4. Potential Impacts of Using Microfinance for Water Supply and Sanitation
4.2 Difference in WSS Impacts Due to Using Microfinance
Las comunidades de aprendizaje en línea, al igual que toda comunidad virtual, se apoya en una serie herramientas digitales y sus miembros, que pueden ser personas o instituciones, comparten un interés por un grupo de temas específicos asociados a una o varias áreas del aprendizaje. Además, la comunidad participa de actividades conjuntas de aprendizaje, busca generar conocimiento, y los miembros comparten, a través de diversos recursos y herramientas digitales, una serie de valores, temáticas, experticia, entre otras.
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Según Riel y Polin (según se citan en Gros Salvat, García González & Lara Navarra, 2004) las comunidades de aprendizaje17 pueden ser de tres tipos. Las centradas en la realización de una actividad o tarea; las centradas en la mejora de una práctica y las centradas en la producción del conocimiento. Cada una tendría diferencias según las siguientes dimensiones: miembros, características de las tareas o los objetivos, estructuras de participación y mecanismos de reproducción y de crecimiento.
En el primer tipo de comunidad, según los miembros, los grupos se constituirían según la tarea a realizar y es probable que se conozcan entre ellos. En cambio, en el segundo tipo de comunidad, los miembros necesariamente no han de conocerse y se busca la participación para mejorar la práctica laboral. En el tercer tipo de comunidad hay una división formal del trabajo basado en roles e identidades y la participación se hace en virtud de la experiencia y el interés común.
Frente a las características de las tareas o los objetivos, en el primer caso se trata de un tema, proyecto o problema bien definido y unos objetivos de aprendizaje como parte del proyecto. En el segundo caso, hay una actividad productiva con múltiples tareas y un aprendizaje resultante como consecuencia de la práctica. En el tercer caso, hay una evolución y acumulación del conocimiento producido y el aprendizaje en sí mismo se vuelve conocimiento.
Las estructuras de participación también varían de acuerdo con las comunidades. Predominan los grupos pequeños y finaliza con la realización de un producto que refleja el aprendizaje en las comunidades que están centradas en las actividades. Por su parte, hay un acceso abierto a múltiples participantes y una producción continua en las comunidades centradas en la práctica. Finalmente, en las comunidades centradas en el conocimiento, hay una creación de bases de conocimiento y una organización definida por la producción del trabajo intelectual.
17 En adelante, cuando se hable de comunidades de aprendizaje en línea, se omitirá la expresión en línea. Esto
porque ya no se hablará más de las primeras comunidades de aprendizaje entendidas como aquellas que se circunscriben a un espacio temporal definido y no emplean ninguna mediación digital, sino de aquellas que no están condicionadas por el espacio o el tiempo, y recurren a soportes digitales para su creación, difusión, mantenimiento, entre otros fines.
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Por último, cuando se tienen en cuenta los mecanismos de reproducción y crecimiento de las diversas comunidades, es importante ver lo que se presenta en cada una. En las primeras hay un lenguaje compartido y una transferencia explícita de prácticas, procedimientos y productos. En las segundas también hay un lenguaje compartido y hay una evolución de las prácticas a través del discurso, herramientas y artefactos. En las terceras, los mecanismos están organizados y son definidos según la producción del trabajo intelectual y los constructos teóricos que se realicen y, al igual que las otras dos, también hay un lenguaje compartido.
Pallof y Pratt (2005), por su parte, subrayan que la presencia social, o sea, el sentimiento de pertenencia y de conexión entre los miembros de una comunidad, contribuye enormemente al aprendizaje y a la satisfacción de los que se encuentran compartiendo un espacio de interacción en línea. Al aprender juntos, las personas tienen la oportunidad de expandir y profundizar su experiencia de aprendizaje, poner a prueba nuevas ideas al compartirlas con su grupo, y recibir retroalimentación y críticas constructivas.
Kilpatrick, Barrett y Jones (2003) reconocen que el término comunidades de aprendizaje es usado de varias maneras dentro de la literatura especializada y a menudo sin una definición explícita. No obstante, subrayan dos grandes corrientes que pueden visualizarse al respecto, La primera, más humana, se concentraría en los beneficios resultantes de las sinergias que las personas en lugares o con intereses comunes tendrían para trabajar conjuntamente, compartir la comprensión, las habilidades y los conocimientos para fines comunes. La segunda, en cambio, sería más institucional, esto es, se concentraría en conceptos del aprendizaje organizacional, y estaría más dirigida hacia los aspectos curriculares de las escuelas o instituciones.
Mowbray (2007) va más allá. Esta autora cree que las comunidades de aprendizaje tendrán cada vez más relevancia debido a la tendencia mundial hacia la educación para toda la vida, esto es, un aprendizaje que no se reduce a una época específica de la vida ni a un espacio exclusivo en términos físicos. Esto, desde lo práctico, implica que en el futuro los sistemas de gestión de conocimiento deberían ser flexibles, permitir el acceso remoto y ser
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fácilmente integrables en la vida diaria de los aprendices, que no necesariamente estarían en la educación formal.
Por el alcance de este trabajo, las dinámicas de aula que se promoverán, y para estar más cercanos a la escuela, serán las del primer tipo de comunidad descrito por Riel y Polin.