El énfasis en el proceso de aprendizaje como foco educativo se entiende como un paso más hacia el avance en la progresiva complejidad del sistema educativo, en el que nuevos aspectos, situaciones, formas y contextos entran a formar parte de la interrelación de elementos que la componen y que buscan, en último término, su optimización y adaptación social. En este sentido, los actores del acto educativo son algunos de los elementos que más se modifican en este proceso, pues sus roles se amplían respecto a los tradicionales, lo que conllevará paralelamente el surgimiento de nuevas metodologías de enseñanza y de aprendizaje (véase apartado 1.2.3.), metodologías alternativas para la evaluación de los aprendizaje de los estudiantes (véase apartado 1.2.4.), entre otros aspectos académicos tratados desde la Pedagogía.
A continuación revisaremos los roles del discente y el docente el de otros actores que intervienen en el proceso educativo.
1.2.2.1 El nuevo rol del o de la discente
Los enfoques educativos actuales se definen como centrados en el aprendizaje (“learner centered approaches”) y en la figura del aprendiz, que se caracteriza por ser autónomo (autorregulado, metacognitivo y estratégico). Desde esta perspectiva, el estudiante adulto ha de ser responsable de su propia formación, mediante su implicación en los aspectos de su proceso de aprendizaje:
La planificación (objetivos de aprendizaje definidos y negociados). La implementación (realización de actividades/tareas/problemas, detección de errores y corrección facilitada por la retroacción didáctica).
La evaluación (conocimiento de los criterios de evaluación, los momentos y formas en que se procederá durante y/o al final del proceso).
Acompañado de una actitud abierta y flexible, caracterizada por ser reflexiva y crítica para facilitar un aprendizaje significativo, estable y transferible. Todo ello se puede lograr a través de diversas metodologías educativas basadas en el aprendizaje individual y colectivo, soportado (en parte) por TIC.
En resumen, la tendencia actual de la educación se centra en el aprendiz y el proceso de enseñanza-aprendizaje, en especial en valorar el aprendizaje (en parte autodirigido) y sus resultados (Mateo, 2000).
1.2.2.2 El nuevo rol del o de la docente
Para promover dicho rol del aprendiz, primero se debe redefinir el rol del docente, figura indispensable que mediante metodologías educativas variadas podrá ayudar a desarrollar esta nueva faceta del estudiante.
El/la profesor/a, en este enfoque pedagógico centrado en el aprendiz, se le supone, además del rol de transmisor del nuevo conocimiento a adquirir, que también sea: facilitador (es decir, que ayude al alumnado a lograr los objetivos de aprendizaje), consejero y orientador, motivador y gestor de los recursos de aprendizaje. Una de las actividades principales que ha adquirido es la de mantener la comunidad de aprendizaje del grupo clase, aplicar nuevas metodologías de enseñanza-aprendizaje y evaluación e incluir el uso de TIC en su docencia, por ello dichas actividades en ocasiones son soportadas por aplicaciones informáticas de carácter colaborativo y telemático (como los foros o los programas específicos comentados en el apartado 1.1.2.5.).
Estas características de la figura del docente universitario en la actualidad han hecho que su rol sea más complejo y abarque aspectos que, en cuestión de a penas una década, han modificado su propia identidad (Gros & Romañá, 2004), debido a los cambios de la propia institución, el paradigma actual (con tendencia principalmente a la perspectiva cognitivo-constructivista), el papel central del estudiante, el papel de las TIC y la formación del profesorado. La reducción de la
preponderancia del modelo magistral, unido a la introducción de este nuevo paradigma que exige nuevas formas de enseñanza para y con los estudiantes, ha producido la adaptación del docente en otra cultura educativa.
1.2.2.3 Otros nuevos roles
En el sentido colaborativo, tanto desde la perspectiva del proceso de enseñanza-aprendizaje, así como del proceso evaluativo, se debe atender ahora a los compañeros del aprendiz, al resto de alumnos, iguales (“peers” en inglés) o grupo-clase. Pues constituyen junto al profesor, otros elementos de soporte para la construcción y facilitación del conocimiento. Sus tareas son varias y consisten desde las propias dirigidas a una comunicación grupal didáctica (presencial o no presencial), mediante actividades grupales en las cuales se fomenta la formación de comunidades de práctica que permitirán que se produzca aprendizaje cooperativo y/o colaborativo, hasta las más complejas dirigidas a la asignación de roles variados para realizar una tarea grupal que requiera resolver un problema o incluso la co-evaluación (la evaluación de los compañeros).
Otras figura es el tutor (a veces profesor-tutor, siendo entonces un rol más al propio del docente), que realiza una labor de soporte a la docencia y una función mediadora entre ésta y el alumnado, atendiéndolo de un modo más personalizando para tratar de facilitar el proceso de aprendizaje. En nuestro ámbito del AV o el AAO, se suele asignar a un profesor-administrador de la plataforma del EVA utilizado para el proceso educativo y/o evaluativo, que interviene de un modo asistencial para facilitar los recursos didácticos al alumnado, así como darles soporte a la gestión del entorno, de su aprendizaje, entre otras tareas educativas. En la actualidad, además, la función de tutoría se considera uno de los indicadores de calidad en la educación superior, donde se tiende hacia a un modelo de desarrollo personal del estudiante en cuanto a la dimensión intelectual-cognitiva, dimensión afectivo-emotiva, la dimensión social y la profesional (Rodríguez Espinar, 2004).
En resumen, en el paradigma anterior los roles eran más claros, específicos y sencillos: el profesor enseñaba y el estudiante seguía sus instrucciones. En el nuevo paradigma los roles cambian y se vuelven más complejos para ambas figuras. El profesor tiene un rol básicamente facilitador: enseña, instruye, gestiona, lidera, facilita, modera, orienta, motiva, ayuda y el alumno tiene un rol más activo y participativo: es un individuo que aprende, miembro de un grupo, etc. Hay una estrategia comunicativa que subyace en la interacción entre profesor y alumno/a, entre profesor y alumnos/as y entre los propios alumnos (tipología de Moore & Kearsley, 1996) Es decir, que aparecen patrones de comportamiento y dinámicas de interacción que no son familiares ni para los docentes ni para los discentes actuales. La relación es más cercana y se hacen necesarios elementos como la confianza, la privacidad, la colaboración como piezas básicas para que el funcionamiento del trabajo virtual y la interacción entre ambos se de satisfactoriamente, para la promoción del aprendizaje del alumno, y si se considera para la dinámica grupal mediante la creación de una comunidad como recurso de aprendizaje. Este aspecto es denominado por Kimball (1998: 32), la gestión de roles (“managing roles”) en el marco del aprendizaje virtual.
1.2.3 El cambio de metodologías educativas: nuevas formas de abordar la