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4 General Discussion

4.2 Development of adapted lines as basis for hybrid breeding

Presb. de la IERE

EPICUREAS (II)

M. Guilles recoge en su obra el nombre de tres mujeres epicúreas, Temista, Leoncio y Teófila. Otros autores consideran muchas más mujeres que formaron parte del jardín. Además de las citadas, también formaron parte de la escuela Batis, Mammarion De- dela, Nikidion, Bodion, Demetria, Erotion y Plotina.

En cuanto a Temista, o Themisto de Lám- psaco, nos dice Gilles que fue esposa de Leonteo de Lámpsaco e hija de Zoilo de Lámpsaco. La sitúa entre el siglo IV y III a.C. Al parecer, según D. Laercio, tuvo un hijo al que puso de nombre Epicuro. Tam- bién sabemos por este autor, en su relato sobre la vida del filósofo Epicuro, que The- mista y Epicuro fueron buenos amigos; in- cluso recogió dos cartas que el filósofo le escribió a su amiga, en una de las cuales le dice: “Yo soy aquel que, si tú no vienes a mí, podría ser impulsado hacia ti incluso sobre ruedas”. Nos dice Gilles también que Tulio Cicerón en su Discurso contra L. Calpurnio Pisón, nombra a esta filósofa, diciendo: “aunque seas más sabia que The- mista...”. También hablaría de ella Lactan- cio, escritor latino y apologista cristiano y discípulo de Arnobio, quien la consideraba la única mujer filósofa.

Sobre Leoncio, situada también en la mis- ma época que Themista, nos dice Gilles que era una meretriz ateniense y amiga del Filósofo. D. Laercio también la nombra y nos dice que tuvo amistad con Metrodoro, uno de los más ilustres discípulos de Epicu- ro, y también de Hermesanacte de Colofón, uno de los poetas elegíacos. Al parecer, esta mujer llegó a escribir un discurso nada menos que contra Teofrasto, uno de los grandes filósofos platónicos, algo que pare- ce ser que la hizo famosa. De sus escritos no se ha conservado nada, y algunos auto-

res la hacen directora de la escuela por un tiempo, aunque no hay fuentes que avalen tal teoría.

Y qué decir de Teófila... Pues también de la misma época que las anteriores y muy pro- bablemente hetaira o meretriz, pues Mar- cial en sus Epigramas habla de ella de for- ma que no se hablaría así de una mujer, di- gamos, honesta para la época. Concreta- mente, y según Gilles, en el epigrama dedi- cado a Canio Rufo, un poeta gaditano, Marcial escribe lo siguiente: “Ésta es aquella Teófila prometida a ti, Canio, cu- yos pechos atenienses rebosan de dones. El jardín ático del gran viejo la reclama para sí en justicia y la secta estoica también quiere que sea suya. Perdurará cualquier obra que emitas a través de sus oídos, pues tiene un juicio no femenino ni vulgar. Que tu Pantenis no se ponga demasiado por de- lante de ella, aunque el coro de las musas la conozca bien. La amorosa Safo elogia sus poesías. Pero Teófila es más casta y no menos sabia”.

Poco podemos decir también de Batis, o Batide. Conocemos el nombre de su padre, Ateneo o Timócrates, y el de su madre, Sande. Tambén fue pionera en la escuela. Fue hermana del famoso Metrodoro, como apuntábamos en la primera parte, y conoci- da por ello; ya que Metrodoro era un im- portante discípulo de Epicuro. Al parecer escribió algunas cartas que se han encon- trado en los papiros de Herculano, sobre el placer y la tristeza.

Del resto de mujeres poco podemos decir, pues no se sabe nada excepto, al parecer, de quienes fueron amantes. Si apuntar de Plotina que vivió probablemente en Roma y fue esposa de Trajano, y epicúrea, por su- puesto. R

Isabel Pavón

Escritora. Formó parte de la extinta ADECE (Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos).

Jesús no necesita de tus anzuelos, de que vayas al salto de la mata contando por ahí al primero que pasa que si le sigue, él le hará gran- des milagros, y que ese que está en la lista del paro encontrará un traba- jo superior en cuanto le acepte como Señor y Salvador, que en su vida el mal jamás hará acto de pre- sencia. No, Jesús no necesita que engañes diciéndole al prójimo que será el ser más feliz del universo, porque la tragedia nunca llamará a su puerta si es que Jesús entró por ella. No mientas. No quieras con- vencer de que el creyente no tendrá jamás enfermedades, tú también las tienes; que nunca tendrá que pisar una farmacia, tú vas de vez en cuando; ni visitar al médico porque su salud será de hierro, tú eres usuario de tu centro de salud. No. Todos vamos a morir de un modo u otro, de una manera u otra. Como todo ser mortal, estamos expuestos a cualquier cosa.

También yo me lo aplico. No min- tamos pintando arcoíris de colores que no son ciertos cada vez que da- mos testimonio público de nuestra fe. Jesús no necesita de nuestros an- zuelos, esos ganchos que usamos mostrando una irrealidad que lleva-

Jesús no necesita

nuestros anzuelos

Jesús no necesita de nuestros anzuelos, esos ganchos que usamos mostrando una irrealidad que llevará a estrellarse al inocente y a despotricar de la fe más adelante.

rá a estrellarse al inocente y a des- potricar de la fe más adelante. Por supuesto que Jesús nos libra de todo lo que quiere él librarnos, cuando quiere librarnos, como quiere librarnos, y donde quiere hacerlo, pero no siempre. Sin em- bargo, que esta certeza no perturbe nuestra devoción ya que la relación con Dios no es un negocio. Nuestra fe no tiene que estar agarrada a los posibles beneficios que nos esperan. Si vienen, bien, y si no, también. 

Jesús no se vende dándonos regalos para que creamos en él. Pidámosle cada día más fe y procuremos que no la pierdan los que se encuen- tran en momentos difíciles de su vida haciéndoles creer que, si no re- ciben bendiciones, es porque no dan la talla delante del Señor, ¿los de- más la damos? Acordémonos de Job y los consejos de sus amigos para no caer en el mismo error. Cuando alguien no encuentra solu- ción a sus problemas y cree y ve que otros van por ahí presumiendo de lo bien que les va, se sienten maldecidos, frustrados y desconfían de la justicia y el amor de Dios. R www.sentircristiano.com

UJERES FILÓSOFAS

“Conserva celosamente tu derecho a reflexionar, porque incluso el hecho de pensar erróneamente es mejor que no pensar en absoluto”(Hipa.a de Alejandría).

M

#17

Juan Larios

Presb. de la IERE

EPICUREAS (II)

M. Guilles recoge en su obra el nombre de tres mujeres epicúreas, Temista, Leoncio y Teófila. Otros autores consideran muchas más mujeres que formaron parte del jardín. Además de las citadas, también formaron parte de la escuela Batis, Mammarion De- dela, Nikidion, Bodion, Demetria, Erotion y Plotina.

En cuanto a Temista, o Themisto de Lám- psaco, nos dice Gilles que fue esposa de Leonteo de Lámpsaco e hija de Zoilo de Lámpsaco. La sitúa entre el siglo IV y III a.C. Al parecer, según D. Laercio, tuvo un hijo al que puso de nombre Epicuro. Tam- bién sabemos por este autor, en su relato sobre la vida del filósofo Epicuro, que The- mista y Epicuro fueron buenos amigos; in- cluso recogió dos cartas que el filósofo le escribió a su amiga, en una de las cuales le dice: “Yo soy aquel que, si tú no vienes a mí, podría ser impulsado hacia ti incluso sobre ruedas”. Nos dice Gilles también que Tulio Cicerón en su Discurso contra L. Calpurnio Pisón, nombra a esta filósofa, diciendo: “aunque seas más sabia que The- mista...”. También hablaría de ella Lactan- cio, escritor latino y apologista cristiano y discípulo de Arnobio, quien la consideraba la única mujer filósofa.

Sobre Leoncio, situada también en la mis- ma época que Themista, nos dice Gilles que era una meretriz ateniense y amiga del Filósofo. D. Laercio también la nombra y nos dice que tuvo amistad con Metrodoro, uno de los más ilustres discípulos de Epicu- ro, y también de Hermesanacte de Colofón, uno de los poetas elegíacos. Al parecer, esta mujer llegó a escribir un discurso nada menos que contra Teofrasto, uno de los grandes filósofos platónicos, algo que pare- ce ser que la hizo famosa. De sus escritos no se ha conservado nada, y algunos auto-

res la hacen directora de la escuela por un tiempo, aunque no hay fuentes que avalen tal teoría.

Y qué decir de Teófila... Pues también de la misma época que las anteriores y muy pro- bablemente hetaira o meretriz, pues Mar- cial en sus Epigramas habla de ella de for- ma que no se hablaría así de una mujer, di- gamos, honesta para la época. Concreta- mente, y según Gilles, en el epigrama dedi- cado a Canio Rufo, un poeta gaditano, Marcial escribe lo siguiente: “Ésta es aquella Teófila prometida a ti, Canio, cu- yos pechos atenienses rebosan de dones. El jardín ático del gran viejo la reclama para sí en justicia y la secta estoica también quiere que sea suya. Perdurará cualquier obra que emitas a través de sus oídos, pues tiene un juicio no femenino ni vulgar. Que tu Pantenis no se ponga demasiado por de- lante de ella, aunque el coro de las musas la conozca bien. La amorosa Safo elogia sus poesías. Pero Teófila es más casta y no menos sabia”.

Poco podemos decir también de Batis, o Batide. Conocemos el nombre de su padre, Ateneo o Timócrates, y el de su madre, Sande. Tambén fue pionera en la escuela. Fue hermana del famoso Metrodoro, como apuntábamos en la primera parte, y conoci- da por ello; ya que Metrodoro era un im- portante discípulo de Epicuro. Al parecer escribió algunas cartas que se han encon- trado en los papiros de Herculano, sobre el placer y la tristeza.

Del resto de mujeres poco podemos decir, pues no se sabe nada excepto, al parecer, de quienes fueron amantes. Si apuntar de Plotina que vivió probablemente en Roma y fue esposa de Trajano, y epicúrea, por su- puesto. R

Un equipo de paleontólogos australianos ha descubierto los restos fósiles del loro más grande del mundo hallado hasta ahora. Se calcula que tenía una altura de un metro de altura y pesaba 7 kilos. La nueva especie ha sido encontrada en el centro de Otago, Nueva Zelanda, una zona muy conocida por albergar diferentes tipos de aves de gran tamaño.

"Aunque es una de las aves más

espectaculares que hemos encontrado, sin duda hay muchas más especies inesperadas por descubrir en este interesante

yacimiento”, dice Trevor Worthy, investigador de la Universidad Flinders y uno de los autores.

Los expertos lo han llamado Heracles inexpectatus, nombre que surge de su gran tamaño y fuerza hercúlea y del carácter

inesperado del hallazgo. Los restos tienen una antiguedad de unos 19 millones de años. 

Sus dimensiones son el doble de grandes que las del Kakapo neozelandés (Strigops habroptilus), que es el loro más grande que se conocía hasta ahora y que está en peligro crítico de extinción. Según los expertos, Heracles vivía en un bosque subtropical donde había muchas especies de laureles y palmeras. "Sin duda, estos árboles proporcionaron una rica cosecha de frutos que sirvió a la dieta de Heracles y de otros loros y palomas con los que vivía", explica Suzanne Hand, otra de las autoras.

Esta nueva especie se considera ahora el loro más grande del mundo, con un pico enorme con el que podría haber comido no solo alimentos convencionales de su especie, sino tal vez incluso a otros loros.

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a t u r a l e z a

P l u r a l

Un loro prehistórico de un metro de