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Mathematical literacy

2.3 Differences between highest and lowest attainers

La filiación divina de los seres humanos, y en particular de los creyentes, responde al proyecto eterno del Padre de comunicar al hombre a través del Hijo, su propia vida

181 Ibíd.p.51. La filiación divina sucede de otra manera en el Evangelio de Juan. La generación divina

–aunque analógica –es una generación espiritual y no mera adopción legal. SARASA, Op.Cít.42. 182 TREMBLAY, Op.Cít.p.51.

183 BOFF, L. Gracia y liberación del hombre. Experiencia y doctrina de la gracia. 2ed. Madrid: Cristiandad, 1980.p.245.

184 Ibíd.p.59.

185 Mientras San Pablo aplica varias veces a los creyentes el término huioi theou (Rom 8,14; Gal 3,26; 4,6-7: lo cual no obsta que San Pablo distinga netamente la filiación divina de Cristo de la adopción filial de los creyentes), los escritos joánicos no lo hacen ni una sola vez; más aún, emplean exclusivamente la formula tekna theou, cuando se trata de la filiación divina de los creyentes (Jn 1,12; 11,52; 1Jn 3,1-2.10; 5,2). Esta designación exclusiva y permanente sin una sola excepción de Cristo como ho uios tou theou y de los creyentes como tekna theouno puede considerarse casual…indica la

divina. Dicha filiación se obtiene en la encarnación del Hijo, la cual no está en relación con el pecado sino con la divinización. Gracias a la venida en nuestra carne del Verbo-Hijo enviado por el Padre, el creyente recibe el don de la adopción filial, que lo hace capaz de comprender y de ver a Dios, de entrar en comunión con el ser mismo del Hijo y del Padre, de compartir la inmortalidad e incorruptibilidad propia de Dios y de vivir según las actitudes propias del Hijo muerto y resucitado: la obediencia al Padre. Este don es mediado por el Espíritu del Hijo.186

A este respecto, es iluminador el himno paulino de Ef 1,3-14 en el cual, entre otras cosas, se muestra que la redención no ―agota‖ todo el ser y el quehacer del Hijo,187

sino que hace parte fundamental de su misión, pero está inscrita en una finalidad más amplia del Padre, en cuanto elegir a los seres humanos para ser sus hijos: proori,saj h`ma/j eivj ui`oqesi,an dia. VIhsou/ Cristou/ eivj auvto,n( kata. th.n euvdoki,an tou/

qelh,matoj auvtou/. (Ef 1,5).

El autor de la carta deuteropaulina manifiesta de manera contundente que la elección es una disposición anterior al acto creador, cuya única finalidad es el mismo amor de Dios, que tiene en el Hijo, el lugar de su expresión. Se define aquí la originaria identidad del hombre: ser en Cristo, es decir hechos a imagen del Hijo. No hay por tanto otra elección ni otra existencia en él: Dios nos ha elegido en el amor que define la identidad del predilecto. La condición del hombre es determinada por su origen, el cual a su vez, determina también la finalidad del hombre; es decir, ser llamado a la comunión con Dios ―santos e inmaculados en el amor‖ (Ef 1,1ζ)έ δa llamada del hombre es entonces la comunión con Dios, según la constitutiva modalidad filial que subsiste por siempre entre el Padre y el Hijo.188

Cristo Jesús entonces se constituye en el ―lugar‖ en el que se descubre y se sabe lo que significa nuestra filiación divina: Cristo Jesús hermano de todos; todos hermanos de Cristo, todos hijos en el Hijo; somos hijos herederos y coherederos. Por tanto, la

186 TREMBLAY ZAMBONI, Op.Cít.p.176.

187 La redención está colocada entre lo que Dios ha hecho al principio (1,3-6) y la predestinación final (1,9-10) y por lo tanto la persona de Cristo no puede ser reducida a la sola función redentora, que obviamente le compete; en otras palabras, la redención solamente puede ser leída al interior de la elección eterna de Dios y abierta hacia la recapitulación escatológica en Cristo. Cfr. TREMBLAY, R.

L‘ ―inalzamento‖ del Figlio fulcro della vita morale. Roma: Pontificia Universitá Lateranense - Mursia, 2001. p.127-128.

adopción filial189 no es un proceso jurídico sino ontológico que realiza el contenido teológico que tiene la ―cristificación‖έ δo cual determina el establecimiento de una relación de hermano con respecto a Cristo. Relación que no es un simple título jurídico, sino una realidad que comporta la infusión de una nueva vida (la divina), la comunicación íntima del Espíritu, el derecho a tener a Dios por herencia, la inserción dinámica en la Imagen de Dios (el Hijo encarnado) por la semejanza. La filiación adoptiva, por tanto, es el título de participación real en la vida trinitaria.190

Así pues, la filiación es un verdadero don divino, que posibilita la participación de las mismas prerrogativas del Hijo por excelencia, pero que a la vez implica un largo proceso de hacerse ―hijos en el Hijo‖, como fruto del nuevo nacimiento o configuración existencial con él. Por lo tanto, la filiación divina es tanto una realidad presente como una promesa futura. En favor de la actualidad de la filiación nos apoyamos en Mt 5,16 donde se dice que los discípulos pueden ya llamar a Dios su Padre y que deben manifestar sus obras. En favor de la interpretación dirigida al porvenir, encontramos Mt 5,9 que promete la filiación divina como salario al final de los tiempos en la irrupción de la revelación del reino de los cielos.191

Ser hijo de Dios no constituye solo una información acerca de nuestra propia realidad divina. Implica también un modo de ser, con su correspondiente modo de vivir.

Cuando pronunciamos la expresión ―hijo de Dios‖ estamos pensando, básicamente en tres

realidades: en primer lugar, el hijo nunca existe sin el Padre. El hijo es ser de otro y para otro. El hijo es tanto más hijo cuanto más siente su procedencia del Padre y cuanto más fomenta su relación con él. En segundo lugar, hijo no expresa tanto una relación causal cuanto una relación personal. El hombre es creado por Dios y se sabe efectivamente creado, reconoce su origen y puede ponerse en humilde y agradecida relación con él. Cuanto más me abro al padre, más hijo me vuelvo. En tercer lugar, hijo (huios) no es lo mismo que niño (teknon). El hijo se caracteriza por la independencia y la mayoría de edad. Niño implica dependencia y minoría de edad. El

189 En el hijo amado reciben los hombres la adopción filial, viene a ser hijos de Dios. La fórmula ―filii

in Filio‖ expresa fielmente el pensamiento paulino y jóanico. La adopción filial de San Pablo y la

―vida eterna‖ de san Juan son realidad ya desde ahora en el creyente, para llegar a su plenitud en la

salvación escatológica. El E.S (don del resucitado) crea en lo más hondo del hombre la fe en Cristo, que implica la actitud filial para con Dios (participación en la experiencia filial de Cristo) y la esperanza del encuentro con Cristo glorificado más allá de la muerte. Cfr. WHITE, R. E. O. The changing continuity of Christian ethics. Vol.1. Biblical ethics. Exeter: Paternoster press, 1979.p.76. 190 MÚNERA, A. Líneas para una teología moral general. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 1976.p.118.

hombre hijo de Dios es con respecto al padre mayor de edad y libre; su relación con el padre no es ciega, sino que nace de un acto mediante el que acepta su filiación, presupone la libertad.192

La filiación entonces se expresa en una ética filial193 que se da en el seguimiento del Hijo, Cristo Jesús, que significa, caminar, atraídos en el espíritu filial, no solo detrás de Cristo, sino en comunión de vida en el Espíritu (corazón nuevo) con Cristo hacia el Padre. 194 Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que el don y la experiencia de la filiación se constituye no sólo en el núcleo de la moral bíblica neotestamentaria sino en la médula del ser cristiano.