno ocurre sin tener en cuenta dónde se aplica el electrodo. Se obtienen los mismos resultados si los sujetos se tocan las manos que tienen libres. Las caricias suaves producen un aumento, la presión o la fricción violenta de las palmas una disminución de carga. Si el sujeto es contrario a la participación en las actividades que requiere el experimento, el mismo estímulo, en lugar de producir un aumento de potencial (reacción de placer), produce una disminución (reacción de displacer).

¿Cuál es el método de conducción de la energía bioeléctrica desde el centro vegetativo a la periferia, y viceversa? De acuerdo con las opiniones tradicionales, la energía bioeléctrica se desplazaría por las sendas de las fibras nerviosas, suponiéndose que estas fibras no son contráctiles. Por otra parte, todas las observaciones llevaron necesariamente a la presunción de que los plexos sincitiales nerviosos vegetativos son en si

contráctiles, es decir, capaces de expansión y contracción. Tal suposición fue confirmada más tarde por

observaciones microscópicas. En gusanos pequeños y trasparentes se observan fácilmente, por medio del microscopio, los movimientos de expansión y contracción en nervios autónomos y el aparato ganglionar. Estos movimientos son independientes de los movimientos de todo el cuerpo, y generalmente los preceden. De acuerdo con, esa observación, la ameba continúa existiendo en los animales superiores y en el hombre, en forma de sistema nervioso autónomo contráctil.

Si hacemos que el sujeto respire hondo o presione como si estuviera evacuando el vientre, y le colocamos un electrodo diferencial en la piel abdominal más arriba del ombligo, se nota que, al inspirar profundamente, el potencial superficial disminuye más o menos bruscamente, y que al espirar vuelve a aumentar. En gran número

de sujetos, se obtuvieron los mismos resultados una y otra vez: sin embargo, no se pudieron obtener estos resultados en personas bloqueadas emotivamente, o que demostraban una pronunciada rigidez muscular. Este descubrimiento, en combinación con el descubrimiento clínico de que la inspiración disminuye los afectos, llevó a la siguiente hipótesis:

Al inspirar, el diafragma desciende, ejerciendo presión sobre los órganos abdominales; en otras palabras, constriñe la cavidad abdominal. Por el contrario, al espirar, el diafragma se eleva, disminuyendo la presión sobre los órganos abdominales; la cavidad abdominal se expande. Las cavidades torácica y abdominal se expanden y contraen alternativamente al respirar. Acerca de la importancia de este hecho se trata en otra parte. En vista de que la presión siempre disminuye el potencial, la disminución de éste al inspirar no tiene nada de particular. Lo que sí es extraño, sin embargo, es el hecho de que el potencial disminuya aunque la presión no

sea ejercida en la superficie de la piel sino en el centro del organismo.

E1 hecho de que la presión interna se manifiesta exteriormente en la piel abdominal puede explicarse sólo por la suposición de que existe un continuo campo bioeléctrico de excitación entre el centro y la periferia. La transmisión de bioenergía no puede limitarse a las regiones nerviosas únicamente; más bien debe pensarse que sigue todas las membranas y fluidos del cuerpo. Esta suposición concuerda con nuestro concepto del organismo como una vejiga membranosa, y confirma la teoría de Fr. Kraus (cf. capítulo VII).

El descubrimiento de que las personas con perturbaciones emotivas, cuya espiración está restringida, demuestran sólo fluctuaciones mínimas de carga en la piel abdominal, o no demuestran fluctuación alguna, confirmó esa suposición.

Resumiendo los descubrimientos anteriormente descritos en términos de nuestro problema básico, podemos decir lo siguiente:

El aumento en la carga bioeléctrica ocurre sólo cuando el placer biológico va acompañado de una sensación de corriente. Toda otra excitación, ya sea de dolor, susto, angustia, presión, fastidio, depresión, es acompañada por una disminución en la carga superficial del organismo.

Existen, fundamentalmente, cuatro clases distintas de disminución de carga en la periferia del organismo: 1. Una retracción de la carga superficial, previa a una fuerte carga intencionada. Esta reacción puede compararse a la tensión adujada de un tigre, previa al salto.

2. La descarga orgástica, que, en contraste con la excitación preorgástica, resulta en una disminución del potencial.

3. En la angustia, la carga en la periferia disminuye.

4. En el proceso de morir, los tejidos pierden su carga, se obtienen reacciones negativas; la fuente de

energía se extingue.

Carga Superficial

Aumento Disminución

Placer de cualquier clase Tensión central previa a la acción.

Descarga orgástica periférica.

Angustia, fastidio, dolor, presión, depresión. Muerte (extinción de la fuente de energía)

La excitación sexual, así, es idéntica a la carga bioeléctrica de la periferia del organismo. E1 concepto freudiano de la libido como medida de energía psíquica, deja de ser una mera imagen; abarca procesos bioeléctricos reales. La excitación sexual sola, representa el funcionamiento bioeléctrico en dirección hacia la periferia ("hacia el mundo — fuera del yo").

El placer y la angustia son las excitaciones o emociones básicas de la sustancia viva. Su funcionamiento

bioeléctrico las hace parte del proceso eléctrico general de la naturaleza.

Las personas que no sufren perturbaciones psíquicas y que son capaces de experimentar sensaciones orgásticas, en otras palabras, las personas que no son rígidas vegetativamente, pueden, durante nuestros experimentos, indicar lo que está registrando el aparato en la habitación contigua. La intensidad de la sensación de placer corresponde a la intensidad de la carga bioeléctrica de la superficie, y viceversa. Las sensaciones de "ser frío", de "estar muerto", de "no tener contacto", experimentadas por personas neuróticas, son la expresión

de una deficiencia en la carga bioeléctrica en la periferia del cuerpo.

La fórmula de tensión y carga, que fue un descubrimiento clínico, quedó así confirmada experimentalmente. La excitación biológica es un proceso que, además de tumescencia mecánica, requiere una carga bioeléctrica.

La gratificación orgástica es una descarga bioeléctrica, seguida de una relajación mecánica (detumescencia). El proceso biológico de expansión, ejemplificado en la erección de un órgano o la proyección hacia afuera

de seudopodios en las amebas, es la manifestación externa del movimiento de la energía bioeléctrica desde el

centro hacia la periferia del organismo. Lo que aquí se mueve es —en el sentido psíquico, así como en el

somático— la carga eléctrica misma.

Dado que sólo las sensaciones vegetativas de placer son acompañadas por un aumento en la carga de la superficie del cuerpo, la excitación placentera debe ser considerada como el proceso específicamente

productivo en el sistema biológico. Todos los demás afectos, tales como el dolor, el fastidio, la angustia, la

depresión, así como la presión, son antitéticos a la misma desde el punto de vista de la energía, y, por lo tanto,