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Developing Guidelines for Post-Technology-Transfer Activities

En un centro de enseñanza media me piden que aborde el tema de los jóvenes y su actitud ante lo religioso.

Asumo el reto: “¿Por qué no hablas algo sobre los jóvenes actuales y la religión?”. Comienzo con una afirmación: el joven de hoy no es a- rreligoso, pero tampoco cristiano.

Me explico: aunque bautizado, y en la mayoría de los casos educa- do en una familia y centros educativos cristianos, y hasta iniciado en los sacramentos, sin embargo está lejos de haber personalizado e interiori- zado el credo y ética cristianos. Su religiosidad puede definirse como “porosa” o “flotante”; desconectada de las viejas tradiciones a las que siente muy cutres, burocratizadas, distantes y sin conexión con sus inte- reses.

Siendo vivencialmente hedonista, narciso y pragmático, para él el paraíso no está en el más allá (espiritualismo), ni en el más acá (moder- nidad), sino en “él mismo”. Lo religioso sólo le interesa en cuanto le “dice algo” al nivel íntimo-personal y de emociones. Su liturgia y ritos, cuando los hay, son las meditaciones transcendentales, las técnicas de relajación y unificación interior, y hasta las prácticas esotéricas y espi- ritistas. La religión para él es asunto “privado”, nunca público.

Más inclinado a las sectas y nuevos movimientos pseudoreligiosos, busca refugio en pequeños grupos “cálidos”. Su religiosidad “light”, a la carta, se nutre de publicaciones marginales. Con todo, no es agresivo hacia la institución religiosa; simplemente, prescinde. Y desde luego no está dispuesto a hipotecar su libertad con compromisos definitivos. Es “revisionista”, suplantando símbolos con la misma facilidad que se adhiere a ellos.

Sólo presta atención a discursos no arrogantes, experienciales, abier- tos, y plurales. Figuras como Jesucristo, Madre Teresa y otros le causan admiración pero los ve lejanos: sólo un punto de referencia nostálgico. El joven de hoy vive el momento presente. Historias cortas y sin huella. Concluyo: para el joven de hoy no sirve el dilema “religión sí o reli- gión no”, sino “qué forma de religiosidad le enrolla y alucina más”. Toda una provocación y un reto.

28. TEOLOGÍA Y UNIVERSIDAD

Se invita al Rector de la Universidad Civil a disertar sobre la relación entre Universidad y Teología.

Recientes aún los ecos del Acto Académico mantenido en la Facultad de Teología, con motivo de sus XXV Años, quiero destacar dos posturas: La del Rector de la Universidad Civil, y la del Decano de la Facultad de Teología.

El primero abogó por el diálogo Universidad-sociedad, y afirmó que, ante el pluralismo ilimitado y la fragmentariedad y marginalidad de la cultura de los valores, la Universidad debe ser brújula de progre- so ético, cultural e intelectual. La Universidad debe transmitir no sólo conocimientos, sino valores humanos. Por su parte, el Decano de la Facultad de Teología abogó por la interdisciplinariedad e interregiona- lidad de la Teología. El diálogo entre teología y ciencias no sólo es un deseo sino una necesidad: La teología, en su vertiente profundamente humanista y humanizadora, sigue siendo memoria creativa y nutricia de valores. Y ese diálogo teología-ciencias, en nuestro caso, necesaria- mente pasa por estar “situado” en un contexto socio-cultural y geográ- fico: Castilla y León, sin ir más lejos. Cien años de marginación, en España, de la teología respecto del Campus Universitario no ha favo- recido a nadie. La teología puede fosilizarse y convertirse en “ghetto”, perdiendo su razón de ser. La cultura puede volverse “totalitarista o bien radicalmente fragmentaria”. Como el viejo dogma cristológico, “sin división ni separación, sin confusión ni cambio”, ciencias y teolo- gía deben volver a encontrarse. A dos niveles: académico e institucio- nal. La pseudoteología, de las nuevas sectas, y la ciencia meramente tecnicista y tecnocratizada no deben tener la última palabra.

29. HACER TEOLOGÍA HOY

Es noticia el Aula Universitaria “Pensamiento y Sociedad”. Esto nos da pie a comentar el sentido que puede tener hoy la teología.

En su etimología significa discurso sobre Dios. Y, dentro del cris- tianismo, podemos hablar de tres grandes etapas: teología desde Dios (ss. I-XII); teología para el hombre (ss. XIII-XIX); antropología para Dios (s. XX).

A la pregunta “¿para qué sirve la teología hoy?”. Con realismo res- pondemos que para mucho, o para poco, según se mire. Para comen- zar, la teología es un hacer de “tercera mano”: lo primero es la revela- ción o automanifestación de Dios en la Historia, que llega a su culmen en Jesucristo; lo segundo es el encuentro entre revelación y hombre concreto, que denominamos Fe; y, en tercer lugar, la teología, que es la profundización de esa Fe que se alimenta de la Revelación.

A pesar de este tercer nivel, la teología sigue siendo tarea grande y necesaria, tanto para el hombre de hoy, como para la Iglesia. Para el hombre de hoy, porque le indica dónde está su norte y sentido para autocomprenderse a sí mismo, y realizarse en plenitud.

Y para la Iglesia porque realza un doble movimiento: de inserción o inculturación de la Fe en nuestro mundo de hoy, y de evangelización de esa misma cultura. Una Fe, como una Iglesia, sin raíces culturales no es nada. Una fe sin ser levadura en la cultura, o se convierte en algo muer- to y fosilizado, o es un ghetto que no sirve a nadie. Y una cultura sin la semilla y germen de la evangelización, o se convierte en totalitarista y cerrada, o se fragmentariza y relativiza en mil y un pequeño relato.

Por todo lo afirmado, bienvenida sea esta Aula Universitaria, porque la teología, en diálogo con la sociedad e interdisciplinarmente, sigue teniendo algo que decirnos.