• No results found

Development of a continuous caster for efficient high modulus steel production

5 Alloy design

6.4. Development of a continuous caster for efficient high modulus steel production

La atención reactiva se sigue manifestando claramente a los seis meses. Pero en estos momentos, puesto que los bebés ya son capaces de distinguir los colores vivos, especialmente el rojo y el verde, les llaman mucho la atención los colores fuertes e intensos. Sus movimientos oculares están además totalmente desarrollados en estos momentos, lo que les permite disfrutar más aún de los objetos móviles y de las figuras en movimiento. Por tanto, sigue siendo interesante utilizar los juguetes y objetos de colores, sonoros y móviles que ya habíamos comenzado a usar en la época anterior; pero también podemos comenzar a desarrollar otro tipo de actividades, tales como ponerles delante de la televisión, sobre todo cuando hay dibujos y películas infantiles. Normalmente, estas actividades les llaman mucho la atención por ser imágenes de alto contraste, y pueden pasar un largo rato mirándolas fijamente. Otra actividad es la de ver libros, revistas y cuentos con animales, objetos y personas, a ser

posible conocidos por ellos. Al igual que en el caso anterior, las ilustraciones deben tener un gran colorido y contraste.

Si ya en los primeros seis meses hemos constatado diversos logros cognitivos que nos indicaban que la atención del bebé no sólo era involuntaria y reactiva, a esta edad nos encontramos con otras adquisiciones, desde un punto de vista atencional, aún más importantes. Por ejemplo, la capacidad para dejar de atender a los estímulos a los que el bebé ha llegado a habituarse, que se inicia en torno a los cuatro meses, se manifiesta en torno a los seis meses con total claridad. En este momento, además de desenganchar su atención, el bebé busca más activamente aquellos estímulos que son más novedosos para él y desarrolla la capacidad para alternar el foco atencional de un estímulo a otro, fenómeno que comienza a madurar al final del primer año de vida.

En segundo lugar, la habilidad para localizar estímulos da lugar al desarrollo de una capacidad algo más compleja, la de buscar. En torno a los siete meses y medio, el bebé es capaz de buscar un juguete a medio esconder, y al mes siguiente busca el juguete desaparecido y es capaz de destapar un objeto que se halla oculto. Estas conductas son importantes porque evidencian que el bebé va tomando conciencia también de que los objetos o las personas existen aunque en ese momento no las esté percibiendo. Dicho concepto se conoce con el nombre de «permanencia del objeto», y es considerado una de las adquisiciones cognitivas más importantes en el desarrollo de los niños.

La capacidad para localizar objetos que desaparecen comienza a estimularse de forma más sistemática a partir de, aproximadamente, los seis meses de edad, si bien ya antes podemos realizar actividades. Una actividad inicial para ayudarles a adquirir esta capacidad puede ser la de «buscar objetos caídos», generalmente grandes y/o sonoros (un muñeco de peluche, un sonajero, una cucharilla, etc.). En estos casos podemos ayudar a guiar la cabeza del bebé hacia el objeto caído si es necesario. Poco a poco, los objetos pueden ser más pequeños, menos llamativos, menos sonoros, etc., y, al caer, podemos alejarlos progresivamente del lugar donde estemos jugando con el niño para conseguir un mayor nivel de dificultad en la tarea. Más adelante, en torno a los siete meses, se puede jugar a «esconder y encontrar» objetos. Al principio se esconden parcialmente, asegurándonos de que el niño ve la trayectoria que sigue el juguete. Una variante muy utilizada de este juego es la de esconder su juguete favorito debajo de un pañuelo: primero se esconde estando él delante y, cuando domine la actividad de tapar y destapar el juguete delante de su vista, se esconde bajo el pañuelo sin que él lo vea.

También en torno a los siete meses comienza a emerger una capacidad atencional importante; a saber, la de dividir su atención. Esto se manifiesta en que es capaz de coger voluntariamente y sostener un objeto en cada mano mirando un tercero. Así pues, en torno a los seis meses y medio podemos realizar actividades como darle un objeto para que lo tome con una mano, luego otro para que lo agarre con la otra mano y finalmente un tercero para ver qué hace.

aparentemente voluntaria: es más capaz de mantener la atención sobre un objeto, acontecimiento o tarea que esté realizando y, además, empiezan a aparecer los primeros mecanismos inhibitorios, especialmente en situaciones novedosas y de incertidumbre. Por ejemplo, si se le presentan juguetes nuevos y otros ya familiares, un bebé de seis meses tendería a coger con la misma rapidez los juguetes nuevos que los familiares, mientras que a los diez meses el bebé tardará más en aproximarse a los juguetes nuevos.

Por último, indicar que en esta etapa sigue aumentando el tiempo que los bebés pueden mantener la atención visual, lo que facilita que puedan focalizarse en un objeto o rostro y analizarlo con más precisión (Ruff y Rothbart, 1996).

Todos estos logros hacen que sea especialmente interesante realizar con el bebé actividades de estimulación como las que indicamos a continuación:

— Actividades de estimulación sensorial: a nivel visual, podemos enseñarle tarjetas o libros e ir indicando qué cosas aparecen en ellos; a nivel auditivo, podemos utilizar objetos caseros tales como el secador, la batidora, la radio, etcétera, y hacerlos funcionar delante del niño; otra actividad interesante es enseñarle a tocar el timbre. Finalmente, a nivel táctil, seguiremos con los masajes; pero hay otras actividades interesantes, como pintar los dedos de color (con pintura no tóxica, por supuesto) y dejarle que pose las manos, por ejemplo, sobre un papel; o darle simplemente un papel para que lo arrugue, lo estruje o lo rompa. — Actividades de reconocimiento perceptivo: cada vez que queramos que el bebé preste

atención a un sonido lo nombraremos, y señalaremos su origen para favorecer sus aptitudes auditivas. Asimismo, podemos enseñarle el nombre de las cosas cuando salga de paseo para que se vaya familiarizando con su entorno.

— Actividades de imitación: debemos intentar que imite gestos y sonidos, y también ruidos con la boca, las manos (es el caso del juego de las «palmas, palmitas...»; o de los «cinco lobitos...»), etc. Podemos también mostrarle cómo hace el perro, cómo suena el tambor, cómo sopla el viento. Juegos de espejo: dejamos que el bebé se observe en el espejo, pero sin poder tocarse, y, cuando él mismo trate de asir su imagen, entonces le dejamos acercarse. También podemos jugar a hablar y gesticular delante del espejo. Puesto que el niño nos mirará atentamente, estamos ejercitando su capacidad de observación. — Actividades de coordinación oculomanual: conseguir la coordinación de la mano y el ojo es una capacidad de tipo psicomotriz cuyo entrenamiento es importante desde un punto de vista atencional, puesto que las actividades que subyacen a dicha capacidad (meter y sacar, ensartar, hacer torres, etc.) se convierten en muchas ocasiones en auténticos ejercicios de concentración para el bebé. Algunas actividades interesantes pueden ser: • Lanzar un pañuelo al aire para que el bebé lo atrape.

• Sacar y, posteriormente, meter objetos en un recipiente. En estos caos, es útil utilizar tarros y cajas en los que el niño pueda introducir y sacar los objetos con relativa facilidad.

• Poner juguetes a una cierta distancia para que vaya a buscarlos.

• Ofrecerle los famosos juegos de cubos para que comience a empujarlos unos contra otros y los junte; en definitiva, para que pueda experimentar. Éstos han de ser de plástico o madera para que suenen de diferente forma al chocar. Al principio seremos nosotros quienes colocaremos los objetos del mismo tamaño unos sobre otros. En torno al año, el niño será capaz de colocar dos cubos uno sobre el otro.

• Comenzaremos también a presentarle ya los conocidos juegos de encaje. La primera conducta del niño será golpear la figura de encaje contra el tablero. Y, aunque todavía no está preparado para encajarla en su sitio, podemos ir dándole pistas y ayudándole con nuestras manos y las suyas a acoplarla en su hueco respectivo.

Por último, recordar que:

— Es importantísimo seguir con la estimulación musical. A esta edad, escuchar y hacer música con objetos cotidianos le ayudará a distinguir sonidos y favorecerá su sentido del ritmo.

— El bebé necesita objetos variados cuyas características (distintas formas, tamaños y texturas) permitan la adaptación del niño a esas nuevas capacidades. En ese sentido, cualquier cosa es un juego para el niño, tanto los juguetes propiamente dichos (cajas de actividades, cuentos que estimulan los sentidos, encajables en soporte fijo, juegos sonoros como tambor, maracas, etc.) como muchos objetos de la casa, que podemos aprovechar siempre que no sean peligrosos para el bebé (recipientes de plástico, pinzas de la ropa, cacerolas, tapones grandes...).

Related documents