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Determining the effectiveness of e-books

Chapter Seven

E- Books and Teaching & Learning

7.3 Determining the effectiveness of e-books

Cabe preguntarse si la adquisición de competitividad o el logro de ventajas competitivas por parte de las naciones es un factor que influye directamente sobre los niveles de vida de su población y si puede favorecer la convergencia salarial a nivel internacional.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha considerado que una economía puede considerarse competitiva si, “en un marco general de equilibrio macroeconómico tiene la capacidad de incrementar (o al menos sostener) su participación en los mercados internacionales, con un alza simultánea del nivel de vida de la población”. Esta definición se asocia con otra según la cual “se es competitivo cuando se consigue, al menos, sostener los patrones de eficiencia vigentes en el resto del mundo en cuanto a utilización de recursos y calidad del servicio o producto ofrecido”. Finalmente, se observa que “la primera definición implica a la segunda, por lo menos en el mediano plazo, ya que sólo es posible aumentar la participación en el mercado internacional en un contexto de salarios reales crecientes (”elevación paralela del nivel de vida"), siempre que “la utilización de recursos” para producir un bien determinado con una calidad similar al patrón internacional se asemeje cada vez más a la mejor práctica vigente en el mercado" (CEPAL, 1990, p.70).1

1 La Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) sugiere que la competitividad es la habilidad de las empresas, industrias, regiones o áreas geográficas para generar, en un contexto de competencia internacional, niveles relativamente altos de ingresos y empleo de factores, sobre bases sostenibles (OCDE, 1994). Tyson, citada por Krugman (1994), la define como nuestra capacidad para producir bienes y servicios que satisfacen la prueba de la competencia internacional mientras nuestros ciudadanos disfrutan un nivel de vida que es, al mismo tiempo, creciente, y sustentable. Por último, se ha propuesto que, “Desde una perspectiva de mediano y largo plazo, la competitividad consiste en la capacidad de un país para sostener y expandir su participación en los mercados internacionales y elevar simultáneamente el nivel de vida de su población. Esto exige el incremento de la productividad y, por ende, la incorporación de progreso técnico (Fajnzylber, 1988, p. 13).

Las anteriores definiciones pueden restringirse al plano del comercio o ampliarse al ámbito de otros mercados crecientemente integrados, como los de capital y tecnología. En el primero, los datos de que se dispone son bastante elocuentes: existe correspondencia entre el crecimiento de los niveles de vida y el de las exportaciones. El cuadro III-1, muestra que, de acuerdo con este criterio, en el período 1980-1993 las regiones más competitivas en el ámbito del comercio de bienes son por orden de dinamismo: i) Asia oriental; ii) Asia meridional; iii) las economías de la OCDE agrupadas conjuntamente, con independencia de su colocación geográfica; iv) América Latina y el Caribe; v) África al sur del Sahara; vi) Oriente medio y Norte de África. El ordenamiento de las regiones es el mismo con

arreglo a ambos indicadores. En otras palabras, el crecimiento de la competitividad comercial y el de los niveles de vida guardan correspondencia ordinal y, al parecer, la existencia de uno supone la presencia del otro.

Cabría concordar que, en plazos medianos y largos, el crecimiento de la productividad laboral derivado de la introducción sistemática del progreso técnico es el principal elemento determinante tanto del crecimiento de las exportaciones

cómo del incremento de los ingresos medios en las economías nacionales que

compiten comercialmente.

Esta idea también está en el meollo de las consideraciones de Krugman cuando al analizar la incidencia del comercio en los niveles de vida de los países desarrollados observa que, la única diferencia entre “productividad” y “competitividad” radicaría en el comportamiento de los términos de intercambio. Tras calcular esa incidencia, afirma categóricamente que en cada caso la tasa de crecimiento de los niveles de vida es esencialmente igual a la tasa de crecimiento de la productividad interna, no de la productividad en relación con los competidores sino simplemente de la productividad interna. Aun cuando el comercio mundial es ahora mayor que nunca, los niveles de vida nacionales están determinados en gran medida más bien por factores internos que por la competencia en los mercados mundiales (Krugman, 1994, p. 34; Krugman y Lawrence, 1993).

La argumentación de Krugman acentúa dos aspectos importantes. Se refiere al

comercio internacional sin incluir los mercados de factores, y a las condiciones particulares de las economías desarrolladas (con niveles de apertura al comercio internacional

relativamente bajos y términos de intercambio bastante favorables por el alto componente de manufacturas exportadas).

El tema del deterioro de los términos de intercambio es bastante más importante para las economías en desarrollo especialmente si son pequeñas, exportadoras de productos primarios, y muy abiertas al comercio mundial. Aun así cabría coincidir con Krugman (y con Fajnzylber) quienes opinan que a mediano y largo plazo el factor determinante es el ritmo de incremento de la productividad, derivado de la introducción de progreso técnico.

El principal factor para que se generaran grandes diferencias en cuanto a los salarios reales y a los niveles generales de vida entre los países desarrollados y en desarrollo fue, cabe reiterarlo, la mayor productividad laboral (y total) para la elaboración de una misma línea de productos, con base en la utilización de una tecnología más avanzada no disponible para los demás. En términos más simples si una empresa estadounidense puede pagar salarios 10 veces más altos que una empresa mexicana del mismo rubro es porque su productividad laboral resulta también, por lo menos, 10 veces mayor. Mientras las naciones desarrolladas puedan conservar la exclusividad en relación con ese nivel tecnológico superior, podrán mantenerse las diferencias de productividades y de salarios que han imperado hasta hoy.

Las dudas y dificultades que plantea a los estadounidenses el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), surgen del desplazamiento del capital transnacional y de la tecnología hacia otros países buscando aprovechar costos laborales más reducidos. En relación con estas aprehensiones y debates respecto de la pérdida de oportunidades de empleo (especialmente no calificado) no sólo interesa la liberalización comercial sino, principalmente, la movilidad del capital.

Cuadro III-1

PRODUCTO INTERNO BRUTO PER CÁPITA, EXPORTACIONES