DR. ATILIO BORON.- Buenas tardes a todos.
Para comenzar, voy a hacer una pequeña presentación del tamaño de los países según su riqueza, de acuerdo a su producto bruto. Es bastante claro que el mundo de los ‘60 fue muy importante porque a partir de allí se constituyó el orden mundial que permanece hasta hoy. El sistema de Naciones Unidas, con sus diferentes agencias y las instituciones de Bretton Woods tienen que ver con este mundo. Este mundo que tenía un centro de gravedad en el Atlántico Norte; vemos a los Estados Unidos como una potencia enorme, a Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Gran Bretaña. Ese es el mundo que, desde el punto de vista formal, del sistema internacional, creó esas instituciones pero que tiene poco que ver con el mundo de hoy, en donde tenemos a China, Japón y la India creciendo fuertemente y Europa y los Estados Unidos achicándose, con un desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia el Asia Pacífico.
No pocos de los problemas que tienen los procesos de integración de América Latina tienen que ver con el cambio de ese mundo al actual. Instituciones regionales como el BID y la OEA todavía son hijos de aquel mundo que ya se fue, lo que explica la inadecuación de esas instituciones para enfrentar los problemas de la actualidad.
¿Cuáles son los problemas más sensibles y más urgentes en el momento actual de América Latina en el sistema internacional? América Latina está situada en una coyuntura muy especial porque en un mundo ávido de recursos naturales el continente latinoamericano y, sobre todo Sudamérica, es el más rico en recursos del mundo entero, en un mundo que –como lo pueden ver en la gráfica que preparó el Mineral Information Institute, que es muy interesante porque plantea cuál vas a ser el consumo de cada persona que nazca en los Estados Unidos a lo largo de su vida. Se calcula que una persona va a consumir casi tres millones de libras, es decir, 1.400.000 kilos de minerales, metales y combustibles a lo largo de su vida. El problema ahora es que China y la India también quieren consumir como el niño americano, pero resulta que no hay recursos para todos; ese es el problema. Los recursos alcanzan en la
medida en que quienes consumen sea un sector relativamente reducido de la población mundial, pero cuando, de repente se incorpora al consumo y de manera masiva de recursos naturales estratégicos casi el 35 ó 38 por ciento de la población mundial, -que es lo que representan la China y la India- empezamos a vernos en dificultades porque, puede haber Fútbol para Todos, pero no hay Cobre para Todos, no hay Petróleo para Todos, ni Zinc para Todos, no hay Manganeso para Todos, ni Cobalto para Todos. Es decir, no hay para todos. Este es un mundo, o puedo decir haciendo un abuso del lenguaje, es una civilización que construyó el capitalismo en donde ese tipo de recursos estará accesible para un segmento de la sociedad, para el 20 ó 25 por ciento más rico de la población mundial; el resto queda fuera del juego.
Al respecto, es interesante advertir lo que ocurriría si el patrón de consumo de los Estados Unidos se universalizara a todo el planeta. A esto nos está induciendo una de las industrias más importantes y poderosas del mundo, la industria de la publicidad, el “advertizing”, que hace que ustedes vayan a cualquier país del mundo y se encuentren prácticamente con un mismo patrón publicitario, exacerbando el consumo a partir de la proyección del modelo americano de consumo. En caso de que tuviéramos la mala suerte de que todos adoptáramos ese patrón de consumo, tendríamos un pequeño problema porque necesitaríamos cinco planetas Tierra y un tercio para satisfacer las necesidades de recursos que demandaría la incorporación de los siete mil millones de personas del planeta al famoso “American Dream”, sueño americano. Evidentemente, como hay un solo planeta se tienen que tomar algunas decisiones difíciles, que no las tomamos nosotros, sino que, lamentablemente, hay otros que las toman otros por nosotros.
Vemos cómo esa generalización exigiría cinco mundos y un tercio, en el caso de los Estados Unidos; un poco más de tres mundos en el caso del Reino Unido, tres en el caso de Francia, y así sucesivamente, hasta llegar a un punto de equilibrio en Mauricio, un pequeño país africano. Si adoptáramos el modelo de consumo chino no alcanzaría la Tierra. Pero sería muy difícil hacer que la población rica de occidente y de los Estados Unidos tenga que adecuarse de repente al patrón de consumo de los chinos, y no podemos imaginar al de la India, que con un tercio del planeta Tierra sobrarían los recursos. En ese caso, debiéramos vestirnos como Mahatma Ghandi, fabricar nuestra propia ropa, tener una casaca de verano y otra de invierno, en definitiva, vivir en condiciones de extrema austeridad y parece difícil que el mundo desarrollado adopte un patrón de ese tipo.
Por lo tanto, allí empieza el problema, es decir, cómo se aseguran aquellos que ya tienen los recursos el control de esos recursos permanentemente. Lo que hacen es venir a buscarlos principalmente a esta región que, desde el punto de vista de los recursos naturales, es la mejor dotada a nivel mundial. ¿Por qué?, porque tenemos en las áreas verdes la mayor riqueza de biodiversidad del planeta, aproximadamente el 50 por ciento de todas las especies vegetales y animales se encuentran en América Latina y, principalmente, en Sudamérica.
Además, en Sudamérica tenemos un país como Venezuela que, al día de hoy es el que tiene las mayores reservas comprobadas de petróleo del planeta, habiendo desplazado a Arabia Saudita que durante más de 20 años tuvo esa condición. Brasil, por su parte, cuenta con los enormes yacimientos submarinos que están frente al litoral paulista. Además, hay menores cantidades de petróleo en otras partes.
Entonces: biodiversidad, petróleo y agua. Casi el 45 por ciento del agua del planeta Tierra está en América Latina, en el Amazonas, el Orinoco, todos los ríos que desembocan en el Río de la Plata, el acuífero Guaraní, más el agua que hay en la zona de Tierra del Fuego, además del agua que se concentra en Centroamérica y el sur de Méjico, donde nace el acuífero de Chiapas. Si ustedes estudian los manuales de los estrategas del Pentágono, incluso los análisis de los escenarios futuros que elabora periódicamente la CIA, dicen que gran parte del Siglo XXI estará marcado por las “guerras del agua”. Puede haber vida sin petróleo pero no puede haber vida sin agua. Ellos predicen que las grandes guerras estarán provocadas, más que por el petróleo –que se acabará alrededor de 2050- por el agua, porque al agua la vamos a necesitar siempre.
A ello habría que agregar “recursos minerales estratégicos”. Pero, para qué estratégicos: para la industria de defensa de los Estados Unidos. Es decir, estratégicos para la llamada “seguridad nacional de los Estados Unidos”. Hay 10 países que tienen esos recursos estratégicos, 7 de los cuales están en América Latina. Entonces, uno comprende declaraciones de funcionarios del alto mando de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos que plantean ante el Congreso la necesidad de una adecuada política hacia América Latina porque allí se encuentran siete de los diez reservorios de minerales estratégicos imprescindibles para la industria de defensa de los Estados Unidos.
No cuento con tiempo ahora, pero podríamos agregar la alimentación, porque es un continente excedentario en alimentos, que puede alimentar a una población varias veces superior a la que tiene, además de otros recursos naturales importantes
que hacen de América Latina un continente que ejerce una gran atracción sobre los Estados Unidos.
Esto a veces no se ha interpretado correctamente porque la opinión corriente sobre este tema es que América Latina es irrelevante a los intereses de los Estados Unidos. En la Argentina, en la década de los ’90, en el apogeo del menemismo, se planteó una redefinición de las relaciones con los Estados Unidos que dio lugar a esa fórmula de las “relaciones carnales” o del “alineamiento automático”, cuya base de razonamiento era la irrelevancia de la Argentina y de toda América Latina. Se nos decía que en realidad no tenemos más remedio que aceptar esta negociación tan desigual porque para los Estados Unidos la región número uno era Medio Oriente, la segunda región es extremo oriente, donde está China, Japón, Corea del Norte y Corea del Sur, la tercera región en importancia es Asia Central por los oleoductos y gasoductos, la cuarta es Europa y ustedes –decían- “vienen en quinto lugar cómodos, por lo tanto, no presionen, no se enojen con los Estados Unidos, no exijan estúpidamente que en la campaña presidencial se discuta cuál va a ser la política respecto de América Latina porque no nos importa mucho de ustedes, es un tema marginal en la agenda de los Estados Unidos”. Ese fue el discurso y es actualmente el discurso del Departamento de Estado. Desgraciadamente para mi profesión, es el discurso que da la inmensa mayoría de los politólogos norteamericanos y latinoamericanos que son discípulos de aquellos y que se creen este cuentito.
¿Por qué digo que es un cuentito? Dos o tres datos, para no extenderme demasiado: ¿cuál fue la primera doctrina de política exterior que elabora la joven república norteamericana en 1823, cuando todavía no se habían acabado las guerras por la independencia en Sudamérica? La Doctrina Monroe. ¿Las otras, cuando vinieron? La segunda doctrina de política exterior la elabora el presidente Wilson en 1918, casi un siglo después. Fíjense qué irrelevante que sería América Latina que le dedica la primera doctrina de política exterior y la segunda recién un siglo después, cuando se había venido abajo el imperio austro-húngaro, el imperio alemán, se había producido la revolución rusa y estaba a punto de terminar la Primera Guerra Mundial. Recién allí los Estados Unidos elaboran su segunda doctrina. Hay una diferencia de casi un siglo y acontecimientos enormemente traumáticos que hicieron que la elaborara. El primer tratado militar, interregional, que los Estados Unidos empiezan a desarrollar a lo largo y ancho del planeta no es la OTAN, en el ’48, como muchos dicen. Eso es falso. Es América Latina en 1947 con el famoso Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.
Vuelvo a preguntar: ¿cómo es posible que, siendo tan irrelevante, ocupando el quinto lugar en la agenda de prioridades, tenemos la primera doctrina de la política exterior, el primer tratado militar que hace a nivel internacional y el primer comando de las Fuerzas Armadas, el Comando Sur, que es el primero que Estados Unidos prepara para redefinir su estrategia global a escala internacional. Todo ello demuestra lo que se ha venido diciendo recientemente en América Latina que, en realidad, esta región es la más importante y es aquella ante la cual los Estados Unidos no toleran la menor desviación. Basta un gobierno moderadamente reformista en la región para que toda la artillería del imperio se descargue contra ese gobierno. Esto no es de ahora, es de siempre. Pensemos lo que pasó en 1954, cuando los Estados Unidos organizaron, financiaron y llevaron a cabo el golpe militar en contra del gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala los técnicos, expertos y diplomáticos de los Estados Unidos estaban en Corea organizando la reforma agraria. A Guatemala la invaden, derrocando así al gobierno legítimo de Arbenz porque estaba produciendo la reforma agraria. Entonces, lo que Estados Unidos promovía en Corea era mala palabra en Guatemala. Ya los Estados Unidos habían producido una reforma agraria muy radical en Japón después de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, esa palabra está prohibida acá. Recién en 1961, con el presidente Kennedy, surgiría una propuesta de una reforma agraria sumamente moderada que, de hecho, no llegó a llevarse a la práctica en la región, salvo en un par de países como Chile durante el gobierno de Frey y de manera mucho más profunda con el gobierno de Salvador Allende que terminó con un golpe militar, el que fue pergeñado en gran medida desde la Embajada de los Estados Unidos.
Vemos así la importancia enorme que esta región tiene para los Estados Unidos y esta estrategia de negociación muy hábil que consiste, primero, en disminuir la importancia del negociador al decirle: “ustedes no representan a nadie, no son importantes, no nos interesan”, pero, ante la menor perspectiva de un cambio, la respuesta rápida es una desestabilización a través de un golpe militar. Y podríamos hacer un inventario de todos los golpes y el proceso de injerencia que Estados Unidos ha tenido en la región precisamente por esto.
Volviendo al tema del agua, la proporción de los países tienen que ver con la disponibilidad de agua. Esto es más que suficiente para demostrar la importancia. Se observan problemas de agua en el sudeste de los Estados Unidos, la desertificación de la zona de California; problemas de agua serios en China e India, mientras que Rusia tiene agua y poca población. Nosotros tenemos poca población y muchísima agua. Otro tema muy serio es la deforestación que con el avance de los agronegocios se destruye la selva tropical y el bosque nativo de América Latina.
El acuífero más importante del mundo es el acuífero Guaraní, que abarca gran parte del sur de Brasil, parte de Paraguay, parte de Uruguay y de la Argentina. Una zona extraordinariamente importante como fuente de suministro de agua, mayor que la que tiene el acuífero siberiano que, si bien es el más grande, no tiene la misma capacidad de recarga. Pero, ¿quién nos va a ayudar a repartir tantos recursos?: los amigos del Comando Sur de los Estados Unidos, vayan habituándose a ver su logo porque lo verán cada vez con más frecuencia. Son los que se van a encargar de asegurarse que los recursos vayan a las personas que tienen que ir.
Al respecto les hago un breve comentario: al momento actual América Latina se encuentra “protegida” por 76 bases militares de los Estados Unidos. Acabo de terminar un libro que saldrá de imprenta en dos o tres semanas, aunque cuando lo terminé hace un mes y lo entregué a la prensa había 75 bases, ya el libro está desactualizado porque en menos de un mes agregaron una base más; ¿dónde la pusieron?, en la frontera peruano-ecuatoriana. Sucede que el presidente de Ecuador, Correa, sacó la base de Manta que tenían los norteamericanos, entonces rápidamente tomaron posición y el presidente de Perú, Ollanta Humala, les hizo ese favorcito. En el mapa se puede apreciar la jurisdicción del Comando Sur, lo que algunos llaman “la Antártida argentina y la Antártida chilena”, desapareció completamente. Además, el Comando Sur llega hasta la frontera de Guatemala; Méjico ya no es parte sino que ha sido asimilado al Comando Central de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Es decir, el proceso de anexión militar mejicano ya está completado. Esto es gravísimo y tiene que ver con la horrible situación que vive Méjico producto del narcotráfico, que tiene como una de sus causales fundamentales el hecho que -contrariamente a todas las opiniones de los entendidos en el tema- Méjico militarizó la guerra contra el narcotráfico en lugar de dar la batalla social y cultural, hizo caso a la sugerencia del Pentágono de dar una batalla militar. El resultado es más de 60 mil muertos en el último sexenio del presidente Calderón y una situación que está totalmente fuera de control. Hoy, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos se mueven a sus anchas en gran parte del territorio mejicano y del territorio canadiense. El control del espacio aéreo de los Estados Unidos ya afecta a los vuelos que compañías mejicanas quieran hacer, por ejemplo, desde Ciudad de Méjico a Barcelona; si vuelan sobre el espacio aéreo de los Estados Unidos y hay algún pasajero sospechoso de ser terrorista, ese avión tiene que volver y salir de ese espacio aéreo, aunque no tenga por objeto aterrizar en los Estados Unidos. Esto sucede porque el control se ha extendido de una manera extraordinaria. Les muestro acá la nave para combatir el narcotráfico; si bien a mí no me parece lo más adecuado, esta es la nave insignia de la Cuarta Flota, el
portaaviones insignia de la Cuarta Flota. Tengo la opinión de alguien que algo sabe de cuestiones militares que dice la verdad cuando manifiesta: “La Cuarta Flota sirve para sembrar el terror y la muerte, pero no para combatir el terrorismo y las actividades ilícitas.” Una de las bases militares más recientes que instaló Estados Unidos en América Latina fue en abril, –poco antes de que terminara el libro- al norte de Valparaíso, en Concón. El propósito de la base es muy interesante porque es para entrenar fuerzas especiales encargadas de monitorear y controlar disturbios urbanos. Así está dicho explícitamente, no sólo por León Paneta, secretario de prensa de los Estados Unidos que viajó a Chile a inaugurar la base, sino que incluso está en los documentos que explican por qué se instaló esa base. Claro está que en estos momentos Chile tiene problemas muy serios en el sur del río Bío Bío con las poblaciones mapuches que están reclamando y librando una enorme batalla para reclamar sus tierras ancestrales y para impedir la construcción de grandes represas hidroeléctrica que van a arrasar con su hábitat. Ellos aplican una ley antiterrorista de la época de Pinochet, que no fue derogada por los gobiernos “democráticos” que le sucedieron, por el contrario, fue perfeccionada, es decir, la hicieron más dura todavía. Esa base de Concón va a entrenar a las fuerzas especiales de América Latina encargadas de reprimir la protesta social interna. Así de simple.
Uno se puede preguntar por qué toda esta expansión militarista tan desorbitada. Los Estados Unidos en la década del ’70 tenían apenas cuatro o cinco bases militares en América Latina y hoy tienen 76. Las explicaciones que se dan son, primero –y la más común-, que vienen a ayudarnos en casos de emergencias y catástrofes. Todavía no lograron recomponer la situación en Nueva Orleans después del huracán Katrina en 2005, pero se consideran en condiciones de podernos enseñar cómo resolver esas situaciones. Segundo, la lucha contra el crimen organizado del narcotráfico; además, los “ciberataques” son muy importantes; en esta categoría se debe incluir a Julian Assange que, si llega a ser extraditado a Estados Unidos, no sólo no sale con vida sino que tendrá una muerte a muy corto plazo y no precisamente por las vías legales sino que, probablemente, lo ingresen a una cárcel de presos comunes y envíen a alguien para que lo apuñale. Es por ello que será importante que vaya a Ecuador. El otro objetivo de estas bases de despliegue militar es combatir el