... Mirad a mi siervo, a quien mi elegido, ({ prefiero, .. No 1/0 !lO voceará por los col/es ... (ls42, 1.4.6-7) .
.. . lo la
la nación que sea ... (Hcch 10, .
.. .Soy el que necesitu me balltices, acudes a (Mt 3, 13-17).
Un misterio y otro misterio."
y hay otra epifanía, Una nueva propuesta de luz, Una nueva
invitación a abrir los ojos.
Las manifestaciones del Señor continúan. El bautismo de Jesús representa una nueva cita, una ocasión que no hay que perder, una posibilidad que se nos ofrece,
como siempre, el desgarrón abierto sobre el misterio de Dios, la revelación de la identidad de Jesús, el descubrimiento del origen y del significado de su misión se convierten necesariamente en un «des- velar» el hombre a sí mismo, el creyente a la propia conciencia,
Según uno se va adentrando en la exploración del misterio de la persona de Cristo, se abre también un camino veces áspero, dra- mático, despiadado- que lleva en dirección a las profundidades del hombre hacia ciertas zonas secretas, jamás violadas antes, de las que ni siquiera el interesado sospecha su existencia.
El hombre delante del Hombre.
El desvelarse progresivo de Uno, provoca el desvelarse inevitable del otro, Y, según se va avanzando, queda por descubrir lo que hay más allá.
Primera bastante simple
La liturgia de hoy nos ofrece dos posibles confrontaciones. La primera es la más simple, la menos comprometida (si bien es aconsejable que os eche una mano algún estudioso). Basta acercar la
figura del personaje misterioso dibujado por déutero-Isaías en el primer canto del siervo de Yahvé (primera lectura), a la de Cristo y verificar las semejanzas e incluso la perfecta coincidencia de algunos rasgos.
Las afirmaciones que se refieren a la solemne investidura y a la presentación oficial de los dos personajes son casi idénticas
«Esto dice el Señor: Mirad mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero ...
En la escena del bautismo, la «voz del cielo» garantiza: «Este es mi hijo, el amado, mi predilecto».
En el texto de Isaías: «Sobre él he puesto mi espíritu».
En Mateo se dice que, apenas Jesús salió del agua, «vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobreél».
Así pues, en los dos casos, el Espíritu acompaña y sostiene al siervo en su empresa, quien se convierte así en «mediador carismá- tico» .
Si además recorremos las páginas del evangelio, caemos en la cuenta de que la misión de Jesús recalca, a grandes líneas. el cuadro presentado por el oráculo profético.
Una misión universal que tiene como tarea manifestar la voluntad de Dios Uusticia y armonía entre los hombres), y que se alarga allá de los límites de Israel.
Sobre todo la empresa no se realiza con las armas que uno se esperaría (fuerza, poder, amenazas, miedo, castigos). sino con hu- mildad, dulzura, mansedumbre, comprensión.
El siervo anuncia el perdón y la misericordia, y por eso no tiene necesidad de «gritar», ni de «vocear».
Se dirige a las conciencias de las personas, y consiguientemente no se exhibe en las plazas.
No se abre camino aplastando a los seres humanos más frágiles, sino al contrario, respetando al débil. al vacilante. al que tiene el paso poco seguro. No se prescinde de nadie. a ninguna persona se desprecia como inútil. Incluso los valores más desvaídos, confusos,
flojos. insignificantes, no son pisoteados brutalmente, despreciados. sino potenciados.
«La cascada no la quebrará». A lo mejor se trata del bastón
un poco plecario, sobre el que el hombre se apoya confiado. «El pábilo vacilante no lo apagará». Puede haber individuos en crisis. La llama no es precisamente esa llama robusta, petulante, re- sistente, que se desearía. La esperanza ha quedado reducida a un pábilo que despide un humo desagradable que raspa en la garganta. en vez de ser luz brillante. y, sin embargo, el pábilo no es aplastado, so-
focado. yla llama es protegicla celosamenteyalimentacla con
no sopla impetuoso ... Ni tampoco helado. Sino que se posa, como una caricia suave, para reavivar.
Cristo, contra todos los que muestran sus simpatías por los bastones robustos(y hasta nudosos ... )y las luces fulgurantes, declarará que ha venido a buscarya salvar lo que estaba perdido. Su cultura se podría definir como la «cultura de la recuperación».
En cuanto a la liberación del hombre de todas las miserias y clavitudes, tanto físicas como espirituales y morales (<<para abrir los ojos a los ciegos, sacar de la cárcel a los cautivos ... Pedro (segunda lectura) recuerda que Cristo pasó por la tierra «haciendo el bien y
curando a los oprimidos por el diablo».
Como se ve, en el retrato que se dibuja se cancelan todas las tonalidades triunfalistas, ruidosas yclamorosas, yse realza la imagen de un mesías que está íntimamente ligado a Dios, sí, pero que aparece
«hombre entre los hombres», siervo de todos, y en de los
más débiles, solidario con los últimos. Es más,10vemos, en las riberas del Jordán, ponerse en fiJa con los otros, uno cualquiera, sin reivindicar el primer puesto, yesperar silenciosamente su turno, sin refugiarse en la sala especial reservada a los vip como en los aeropuertos.
Sobre este «último entre los últimos» se posa la palabra solemne de Dios: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto».
Segunda confrontación: y aquí las cosas se complicCln
Pero la confrontación más difícil es la que se da entre el estilo adoptado por Jesús en el cumplimiento de su misión ynuestro modo de interpretar la vocación cristiana (también con ocasión de nuestro bautismo, hubo una «voz» que nos llamó, que nos asignó una misión, que nos «señaló» delante de todos).
Aquí, si sobreponemos las dos imágenes, es difícil obtener la coincidencia, ni siquiera por aproximación. Los desajustes aparecen con evidencia, las desemejanzas saltan a la vista. Nuestra imagen está deformada, caricaturesca, aunque en algunos casos sea pretenciosa.
La operación, de todos modos, puede revelarse saludable si al menos nos permite adquirir alguna brizna de humildady si nos regala algún remordimiento.
y podría acompañarse con tres ejercicios de una cierta utilidad: l. Tender obstinadamente, a pesar de los inevitables desgarros. a la semejanza respecto al modelo único, imposible pero necesario e insustituible. Y proclamar, abiertamente, la no-semejanza.
O sea, confesar ... que aún no lo hemos logrado. Que lo intentamos
y volvemos a intentar, a pesar de los infortunios que salpican nuestro camino.
Reconocer que queremos ser pero no nos consideremos ninguna manera mejores que los otros (haría falta mucha cara dura.
jNo teniendo un rostro semejante al de Cristo, no se permite sustituirlo, como hoy parece estar de moda en ciertos ambientes eclesiales, con la cara
Proclamar que hemos sido agarrados por Alguien, pero que nos encontramos muy lejos de él.
Hemos respondido. Pero vamos con retraso (no pocos minutos. Una veintena de siglos ... ).
Nos hemos movido. Pero los pasos que tenemos que dar todavía son muchos.
Se nos ha asignado un nombre. Pero debemos ganárnoslo aún.
Gritar(aquí sí que se permite e incluso es un deber gritar) que no somos ni campeones de la fe, ni los primeros de la clase, pero que nos esforzamos por aprender (de él, Y de todos los demás) .
... y nos ponemos disciplinadamente en fila, hombres entre los hombres, pecadores con otros pecadores, y esperamos que Alguien también nos salve a nosotros.
Quién sabe si no lograremos incluso convertirnos.
2. Propongo también meditar esta frase de un conocido teólogo contemporáneo. «La luz de Dios parece que sólo puedc quemar en la
I¡erra con el aceite de nuestra vida. Sobre todo con el aceite de la
justicia y del (E. Schillebeeckx).
3. Y si alguien nos pide poder «ver a un cristiano», busquemos
con él. Es que encontremos cristianos allí donde no lo ha-
hríamos sospechado.
Algo parecidolepasó a Pedro, cuando entró en la casa de Cornelio, un pagano. Yno pudo menos que comunicar inmediatamente su des- sensacional: «Está claro que Dios no hace distinciones; al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que
Quizás «ahora estamos cayendo en la de que ser discípulos
significa ... jugar el papel de maestros que pretenden adoctrinar a demás, sino presentarnos como simples escolares en espera im- de ser adoctrinados por Dios, por su palabra, por la historia y por los otros hombres.
Ahora «está que, si quiero encontrar un cristiano, debo
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA