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Developments for Specific Target Groups

In document Early School Leavers (Page 32-35)

Al inicio de esta fase del tratamiento psicoterapéutico, Dalila mantiene alianzas con las mujeres, de manera general, cuando conforma grupo de mujeres, y de manera particular, cuando muestra tanta proximidad con Luisa, que sigue llamándola su siamesa. Las experiencias que vive cada una se refleja en las vivencias de la otra, a modo de un espejo, sintiendo que están muy unidas, que viven juntas sus amores y desencuentros, aunque estén a kilómetros de distancia. La separación, como un tema resistente y difícil en relación con los hombres, específicamente en ese momento con Roberto, reaparece con las mujeres, específicamente con Luisa.

“Yo: Luisa… quien los presentó a ustedes…

Dalila: Si, es que yo no sé pero todo esto nos ha unido mucho (sonríe con picardía), estamos de superamigas, nos hablamos todos los días, es muy chévere, pensamos parecido, nos entendemos muy bien…

Yo: Hace una sonrisa como la de jovencita, como esa que hacía cuando se refería a su amiga la vecina (una mujer que era su amiga y con la que se sentía en “planes adolescentes”, según ella misma decía), con la que salía a los bares y se veía a diario”. (Sesión 11, septiembre de 2012)

Tanto el grupo de mujeres, como la compañera espejo o siamés, cumple la función de ser compañía y consuelo alrededor de la falta del hombre. La ausencia del hombre se erige entre Dalila y las mujeres que la rodean para añorar la presencia o el retorno del hombre. Cuando no existe un hombre para ella o algunas de las mujeres, se tienen las unas a las otras para seguir deseando la presencia del hombre y darse mutuo apoyo mientras llega, se adhieren entre sí. En varias ocasiones, las escenas femeninas que presenta Dalila tienen características de tragicomedia o melodrama, generando sonrisas o carcajadas francas en ella o el terapeuta, en momentos que podrían más bien sugerir una atmósfera de tristeza o dolor. Lo femenino parece estar ligado a estos equívocos en Dalila.

“Dalila: Ah! (como si se acordara que no me ha contado) es que vino finalmente Luisa ese fin de semana. Te acuerdas que era para hacernos compañía en esa fecha terrible del amor y amistad, ambas solas, entonces más bien la pasábamos juntas, por eso fue que vino. Y entonces ella llegó el viernes, ese día ya era tarde, vino con

su hijo de 7 años, entonces la fui a recoger al aeropuerto, fuimos a la casa, la acomodé y la recibí con una rosa en la habitación, le había puesto una rosa en un solitario y le dije: amiga, si ningún hombre nos da flores, pues por lo menos yo te doy esta, nos damos entre nosotros… (al otro día) Entonces dormimos los niños y le dije que por qué no hacíamos algo en la casa, que ella había venido para que estuviéramos juntas y nos divirtiéramos y que eso haríamos. Yo tenía una botella de wiskey y que nos la podíamos tomar ahí en la casa. Entonces yo acomodé la sala lo más de bonito, en la mesa de centro puse almendras, mani, unos sanduches, esas cosas que me encantan, abrí la botella y usted nos viera Yo, la escena! Ella en un sofá allá (señala hacia donde estoy yo), yo acá en el otro sofá, en la mitad los platos y todo con velas, ah, porque como a mi me encanta las velas, como si fuera una velada romántica pero no lo era, era todo lo contrario, cada una con su caja de kleenex y hágale, las dos llorando toda la noche. Primero yo, hablaba y después, ella hablaba y empezaba a llorar y así nos la pasamos toda la noche (no puedo evitar hacer una sonrisa, algo en la escena me causa mucha gracia, pienso en las mujeres de almodovar, por ejemplo “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, momentos en los que el melodrama en vez de causar dolor parece causar risa. Ella

también está sonriendo mientras lo cuenta.)” (Sesión 13, Septiembre de 2012)

Estas narraciones empiezan a traer a sesiones referencias a las separaciones vividas con su madre, el dolor que le causaba tener distancia de ella, la separación del Objeto se hace intolerable, el desgarre. En la historia de Dalila, el Objeto no solo es el padre, sino la madre siempre anhelada que dirigía su mirada hacia otros lugares o personas, su hija siempre anhelante de su compañía, sola y abandonada por ambos padres en manos de los abuelos, y el Self sintiéndose confundido, desvalorizado y con deseos de sentir el Objeto cercano, apoyándolo. Ahí donde podría devenir ausencia, el Self se resistía a representar y quería permanecer pegado, ante la imposibilidad fantaseaba o se adhería al Objeto, con identificaciones adhesivas o acting múltiples, como ir a buscar a su mamá en el sitio de

rumba e interrumpirla, “arruinándole” el momento festivo, lo que la hacía sentirse culpable

e inadecuada después, como se vio anteriormente con los hombres.

“Yo: O sea que aunque estuvo usted rodando por muchos lugares su mamá parecía

estar siempre pendiente.

Dalila: Si, pero a mí me hacía falta. Yo quería que ella prefiriera estar conmigo que con sus amigos, que en su rumba, era una lucha que me tuviera en cuenta. Por ejemplo, yo me quedaba con mi abuela y ella me acostaba en el rincón y me abrazaba por detrás, me apretaba y yo no podía quedarme dormida, yo no hacía más que pensar en mi mamá, me daba miedo, todo el tiempo pensaba dónde es que está…

Yo: Como si el abrazo de su abuela no la consolara, no alcanzara. Dalila: No, yo ni siquiera dormía, me la pasaba pensando toda la noche.

Yo: Es como si entre más fuerte la abrazara su abuela, o la presencia de su abuelo o la de sus tíos, como si no pudiera sentirse acompañada por ninguno de ellos porque

la presencia de ellos le recordara la ausencia de su mamá… y hasta de su papá…” (Sesión 16, Octubre de 2012)

Se revela en Dalila unas características de relación con el Objeto sustentadas en el temor a la ausencia del mismo, sea femenino o masculino, aunque se muestra con más fuerza si es un hombre. Teme permanente el abandono del Objeto y siempre confundida, considera que lo que aleja al objeto tiene que ver con ella y sus características, buscando

agradar permanentemente. En una de las sesiones señala: “Lo que pasa es que después de

que yo estuve con mi papá me di cuenta que no tenía más salida que volver con mi mamá”.

(Sesión 16 Octubre de 2012). Es como si Dalila hubiera buscado esperanzada una salida de la relación con su madre a través de su papá pero al no encontrarla, porque fue un desencuentro, no le hubiera quedado más remedio que regresar con su mamá y eso hacía que ahora fuera más atemorizante perderla a ella, porque no tenía a nadie más, bueno, tenía a su abuela pero no era un Objeto que la reasegurara completamente. Dalila señala que su abuela ya había muerto cuando estuvo viviendo con su papá, lo cual permite identificar que la sensación de soledad era mayor, no tenía sino a esa mamá con la que ella se confundía y por la que sentía que tenía que luchar para sentirse agarrada de algo.

Hacia el final de esta fase del tratamiento, después de abordar el tema de la separación, empieza a diferenciarse Dalila de Luisa, llegando a tener pequeñas discusiones que las hacen pelear y la noción de siamesas cede.

“Dalila:…. y pues Luisa estaba brava conmigo pero cuando llegó la navidad me mandó un mensajito, que me deseaba una feliz navidad, que a pesar de lo que había pasado no me deseaba que estuviera mal, sino muy bien, que no sabía cuándo nos volveríamos a hablar y si las cosas serían igual que antes pero que quería

felicitarme… (la miro con atención y arrugando un poco el ceño) Se acuerda que

ella y yo peleamos por esa época, pero yo no me arrepentía para nada de lo que le había dicho, me parece que había sido sincera con ella (se refiere a una conversación que tuvo con Luisa donde le dijo que le parecía que ella estaba manipulando a su ex y que decía que no le dolía la separación ni el nuevo noviazgo de él pero que no era cierto. Esa conversación terminó en una discusión porque Luisa se sintió atacada por Dalila)… (Sesión 18, Enero 2013)

Esta diferenciación y distancia, que en principio pudo resultar dolorosa, le permitió

posteriormente a Luisa “aconsejar” a Dalila cuando se encontraba confundida, sirviéndole en las funciones de “Juicio” para aclarar las situaciones y tomar decisiones con más referencia en la realidad y con mayor cuidado de sí misma. Por último, vale la pena señalar

que a través de los sueños, las mujeres también siguen representando rivalidad, una posibilidad de estar celosa por la atención y el amor del hombre, objeto idealizado y preciado que otorga valor a lo femenino.

“Dalila: Entonces sonaba un celular, yo le tenía a Roberto una canción para el celular, de eso que uno personaliza la llamada de alguien, así lo tenía a él, entonces en el sueño escuchaba ese ring tong, era el de él y yo me ponía contentísima y corría a una mesa y cuando llegaba veía que había varios celulares en la mesa y el que estaba sonando no era el mío, era el de mi hermana, entonces yo pensaba, por qué está llamando a mi hermana, y entonces en eso ella se acercaba y yo le preguntaba que por qué la estaba llamando Roberto y ella me contestaba, pues no sé, qué voy a saber, seguro a preguntarme algo de usted, no sé. Yo me enfurecía y entonces llamaba a Roberto y le empezaba a gritar por el teléfono que me parecía el colmo, que qué hacía llamando a mi hermana, que me dejara en paz, que yo no quería saber más de él, que quién se creía y a todo eso él me contestaba que parecía loca, que qué me pasaba, que yo ya no le importaba, que él ya me había dejado en

paz hacía rato, que ni siquiera me llamaba y me colgaba.” (Sesión 13, septiembre

de 2012)

In document Early School Leavers (Page 32-35)