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—EL TERCER KARMAPA GYALWANG,Song of Karmapa: The Aspiration of

The Mahamudra of True Meaning, traducción al inglés de Erik Kunsang

La clave, el cómo de la práctica budista, está en aprender simplemente a reposar en una sutil consciencia de los pensamientos, sentimientos y percepciones, a medida que ocurren. En la tradición budista, esta apacible consciencia se conoce como presencia consciente, que, a su

vez, es sencillamente reposar en la claridad natural de la mente. Así como en el ejemplo del perro, si yo me volviera consciente de mis pensamientos, percepciones y sensaciones habituales, en vez de dejar- me llevar por ellos, su poder sobre mí comenzaría a desaparecer. Ex- perimentaría sus idas y venidas como nada más que la función natural de la mente, de la misma manera que las olas se rizan naturalmente sobre la superficie de un lago o del océano. Y me doy cuenta de que, al fin, esto fue exactamente lo que ocurrió cuando me senté solo en mi cuarto de retiro y traté de sobreponerme a la ansiedad que me había hecho sentir tan incómodo durante mi infancia. El solo mirar lo que estaba pasando en mi mente efectivamente cambió lo que allí pasaba.

Usted puede comenzar a experimentar la libertad que da esta claridad natural ya, haciendo un ejercicio sencillo. Siéntese derecho, respire normalmente y comience a percibir que su respiración entra y sale. A medida que se relaja y se va volviendo consciente de su in- halación y exhalación, es probable que se dé cuenta de los numerosos pensamientos que pasan por su mente. De algunos podrá desprenderse fácilmente, otros lo llevarán por una larga avenida de pensamientos re- lacionados. Cuando observe que está corriendo tras un pensamiento, vuelva a enfocarse en la respiración. Haga esto durante un minuto.

Al principio es posible que le sorprendan la cantidad y variedad de pensamientos que corren por su consciencia como una cascada por un profundo acantilado. Una experiencia de este tipo no es signo de fracaso sino de éxito. Ha comenzado a darse cuenta de cuántos pensamientos regularmente pasan por su mente sin que usted siquiera se dé cuenta de ello. Asimismo, podrá verse atrapado en una sucesión de pensamientos y pasar por alto todo lo demás, hasta que, de repente, recuerde que el objeto del ejercicio es sólo observar sus pensamientos. En vez de castigarse o censurarse, concéntrese nuevamente en la respiración.

Si persiste en esta práctica se dará cuenta de que, aunque los pensamientos y las emociones van y vienen, la claridad natural de la mente jamás se altera o interrumpe. Por ejemplo, durante un viaje a Nueva Escocia, fui de visita a una casa de retiros que estaba bastante cerca del agua. El día de mi llegada hacía muy buen tiempo: el cielo estaba despejado y el mar, profundo y azul. Mirarlos era un placer. Sin embargo, al otro día, cuando me desperté, el mar se veía como una sopa gruesa y lodosa, y me pregunté qué habría pasado. El día anterior estaba claro y azul y hoy, de repente, estaba sucio. Bajé hacia la playa pero no pude ver ninguna razón obvia para el cambio. No había barro en el agua ni en la playa. Miré hacia el cielo y vi que estaba lleno de oscuros nubarrones verdosos; comprendí que era el color de las nubes lo que había cambiado el color del océano. El agua, cuando la miré de cerca, estaba todavía limpia y clara.

En muchos aspectos la mente es como el océano. El “color” cambia de un día para otro o de un momento a otro, y refleja los pensa- mientos y las emociones que nos pasan por encima, por así decirlo. Pero la mente en sí misma, como el océano, jamás cambia: siempre está limpia y clara, no importa lo que refleje.

La práctica de estar presente de manera consciente puede pare- cer difícil al principio, pero no se trata de cuánto éxito pueda lograr inmediatamente. Lo que ahora parece imposible puede volverse más fácil con la práctica. No hay nada a lo cual no podamos acostumbrar- nos. Piense en todas las cosas que usted ha aceptado como normales: el tránsito en las calles, el mal genio de un pariente o de un colega.... Llegar a estar presente de manera consciente es un proceso gradual en el cual se establecen nuevas conexiones neuronales y se inhibe el cotilleo entre las ya existentes. Requiere que con paciencia se dé un paso a la vez, y que se practique en intervalos muy cortos.

“Si caminas con prisa no llegarás a Lhasa. Camina despacio y llegarás a tu meta”, dice un adagio tibetano. Este proverbio viene de aquellos días en que la gente de la parte oriental del Tíbet hacía peregrinajes a Lhasa, la capital, en la región central del país. Los pere- grinos que deseaban llegar rápido caminaban a toda velocidad, pero debido al paso que se imponían, se cansaban o enfermaban y tenían que devolverse a casa. Mas aquéllos que viajaban a un paso mesurado, acampaban durante la noche, disfrutaban de la compañía de otras personas y después continuaban al día siguiente, llegaban a Lhasa más pronto.

La experiencia sigue a la intención. No importa dónde estemos, ni qué hagamos, todo lo que necesitamos es admitir nuestros pen- samientos, sentimientos y percepciones como algo natural. Sencilla- mente reconocemos la experiencia y, sin rechazarla ni aceptarla, la dejamos pasar. Si mantenemos esta práctica, eventualmente podremos manejar situaciones que antes nos eran dolorosas o tristes o nos cau- saban miedo. Descubriremos una confianza que no se basa ni en la arrogancia ni en el orgullo. Comprenderemos que estamos siempre protegidos, seguros, en casa.

¿Recuerda usted esa pequeña prueba que le pedí hacer, de preguntarse antes de sentarse a almorzar o a cenar qué era aquello en usted que pensaba que la comida tenía buen sabor, o no tenía tan buen sabor? Antes la pregunta parecía bastante fácil de contestar; pero ahora la respuesta no parece tan a la mano, ¿verdad?

De todas maneras, me gustaría que se hiciera la misma pregunta la próxima vez que se siente a comer. Si las respuestas que se le ocurren son confusas y contradictorias, eso está bien. A mí me enseñaron que la confusión es el principio de la comprensión; la primera

etapa del desprenderse del cotilleo neuronal que lo mantenía a usted aferrado a ideas específicas sobre quién es y de qué es capaz.

En otras palabras, la confusión es el primer paso en el camino hacia el verdadero bienestar.

MÁS ALLÁ DE LA MENTE, MÁS ALLÁ DEL