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3.4 Empirical Application

3.4.4 Relation of k stability to diffusion of microfinance

3.4.4.1 Details of regression result

Antes que nada, entonces, es preciso que nos adentremos en el contexto cultural de las barras bravas colombianas. Las barras bravas de fútbol en nuestro país son un fenómeno que apareció hace poco menos de 20 años. Retomando influencias de los Hooligans europeos –en especial ingleses- y de los barristas argentinos, al comenzar los años noventa comenzaron a conformarse las primeras barras bravas colombianas, en el marco de grandes ciudades como Bogotá y Medellín. En estos años “se empezaron a observar grupos de jóvenes hinchas de algunos equipos de fútbol colombianos, unirse y adoptar formas de expresión de su lealtad al equipo, a partir de modelos de las barras bravas inglesas y sobretodo argentinas” (Clavijo, 2004: 45)223.

En el transcurso de las dos últimas décadas, las barras bravas han ido creciendo, a tal punto que todos los equipos del torneo de primera división (actualmente Liga Postobón), y algunos de categorías menores, cuentan con la suya. De ciudades como Bogotá, Cali o Medellín, que cuentan con los equipos más importantes del torneo, a ciudades intermedias o pequeñas como Armenia, Pasto o Cúcuta, el fenómeno de las barras se ha ido extendiendo, reproduciendo y cambiando de colores y emblemas, pero no de características. Como dice el antropólogo Jairo Clavijo, “el fenómeno de las barras bravas ha venido creciendo en Colombia, con tres características comunes e importantes: de un lado, son grupos de jóvenes seguidores de equipos locales; de otro, sus formas de expresión son muy similares, cambian los símbolos y las ciudades, pero no las formas de expresarse como 








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Por supuesto que las barras aficionadas a equipos de fútbol ya existían, pero no tenían las características de las barras bravas, que analizamos en este capítulo. Entre otras cosas, las barras bravas tienen un marcado carácter generacional, están compuestas por jóvenes, mientras que las barras tradicionales son transgeneracionales.

barras bravas; y, finalmente la violencia física y simbólica es una de sus maneras privilegiadas de expresión” (2004: 45).

Hacia 1992, seguidores del equipo de fútbol de primera división Millonarios crean la que será la primera barra brava de Bogotá y del país, Blue Rain, que pronto cambiará su nombre a Comandos Azules # 13. La barra en un principio no fue un fenómeno masivo, y habrá que esperar hasta 1998 para que estuviera conformada por “cerca de 9 centenares de jóvenes” (Lobo Guerrero, 1998: 2).

Hacia el año 2000, hay un cambio de líderes en la barra, y ésta adopta un nuevo nombre: Comandos Azules Distrito Capital. Según varios testimonios, el período comprendido entre el año 2000 y el 2008 fue una época en que la barra estuvo bien organizada, se hicieron carnets de identificación para sus miembros y existía cierta armonía entre los diferentes subgrupos que la componían. No obstante, hacia el 2008, la barra sufrió una escisión, por problemas internos entre distintos líderes y facciones del grupo. Aparentemente, algunos de los líderes a quienes las autoridades distritales les ofrecían boletas gratuitas, no las repartían equitativamente entre los miembros de la barra, lo cual generó la ruptura. Muchos de los antiguos Comandos abandonaron la tribuna norte y conformaron Blue Rain, retomando el nombre inicial de la barra. Desde entonces, están los

Comandos en la tribuna norte y Blue Rain en la tribuna sur y oriental. Sin embargo, “ya

están haciendo una conversación y una conciliación y como que se están arreglando las cosas para que pues que se unan…”224.

¿Qué es y cómo funciona una barra brava? Clavijo nos propone entender las barras bravas como grupos sociales, atravesados por dos categorías teóricas que los definen, la identidad y el territorio: “la barra brava se manifiesta como grupo, tiene unos símbolos propios, unas jerarquías y son reconocidos como grupo por la sociedad, el Estado, y por ellos mismos. Tienen a través de la territorialidad y la identidad noción clara de pertenencia y de diferenciación con otros grupos, por lo que en efecto, no solo funcionan como grupo 








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Testimonio de Elsa (29 años), hincha de millonarios que hizo parte de Los Comandos Azules durante cerca de 10 años. Entrevistada en el año 2010 en el barrio Pablo VI.

18] Tatuaje de millonarios (2010). Inscripciones territoriales e identitarias en el cuerpo.

social, sino que existen como grupo social, aunque inscritos en la existencia misma del

campodeportivo donde se mueven” (Clavijo, 2004: 56).

La territorialidad es el sentido de propiedad, exclusividad o dominio que la barra tiene sobre un espacio (físico o simbólico) (Clavijo, 2004: 50). La territorialidad está estrechamente ligada a la identidad, pues contribuye a elaborar una frontera entre lo propio y lo ajeno, así como a la construcción de símbolos propios.

El espacio físico de la barra por excelencia es el estadio, sus alrededores, y especialmente la tribuna popular. En el caso concreto de la barra de Millonarios, la tribuna norte ha sido históricamente el territorio apropiado. No obstante, a partir de la división de la barra y la aparición de la Blue rain, la tribuna sur y la tribuna oriental han ido cobrando mayor importancia como territorios azules. Otros espacios que se constituyen en el territorio de la barra son los parques y los barrios, en donde mediante violencia física (en algunos casos) pero sobre todo mediante violencia simbólica, las barras de los diferentes equipos (no sólo Millonarios y Santafé sino también Nacional, Junior, América, etc.) se disputan el territorio.

En estos espacios el Graffitti funciona como un marcaje territorial que señala la barra o el parche que se ha “apropiado” o “domina” el lugar. El tatuaje es otra práctica territorial en donde los jóvenes de barras bravas se apropian de nuevos espacios y nuevas superficies –en este caso su propio cuerpo/piel- en nombre de su equipo y de su identidad barrista. Son comunes, entre los de Millonarios, tatuajes del escudo de millonarios, del escudo de Bogotá, de gallinas (símbolo animal del equipo), de iniciales como CDLM (club deportivo los millonarios) o CADC (comandos azules distrito capital) y fechas como 1946 (año de fundación del club).

El concepto de territorialidad también atraviesa la estructura interna de la barra. Existen en Los Comandos, al igual que en cualquier barra brava, unas relaciones sociales jerárquicas y un esquema de poder bajo el cual se organiza el grupo para tomar decisiones, planear viajes a otras ciudades, reunir dinero para banderas y preparar las “salidas” de los partidos225. La estructura está encabezada por los “capos”, quienes constituyen “la cúpula”, son los líderes más importantes de la barra, quienes tienen la responsabilidad de coordinar a todo el grupo y sus actividades, y representarlo ante las autoridades policiales y distritales, ante otras barras, etc. Luego, está “el jefe de parche, que es ya una persona que ha guerreado […] que siempre va al frente, que pelea, si? que protege, pero cuando ya es la pelea con los otros niños [de otros equipos] mandan los otros que están ahí […] los capos”226. Los jefes de parche son responsables de un “parche” que casi siempre corresponde a un barrio o un sector de la ciudad.

Más allá de la afiliación con territorios específicos de la ciudad –estadio, tribuna, parque, barrio, parche- existe una afiliación mayor que funciona como una noción de territorio simbólico: la afiliación con Bogotá. La capital entera es territorio de la barra, pues existe una sinonimia entre el equipo de fútbol y la ciudad que es su sede:

“en Bogotá hay dos equipos ‘grandes’ de fútbol y varias barras grandes; sin embargo, la ciudad, es significada como “de los Comandos”, es decir, es su

territorio de origen y de acción principal. Así, aunque haya otras barras en su territorio ampliado, los Comandos asumen que Bogotá es su dominio. Una frase utilizada por ellos así lo sintetiza: ‘Bogotá es de Millos, y nosotros mandamos aquí’” (Clavijo, 2004: 53).

La identidad funciona dentro de la barra básicamente como un sentido de pertenencia al equipo, a la barra y a la ciudad, y de ahí su compacta relación con la territorialidad. Millos-Comandos-Bogotá devienen un único ente indivisible: “porque millonarios es Bogotá y Bogotá es de millonarios […] y es amarillo y rojo y azul y blanco”227.










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La salida es uno de los momentos claves para la expresión de la barra durante el partido de fútbol. En el instante en que el equipo al que se sigue sale a la cancha, se arrojan papeles, se quema pólvora, se elevan globos de colores, etc. Todas las salidas son preparadas, muchas son originales o pretenden siempre aportar algo nuevo o extraordinario. Tanto en las salidas como en los cantos, compiten las barras bravas que se encuentran en un estadio.

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Testimonio de Elsa. 227

Es importante anotar que las identidades barristas se constituyen a partir de oposiciones entre diferentes actores de un mismo campo social, el campo deportivo (Bordieu, 1993). En este campo, se pone en juego no sólo la competencia entre equipos deportivos, sino la competencia simbólica y cultural entre ciudades o naciones228. En el caso que estudiamos, como ya vimos, Millonarios y Bogotá se asocian mutuamente, y esa es una de las claves para entender la identidad de la barra brava azul: “los sentimientos de lealtad, persistencia y resistencia (aguante) en los equipos, se extienden a ciudades o naciones representadas por un equipo de fútbol en un momento determinado, y pueden llevar a mover mucha gente en verdaderas comunidades de sentimientos” (Clavijo, 2004: 54).

Al interior de los Comandos se construyen unas identidades que señalan ciertos elementos como “lo propio”: el azul y blanco, millos; el rojo y amarillo, Bogotá. Pero, de igual forma, esas identidades se configuran a partir de la delimitación de unos “otros”, que se determinan en contraste con los elementos propios: “frente a un opuesto, los Comandos remarcan características que tienen que ver con la pertenencia regional de ellos mismos y de los otros. Los Comandos Azules N. 13 son de Bogotá, por definición urbanos, de la 








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Según Norbert Elias, el deporte, o más concretamente las competiciones deportivas, reemplazan en la modernidad la guerra entre las ciudades (1992: 31-81). El carácter competitivo propio del deporte y la condición hegemónica del fútbol como deporte privilegiado en occidente, son dos elementos que nos ayudan a entender “cómo los partidos de fútbol se convierten en verdaderos torneos entre ciudades o países, y por qué en el fútbol se condensan expresiones identitarias de una ciudad o una nación” (Clavijo, 2004: 47).

19] Carnet de Comandos Azules de Elsa. Identidad entre Millonarios y Bogotá.

capital, y por oposición no rurales, no de la provincia” (Clavijo, 2004: 57). El concepto de “provinciano” surge entonces como una marca de otredad, de desprestigio, de inferioridad:

“Yo soy Bogotano y aliento a MILLOS por donde voy es un sentimiento que se lleva dentro del corazón y si la distancia de la otra vida me alejara

yo te juro MILLOS que desde el cielo te voy a alentar yo te juro MILLOS que desde el cielo te voy a alentar”. “Sureño la puta que te parió, corriste en galerias sos cabrón sureño no te vallas a olvidar que los trapos te los tiene tu papá. Yo soy así, de millos soy de la cabeza siempre voy, donde vallás, siempre va estar, la banda de la Capital”.

“Hay que alentar hasta morirrr porque a MILLOS yo lo quiero y aunque no salga primero lo llevo en el corazón

y no me importa lo que digan los putos de la provincia la puta que los parió oh oh,

la puta que los parió oh oh,

la puta que los parió oh oh ohhh”229.

A pesar de que ciertas relaciones sociales y representaciones excluyentes son evidentes en este tipo de identidades barristas, es importante recordar que la violencia simbólica y la representación de lo propio/lo otro funcionan siempre dentro del campo

deportivo y dentro de una experiencia que privilegia más lo emotivo que lo racional. Así lo

explica Elsa:

“en el estadio y con el impulso del partido y con la adrenalina que hay, sí. Somos mejores los bogotanos, o sea para nosotros allá para la barra, para todos, sí ser provinciano es ser, de pronto lo tildan como una persona más inferior […] pero ya a la salida, ya calmados, ya mirándolo desde otro punto de vista viendo las cosas diferentes pues no, obviamente que no no tiene nada que ver, igual uno va es a ver fútbol […] son cosas que se viven que son de impulso […] ser persona no hay que desnivelar entre si tu eres de Bogotá, o de Medellín o de Cali, no todos somos iguales y somos todos diferentes, si? pero cuando uno está alla [en el estadio] uno solamente piensa es en el lado futbolístico, como lo que importa en el partido, como no más. Ya a nivel personal si son cosas diferentes”.










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(2010), “Cantos azules” [en línea], disponible en:

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