hace una distinción entre tres tipos separados de conducta orientada al poder con base en la atmósfera y los métodos de disciplina en las familias de los niños (niños con demasiado poder, niños con muy poco poder y niños de familias caóticas en que nadie se apropia del poder).
Los niños cuya meta es la venganza creen que serán lastimados por otros y que nadie los querrá o sentirá agrado por ellos, de modo que tratan de alejarlos con su comportamiento hiriente. En algunos de esos niños su conducta es un intento autodestructivo de protegerse de la vulnerabilidad a ser lastimados por otros. Al- gunos niños que buscan la venganza parecen creer que lastimar a los demás es una manera normal de conectarse y obtener significancia. Las conductas de los niños cuya meta es la venganza están diseñadas para lastimar a otras personas; esos niños suelen ser maliciosos, violentos y crueles. A menudo mienten y roban, En un modo más pasivo, esos niños son malhumorados y retraídos. Pueden acosar o amenazar a otros por transgresiones reales o imaginadas. Los adultos que interac- túan con niños que buscan la venganza se sienten lastimados por su conducta y a menudo quieren ajustar cuentas o alejarse de la relación con ellos. Cuando son corregidos, los niños cuya meta es la venganza se esfuerzan más por lastimar a quienes creen que les causaron daño.
Los niños cuya meta es demostrar incompetencia creen que son fracasados. Se rinden con facilidad; no toman riesgos y evitan cualquier conducta en la que no tienen garantizado el éxito. Los adultos que interactúan con esos niños se sienten desesperanzados e impotentes. Aunque rara vez exhiben comportamiento inapro- piado, de ser corregidos esos niños se muestran incluso más desalentados.
Los terapeutas de juego adlerianos pueden usar las metas de Dreikurs y Soltz (1964) como una manera de orientar la forma en que van a responder al niño en el cuarto de juego. Por ejemplo, los niños que se esfuerzan por obtener el po- der pueden discutir con el terapeuta, negarse a respetar los límites o tratar de controlar cada aspecto del juego. Cuando el terapeuta de juego adleriano se da cuenta de que la meta del niño es el poder, se esfuerza más por asegurarse de que el poder es compartido en el cuarto del juego, haciendo hincapié en que deben tomarse turnos, tratar a los demás con respeto, y así sucesivamente. El terapeuta de juego adleriano también usa esas metas de la mala conducta como una manera de ayudar a los padres a interactuar con el niño de modo diferente. Por ejemplo, con un niño que se rinde fácilmente y que se esfuerza por demostrarse que es despreciable e inadecuado, el terapeuta ayudaría a los padres a buscar pequeños logros y a alentar al niño por el esfuerzo y el progreso, no por la perfección.
Otra estrategia usada por los terapeutas de juego adlerianos es animar a los niños para que sustituyan las metas negativas y destructivas con metas positivas y constructivas (Dinkmeyer y McKay, 2007; Lew y Bettner, 1996, 2000). Lew y Bettner (1996, 2000) sugirieron cuatro metas (las C cruciales) que contribuyen a promover la conducta positiva: a) conectarse con otros (la meta positiva de la cooperación), b) ser capaz (la meta positiva de la autoconfianza), c) creer que cuentan y son inherentemente valiosos (la meta positiva de la contribución), y d) tener coraje (la meta positiva de la resiliencia). El terapeuta de juego adleriano ayuda a los niños a aprender a conectarse con los otros, a creer que son capaces,
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Principales enfoques teóricos
a creer que cuentan y obtener su significancia de maneras apropiadas, y a tener el coraje de asumir riesgos e intentar cosas nuevas. Para orientar a los niños hacia me- tas positivas de conducta, el terapeuta de juego adleriano fomenta las C cruciales en las sesiones de terapia de juego y en la consulta con padres y maestros para ayudarlos a establecer en la familia y el salón de clases atmósferas que promuevan esas C cruciales.
La gente ve la realidad de manera subjetiva
Los adlerianos creen en una visión fenomenológica del mundo en que la gente tiene interpretaciones únicas acerca de situaciones e interacciones específicas (Carlson, Watts y Maniacci, 2006; Eckstein y Kern, 2009). Esto significa que cada persona que participa en una experiencia tiene su propio modo de interpretar las circunstancias y la relación. Los padres, los niños y los maestros tienen cada cual diferentes visiones de las relaciones y las situaciones. Los terapeutas de juego adle- rianos deben siempre estar al tanto de esas interpretaciones subjetivas. A medida que el terapeuta de juego examina las distintas perspectivas, debe recordar que no existe una interpretación correcta de la realidad. El niño es el cliente principal y el terapeuta debe dar mayor peso a su perspectiva en un esfuerzo por entender cómo está interpretando los sucesos e interacciones en su vida.
Dado que las personas tienden a ver lo que esperan ver, su interpretación de la realidad refuerza sus creencias, sin importar si dichas creencias son exactas o no y “actúan como si” su percepción fuese la “verdad”. El terapeuta de juego adleriano trata de identificar las formas en que los niños, los padres y los maestros plantean las situaciones para demostrarse cosas negativas (creencias equivocadas) que ya creen acerca de sí mismos (Kottman, 2003). Las personas se comportan a menudo como si la imagen negativa subjetiva que tienen de sí mismas fuera verdadera, lo que provoca en los demás una reacción negativa que confirma sus creencias erróneas. Es tarea del terapeuta de juego adleriano señalar esos patrones auto- destructivos en las creencias y comportamientos, a fin de ayudarlo a encontrar nuevas formas de pensar en sí mismo y a aprender conductas más apropiadas.
Las personas son seres creativos
Otro concepto clave en la Psicología Individual es la creencia de que cada persona es única y que al hacer elecciones expresa de manera constante una capacidad creativa (Carlson, Watts y Maniacci, 2006; Mosak y Maniacci, 2010; Sweeney, 2009). Los adlerianos enfatizan la autodeterminación en el proceso terapéutico al reconocer que cada individuo tiene la capacidad de hacer elecciones acerca de su interpretación única de las situaciones y relaciones y de actuar como si esas interpretaciones fueran ciertas. H. Ansbacher y Ansbacher (1956) resumieron este principio diciendo “no importa el equipo con que uno nació, sino el uso que se le da” (pp. 86-87). Niños y adultos tienen siempre la libertad de tomar decisiones y hacer interpretaciones nuevas y diferentes, ejerciendo así su creatividad y singularidad.
La fe de los terapeutas de juego adlerianos en la capacidad de sus clientes para tomar decisiones creativas es la base para trabajar con niños, padres y maestros en la modificación de sus patrones de estilo de vida, el incremento del interés social, el cambio hacia metas de conducta más positivas, la capitalización de sus activos y el
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