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Why did some placements fail, and what happened afterwards?

2. Children and young people who took part in the scheme

2.4. Why did some placements fail, and what happened afterwards?

El Foro de Diálogo entre India, Brasil y Suráfrica (IBSA) fue establecido en junio de 2003, es un mecanismo de coordinación entre tres países emergentes, tres democracias multiétnicas y multiculturales, que están determinados a redefinir su lugar en la comunidad internacional, a unir sus voces en temas globales y a contribuir a la construcción de una nueva arquitectura internacional. IBSA se abre igualmente a proyectos concretos de cooperación y asociación con países de un menor grado de desarrollo. El IBSA fue formalizado en la “Declaración de Brasilia” y plantea como factores similares entre los tres países la democracia, la condición de naciones en vías de desarrollo y la capacidad común de actuación a escala global. Su estatus de potencias medias, la necesidad de corregir desigualdades sociales internas y el desarrollo industrial también son señalados como otros elementos en común entre los miembros del Foro. La estructura del mismo es una amplia y abierta debido a que no tiene sede fija o secretario ejecutivo fijo. Esta conformado por los jefes de Estado o de gobierno y cancilleres que presiden las diferentes Comisiones Mixtas. La labor de acompañamiento y de coordinación de las actividades del IBSA recae sobre los altos funcionarios de las cancillerías llamados Puntos Focales. En el caso de Brasil, el Punto Focal es el Embajador Roberto Jaguaribe, Subsecretario General Político II (Ministério das Relações Exteriores, 2010).

En síntesis, el progreso de las actividades puede ser dividido en cuatro: I) Coordinación Política, II) Cooperación Sectorial, por medio de dieciséis Grupos de

61 Trabajo, III) Fondo de Lucha Contra el Hambre y la Pobreza, IV) Iniciativas Generales de Propagación del Foro mas allá de la esfera ejecutiva, por medio del involucramiento de parlamentarios, empresarios, sectores de la sociedad civil y medios de opinión pública (Ministério das Relações Exteriores, 2010).De tal forma que tienen “el propósito de desarrollar una asociación estratégica (…) alrededor de tres intereses en común: primero, el compromiso con las instituciones y valores democráticos; segundo, el esfuerzo por vincular la lucha contra la pobreza a las políticas de desarrollo; y finalmente la convicción de que los procedimientos e instituciones multilaterales deberían fortalecerse con el fin de hacer frente a las turbulencias económicas, políticas y de seguridad” (Hirst, Soares de Lima, 2007). De tal forma que el IBSA se ve como una articulación del fortalecimiento de las relaciones Sur-Sur y de la importancia de tener una fuerte presencia dentro de los asuntos internacionales.

62 6. ESCENARIOS POSIBLES

Para poder plantear escenarios posibles frente a las orientaciones y prioridades de la política exterior brasilera en su articulación como potencia regional y potencia media, vale la pena resaltar que de acuerdo con los diferentes enfoques sobre potencias regionales planteados en el presente trabajo, se puede resumir que éstos deben ser vistos a la luz de los diferentes niveles que influyen el ámbito internacional: el regional, el interregional y el nivel global. De tal manera que se puede ver que en el contexto internacional hay una constante interacción de poderes globales, regionales y subregionales. Como fue mencionado, la diferencia entre las potencias medias actuales y las tradicionales es que las actuales son potencias regionales y adicionalmente potencias medias a nivel global, una categoría no excluye a la otra. De acuerdo con Schirm, los siguientes criterios definen una potencia regional: tener un claro reclamo de liderazgo como creador de reglas; tener las fuentes materiales, organizacionales e ideológicas para una proyección regional e internacional; tener actividades que cumplan con el reclamo de liderazgo y que movilicen las fuentes de poder; tener el reconocimiento y la aceptación del status de liderazgo por parte de otros actores, de adentro y de afuera de su entorno; y tener influencia política en su región (Nolte, 2007).

Dicho esto, la premisa de la cual se partirá con el fin de plantear dos escenarios posibles, es que para la realidad actual es un hecho que Brasil es una potencia regional, dado que cumple con los criterios expuestos anteriormente, lo cual fue expuesto a lo largo del capítulo tres. Brasil ha buscado localizarse en el hemisferio occidental con el fin de obtener un área de proyección de poder e influencia. Hay que reconocer que en medio de la polarización regional, la política exterior brasilera ha jugado un papel como fuerza estabilizadora que modera e incorpora incluso a los extremos del espectro político regional en un esfuerzo de unificación regional. En concreto ayudó en la tensión entre Colombia, Venezuela y Ecuador, al consenso en la coyuntura crítica que rodea el conflicto boliviano y en la crisis con Honduras. A su

63 vez, el presidente brasileño ha destacado la fuerza que toma UNASUR como foro político donde la región resuelve sus propios problemas (Ramírez, 2008). Vale la pena resaltar que para algunos autores, como Diego Cardona, “Brasil es hoy es país más importante de América Latina. Su población, su extensión geográfica y el peso de su economía es aproximadamente la mitad del total sudamericano; su diplomacia es también la más profesional y consistente de América Latina; y su proyección geográfica y su visión del mundo, y la de Brasil en ese mundo del mañana, son además muy claras: se ve a sí mismo como el eje del potencial sudamericano, aunque debe ser consciente de que la construcción sudamericana solo será posible en la medida en que Brasil entienda que ser poder regional es un honor que implica obligaciones con los demás socios. Parte de esas obligaciones implican la capacidad de compartir y distribuir las líneas de ejercicio del poder internacional y entender los requerimientos de países menos poderosos pero que son socios necesarios” (Cardona, 2007) lo cual sostiene la afirmación de que Brasil es una potencia regional.

Entre las publicaciones consultadas se vio una tendencia: que Brasil es y seguirá desarrollando su status como potencia media y/o emergente. Por un lado se puede afirmar que “además de sus esfuerzos por preservar una voz independiente en la comunidad internacional, Brasil ha dado señales claras de que aspira a expandir sus roles y responsabilidades en la política regional, en las agendas del Tercer Mundo y en las instituciones multilaterales” (Hirst, Soares de Lima, 2007). A su vez no cabe duda que “el gigante suramericano se ve a sí mismo de una manera muy particular: ya es uno de los países con los diez mayores indicadores del mundo. Y es actualmente el único actor latinoamericano que juega de tu a tu en la aldea global o,

por lo menos, que lo intenta con suficientes recursos mas allá que la simple retorica” (Cardona, 2007). Por otro lado se ve que “por tres razones, Brasil es el único jugador global de América Latina: 1. Por su política exterior de largo plazo y el altamente profesionalizado servicio exterior que actúa con relativa independencia del Ejecutivo; 2. Por sus relaciones comerciales divididas en partes iguales entre Europa, EE.UU.,

64 América Latina y Asia; y 3. Por su larga presencia y activa participación en foros y negociaciones internacionales” (Gratius, 2007).

Se ve que “la aspiración brasilera de influir sobre las reglas y los regímenes internacionales, y de ser considerado un actor importante, se ha llevado adelante fundamentalmente a través del uso de su soft power, absteniéndose de desarrollar

su hard power” (Hirst, Soares de Lima, 2007). De tal manera que la política exterior

brasilera ha buscado encontrar el equilibrio entre su rol como potencia regional y como potencia media dentro de la política y economía mundial. Pero el balance exitoso entre el frente global y regional todavía depende de su habilidad de expandir sus atributos de soft power. Estos incluyen su capacidad de promover el

mejoramiento de la arquitectura global multilateral, como es el caso de su rol en la ONU y la OMC; de su compromiso en la defensa de los valores democráticos y la estabilidad política en Suramérica; y sus esfuerzos en asegurar la expansión de la cooperación Norte-Sur y Sur-Sur para el desarrollo. Hasta el momento Brasil ha jugado un rol positivo en la creación de coaliciones Sur-Sur y en la creación de un puente entre las negociaciones Norte-Sur por medio de su diplomacia. “El estilo de liderazgo de Brasil es una ventaja, puesto que la aceptación de su protagonismo en la prevención y resolución de conflictos es muchísimo mayor que la de EEUU que actúa preferentemente de forma unilateral y mediante hard power” (Gratius, 2007).

Sin embargo, el hecho de que Brasil no dependa de sus atributos de hard power

implica limitaciones a sus ambiciones. La falta de atributos de hard power, como los

que tienen potencias emergentes como China e India, puede llevar a una sobrecarga contraproducente de dichos atributos (Hirst, 2009).

Un escenario posible es que Brasil se mantenga como potencia media basándose en su soft power, lo cual ha sido articulado por medio de grupos como el IBSA y el

BRIC, entendiendo que “el soft power se fundamenta en la cultura, los valores, el

poder de atracción y la política exterior” (Nye, 2004). Desde los planteamientos del neo-institucionalismo liberal, se ve entonces que Brasil busca reformar, fortalecer y si es el caso mantener las instituciones multilaterales y los regímenes internacionales

65 por medio de las alianzas y opciones de cooperación interestatal y del ejercicio del

soft power (Gratius, 2007). De tal manera que junto con los elementos de potencia

regional y el soft power, enmarcado en su política exterior, Brasil ha logrado figurar

como potencia media. Sin embargo, cabe la duda si el soft power será suficiente

para expandir su posición como potencia media de tal forma que perdure en el tiempo.

Otro escenario es que Brasil busque desarrollar su hard power, entendiendo que los

principales instrumentos de hard power son el uso de medidas coercitivas, sanciones

económicas, intervenciones militares y un fuerte aparato militar; con el fin de no quedarse por fuera en la reconfiguración del sistema internacional. Desde los planteamientos del realismo y del neorrealismo la política de poder internacional, basada en el predominio del hard power, es un factor crítico para la orientación de la

política exterior así como para garantizar una actuación independiente el sistema internacional. A su vez “el hard power, tanto militar como económico, sigue siendo el

principal criterio para medir el peso internacional de un Estado” (Gratius, 2007). De tal manera que Brasil se encuentra buscando reformar su capacidad de defensa con el fin de reducir sus limitaciones en cuanto a hard power. Han habido nuevos

lineamientos introducidos en el ámbito referente a la Defensa y Seguridad, con una nueva Estrategia Nacional de Defensa “la cual implica no sólo una reorganización de las Fuerzas Armadas en tres sectores estratégicos: cibernético, espacial y nuclear, sino también en una reorientación de la industria brasilera de materiales de defensa a fin de lograr la autonomía tecnológica y la autonomía operacional de las 3 Fuerzas” (Alonso, 2009). A pesar de esto se ha hecho énfasis en que “esta nueva directiva no está basada en la existencia de potenciales enemigos, sino en la necesidad de que Brasil disponga de mayor autonomía sobre sus recursos de defensa” (Alonso, 2009). De tal manera que este cambio implica una nueva dirección en cuanto al hard power de Brasil el cual es esencial para garantizar su status de

66 Actualmente se puede ver que “los nuevos lineamientos introducidos en el ámbito referente a la Defensa y Seguridad, resultan de vital importancia a la hora de analizar la autocomprensión que hace el propio Brasil de su nuevo rol en el escenario internacional” (Alonso, 2009). Esto se ve articulado en el incremento en el gasto militar, en el 2008 tuvo un presupuesto estimado de 27.540 millones de dólares, Brasil fue el país de América del Sur que más recursos destinó a la defensa. A su vez del monto total de gasto militar de la región, Brasil representa más del 50%. Este gasto responde a las necesidades del país por su extensión, cantidad de población y creciente economía, además se ve como un reflejo de sus aspiraciones de liderazgo (Alonso, 2009). Teniendo en cuenta esto se podría ver la posibilidad de que Brasil este desarrollando su hard power con el fin de asegurar su rol como

potencia emergente y figurar en el contexto internacional. De tal manera, que el ascenso de Brasil basado en soft power se degasta en sí mismo en la medida en la

que es necesario entrar a competir con otras potencias emergentes como es el caso de India y China las cuales si han desarrollado su hard power. Además de esto no

se puede negar el hecho que históricamente las potencias medias han buscado usar su hard power en mayor medida. Sin embargo, es evidente que Brasil en ninguna

medida abandonara el uso de su soft power y optara por usar únicamente el hard power que desarrolle como sustento de su rol, se podría ver que Brasil opte por usar

una combinación entre los dos dependiendo de la situación. Vale la pena resaltar que dentro del contexto internacional es importante demostrar la tenencia de hard power, aun más si pretender expandir su influencia, demostrar poder y capacidad de

defender sus intereses.

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