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4.3 Governance and SER in developing countries

4.3.4 Development of hypotheses

El desafío de construir indicadores de innovación refleja la preocupación de los especialistas de todo el mundo en la búsqueda de instrumentos eficaces para dirigir la política de ciencia y tecnología hacia resultados deseables des‑ de la perspectiva económica, social y cultural; dicha preocupación es todavía más acentuada en los países en desarrollo, donde, de manera reconocida, la distancia entre los objetivos de la política y los resultados alcanzados, por lo general, es bastante mayor (Brisolla, 1997).

En los países con economías emergentes el desarrollo tecnológico aparece como un factor externo por su alta dependencia tecnológica, destacándose en este contexto la desarticulación entre ciencia, tecnología y sociedad, lo cual implica además una deficiencia en los sistemas de medición de la innovación y de su impacto en la sociedad. Pero es precisamente en estos países donde la escasez de recursos presiona por una mayor productividad de las inversiones públicas, por lo cual se hace necesario obtener este tipo de indicadores de forma confiable. Adicional a lo anterior, los sistemas de medición deben basarse en interpretar la diferencia entre el potencial científico y tecnológico de una sociedad (en términos de su capacidad de generar ciencia y tecnología, así como de recibir y absorber soluciones de ciencia y tecnología originadas en el país, o adquirirlas a través de la transferencia de tecnología) y su transformación en innovaciones sociales y económicas (Barre, 1997).

En los países desarrollados los indicadores de innovación están sistema‑

tizados, como en el caso del Manual de Oslo, que fue lanzado al mercado

por iniciativa de la red Nesti (Net of Experts on Science and Technology In-

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OECD, el cual se trata de un compendio de metodologías destinadas a medir los resultados tecnológicos, especialmente en los procesos de innovación tecnológica. Este manual comprende tópicos relacionados con la innovación industrial y tecnológica, sin abordar transformaciones organizacionales o so‑ ciales resultantes de la innovación. Su base teórica parte de las percepciones de Schumpeter, quien distingue cinco tipos de innovación: (1) la introducción de un nuevo producto; (2) la introducción de un nuevo método de produc‑ ción; (3) la apertura de un nuevo mercado; (4) la conquista de una nueva fuente de materias primas o productos semifacturados; y (5) la reorganización de una industria.

Las acciones encaminadas a la realización de procesos de innovación

tecnológica se denominan actividades innovadoras, las cuales el Manual de

Oslo (1992) describe así:

a. Investigación y desarrollo experimental. Trabajo creativo hecho sobre

base sistemática para aumentar el stock de conocimientos y su uso para

nuevas aplicaciones. El desarrollo experimental se distingue por la construcción y puesta a prueba de un prototipo, un modelo original que incluye todas las características técnicas y de desempeño de un nuevo producto o proceso.

b. Ingeniería industrial. Adquisición y modificación de máquinas, instru‑

mentos y procedimientos de control de calidad, métodos y patrones. Dentro del aseguramiento de la calidad se posibilita la incorporación de las diferentes fases de la actividad innovadora en la cotidianidad de las empresas, desde el monitoreo hasta la mejora de materiales o productos. Por otra parte, las acti‑ vidades de diseño y desarrollo tecnológico de nuevos productos permite ligar tres fases que se presentan en la actividad innovadora y que también confor‑ man las etapas básicas del proceso de transferencia de tecnología: adopción, asimilación y adaptación de las tecnologías.

La calidad45 se entiende como la satisfacción permanente de las necesidades

y expectativas de los usuarios, clientes y consumidores externos e internos

de una empresa (Mariño, 1992). De acuerdo con la norma NTC ISO 8402,

existe una relación especial entre el ciclo de innovación tecnológica (definido

45 El concepto de calidad de Mariño, que abarca tanto al cliente y usuarios externos como a los

propios miembros de la empresa, es el modelo auténtico de una calidad total que busca el aumento de la competitividad y de la productividad de la empresa (ambos términos ligados a la innovación).

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por las etapas de anticipación, planeación, investigación y validación), con el ciclo de Deming o de mejoramiento continuo (planear, hacer, verificar y estandarizar), ya que ambos persiguen el mismo fin: generar un modelo de gerencia competitiva a partir de la aplicación de herramientas de gestión como planeación estratégica, gestión de la calidad y gestión de la tecnología, entre otras (Casanova, 1999).

La innovación puede asimilarse como el desdoblamiento de la calidad mediante la interpretación científica de las necesidades del cliente (Ramírez, 1997). Esto se verifica al revisar el ciclo de la calidad, retomado en los siguientes términos: investigación de mercado, diseño de producto o servicio, planeación, manufactura, control, distribución y servicio al cliente, lo cual en esencia es equivalente al proceso de innovación tecnológica. Por lo anterior es recomendable la aplicación, por lo menos, de las normas de calidad ISO 9000 o de un modelo de calidad para el desarrollo exitoso de proyectos de innovación (Bernal, 1992; McCormick, 1999).

c. Inicio de la manufactura y marketing de nuevos productos. Incluye

modificaciones en el proceso y en el producto, entrenamiento de personal y

test de producción, nuevos proyectos e ingeniería. Por su parte, el marketing

corresponde a las actividades relacionadas con el lanzamiento de los nuevos productos al mercado, incluyendo pruebas de mercado y adaptación del producto a nuevos mercados. No incluye necesariamente construcción de redes de distribución de los nuevos productos.

d. Adquisición de tecnología. En la forma de patentes, inventos sin patentes,

licencias, know- how, marcas, proyectos, modelos y servicios con contenido

tecnológico.

e. Proyecto. Parte esencial de la actividad de innovación. Se traduce en

los planos y los diseños de procedimientos, las especificaciones técnicas y otros datos operacionales necesarios para la concepción, el desarrollo, la

manufactura y el marketing de nuevos productos y procesos.

Es importante tener en cuenta que no todas las actividades innovadoras resultan en innovaciones reales. Así mismo, parte de la investigación básica y tecnológica general no puede ser atribuida a algún proyecto específico de innovación. Por otro lado, algunos proyectos de innovación no son exitosos a pesar de haber comprendido anteriormente actividades innovadoras, lo cual reafirma la idea base de la innovación como resultado del conjunto de las actividades totales de la empresa (Brisolla, 1997).

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La medición del desempeño de las actividades de investigación y desarrollo está ganando una importancia creciente porque la eficiencia y efectividad de estas actividades no solo determina la ventaja competitiva de la empresa sino su sobrevivencia (Godener y Söderquist, 2004). Para producir indicadores de

innovación, el Manual de Oslo (1992) los plantea en función de los siguientes

objetivos:

— Tecnológicos. Buscan desarrollar productos radicalmente nuevos que ori‑

ginarán nuevos mercados; imitar líderes innovadores; adaptar tecnologías ya relacionadas para necesidades de la empresa; crear desarrollos incre‑ mentales en técnicas existentes; modificar los métodos de producción de productos existentes.

— Económicos de la empresa. Orientados a realizar innovaciones de producto

mediante la sustitución de bienes en progresivo desuso; extender su uso dentro del mismo campo y fuera del campo principal común; mantener la participación en el mercado, abrir nuevos mercados en el exterior y para nuevos estratos del mercado interno; hacer innovaciones de proceso para aumentar la flexibilidad de la producción; aminorar los costos de producción a través de la reducción de la incidencia de los salarios en el costo, de la disminución en el consumo de materias primas y en la energía de limitar la tasa de rechazo de los productos y los costos de proyecto del producto; la mejoría de las condiciones de trabajo y la minimización del efecto negativo sobre el ambiente.

El Manual de Oslo indica que para la obtención de indicadores es muy

importante valorar el trabajo empírico con las empresas. Los indicadores toman en cuenta el conocimiento sobre aspectos cualitativos de la innovación. Para ello, es imprescindible una información confiable y detallada sobre los costos y utilidades de la empresa, estados de pérdidas y ganancias, anuarios de producción y de mano de obra, inversiones en proyectos de investigación

y desarrollo, entre otros. Por su parte, el Manual Frascati (1994) también

ofrece una recopilación de métodos para la normalización de indicadores económicos, medición del personal dedicado a la investigación y desarrollo, gastos destinados a investigación y desarrollo, y determinación de indicadores macroeconómicos.

Finalmente, se debe mencionar que la tendencia a encontrar metodologías para evaluar los impactos de la innovación tecnológica ha sido motivo de variados estudios y en la literatura especializada es creciente la cantidad de reportes sobre el tema. En este sentido, Guijarro y Fatás (2002), evaluando

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la gestión de las PYME en la industria española, plantearon un modelo que evalúa la innovación por sus salidas después del proceso innovador, analizando aspectos como: (1) número de funcionarios con educación superior, (2) facturación del producto innovador, (3) porcentaje de exportaciones, costos relacionados con la innovación, (4) porcentaje del capital en manos de los administradores, y (5) un indicador del tamaño de la empresa. En contraste, Ferrari y colaboradores (2002) abordan el objetivo de medir la innovación por el volumen y las fuentes de información que son tomadas como insumo en

el proceso. Recientemente, fue publicado un interesante modelo (Bruno et

al., 2005), aplicado para economías emergentes, denominado Balance de la

competitividad, en el cual se “mide” la gestión de la innovación tecnológica a

partir del análisis integrado de indicadores y su relación con las competencias

tecnológicas46 de las empresas e industrias (Noffs, 2005), la resistencia del

mercado para asimilar la innovación tecnológica y la percepción del mercado del valor de la innovación.

2.4 Estudio de casos en la aplicación de los aspectos fundamentales