El hablar de territorialidades diferenciadas podría resultar redundante debido a que la misma territorialidad en su definición plantea “la delimitación y el establecimiento de un control sobre un área geográfica” (Sack, R. 1986: 1); y por lo tanto, conlleva implícita y explícitamente un proceso de diferenciación/separación entre un individuo con otro o entre grupos. Sin embargo, en nuestro caso, optamos por utilizar esta expresión para acentuar aquello que se ve expresado en el espacio.
IPV de Argüello se presenta como un espacio conformado por una multiplicidad de territorialidades diferenciadas de acuerdo a los sectores correspondientes a los diversos planes habitacionales implementados; en las cuales los distintos grupos despliegan diversas estrategias para diferenciarse y separase de los “otros” y de este modo, excluirlos del área que constituyeron como un ámbito propio.
Entre los residentes de los distintos sectores, el identificarse y encontrarse dentro de este territorio diferenciado posee una gran carga simbólica dada por el hecho de convertirse en miembro del grupo; y por lo tanto, experimentar un sentimiento de protección y pertenencia al encontrase dentro del área correspondiente al mismo.
“Yo para el fondo me siento más segura que en los otros lugares” (Vecina de “Los 40”-Granja de Funes II).
98 El criterio de demarcación, y por lo tanto de clasificación e identificación de las cosas y de quiénes se encuentran dentro de ese territorio se establece a través de las fronteras simbólicas; transformándose las mismas no sólo en la comunicación de ello sino también en la estrategia por excelencia por medio de la cual se refuerza el control y se marca el límite del mismo.
La identificación con la forma de denominar el plan habitacional, se vuelve la representación y legitimización del autoreconocimiento mutuo; aunque sin ser la única. De este modo, la identidad territorial que poseen los residentes de IPV de Argüello con el sector correspondiente al plan, se conjuga con aquella construida a una escala mayor: la identificación con IPV de Argüello; poniéndose en juego, de esta forma, una multiescalaridad en torno a las vivencias por parte de los residentes en el conjunto habitacional.
La denominación con la cual se identifica al conjunto habitacional, pasa a cumplir también la función de referente dentro de las prácticas y representaciones socioespaciales; siendo reconocida por los residentes de los distintos planes como parte de su identidad.
“Es IPV de Argüello, porque es IPV el plan de vivienda, sumaría todo. Por eso está IPV 164, IPV 360, IPV 227 (…) Granja de Funes no sería porque es al fondo” (Vecina, plan 164).
“Granja de Funes II, es también parte de IPV de Argüello. Es lo mismo” (Vecina, de “Los 40”-Granja de Funes II)
“Hasta hace un año o dos, no existía ésta zona en ningún lado” (Vecina, plan 360).
“Es Granja de Funes II. La 17 no es Granja de Funes II, es ‘La 17’ y después sigue IPV” (Chica de “Los 40”-Granja de Funes II).
“Así le saben decir también al barrio (por 2 de Septiembre)” (Chica de “Los 40”-Granja de Funes II).
“Acá siempre se dejó IPV, y nos decís 2 de Septiembre y la gente dice: ah sí, somos 2 de Septiembre, ah no, somos IPV. Habría que poner un cartel. 2 de Septiembre es la fecha de cuando le dieron las casas a un IPV, al barrio Rosa, al del frente de la Nassif” (Vecina, plan 360).
99 Los fragmentos de las entrevistas dejan entrever como se van solapando las diversas territorialidades de sus residentes. Y, lo que podríamos plantear como un conjunto de barrios en la misma zona, se presenta más bien como las representaciones de este proceso en el espacio; dando como resultado la idea de un barrio mosaico64 en el sentido que a su interior se configuran discontinuidades que separan a “unos” de “otros”, a “los de este lado” de “los de aquel lado”, y en donde el pertenecer o no a IPV de Argüello se vuelve parte de las estrategias del sobrevivir en este espacio y por lo tanto resistir e intentar el mejoramiento del hábitat en el que se encuentran.
“En el Centro Vecinal, IPV y Granja de Funes II son dos barrios, tendría que acaparar todo la jurisdicción. Muchas veces, como lo de la luz y otras cosas se ha trabajado todo igual, así que es lo mismo. El 2 de Septiembre tiene tres IPV, y el otro IPV que queda por acá, ‘La 17’, no entra en la división que nos hicieron en el mapa. (…) Tenemos distintas necesidades, el sector nuestro es el primero. El rosa y el amarillo tienen que pagar sí o sí; deben pedir la subdivisión y que se le haga la terminación del barrio. ‘La 17’ le dieron la casa completa y terminada” (Vecina, plan 360).
De esta forma, los residentes de IPV de Argüello construyen una vinculación territorial compleja y múltiple en donde se identifican al mismo tiempo con más de un territorio. Por un lado, pertenecen a IPV de Argüello o 2 de Septiembre; a la vez, que forman parte también de “IPV 360”, del “227”, de “Los 40”, de las “Casas Rosas”, del “150” ó como es caso de “La 17” en donde la nueva territorialidad construida contiene “(…) trazos/características de los viejos territorios y territorialidades” (Saquet, M. 2009: 82)65: la villa 17 de Octubre; expresándose de este modo como un fenómeno de multiterritorialidades.
64 La idea de barrio mosaico, la tomamos prestada de las elaboraciones realizadas por Paula Borbore,
Mariana Mendoza, Paula Rosa y Victoria Tignino en el artículo: “Las percepciones de las
transformaciones territoriales en la construcción de identidades en el barrio de Barracas” (2006).
100 - CUARTO CAPÍTULO: Conclusiones-
En relación al análisis efectuado, en el presente capítulo, presentamos conclusiones particulares en torno a categorías y dimensiones que emergen del mismo; para luego, abocarnos propiamente a las consideraciones finales de orden general y que abren brechas para futuros estudios y análisis de lo urbano.