La ausencia del erastés en el campo de lo Simbólico es sine qua non al «discurso del Amo», pues su exclusión es vital para la castración del erómenos. No obstante, se pone de manifiesto la persecución imaginaria del primero por parte del segundo sin algún resultado alentador. Tal vez, por ello, el Emisor piense en la muerte pero no de él, porque de esta aniquilación no espera nada, sino la del Esclavo, con el que empezaría todo de nuevo. ¿Y por qué el amado razona el fenecimiento del amante? La que ocurre es que al morir el Receptor poético, los aparatos que lo subordinan y excluyen ya no funcionarían, tampoco la red lingüística donde no está; por tanto, la restauración de la vida utópica imaginaria, en el que cohabitan el Amo y Esclavo, se hace factible, aunque no segura: “τjalá fuera de verdad el mito del alma que se vende al diablo. Ya la hubiera yo vendido por toda una eternidad para estar cerca de ti, para tener la seguridad de verte siempre. Lo que me aterroriza de la muerte es saber que entonces no podré pensar en ti, que ya no vendrá tu recuerdo a torturarme” (348-349; la cursiva es nuestra).
Ex profeso de la cita anterior, recogemos la idea del Fausto, el hombre que vendió su «alma» al demonio a cambio del poder, el conocimiento y los placeres mundanos51. La
historia del Fausto nos permite acercarnos a la narración de un hombre insatisfecho que no tiene el saber del mundo para complacer su escepticismo y angustia; por ello, vende su lado espiritual en favor de lo material representado por el diablo, Mefistófeles.
51 La idea del Fausto se desarrolla en varios libros como Historia del doctor Johann Fausto (1587), de autor
Anónimo del siglo XVI; La historia trágica del doctor Fausto (1592), de Christopher Marlowe; Fausto (primera parte en 1808 y la segunda en 1832), de Johann Wolfgang von Goethe; la película Fausto (1926), de F. W. Murnau; y Doktor Faustus, de Thomas Mann.
Deducimos, entonces, que el Amo castrado se reafirma en su posición de no saber nada por lo que depende exclusivamente del saber del Esclavo, ya que este lo hace Amo, lo escinde; si aquel perece, el sistema no tendría ningún asidero de sostenimiento, pues este labora para su manutención. Ahora bien, la búsqueda de posibilitar la eternidad de la conjunción amatoria entre el Amo y el Esclavo tampoco tiene mayor validez en el texto, ya que el sujeto subordinante intenta relacionarse, transar, con el demonio. ¿Y cuál es la intransigencia de este pacto comercio-espiritual? Lo que sucede es que tanto los dioses como los demonios pertenecen al mundo de lo imposible52, lo incomprensible, lo que no
cesa de no escribirse, el caos primitivo de donde proviene todo lo creado, lo real. Asimismo, la recurrencia del Sujeto tachado en solicitar ayuda al diablo lo coloca de forma inexorable en una concomitancia inviable con el objeto a, que es real, y que no solo es representado por el Esclavo mismo, sino por otro elemento, el “mirar”, que aparece en el Amo como mácula de la clivación acontecida: “que mi ternura, mi pobre ternura rechazada no podrá envolverte en una mirada, en un anhelo infinito” (349). Ante esta imposibilidad amorosa, el S dividido prefiere optar por una unión perpetuamente inestable con lo desechado, pese a que la ligazón entre ambos sea definitivamente irrealizable. El $ cree concretar esta comunión con el objet petit a porque se muestra ciego; con esto, no se percata que el Esclavo, su objeto-causa de deseo, será eternamente desviado en su persecución, por tanto, jamás podrá asirlo, pues su naturaleza de ser- ausente así lo determina.
La indagación sobre la ubicación del Esclavo tiene su justificación en el saber que este conlleva no solo en el trabajo que realiza para que el Amo sea tal cual, sino en la materialización del mundo mismo que él encarna; por ello, no es gratuita la significación
52 La disertación de que los dioses pertenecen al mundo de lo real se encuentra en el Seminario 8. La
que se hace del erastés como el referente mismoμ “El cielo es azul, la vida es hermosa, el aire se vuelve respirable porque existes. Yo sé que la vida es hermosa aunque no la recuerdo, sé que el cielo es azul aunque no lo miro nunca, sé que puede ser más azul que nunca cuando tú sonríes” (349; la cursiva es nuestra). Del fragmento, colegimos también la mención por parte del Sujeto, $, de una vida ya extinta del cual ya no hay imagen alguna, dado que este tránsito vivencial pertenece al Imaginario, territorio psíquico del cual salió expulsado durante el proceso de identificación, la castración; inclusive, se puede confirmar lo dicho cuando el erómenos expresa que ahora ya no “mira”, que es el objeto a, pues fue algo que se descartó para la sostenibilidad del «discurso del Amo».
Prosiguiendo con la línea discursiva, el amante no solo representa el aspecto físico de la naturaleza, sino también gestos, sentimientos, accionesμ “Tu sonrisa es lo más bello y humano que yo conozca. Cuando sonríes parece que todas las montañas del mundo tuvieran sol y árboles y que vinieran a tu encuentro a besar las huellas de tus pasos” (349). De la cita, observamos que la descripción no es simple sino superlativa, ya que el Esclavo lo tiene y sabe todo; con ello, confirmamos que el Esclavo es el verdadero Amo, pues sin él, nada existiría ni siquiera el mismo Sujeto castrado, el amado. Pero las comparaciones no acaban aquí, sino que el aura mayestático del erastés supera los límites de lo terrestre: “parece que la noche se hubiera acabado para siempre y que ya sólo53 la luz y el amor y
una inocencia cósmica reinarán sobre el universo, donde los planetas y los astros no pueden compararse a ti sino como reflejos o emanaciones de tu presencia en el mundo” (349). Si la fuerza de su imagen es suprema, la potestad de crear que se le atañe no es azarosaμ “Ya que en tu poder está volver sombrío el día y hacer clara la noche y el desencadenar lluvias tempestuosas y hacer gemir los elementos” (349). ¿Por qué se le describe al amante con una potencia destructiva y vehemente? La respuesta es sencilla:
Él es real. Él no cesa de no escribirse, de no asirse en la cadena significacional por parte del amado, pues el Esclavo, lo real, siempre retorna al inicio, al caos pre-lingüístico en donde todo se inició.