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1. La discusión en el templo de Jesús con los líderes religiosos y del pueblo acerca del origen de su autoridad sucede con una parábola situada en el mismo contexto y grupos presentes. El lenguaje directo y de confrontación continúa con unas parábolas de Jesús, práctica que ha quedado establecida como canal de comunicación con los que ―están fuera‖ (cf. 4:11, 34). Marcos usa el plural del término (parabolé3850
), aunque en principio tan solo aparece una, la de los labradores malvados. Es posible que considere los vv. 10, 11 como una parábola en sí mismos o que Jesús pronunciara otras parábolas que no se recogen en este Evangelio. La parábola está directamente vinculada con los acontecimientos previos en los que Jesús ha sido cuestionada acerca de su autoridad (11:27–33), con la maldición de la higuera (11:12–14, 20–26) y los acontecimientos en el templo (11:15–19).
La parábola menciona a un hombre que plantó una viña y la acondiciona para su explotación, cercándola, construyendo un lagar y levantando una torre, con el propósito de poder vigilar su propiedad. El dueño arrendó la viña, lo cual apunta a que cedió la explotación a terceros, a cambio de una parte de la producción obtenida. Esta situación no es desconocida para los que escuchan a Jesús, puesto que el ausentismo de los terratenientes
era práctica habitual, así como el arrendamiento de la explotación a cambio de un precio convenido. En el tiempo estipulado, el dueño de la viña envía a por su pago a uno de sus siervos, pero que es agredido por los labradores y enviado de vuelta con las manos vacías. Esto mismo sucede una segunda ocasión, resultando en que este siervo fue herido en la cabeza, y un tercero fue muerto. Esta situación se repite varias veces, con el mismo patrón resultante de una recepción violenta de los siervos del dueño de la viña por parte de los labradores, y el incumplimiento del pago del fruto acordado. El dueño, finalmente, decide enviar a su propio hijo, pensando que a este lo respetarían, aunque los labradores vieron la ocasión de apropiarse de los terrenos. Diferentes autores han querido argumentar el razonamiento de los labradores, aduciendo que la ley permitía, una vez que no hubiera dueño de la tierra, que esta fuera reclamada por quienes la ocupaban actualmente. Esto no es fácil de justificar por varias razones. Por un lado presupone la muerte del dueño, mientras que el texto solo menciona la de su heredero. Por otro lado, ningún tribunal adjudicaría las tierras a los asesinos de sus dueños. Es más sencillo, dado que se trata de una parábola y de las conexiones con el libro del profeta de Isaías, que se esté reflejando una vez más la inconsciencia y rebeldía de Israel hacia su Dios (cf. Isa. 1:2–4).
Desde una perspectiva histórica, es probable que Jesús tome la escena de una situación frecuente en la época en la que el dueño de la viña fuera un terrateniente que viviera lejos o incluso un extranjero, práctica habitual en la época de premiar algún servicio con tierras. Los labradores serían lugareños, posiblemente galileos disconformes con la situación, que buscan la ocasión para controlar y apropiarse de la tierra. Pero más allá del detalle histórico, la parábola se pronuncia y circunscribe en un momento de conflicto entre Jesús y las autoridades judías que marcan este tramo final de su ministerio, especialmente sobre la cuestión de su autoridad para hacer y enseñar en la forma que lo hace. Ahora, Jesús de un paso más en su afirmación de autoridad con una parábola que le sitúa como agente principal del plan salvífico divino y cuyo desenlace está determinado indefectiblemente por la actitud hacia él.
Existe un claro paralelismo con la parábola de la viña de Isa. 5:1–7, en la cual se presenta a Israel como una viña y a Dios como el dueño, que se ha esforzado en cuidarla, plantando, edificando una torre y construyendo un lagar (cf. Isa. 5:2). El resultado de estas acciones no es lo que se espera puesto que la viña produce uvas silvestres en vez de comestibles (cf. Isa. 5:2, 4). Este paralelismo refuerza la necesidad de interpretar alegóricamente la parábola de Jesús. Según el relato de Marcos, la viña sería igualmente Israel y su dueño Dios, donde la relación del dueño de la viña y los labradores reflejaría la relación entre Dios y su pueblo. Los siervos enviados y afrentados serían semejantes a los profetas enviados a Israel, que también fueron rechazados y desechados por el pueblo (cf. Jer. 7:25, 26). El elemento de contraste con Isaías 5 es que en este último texto la viña no produce fruto apetecible, después de todos los esfuerzos hechos sobre ella. La conclusión es que la viña será desechada y dejada yerma, baldía. En el texto de Marcos, por el contrario, aparece incluido el envío del hijo del dueño de la viña, como acción última, pensando que a éste sí le recibirían y atenderían. Este hijo es descrito como hijo suyo amado (agapetós27). Sin embargo, el hijo muere a manos de aquellos a los que se les había confiado el cuidado de la viña. Sin duda está reflejándose una vez más la realidad de que Jesús es el Hijo de Dios, su Hijo amado, enviado a Israel para salvar y restaurar, pero que sin embargo, es rechazado y muerto a manos de los líderes de Israel, tal y como estaba profetizado y Jesús mismo ya había recordado en ocasiones anteriores (cf. 8:31; 9:31; 10:33, 34). Además, tras la acción de Jesús en el templo, los líderes religiosos estaban determinados a matar a Jesús (cf. 11:18).
Semillero homilético
La naturaleza de Dios
12:1–12
Introducción: En este pasaje encontramos algunas verdades aplicables a la conducta divina y que
tienen que ver con la naturaleza de esa forma de actuar. Su naturaleza divina lo hace totalmente apto para ser nuestro proveedor, para tener confianza en nosotros como su creación y por lo tanto es paciente y justo.
I. Su provisión (v. 1). 1. Plantó una viña.
2. No escatimó en nada, la cercó, edificó un lagar y le puso seguridad. 3. Dios siempre proveerá todo lo necesario.
II. Confianza (v. 1).
1. Le dio la viña a los labradores.
2. Ellos sabían lo que tenían que hacer para que la viña fuera productiva. 3. Todo lo que había invertido de su capital y trabajo lo entregó.
4. Dios nos confía la creación, y la ha puesto en nuestras manos para que la cuidemos. III. Paciencia (v. 2).
1. Espera los resultados o frutos que naturalmente vendrían por el buen cuidado de la viña. 2. Espera que los labradores le recompensen por su inversión.
3. Prolongar su espera muestra la cortesía que los labradores no merecían. De igual manera lo hace con nosotros.
4. Nos bendice aun a pesar de que nos resistimos a vivir como él espera que vivamos. IV. Justo (v. 9).
1. Los labradores no se salieron con la suya. Finalmente recibieron lo que merecían. 2. La justicia triunfó.
4. El hombre no puede jugar con el pecado y salir ileso de su camino de rebeldía contra Dios.
5. Finalmente el hombre recibe lo que sus acciones merecen.
Conclusión: En este pasaje aprendemos que Dios es nuestro proveedor, que confía en nosotros,
que nos tiene paciencia y que es justo. Toda esta acción divina nos invita a que consideremos la grandeza, el cuidado y la gracia de su amor, y a hacer una entrega completa de nuestra vida a él.
Tan solo en dos ocasiones previas es usada la expresión ―Hijo amado‖, en Marcos, y las dos provenientes de Dios hacia Jesús. Una tras su bautismo (cf. 1:11), otra en la transfiguración (cf. 9:7), ambas con un claro carácter afirmativo de la identidad divina de Jesús.
La reacción del dueño de la viña es definitiva, que aquí es de destruir a los labradores y dar la viña a otros (alos243). La hostilidad y falta de reconocimiento hacia Jesús habrá de culminar en el rechazo por parte de Dios de los líderes religiosos judíos. Queda la pregunta: ¿Quiénes son estos otros? Ciertamente, aquellos que creen y siguen a Jesús; los discípulos, la iglesia. Dado que la viña continúa siendo la misma, los que ahora aparecerán como arrendatarios de esta se definen en conformidad a su identificación con Jesús. Está implícito el hecho de que la pertenencia a Israel no se fundamentó en cuestiones étnicas o de cualquier otro tipo, sino que se define en base a la fe en Dios, ahora concretada y expresada en la fe en Jesús como el Hijo de Dios, el que viene a traer salvación a los que creen en él. La conclusión de que los discípulos, posteriormente la iglesia, será identificada como la Israel de Dios no debe, bajo ningún concepto, interpretarse como un alegato anti judío, como desgraciadamente ha sucedido reiteradamente durante dos mil años. Jesús era judío, como lo eran todos los apóstoles y primeros discípulos. Todos los que creen son Israel de Dios, judíos y gentiles a la vez, de la misma forma que entre los que no creen están igualmente judíos y gentiles. Nunca la aceptación o el rechazo, la pertenencia o no al reino de Dios, se ha fundamentado sobre cuestiones étnicas, sino sobre la fe en Jesús como el Hijo de Dios que vino a traer salvación a todos los que por la fe creen en él, sin acepción de personas o pueblos.
La cabeza de ángulo
La piedra principal es la que forma la esquina más notoria de un edificio. Es la cabeza de ángulo, la misma que se refiere a la piedra puesta para sostener una esquina del edificio. El sentido de la imagen es claro: lo que había sido rechazado como despreciable ha pasado a ocupar el lugar de honor. El NT se refiere al rechazo, muerte y resurrección de Cristo. Parece referirse a una piedra especial que fue rechazada cuando construían el templo, y que al final se dieron cuenta de que se trataba de la piedra que sostenía la estructura de todo el edificio.
Aunque el final de la parábola de los labradores afirma la conclusión del orden presente y el inicio de uno nuevo en el que otros cuidarán de la viña, Jesús concreta la identidad de esos otros y la vincula a su persona, con la referencia a la piedra que desecharon los edificadores y que, finalmente, será exaltada. Solo podrán
acceder a la viña aquellos que lo hacen por medio de él. Jesús, la actitud de aceptación o rechazo, de fe o incredulidad hacia él, es el criterio de exclusión e inclusión en el reino de Dios.
Interpretaciones judías contemporáneas identifican la piedra rechazada con el Mesías davídico, victorioso sobre las naciones, que pasa a ser piedra destacada del templo de Dios. La imagen de una piedra desechada que llega a convertirse en principal del ángulo resulta del Salmo 118:22, 23, de donde también se toman algunas de las frases a Jesús en su entrada triunfal a Jerusalén (cf. Sal. 118:26). La interpretación tradicional del dicho es que Jesús es la piedra angular de la base, la de referencia para la construcción del edificio, lo cual no es una concepción errónea si se relaciona con la realidad de Jesús respecto de la iglesia. Sin embargo, desde una perspectiva cristológica, y pensando que se alude aquí a la muerte y resurrección de Jesús, el dicho no apuntaría a una piedra colocada en la cimentación del edificio, lo cual sería difícil de armonizar con el uso de cabeza (kefalé2776) del ángulo, sino de una piedra en alto, bien visible, en un arco principal del edificio, apuntando a la exaltación de Jesús por su resurrección. Desde una óptico arquitectónica, esta piedra era tallada de forma irregular para que encajara en la clave del arco; así pues, la primera impresión de irregularidad de la piedra se substituye por su encaje perfecto en la construcción. De esta forma, Jesús, que ha sido percibido como irregular en su mensaje y ministerio por parte de los líderes religiosos al punto de conducirle a su muerte, por su resurrección evidencia ser el encaje perfecto de Dios para la salvación de la humanidad. Por conocer poco las técnicas judías de construcción, ambas imágenes coinciden plenamente con la idea de Jesús como fundamental para la iglesia, así como aquel que es exaltado por su resurrección. La destrucción del templo predicha por Jesús culminará en un nuevo templo vivo, la iglesia, fundamentado sobre Cristo la roca principal, exaltada (cf. 1 Ped. 2:4–10).
Todo esto es obra de Dios (v. 11), lo cual apunta al tema de debate entre Jesús y los líderes religiosos. Su autoridad proviene de Dios, no de los hombres, lo cual es motivo de maravilla y asombro a los ojos de todos. Este maravillarse (thaumastós2298) ante la acción de Dios coincide con la reacción de la gente ante los milagros de Jesús. Sin embargo, en una especie de contrapunto en la narración, los líderes religiosos se dan por aludidos por Jesús como aquellos edificadores que desecharon la piedra, lo cual resultaba ofensivo para ellos, pues tradicionalmente se interpretaba como referencia a las naciones que se enfrentaban a Israel. La intención de estos líderes religiosos es la de prender a Jesús, pero como en el caso de la confrontación tras las acciones de Jesús en el templo, no se atreven a hacer nada contra él, pues cuenta con el apoyo de la multitud. Por ello, deciden marcharse, aunque sin desistir de su plan de prenderle en el futuro.
(2) Pregunta sobre el tributo al César, 12:13–17
Dado el grado elevado de hostilidad por parte de los líderes del pueblo hacia Jesús, estos no desisten en tratar de encontrar la oportunidad de prenderle (agréuo64), literalmente, de cazarle, pues esta es una expresión habitual de contextos de caza y pesca. Para ello, evitan las confrontaciones abiertas que les han puesto en evidencia ante la multitud, y ahora se sirven de intermediarios, algunos fariseos y herodianos, para ver si encuentran ocasión manifiesta para acusarle. Esta no es la primera ocasión en que representantes de estos dos grupos se unen contra Jesús (cf. 3:6), lo cual evidencia una vez más la gravedad de la amenaza sobre este, pues se coluden representantes del poder civil y religioso contra él.
En esta ocasión, el enfoque es sutil. Se dirigen a Jesús dándole trato de maestro (didáskalos1320) y afirmando que saben (óida1492) que habla verdad y que enseña el camino de Dios. Contrasta esta disposición a reconocer que saben, con su pretendida ignorancia respecto de la autoridad de Juan el Bautista (cf. 11:33). En ambas ocasiones la falsedad de su actitud es manifiesta, pero en cualquier caso sus palabras sirven aquí como descripción no intencional de la verdad acerca de quién es Jesús. Los herodianos y fariseos dicen reconocer en Jesús la virtud propia de un maestro veraz, que no condiciona el contenido de sus enseñanzas a intereses o condiciones externas, que no enseña para complacer a la audiencia o con parcialidad sino según verdad, conforme al camino de Dios. Evidentemente es una adulación por parte de los herodianos y fariseos reconocer en Jesús que enseña según Dios y no según los hombres, porque esto les debería llevar a creer en él, lo cual no es el caso. Se acercan a Jesús con la intención de encontrar alguna contradicción u ofensa, política o religiosa, para así poder acusarle.
Tras este adulador reconocimiento, le plantean a Jesús la pregunta sobre el tributo (kénsos2778) a César. El kensos era un latinismo (census) que indicaba un registro de propiedades realizado con el fin de cobrar tasas por las mismas. Posteriormente se atribuyó el término a cualquier tipo de tributo por persona exigido por Roma. En
el caso de Judea, convertida en provincia bajo gobierno directo de Roma, el impuesto se percibía como una muestra evidente de su servidumbre al invasor, lo cual suscitó en el tiempo de su imposición por el gobernador Quirino, allá por el año 6 d. de J.C., una revuelta popular que fue prontamente sofocada, pero que dejó el germen revolucionario en grupos diferentes, como por ejemplo los zelotes.
La pregunta en cuestión es si es lícito (éxesti1832) dar tributo al César. Es evidente que busca simplemente que Jesús responda si se deben pagar los impuestos a Roma o no. Por tanto, la pregunta plantean a Jesús los representantes de los herodianos y de los fariseos tiene una incuestionable componenda política. Si Jesús responde positivamente a la pregunta planteada, estará poniéndose del lado del invasor frente a sus compatriotas judíos. Si responde que no, entonces se le percibirá como un sedicioso contra el poder establecido y podría usarse para acusarle frente a Roma. Pero la pregunta no solo pone a Jesús ante una tesitura delicada en lo político sino también en lo teológico, puesto que el pago del impuesto se percibía por los sectores más patrióticos como una deslealtad a Dios, como una muestra de impiedad.
Joya bíblica Entonces Jesús les dijo:
—Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaban de él (12:17).
Marcos afirma que Jesús reconoce la hipocresía (jupókrisis5272) de los que le cuestionan, y les confronta abiertamente ‗¿por qué me probáis (peirádzo3985)?’, o también, ―¿por qué me tentáis?‖. Esperaban que la
respuesta de Jesús le delatara como un sedicioso o como un impío. Sin embargo, Jesús no cae en la trampa que le han tendido los representantes de los herodianos y los fariseos, sino que, tomando él ahora la iniciativa, reclama que le traigan un denario para que lo vea. Este hecho es curioso, pues Jesús no tiene un denario consigo pero los que quieren acusarle sí. El denario era una moneda de plata equivalente al pago por un día de trabajo (cf. Mat. 20:2) con la que se pagaba el impuesto a Roma y que en una de sus caras aparecía la inscripción: Tiberius Caesar Divi Augusti Filius Augustus (César Tiberio, hijo del divino Augusto, Augusto [digno de veneración]), mientras que en la otra, aparecía: Pontifex Maximus (Pontífice máximo o Sumo Sacerdote). Para los judíos, pagar los impuestos a Roma con esta moneda era una ofensa, pues les recordaba su sometimiento además de la provocación de reclamar la divinidad y adoración al emperador.
Grupos en el judaísmo
Saduceos. Se formó durante el período intertestamentario. Aceptaban solo la Torah
(Pentateuco) y eran rígidamente conservadores, rechazaron la tradición, negaron la existencia de demonios, eran materialistas y no creían en la resurrección, mantenían una lectura literal de la ley, los sumos sacerdotes generalmente eran de este grupo. Creían ser los únicos que estaban correctos.
Fariseos. Se guiaban por la tradición y por las 613 leyes que se habían establecido después
del cautiverio, para no caer de lo que la ley prescribía. Aceptaban lo que consideramos ser el Antiguo Testamento. Este grupo sí creía en la resurrección. Eran más liberales en la interpretación. Creían en la vida después de la muerte. Creían en la realidad de ángeles y demonios. Creían en hacer prosélitos, y en que las personas son responsables por la manera en que viven.
Zelotes. Eran muy parecidos a los fariseos, esperaban que el reino se hiciera presente en su
día. Eran fanáticos en cuanto a su fe al punto de morir por sus creencias.
Herodianos. Era un grupo político, sus miembros abrazaban diferente puntos de vista