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A lo largo de esta unidad hemos mencionado algunos de los aspectos que debe considerar el profesional en el ejercicio de su profesión como el compromiso que tiene de buscar el bien del individuo y de la sociedad, que sus acciones no deben ser guiadas exclusivamente por el lucro, o bien, la necesidad de actuar con honestidad, sin embargo, debido a la importancia de estos aspectos éticos se hace necesario puntualizarlos.

JUSTICIA.

En un sentido amplio podemos entenderla como la voluntad de dar a cada uno lo suyo. El deber de justicia del profesional se contrae desde el momento de recibir el título o certificado profesional, que así se convierte en un contrato entre el profesional y diversas instancias como el poder público, el profesional, el SENATI y la clientela.

Hablamos de un profesional justo cuando busca en su ejercicio la equidad entre sus derechos y sus obligaciones, o cuando no hace distinción en la calidad del servicio que ofrece a quienes lo demandan.

RESPONSABILIDAD.

Si la sociedad reconoce al profesional como una persona capacitada en la solución de problemas específicos, lo menos que le demanda es satisfacer estas demandas.

Para dicha satisfacción, la sociedad recurre a la normatividad legal, donde los procedimientos judiciales exigen que las responsabilidades recaigan sobre personas físicas. Así los ordenamientos legales exigen que exista una persona o personas físicas que asuman tal responsabilidad, que se reconozcan como autores de la actividad profesional específica.

Al hablar de autorías profesionales, no se excluye cuando la actividad profesional se realiza en sociedades o corporaciones de profesionales. En este caso la autoría reconocida legalmente será la empresa, pero aún así deberá estar claro que las corporaciones otorgan responsabilidades específicas y tiene claro quién toma las decisiones, quién se encarga de tal

o cual proceso, de la difusión de la información, etc.

Otro aspecto de la responsabilidad del profesional es con su fuente de trabajo. En este caso su responsabilidad del profesional se ve comprometida, por un lado con el que lo contrata y por otro con la comunidad que recibe los bienes y servicios de la empresa u organización.

Esto es de suma importancia, ya que no siempre los objetivos de la empresa reflejarán las necesidades sociales e incluso en ocasiones pueden ir en contra del beneficio colectivo, o bien, en prejuicio claro y abierto de la colectividad: por ejemplo, tenemos caos recientes donde las empresas con controles deficientes de sus derechos tóxicos han causado la presencia de plomo en la sangre de ciertos sectores de la población, aspecto que es bastante discutible desde el aspecto ético.

La responsabilidad se contrae con el que contrata y con el que recibe tarde o temprano el efecto del desempeño eficiente o deficiente.

En cuanto a la empresa, un ejercicio profesional responsable entraña la realización de una serie de acciones concretas como puntualidad, respeto a los horarios de trabajo, interés en el trabajo, actualización constante, etc.

En síntesis, podemos entender la responsabilidad como la obligación de asumir las consecuencias de nuestros actos y por tanto, estamos obligados a prevenir las condiciones que pueden afectarnos o afectar a los demás.

Cuando un profesional no asume la responsabilidad que se le confiere, fácilmente cae en actos como no prepara o comprobar que existan la condiciones para desarrollar alguna actividad. Cuántas veces hemos escuchado que el automóvil no se habría desvielado si se hubiera revisado el aceite.

Si esto ocurre en la vida cotidiana y el costo que pagamos por el descuido es muy alto, podríamos preguntarnos qué pasaría si en lugar del automóvil el objeto no revisado fuera el andamiaje en una construcción o la falta de equipo de seguridad cuando se trabaja con elementos químicos peligrosos.

Otras acciones que también denotan falta de responsabilidad es la falta de atención de las obligaciones aunque sea por breves momentos por ejemplo, cuántas veces hemos escuchado frases como "si hubiera estado ahí no habría pasado..."

Imaginemos por caso un hospital donde la enfermera se aleja irresponsablemente de su área y uno de los pacientes sufre un cuadro crítico, sin duda los resultados serían muy lamentables.

Un aspecto importante es la responsabilidad con el medio ambiente, ya que no sólo afectamos a los individuos de forma directa, sino que muchas de las acciones profesionales directa o indirectamente pueden ayudar a la destrucción o preservación de nuestro ambiente. Este hecho hace necesario no nada más el conocimiento de nuestro ecosistema, sino la participación profesional en la prevención de desastres ecológicos.

DISCRECIÓN.

El valor del secreto profesional es indiscutible. La relevancia de este aspecto del ejercicio se da desde la connotación del término "secreto", el cual podemos entender como una verdad conocida por unos pocos que debe mantenerse oculta a otros al menos por tres razones:

• Su relevancia cause daño o disgusto a terceros. • Se ha hecho una promesa

• Porque existe un pacto o contrato en que el que lo recibe se compromete a no revelarlo.

Cuando el pacto o contrato explicito o implícito procede del ejercicio de una profesión, hablamos de secreto profesional.

Toda profesión está obligada a guardarlo, lo que nos obliga a pensar en que el manejo de información referente a ejercicio debe hacerse con discreción por ejemplo: en el caso de la Psicología, el ejercicio profesional comprende el acceso a una gran cantidad de información sobre el paciente, lo cual pondría quizá en riesgo su actividad física y mental si el profesional no respetara este valor. Cuando el paciente acude a sus servicios deposita en el profesional su confianza, lo cual obliga a éste a no traicionar al cliente. La confianza nace en el cliente en relación directa con la personalidad y la conciencia del profesional, lo cual lo hace doblemente responsable de la información que aquél deposita en él.

En el caso del secreto profesional, al igual que en el de la responsabilidad como cualidades que debe tener un profesional, no sólo se refiere a las carreras como medicina, leyes o Psicología, sino a cualquier profesión en que el manejo indiscreto o antiético de la información puede poner en peligro proyectos, organizaciones laborales o personas.

Existe una regulación legal de este principio que castiga con severidad su violación.

Para la configuración del delito se suele exigir que la revelación del secreto profesional sea sin justa causa, con provecho propio o ajeno y que de ese hecho se derive un daño o perjuicio para el cliente o empleador.

Cabe aclarar que el respeto al secreto profesional no debe ser dirigido nada más por el aspecto jurídico, sino más bien en términos de un compromiso ético profesional.

HONESTIDAD.

Uno de los valores que debe ser pilar fundamental del quehacer profesional es la honestidad. Una forma de definir la honestidad es a partir de su relación con la verdad. Una persona honesta no engaña, reconoce sus limitaciones, no trata de obtener beneficios personales a partir de la necesidad del otro, actúa de acuerdo con lo que dice que piensa, etc.

La honestidad lleva al profesional a ser una persona que además de vivir la verdad conduce a otros a tratar de alcanzar la propia.

Podemos encontrar ejemplos de honestidad profesional cuando un arquitecto, ante las demandas de un cliente, está consciente de lo poco funcional y adecuado de ellas y trata de persuadirlo para que obtenga mejores resultados de su inversión y no deja que la persona se equivoque.

Para ser honesto profesionalmente primero lo debemos ser como personas. La honestidad, al igual que todos los valores, no es una prenda que nos podemos quitar5 y poner de acuerdo con el rol que estamos desempeñando.

La honestidad profesional nos lleva a reconocer los problemas que podemos resolver por nuestra capacitación de los que están fuera de nuestras posibilidades. Debemos tener bien claro este aspecto, ya que en muchas ocasiones se aceptan casos sin ser lo bastante competentes por diversas razones. Esto lleva a un ejercicio profesional poco eficiente.

De estos cuatro principios éticos generales se desprende de una serie de formas de comportamiento específicas que harán del profesional una persona concentrada a la Ética en su vida profesional. Cada comportamiento es la manifestación externa de la escala de valores con que cuenta el profesional y que hacen ( o pueden hacer) de él una persona valiosa para la sociedad, para la profesión y para sí mismo.

Entre estas podemos destacar:

1. El interés por lo que se hace

3. La puntualidad

4. Hacer nuestro mejor esfuerzo por hacer las cosas sin perder tiempo y con eficiencia 5. Preocupación constante por la trascendencia de la profesión en general y lo que se

hace en lo particular.

6. Honestidad para respetar autorías y manejo de datos 7. Respeto por el trabajo de los otros

8. Preocupación por mantenerse actualizado en los nuevos avances de la profesión.

La lista parece interminable, por lo cual cada profesional podría aportar su punto de vista de forma que se fortalezca ese vínculo entre sociedad y profesión.

PRÁCTICA Nº 17.

"SECRETO PROFESIONAL"

Reflexione y Conteste

1.- Analice con sus compañeros cómo se pueden practicar los siguientes valores:

• Secreto profesional • Responsabilidad • Honestidad • Justicia

HORA N° 18.

IMAGEN OBJETIVO DEL ALUMNO