¿Permite la invención de
F
, el 19 de abril de 1961, delimitar mejor la incidencia del agalma en el amor de transferencia? La pregunta depende de esta otra: ¿cómo se encuentran posicionados, más allá de esta invención, uno en relación con el otro, agalma yF
?Un poco antes (8 de marzo) fue ubicado en su lugar algo que Lacan
realmente parecía considerar como un único y mismo objeto designado con al menos cinco nombres diferentes: agalma, pequeño otro, objeto del deseo,
objeto del fantasma, a los cuales conviene agregar (via Karl Abraham) “ob- jeto parcial”. En una cita del 8 de marzo, ya encontrada anteriormente (p. 166), se presenta en forma algo espontánea la equivalencia del petit a (el pequeño otro), del agalma y del objeto parcial. Justo después, el objeto del fantasma viene a incrementar dicha lista1. De ahí entonces tenemos que:
OBJETO PETIT A (PEQUEÑO OTRO)
x
OBJETO DEL DESEOx
OBJETO DEL FANTASMAx
AGALMAx
OBJETO PARCIALEl 22 de marzo de 1961 Lacan se lanza en una presentación a su estilo de la fase fálica (con su paciente lectura del texto de Freud sobre la fobia del pequeño Hans como trasfondo) a partir de esta situación escabrosa, pero no
por ello menos real, que ve a las madres (¡todas las madres!) reaccionar ante las sacudidas de la pequeña canilla de su querido o vergonzante niño. Que esta reacción sea: “Es una verdadera cochinada”, o, más positiva en apa- riencia: “Está muy bien provisto (doté), mi pequeño” (Stécriture había escri- to ¡dotado! [doué]), o aun: “Tú tendrás muchos hijos” tiene menos im- portancia a sus ojos que el efecto de tales palabras sobre el niño. Este efecto le parece doble. En primer lugar el objeto así privilegiado deviene agalma, “la perla en el seno del individuo”. Recientemente, un chico de diez años me ofreció una ilustración al respecto. Jugaba con su mamá al juego de los colmos, trayéndole de la escuela algunas adivinanzas de ese estilo y así,
hasta que se le ocurrió a esta madre plantearle a su vez una adivinanza, “¿Sabes –dijo la madre– cuál es el colmo del horticultor?” Ante la previsible incapacidad de su chiquillo para responder, ella da la solución: “Es entrar
totalmente desnudo en su huerta para ruborizar a sus tomates”. Risas. Lo cual no quita que esta madre, moderna si las hay, develara así el sesgo oral por el cual se encontraba interesada en dicho objeto. Al mismo tiempo,
subraya Lacan, este objeto es menospreciado como deseo; el sujeto es traga- do, al no disponer, a partir de allí, más que de “una orden de pago a futu- ro2”. Partiendo de este análisis del “drama fálico”, Lacan se esmera en indi-
car dos cosas: en primer lugar el objeto falo, ahora anotado como
f
, no debe situarse como algo natural en la serie ordenada de los objetos parcia-les, seno luego heces (después de la invención del objeto a, este señalamiento cae, testimonio de ello es la escritura del “grafo del amorir” en La angus-
tia3): “El objeto del cual se trata, desunido del deseo, el objeto falo, no es la
simple especificación, el homólogo, el homónimo del petit a imaginario donde descae la plenitud del Otro, del A mayúscula”. Apoyándose en los trabajos de Abraham, pero también en los de Melanie Klein que han puesto sobre el tapete el descubrimiento muy precoz, por parte del niño, del falo paterno en el vientre materno, Lacan transcribe allí los datos en su álgebra (y entonces los modifica). El
f
viene a simbolizar lo que le falta al A “para ser el A noético, el A de ejercicio pleno, el Otro en tanto podemos dar fe de su respuesta a la demanda”. De allí la escritura: a = A –f
. Otra precisión: si esef
(o [-f
]) no forma parte de la lista de los objetos parciales, tampoco debetomarse como el signo de una falta de respuesta del Otro (en este caso: para el niño en esta fase fálica): “La función que va a tomar ese falo tal como se lo encuentra en el campo del imaginario, no es ser idéntico al Otro en tanto designado por la falta de un significante, sino ser la raíz de esa falta”.
¿Por qué esta precisión, esta profundidad de campo? Lacan (identificado con el nene de cinco años) se ocupa ahora de preservar una cierta profundi- dad, sin duda un cierto misterio, respecto a la relación del Otro (materno)
con
f
. El sujeto entrevé claramente que el Otro (el otre) mantiene una rela- ción privilegiada con esef
, que eso le interesa a la mamá, esas sacudidas delpitito, que ella no se siente totalmente cómoda con eso; pero ese
f
no podría valer como signo de falta de significante en el Otro puesto que, se puede interpretar, ese signo localizaría casi con seguridad esa falta que, de golpe,2 J. Lacan, La transferencia..., sesión del 22 de marzo de 1961.
3 Una V invertida; donde se distinguen tres niveles donde van a inscribirse los cinco obje-
tos petit a: en la planta baja, seno y voz (respectivamente a izquierda y a derecha; veci- nos de piso, se responden mutuamente), en el primer piso, excremento y mirada (que entonces se responden del mismo modo), en el segundo piso (la punta del esquema): -f.
ya no faltaría tanto. Ahora bien, una vez inventado
F
, el asunto se presenta- rá de otra manera. Es entonces que interviene, inesperado punto de partida de esta invención, el cuadro de Zucchi (que Lacan ha debido observar du- rante sus vacaciones de Pascuas en la Galería Borghese) Psiche sorprendeAmore. Lacan refiere ese cuadro a un pasaje del Asno de oro de Apuleyo,
único texto antiguo donde es cuestión de esta escena. Como Freud con el
Moisés de Miguel Ángel, se va a tratar de captar la tensión específica de un
momento preciso de la narración, pero también de hacer valer la apuesta del cuadro de Zucchi, su novedad en relación al relato de Apuleyo.
¿Cómo procede Lacan? Poniendo en juego, si no otro cuadro, al menos un dibujo, un dibujo que, desafortunadamente, permanece inaccesible a sus lectores. Lacan, nos enteramos por su boca, ha pedido a André Masson que “redoble” con un bosquejo las fotocopias que ha hecho circular de ese Zucchi. No es cualquier cosa. Tal gesto evoca su tratamiento, con el mismo Masson,
de L’origine du monde de Courbet. La propia existencia del croquis relacio- nado con el cuadro de Zucchi invita a considerar en forma diferente a la habitual (al percibirlo como una cubierta) el cuadro de Masson que recubría L’origine du monde. Acoger a la presunta “cubierta” de Masson más bien
como un analizador de L’origine du monde sería una pista mucho más fruc- tífera. Por otra parte, este uso de un cuadro en función de analizador de otro, no sería en modo alguno un hápax en la historia de la pintura (Picasso pintando Las Meninas4, Dalí “reproduciendo” La Gioconda). Un cuadro
responde a un cuadro, ¿no es infinitamente menos sospechoso de metalenguaje que un discurso, por más erudito y sensible que éste sea, co- mentando un cuadro? Cuatro elementos apilados van a contribuir así al análisis de Psiche sorprende Amore:
4 Claustre Rafart I Planas, Las Meninas de Picasso, Barcelona, Meteora, 2001. EROSYPSIQUÉ
Comentario de Lacan Dibujo de Masson Cuadro de Zucchi Texto de Apuleyo
Este análisis va a dar lugar, por primerísima vez en los seminarios, ade- más de la invención de
F
, a un desarrollo que concierne al alma –esta alma que parece llamada a tener un bello, aunque quizás efímero futuro en elamor Lacan. El análisis procede en tres tiempos. Luego de haber indicado, primer momento, los elementos de ese cuadro que alimentarían su interpre- tación como amenaza de castración (el falo de Eros enmascarado por las flores y, como punto focal o, mejor, de irradiación de la luz, la “daga” de Psiqué), Lacan va a proponer, segundo momento, lo que denomina su “des- cubrimiento5” como un paso al costado en vista de esta interpretación en
efecto un poco demasiado previsible. El relato de Apuleyo6 le permite desta-
car que si Psique se arma, es en caso de que su amante, que ella quiere ver a
pesar de la interdicción que él le ha hecho, se revelara como el monstruo que
le han anunciado sus hermanas7. Un desplazamiento pues, en relación a la
interpretación pretendidamente “psicoanalítica”. La nueva y original inter- pretación es introducida a partir de las alas de Psiqué, ausentes en ese Zucchi, pero que Lacan introduce armándose de otras referencias. Él cree en efecto que debe aportar unos cuantos datos (corroborados por los estudios consa- grados al arte de la antigüedad) para reforzar la intempestiva operación a la que se entrega, a saber, extraer una lección de un cuadro al tiempo que le agrega un elemento que no forma ostensiblemente parte del mismo: señala
que un grupo en la Galería Uffizi de Florencia, “representa un Eros con una Psiqué, esta vez ambos alados”, o aun que él posee “objetos de Alejandría donde Psiqué es representada bajo diversos aspectos y frecuentemente pro- vista de alas de mariposa”, siendo las alas de mariposa “en esta ocasión [...]
el signo de la inmortalidad del alma”. Agrega que “la temática de la maripo- sa, el signo de la inmortalidad del alma, había aparecido desde la antigüe-
dad, y no solamente en las religiones diversamente periféricas, pero [...] ha sido utilizada y todavía lo es en la religión cristiana como simbólica de la
5 J. Lacan, La transferencia..., sesión del 12 de abril de 1961.
6 Apuleyo, Las Metamorfosis o El asno de oro, trad. Lisandro Rubio Fernandez, Madrid,
Gredos, 1978, p. 141-167.
7 “[...] una horrible serpiente, un reptil enroscado en mil nudos, con un cuello que destila
un veneno sanguinolento y mortal, con una boca terriblemente abierta en toda su pro-
inmortalidad del alma”; encuentra la razón de ello en “las fases de la meta- morfosis que ella experimenta; a saber nacida primero en el estado de oru- ga, de larva, se envuelve en esta suerte de tumba, de sarcófago, envuelta de
una manera que incluso nos hace recordar a la momia, donde reside una
temporada hasta reaparecer a la luz del día bajo una forma glorificada”8. Lo
admitiremos pues, esas alas de mariposa son un signo acordado de la inmor- talidad del alma. Y he aquí esta Psiqué metamorfoseada, devenida el alma misma después de haber sido oruga, la partenaire erótica de Eros9. El cua-
dro vendría entonces a retratar un momento preciso, aquel en que el deseo
que ha colmado a Psiqué va a huirle abriendo así la vía a “lo que podemos
denominar los infortunios o las desventuras del alma”. Desventuras, ya que Psiqué tiene al menos tres grandes problemas: 1) tener hermanas malévolas
fuertemente envidiosas de su felicidad con Eros; 2) ser considerada por Ve- nus como el “doble” de la belleza suy[a]10, dicho de otro modo, los celos de
Venus; 3) haber, por su belleza, inducido a Eros a traicionar a su madre. Conclusión: no se trata de una historia de pareja, sino “de algo que [...] no es otra cosa que las relaciones del alma y el deseo”. La interpretación en términos de complejo de castración no ha sido sin embargo desestimada por Lacan. Todo lo contrario, ya que importa la superposición de esta interpre- tación inicial con su “hallazgo”. Su verdadero hallazgo parece ser entonces, para terminar, el de ese “punto de convergencia entre dos registros”, el del complejo de castración y el del alma. Tienen “un centro común”. El cuadro de Zucchi aporta algo irremplazable, inaccesible a un análisis estructural del mito de Eros y Psiqué, ni más ni menos que ese punto de intersección. “In- tersección”, no armonía. Es incluso, para el caso, todo lo contrario, como lo
señala la historia de Psiqué.
Dado que a fin de cuentas si el mito de Psiqué tiene un sentido, es que Psiqué solamente comienza a vivir como Psiqué [...], en tanto que sujeto de un pathos que es propiamente hablando el del alma –en ese mismo momento donde precisamente el deseo que la ha colmado va a huir de ella, va a ocultarse, es a partir de ese momento que comienzan las aventuras de Psiqué11.
8 Conjetura: ¿No sería el croquis de Masson el que hubiera hecho que Lacan introdujera
alas a Psiqué?
9 J. Lacan, La transferencia..., sesión del 12 de abril de 1961: “Para que no duden más
que la Psiqué no es una mujer, sino más bien el alma, alcanza con que les diga que [...].”
10 Apuleyo, Las metamorfosis, op.cit., p. 164.
11 J. Lacan, La transferencia..., sesión del 12 de abril de 1961.
Lo cual puede decirse con una fórmula: el pathos psukhikon: la psicopatología, es cuando el deseo ha huido. De ahí este esquema sumario
pero a confrontar con el presentado en la página 169:
ALMA
METAMORFOSIS
DESEO
Si, usando un anacronismo, se convoca al “yo almo” (j’âme) que vendrá muchos años más tarde, si entonces el amor pudiera venir aquí en lugar de, y en nombre del alma, obtendríamos una articulación regulada del amor y del deseo que, lo hemos visto, no cesa por el instante de causar dificultad.
Tercer y decisivo momento del análisis: volviendo sobre la interpretación original, Lacan ahora puede avanzar que las flores del cuadro no enmasca- rarían al falo de Eros sino su ausencia –testigo de ello es su abundancia. Que
no haya nada detrás de esas flores, es precisamente allí que Lacan rinde homenaje al pintor por haber “transportado” al falo faltante “a la mayor
significancia”. Prudencia, sin embargo, no se dice que el deseo saque prove-
cho –esta satisfacción que obtenía Psiqué antes de atreverse a develar a Eros– una vez realizada esta operación. Es incluso todo lo contrario. Y de allí, que
el falo sea tomado como significante del deseo, lo que se repite sin tapujos, surge como una fórmula portadora de una de las confusiones más pernicio- sas. Desear es, contrariamente a lo que queda sugerido por esta fórmula, renunciar a ese falo, siendo su decaimiento precisamente lo que da acceso al objeto del deseo, al petit a. Esto se encuentra indicado de varios modos,
particularmente por una reconsideración crítica de la aphanisis de Jones vista, no como un temor a la desaparición del deseo, sino como un refugio donde aparece que “algo es más precioso que el deseo mismo: conservar el símbolo que es el falo”. Y a enlazarlo inmediatamente con la ausencia del falo en el Zucchi. En seguida es cuestión de “desnivelación”, de “caída de nivel fundamental”. Tener un alma es conservar el símbolo fálico. “La orga- nización psíquica en tanto que psíquica” “no está adaptada” “a la realidad del deseo sexual sea cual sea el nivel”12.
La semana siguiente Lacan volverá una vez más sobre ese Zucchi. Sin
duda mientras tanto se ha informado mucho más, ya que ahora relata que
12 J. Lacan, La transferencia..., sesión del 12 de abril de 1961. Recompongo de otro modo
esas flores no habrían sido pintadas por Iacopo sino por Francesco Zucchi, su hermano, más hábil técnicamente. Francesco le sirve ahora de puente entre Iacopo y este otro pintor manierista que es Archimboldo. En Archimboldo, la persona humana parece sostener su sustancia a partir de un “montón de objetos”, y de lo que se trata pues, es de interrogar un vacío. Dicho de otro modo, de la relación del falo con los objetos parciales.
La construcción de esa relación, su formalización, no deja de causar difi- cultad, y por eso Lacan comienza su seminario del 19 de abril de 1961
(donde inventa
F
, símbolo innombrable de una presencia real, punto y mo- mento de escisión entre el ser y el tener) diciendo: “Retomo antes ustedes mi discurso difícil, cada vez más difícil por la aspiración de ese discurso.” El análisis de Psique sorprende Amore habrá entonces desembocado en la in- vención de eseF
. Lo que importa entonces es su posicionamiento respecto a este objeto pequeño otro, al fantasma, al deseo, parcial o, aun consideradocomo agalma. El 21 de junio de 1961, Lacan relee el estudio de Abraham sobre el desarrollo de la libido13, señalando en primera instancia que Abraham
nunca habló de objeto parcial (algo que se le adjudica) sino de un amor parcial del objeto (die Partialliebe des Objektes), de un amor por el objeto sin los genitales masculinos. Así el falo se confirma como “función central ejemplar, función pivote”. Pero por sobre todo, lo que no sería más que
confirmación, permite “situar lo que es diferente, a saber a, en tanto que
petit a designa la función general como tal del objeto del deseo. En el cora-
zón de la función petit a, permitiendo agrupar, situar los diferentes modos de objetos posibles, en tanto que intervienen en el fantasma, está el falo14”.
Se reiteran los dichos del 22 de marzo: el falo no es inscribible en la lista de los objetos parciales. Pero ahora se aporta una precisión impor- tante: interviene, no ya exteriormente, sino en el corazón de la función
petit a, aquella que reagrupa a los diferentes objetos del deseo. Se tenía
la fórmula: a = A –
f
. Ahora se tiene algo como a +F
= ? “Algo como” porque, en cierto sentido, ese +F
es una aberración puesto que allí donde creemos ver el falo, allí precisamente no está15. Ahora bien, de ese a +F
Lacan va a dar una imagen importante por varias razones, especialmente porque se sabe que percibimos que petit a no está ahora perfectamente
13 Karl Abraham, Psychoanalytische Studien zur Charakterbildung und andere Schriften,
Francfort-sur-le-Main, S. Fischer Verlag, 1969. Traducción francesa, Développement de
la libido, en Oeuvres complètes II, cap. “Esquisse d’une histoire de la libido basée sur la
psychanalyse des troubles mentaux”, trad. Ilse Barande, París, Payot, 1977. [Hay tra- ducción al español: Contribuciones a la teoría de la libido, Bs. As., Ed. Hormé, 1985].
14 J. Lacan, La transferencia..., sesión del 2l de junio 1961. 15 J. Lacan, La transferencia..., sesión del 28 de junio de 1961.
diferenciado de la imagen narcisista i(a) –lo que va de la mano con la indiferenciación relativa del deseo y del amor. Evoca entonces (via Abraham)
esta posibilidad esencial del objeto fálico de emerger como un blanco sobre la imagen del cuerpo, como una isla, como esas islas de las cartas marítimas donde no está representado el interior sino el contorno –a saber, que lo mismo ocurre en lo que concierne a todos los objetos de deseo, el carácter de aislamiento como Gestalt de partida es esencial ya que nunca dibujaremos lo que está en el interior de la isla16.
La semana siguiente (el 28 de junio), esta isla figurará el objeto del deseo, el objeto al que aspiraría el deseo en la medida en que lo que importa al deseo es eso que le falta (representado, justamente, por esta isla no explora- da, apenas delimitada). Ello no impide que, bien al final del seminario, ella sea descrita como “ese campo del ser que el amor no puede más que ro- dear”. El amor, dicho de otro modo, la transferencia.
El psicoanalista en tanto que objeto de una transferencia no es pues sola- mente petit a (el petit a de ese año al cual nos referimos). Su presencia real se escribe “a +