Acabamos de analizar el contexto social y político en el que desarrolló su actividad como líder del PSOE, Felipe González. Las actitudes de los ciudadanos, sus inquietudes, sus preocupaciones y sus deseos sobre cómo y de qué manera apostaban por la democratización del país. También el espectro ideológico en el que se situaban. En definitiva los datos que emanaban de la sociedad y que los dirigentes del PSOE debieron tener en cuenta para diseñar sus estrategias y sus mensajes. Hemos hecho referencia a los primeros años de la Transición, cuando Felipe González era ya Primer Secretario del partido socialista, pero antes de profundizar en su actuación en ese campo político, nos parece importante conocer cómo llegó al PSOE, por qué eligió ese partido y no otro, cuáles fueron sus propuestas como militante, y qué circunstancias le llevaron a convertirse en el líder del partido.
2.1.- La apuesta de Felipe González por el PSOE. El objetivo transformador.
La elección del partido donde un político milita es, sin duda, uno de los factores decisivos para el posterior devenir de su carrera política. Parece lógico pensar que en los países con democracias consolidadas cualquier persona que se afilie a alguno de los partidos políticos tradicionales tendrá más posibilidades de completar una carrera política que si lo hace en un partido pequeño o alternativo, o si decide crear él mismo su propia formación. El caso que nos ocupa tiene además sus características especiales porque cuando Felipe González decidió militar en el PSOE, los partidos políticos en España estaban prohibidos. No resultaba fácil en esos momentos, por tanto, saber qué partidos clandestinos eran los más consolidados entre la opinión pública y cuál de ellos le habría podido ofrecer mayores opciones de éxito en su
carrera política. Sí que es cierto que el mejor organizado, y el que más influencia tenía entre los sectores movilizados de la sociedad en los últimos años del franquismo era el PCE17. Juan
Andrade hace una descripción de la situación en la que se encontraban los dos partidos que refleja bien las diferencias entre unos y otros.
“En vísperas de la muerte del general Francisco Franco el PCE era el partido político más potente de la oposición. Disponía de una militancia numerosa y entregada, de cuadros experimentados y de una dirección cohesionada. (…) El impulso de Comisiones Obreras en el mundo del trabajo, las promoción de sindicatos democráticos en la universidad, la dinamización del movimiento vecinal, la adhesión de profesionales e intelectuales a su proyecto y la apertura hacia los sectores progresistas del catolicismo lo convirtieron en la principal fuerza de oposición a la dictadura, y le auguraban un papel protagonista en el proceso destinado a reemplazarla.” (Andrade, 2015: 69)
“La prolongación de la dictadura en España tuvo efectos calamitosos para el partido fundado por Pablo Iglesias. El franquismo actuó como un auténtico agujero negro para muchos de los referentes políticos y sindicales que habían tenido un protagonismo destacado en la vida política española durante la primera mitad del siglo XX. (…) La progresiva decadencia del PSOE durante la larga noche del franquismo se debió en buena medida a la efectividad represiva del régimen, pero también, si acaso no sobre todo, a las erráticas decisiones y desatinadas actitudes de sus dirigentes en el exilio.” (Andrade, 2015: 127)
A pesar de que muchos jóvenes encauzaron sus inquietudes políticas a través de su militancia en las filas comunistas, Felipe González no lo hizo. La elección de Felipe González fue el PSOE, un partido ilegal como el resto y especialmente debilitado y divido tanto en el interior (en la clandestinidad) como en el exterior (en el exilio). En este epígrafe vamos a constatar el recorrido que Felipe González hizo desde la militancia clandestina hasta el liderazgo del partido y vamos a tratar de analizar la importancia de que eligiera al PSOE y no a otro partido para encauzar su carrera política. Una trayectoria que empezó por sus primeras inquietudes en la Universidad de Sevilla, continuó al frente de la Secretaría General del PSOE y que terminó en la presidencia del Gobierno de España. Como vamos a ver las cosas sucedieron de una determinada forma, en ocasiones por decisiones propias, pero también en otras por factores ajenos al propio Felipe González. Lo que tratamos de contestar en este punto es si la elección de militar en el PSOE, y no en otro partido, fue decisiva en el éxito de su carrera política.
En primer lugar tenemos que tener en cuenta que Felipe González eligió el PSOE, pero no porque fuera para él un modelo perfecto de partido o porque fuera seguidor de sus líderes históricos como su fundador Pablo Iglesias, sino porque para él fue la mejor opción entre las que se le pusieron delante en el momento en el que sintió interés por la política. Desde su
17 La mayoría de los autores que han estudiado la Transición concluyen que el PCE era, en el momento anterior a la
muerte del dictador Francisco Franco el partido con más recursos, más militantes y mejor organizado. Ver, Andrade Blanco, Juan Antonio, El PCE y el PSOE en (la) transición. La evolución ideológica de la izquierda durante el proceso de cambio político, Madrid, Siglo XXI España, 2012; Azcárate, Manuel, Crisis del eurocomunismo, Barcelona, Argos Vergara, 1982; Bueno, Manuel; Hinojosa, José y García, Carmen (coords.), Historia del PCE: I Congreso, 1920-1977, Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2007; Carrillo, Santiago, Memoria de la Transición, Barcelona, Grijalbo, 1983; González Hernández, Juan Carlos, “El Partido Comunista de España en el proceso de transición política”, en Tezanos, José Felix; Cotarelo, Ramón y De Blas, Andrés, La transición democrática española, Madrid, Editorial Sistema, 1989; Nistal, Fernando, El papel del Partido Comunista de España en la transición democrática española, Tesis Doctoral, Universidad CEU San Pablo Facultad de Humanidades y C.C. de la Comunicación. Departamento: Historia y
Pensamiento, Madrid, 2011; Pinilla García, Alfonso, La legalización del PCE. La historia no contada. 1974-1977, Madrid, Alianza Editorial, 2017; Tusell, Javier, La oposición democrática al franquismo, Barcelona, Planeta, 1977.
llegada al PSOE Felipe González no encajó al ciento por ciento en el partido en el que militaba y desde el primer momento tuvo la intención de cambiarlo. El propio González reconoce el un enfrentamiento entre el interior y el exilio prácticamente desde el primer momento.
“Había más un contraste entre la visión que se tenía de España desde el exilio, que era quien gobernaba realmente el partido socialista después de la caída de algunos dirigentes en el interior, y la visión que teníamos en el interior. Por ejemplo yo ejercía la profesión de abogado y la ejercía con los riesgos propios de la vigilancia del régimen pero con unos márgenes que me permitían defender derechos laborales, participar en la primera confrontación en Bilbao en la que se declaró no justificado un despido por participar en una huelga en la que estaban, entre otros, Nicolás Redondo y el padre de Patxi López, Lalo. Por tanto yo veía que nuestra realidad nos llevaba a eso. Ahora había dos cosas que tener en cuenta, una acumulación ideológica propia de la experiencia de una dictadura donde uno quiere romper un horizonte y lo rompe desde la mayor radicalidad, no desde la moderación porque no había espacio para la moderación, y ese contraste entre la realidad interior. La perspectiva del interior y la realidad de los dirigentes del exterior eran muy agobiantes. Tan agobiante que cuando me detuvieron en Sevilla en 1974, yo tuve la opción de no dejarme detener y prefería quedarme porque tenía la angustia de pensar en el exilio.” 18
Felipe González detectó desde el primer momento discrepancias entre el interior y el exilio, lo que le llevó a pensar que era necesaria una renovación. Renovación que podemos entender como el intento de acercar el partido a la idea del líder que lo dirige y que fue lo que, como intentaremos demostrar, hizo Felipe González primero como militante, después como miembro de la dirección y por último como máximo dirigente del PSOE. Hemos utilizado conscientemente el término “idea” y no “ideología” porque entendemos que el primero abarca con mucha más amplitud y realismo el proyecto político que Felipe González terminó desarrollando. Como después veremos cuando analicemos tanto el tipo de liderazgo de Felipe González como su discurso político, estamos ante un político transformador y gradual. Lo fue como militante de base y después como dirigente.19 Felipe González, como intentaremos
demostrar, influyó decisivamente en el modelo de partido que se presentó como opción electoral a los ciudadanos españoles tras la dictadura del General Francisco Franco y la llegada de la democracia a España. Es difícil saber cómo hubiese sido el PSOE con otro líder, pero sí podemos analizar la influencia que Felipe González ejerció en el PSOE. A la pregunta de quién terminó influyendo más, el PSOE en Felipe González, o Felipe González en el PSOE, desde nuestro punto de vista responderíamos, y lo intentaremos argumentar en este trabajo, que fue Felipe González quién transformó al PSOE y no el partido el que moldeó al líder.
Decimos que Felipe González llegó al PSOE con la intención de renovarlo, de cambiarlo. Este hecho nos lleva ante el debate de qué es más importante el líder o el partido político, si es el líder el que se aclimata al partido, al revés, o existe una renuncia por ambos lados para lograr la máxima comunión posible. En la dicotomía planteada de si es el líder el que se ajusta al partido o al revés, entendemos que cuanto más poder tenga el líder, cuanto más imprescindible sea a ojos de los militantes, más capacidad tendrá para amoldar el partido a sus intereses. En el caso de Felipe González su influencia ascendió en paralelo a su poder, teniendo su punto álgido cuando renunció a la Secretaria General para obligar al partido a abandonar el marxismo, y lo consiguió, como después veremos. En cualquier caso queremos señalar que quizás la transformación del partido pudo no ser suficiente para la “idea” de Felipe González, pero al menos sí lo fue su poder para ofrecer a la sociedad un proyecto moldeado más a su
18 Entrevista Felipe González, pregunta 7, (anexo 1).
19 Ver “El cambio es que España funcione”. La transformación de la sociedad como núcleo central del pensamiento
político de Felipe González. XI Congreso Español de Ciencia Política y de la Administración. Manuela Ortega Ruíz.
liderazgo que al ideario estricto del partido. Esto explicaría las importantes diferencias que existían entre las resoluciones aprobadas por la militancia en los distintos congresos del partido y las propuestas recogidas en los programas electorales que se ofrecían a los ciudadanos.
2.2.- La importancia del partido o del líder como instrumentos de éxito en un sistema democrático. La preeminencia del PSOE o de Felipe González en la sociedad española de la Transición.
Otra pregunta que debemos hacernos para analizar la relevancia de que Felipe González apostara por el PSOE y no por otro partido es qué es más influyente en el votante si el líder o el partido20. Si bien los primeros estudios daban más importancia al partido que al líder
las últimas investigaciones, sobre todo a partir de la aparición de los medios de comunicación de masas, apuestan por lo contrario. Ahora bien, ¿cómo podemos aplicar estas teorías a la Transición española? El debate respecto a España sería, igualmente, si en la Transición fueron más decisivos los partidos políticos, sus líderes o la combinación de ambos por igual. En el caso que nos ocupa, qué influyó más, el liderazgo personal que fue capaz de desarrollar Felipe González, o el recuerdo latente que del PSOE pudieron mantener los ciudadanos durante la dictadura y que despertó con la llegada de la democracia. ¿Quién aportó más a la consolidación
20 Antes de entrar en las particularidades de la llegada de Felipe González al PSOE, queremos hacer una pequeña
referencia a otro debate interesante sobre la importancia de la elección de un partido político y que intenta responder a la pregunta de qué aportará más a la hora de influir en el voto de los electores, el partido o el líder. Este debate se ha analizado en profundidad en Estado Unidos, (teorías desarrolladas por las escuelas de Columbia, Chicago y la escuela de Michigan), y los primeros estudios (Berelson, Bernard R., Paul F. Lazarsfeld y William N. McPhee (1954) Voting: a study of opinión formation in a presidential campaign. Chicago: University of Chicago Press) apostaban por la preponderancia del partido sobre el líder. De hecho, la mayoría de los autores ni siquiera analizaban el papel del líder. Javier Redondo ha recogido bien los postulados de las distintas escuelas y sus autores:”Por un lado citamos el intento de Benney, M. de rescatar y aplicar en comunidades británicas los postulados y originalidades de la escuela de Columbia. Por otro, Butler, D. y Stokes, D. penetran en el estudio del comportamiento electoral a través del modelo definido en Míchigan, aunque integrando presupuestos metodológicos con la sana intención de no despreciar la influencia que ejercen las estructuras sociales e institucionales y avanzando conclusiones definitivas sobre las influencias de los análisis a corto plazo sobre las decisiones políticas, cuya herencia movilizaría en mayor medida a los teóricos británicos, dispuestos a profundizar y polemizar sobre la supervivencia del modelo de identificación partidista, definido a partir del análisis de los factores psicosociales que motivan la elección individual, vinculada subsidiariamente al efecto determinante que ejercen las estructuras sociopolíticas, específicamente la de clase, generadora asimismo de las orientaciones político partidistas de los ciudadanos y constituyéndose en el eje de segmentación fundamental que divide a la sociedad británica significativamente desde comienzos de la segunda década del pasado siglo, reemplazando al conflicto religioso, canalizado políticamente a través de los partidos liberal (laico) y conservador (anglicano). En tercer lugar, entre ambos enfoques (la estructura social o las identidades psicosociales como motivaciones de la expresión del voto) falta la consideración de la elección política como proceso racional, mediado, sin embargo, por la posición ideológica, resultante a su vez tanto del determinismo sociológico como de las lealtades partidistas. La teoría de la elección racional, en sus diferentes acepciones o derivaciones (voto instrumental, ejercicio del voto táctico y voto en función de criterios individuales de carácter principalmente económico), irá ganando adeptos entre quienes teorizan sobre el declinar de las lealtades partidistas durante las décadas posteriores; no en vano, Butler, D. y Stokes, D. abrieron la puerta a estas consideraciones aseverando que aunque un alto índice de la población se pronunciaba en las urnas de acuerdo con los modelos de identificación transmitidos por su entorno, crecía paulatinamente el porcentaje de individuos que votaba según su propia percepción de las cuestiones y asuntos políticos sin ningún tipo de constricción partidista o ideológica. Cobran nuevamente sentido, desde esta perspectiva, las cuestiones relativas al grado de influencia de las campañas y el marketing político” (Redondo, 2000: 198).
Como vemos en un primer momento las democracias consolidadas no prestaron demasiada atención a los líderes y sí a variables de tipo estructural como identidades sociales y predisposiciones psicológicas, a la hora de decidir el voto. Ya en los años sesenta cuando Donald E. Stokes escribió sobre la importancia de los candidatos en la configuración del voto en las elecciones americanas, y ya en los años ochenta fue cuando se empezó a estudiar más profundamente la influencia del candidato en la elección del votante. Posteriormente, Martin Wattenberg concluyó que el papel jugado por los líderes estaba adquiriendo una importancia creciente en las sociedades democráticas. Aunque el modelo americano al que nos referimos es distinto a la mayoría de los países europeos porque los sistemas implantados son democracias parlamentarias donde no se elige directamente al presidente, sino que los ciudadanos votan un parlamento que después, elegirá al presidente, las conclusiones de los estudios son parecidas. Hay autores que minimizan la influencia del candidato y otros, sobre todo las últimas investigaciones, que le dan una cada vez mayor importancia a las cualidades y personalidad del líder como factores condicionantes del voto. Sin duda a esa tendencia ha contribuido la aparición de los nuevos medios de comunicación, sobre todo de la televisión, que puede hacer que un líder aparezca ante millones de espectadores. Aunque hable en nombre de un partido, a quién ven los telespectadores es a él. En resumen, podemos concluir que si bien las primeras investigaciones realizadas en la mitad del siglo XX se valoró más al partido que al líder como factor influyente a la hora de decidir el voto, desde los primeros años 60, influenciados sobre todo por la aparición de nuevos medios de comunicación, cada vez son más los autores que destacan el papel del líder.
del PSOE como el referente de la izquierda, las siglas del partido o el liderazgo de Felipe González?
En la España de 1977 no se daban las premisas analizadas por los autores que defienden la preeminencia de los partidos políticos ya que la española era una democracia recién instaurada y los partidos políticos habían estado prohibidos durante cuatro décadas. Esta circunstancia hacía difícil pensar en factores estructurales decisivos que contribuyeran a decidir el voto por un partido, aunque no hay que minusvalorar del todo el recuerdo que, sobre todo las personas de mayor edad, pudieran tener de los partidos de la II República. Si hacemos caso a una encuesta del CIS sobre el voto en las elecciones municipales a celebrar en 1979, el candidato se impuso al partido. Según dicho sondeo a la pregunta de qué era más importante a la hora de decidir el voto, un 40 por ciento de los ciudadanos respondían que el candidato, un 19 por ciento el partido, y un 12 por ciento el candidato y el partido21. Si bien este sondeo no
es extrapolable a unas elecciones generales por la cercanía que los candidatos a las alcaldías pueden tener con sus conciudadanos, sí que sirve para descartar la preponderancia de los partidos.
Si no existían factores estructurales decisivos que otorgaran un papel preponderante a los partidos, los líderes, procedentes de la clandestinidad, también eran desconocidos para la mayoría de los ciudadanos. Además hay que sumar la variable añadida por la aparición de los nuevos medios de comunicación de masas. Guillem Rico señala que “la política democrática se ha construido en España sobre la base de una sociedad dinámica, unos medios de comunicación modernos y una ciudadanía formada y poco afectada por viejos prejuicios partidistas, características que han dado pie a un patrón de comportamiento electoral particularmente “avanzado”” (Rico, 2009: 17). Esta aparente igualdad en la influencia de líderes y partidos, sitúa en mejor posición a los líderes porque, como hemos visto, en las sociedades modernas la aparición de medios como la televisión, permiten al político llegar directamente al elector.
Llegados a este punto nos parece adecuado proponer una idea que aparecerá en repetidas ocasiones a lo largo de esta tesis y que refuerza la importancia que tuvo en el éxito político de Felipe González la elección del PSOE. Teniendo en cuenta el liderazgo que González