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Different approaches in the devolved nations

Aparte de los errores espontáneos, los que surgen inconscientemente en el procesamiento verbal sin alterar, en un principio, la fluidez, hay otro tipo de incidencia comunicativa que es especialmente interesante para el estudio de la interferencia paramórfica. Se trata de las palabras y seudopalabras sustitutorias que afloran en estados de anomia (benigna o patológica), esto es, cuando el sujeto tiene dificultad para evocar la palabra concreta que desea decir. Estas “aproximaciones”, que se asemejan formalmente a su “target” en rasgos que coinciden con los que tiene en común el malapropismo accidental con la palabra correcta (Zwicky 1982: 125-127; Brown 1991: 219), han aportado datos muy valiosos para la descripción de la estructura del léxico mental y de los modelos de procesamiento, además de tener cierto valor de “puente” teórico entre la interferencia paramórfica más espontánea y la estable (p.e. el malapropismo clásico; Zwicky 1979; 1980; 1982), y deberían tenerse en cuenta, creemos, a la hora de explicar lo que conocemos como “etimología popular”, aunque son pocos los autores que han visto esta conexión (p.e. Fox 1984).

Se suele distinguir, para el estudio, entre los episodios de anomia que no se explican por una patología cerebral, esto es, los que se producen en sujetos sanos cuando falla momentáneamente el mecanismo de recuperación, y los que son consecuencia de un trastorno neurológico, normalmente alguno de los que se etiquetan como “afasia”. No obstante, se suele considerar al primer grupo de casos como una forma benigna del segundo, por lo cual no los trataremos aquí como esencialmente diferentes. Pero, aun teniendo en cuenta estas consideraciones, dedicaremos secciones separadas a estos grupos, de acuerdo con la forma en que se investigan habitualmente.

Así pues, cuando esta dificultad para la denominación la experimentan sujetos neurológicamente sanos, se entiende que hay un fallo puntual en los mecanismos de recuperación léxica. A este episodio benigno de anomia, descrito en la antigüedad por Aristóteles, y, siglos más tarde, ya en los albores de la psicología moderna, por Ogle

(1867: 94), James (1890: 251) y Freud (1891 y 1901), le dieron Brown y McNeill el nombre de “tip-of-the-tongue phenomenon” (1966) en un estudio, pionero y ya clásico en psicolingüística, sobre este tema.

El trabajo de Brown y McNeill se basaba en un experimento que, a partir de definiciones de palabras poco frecuentes, conseguía provocar dicho estado artificialmente, con lo que se obtenían los datos para el análisis. Dichos datos consisten, o bien en características que puede facilitar el sujeto sobre la palabra que está “en la punta de la lengua” (p.e. la primera letra, el número de sílabas, la posición del acento, etc.), o bien en palabras sustitutorias, esto es, en las que vienen a nuestra mente durante ese estado de recuperación léxica, y que rechazamos por no ser, obviamente, la palabra buscada. Normalmente estas son, hasta en un 70% de los casos, según Brown y McNeill, palabras de notable parecido formal (p.e. “Saipan” por “sampan”), aunque en otros la relación es sólo semántica (p.e. “houseboat” por “sampan”).

Más tarde se realizaron otros experimentos basados en la idea inicial de Brown y MacNeill, y se recopilaron, además, corpus con datos observacionales (p.e. Browman 1978). En líneas generales, se han confirmado con estos nuevos datos las conclusiones del primer estudio experimental: las “aproximaciones” (las palabras sustitutorias que muestran un parecido formal) y los “targets” suelen coincidir en rasgos como la letra inicial (en 50-71% de los casos, según la revisión de Brown 1991) y la final (con menor frecuencia; Brown 1991: 210), la vocal de la sílaba acentuada, el número de sílabas y el patrón acentual, aunque, como señala Brown, las correlaciones de estas dos últimas variables no son significativas en relación con las que pueden darse por casualidad (1991: 210). Estas conclusiones se aproximan a las de algunos análisis de errores espontáneos de sustitución léxica (p.e. los “malapropisms” de Fay y Cutler 1977 y los “slips of the pen” de Wing y Baddeley 1980), según el estudio analítico de Brown, aunque no se puede deducir, en opinión de este autor, que en todos estos fenómenos subyazca una única causa (1991: 220)17.

Por tanto, la evidencia superficial que aportan los datos obtenidos del fenómeno “punta de la lengua” da pie para postular la posibilidad de interferencias formales en la

17 Alan S. Brown (no confundir con Roger Brown, coautor del estudio pionero sobre el “tip-of-the-tongue phenomenon”) compara las “similar-sound words”, esto es, las palabras susitutorias de sonido similar que surgen en estados “punta de la lengua”, con varios corpus de “slips of the tongue”. Ahora bien, hay que advertir que con esta denominación se está refiriendo a los “malapropisms” recogidos por Fay y Cutler (1977), Tweney et al. (1975) y Dell y Reich (1981). También utiliza datos de Zwicky (1982) en el mismo análisis,por lo cual es probable que haya confundido –o equiparado- el “malapropism” de Fay y Cutler con el “classical malapropism”de Zwicky.

memoria léxica. Un modelo explicativo que contara con dicha posibilidad ayudaría a dar una explicación cognitiva mejor a los fenómenos de interferencia paramórfica no accidentales.

De las dos hipótesis con que se ha intentado explicar el “tip-of-the-tongue phenomenon”, la de la “activación incompleta” y la del “bloqueo”, es esta última la que mejor puede explicar el supuesto componente –o carácter- inconsciente de la etimología popular prototípica, defendido, entre muchos otros autores, por Dauzat (1948). Por supuesto, las dos teorías dan cuenta de la existencia en superficie de palabras sustitutorias, pues su afloración es una de las características del fenómeno; ahora bien, mientras que en la de la “activación incompleta” las palabras relacionadas acuden a la memoria para compensar una activación que no pudo completarse, en el modelo de “bloqueo” estas se encuentran activadas desde las fases iniciales de la recuperación, apartando al mecanismo recuperador de la ruta adecuada (el “ugly sister effect” de Reason y Lucas 198418). Es por esto que la interferencia paramórfica no accidental (malapropismo clásico, etimología popular prototípica, etc.) se explicaría mejor con un modelo cognitivo que contemplara esa potencial interferencia de elementos análogos en la memoria.

No obstante, ninguno de los dos modelos explicativos cuenta con evidencia suficiente que lo apoye. Además, la hipótesis del bloqueo no justifica por qué no afloran siempre palabras sustitutorias (Brown 1991: 216). Con todo, está claro que las “aproximaciones” basadas en el parecido formal son, evidentemente, ejemplos de alguna forma de interferencia paramórfica.

En cualquier caso, los datos del “tip-of-the-tongue phenomenon” aportan información muy valiosa sobre las propiedades que pueden recuperarse de una palabra en estados de anomia, lo cual ha contribuido, entre otras cosas, a una mejor comprensión de la afasia, de la cual hablaremos a continuación19.

Las afasias constituyen un grupo de trastornos del habla debidos a patologías del sistema nervioso central (p.e. accidente cerebrovascular, traumatismo o tumor). Pueden afectar, por ejemplo, a la capacidad de formar oraciones, a la de comprender mensajes o

18 Reason y Lucas llaman “ugly sisters” a las palabras que se interponen en la ruta de recuperación de la palabra “target”. “Ugly sister” hace referencia a las hermanastras del conocido cuento de Cenicienta, que intentaban impedir que el Príncipe encontrara a la heroína. Otras denominaciones que se han dado a las palabras que interfieren en este proceso son “blockers” (Burke et al. 1988) e “interlopers” (Jones 1989). 19 Un tipo de anomia, generalmente benigna, pero en ocasiones patológica, que ha adquirido un status especial y ha llegado a convertirse en tema de estudio independiente, es el del olvido de los nombres propios, en especial los de persona (Cohen y Burke 1993; Valentine et al. 1996; Semenza 1997)

a la de producir palabras, siendo frecuente que se vean afectadas varias habilidades lingüísticas a la vez. Las parafasias, que estudiaremos en este mismo apartado, son palabras fallidas que surgen en estos estados. Estas pueden ser palabras auténticas (aunque inadecuadas al contexto, o distintas del “target”) o seudopalabras (llamadas “neologismos” en este ámbito de estudio cuando resultan irreconocibles).

Aunque las parafasias de sustitución léxica suelen asociarse generalmente a la llamada “afasia anómica”, casi todos los pacientes afásicos (afasia de Broca, Wernicke, de conducción, etc.) manifiestan en algún momento trastornos anómicos, esto es, dificultad para nombrar las cosas y acciones de la vida cotidiana (Sánchez Bernardos 1988: 36; Brown 1991: 218; Goodglass y Wingfield 1997: 5). Asimismo, este tipo de dificultad, aparte de tenerla los sujetos afásicos y los sujetos sanos (en su forma benigna, como ya hemos visto), se experimenta a veces en casos de demencia, y se da también ocasionalmente en algunas alteraciones difusas del sistema nervioso central, en algunas histerias, e incluso en personas con problemas de lectura, en especial en casos de dislexia profunda (Sánchez Bernardos 1988: 36; Garrett 1992).

De hecho, el término “anomia” puede referirse tanto al síndrome afásico que se caracteriza por la dificultad para producir determinadas palabras como al episodio mismo de dificultad puntual, cualesquiera que sean las circunstancias. Lo que no debe presuponerse es que todos los estados anómicos tengan la misma explicación neurológica, ya que los de la afasia anómica se deben a lesiones en las áreas del lenguaje del cerebro, y los demás se producen por razones neurológicas diferentes, como en el caso de la enfermedad de Alzheimer, en la que la anomia se explica por un deterioro general de la memoria semántica (Goodglass y Wingfield 1997: 5-6).

Se suele distinguir entre: “parafasias literales” (también conocidas como “fonémicas” o “fonológicas”), que consisten en adiciones, omisiones, sustituciones o trasposiciones de fonemas en una palabra, y que dan como resultado seudopalabras semejantes al “target” (p.e “tullillo” por “tobillo”; “spink” por “sphynx”); y “parafasias nominales”, o “verbales”, en las que se sustituye una palabra existente por otra relacionada formal o semánticamente. Así, por ejemplo, “contador” por “comedor” es una parafasia verbal en la que la sustitución se apoya en la forma, mientras que “hipopótamo” por “rinoceronte” es una sustitución por relación semántica. Dentro de las dos es, naturalmente, la primera, la que se explica por alguna forma de interferencia paramórfica.

No obstante, advertimos que con las parafasias existe un problema semejante al que ya comentábamos a propósito del lapsus “lechuza” por “lechuga” (vid. 3.2.1.1) Cuando se observa en el habla de un afásico la sustitución de una palabra por otra semejante, no siempre es fácil decidir si es una verdadera sustitución léxica o una parafasia fonológica que fortuitamente da lugar a una palabra del idioma (Buckingham 1980; Sánchez Bernardos 1988: 89). No obstante, hay una serie de casos en los que es evidente que se ha producido una sustitución léxica atribuible a la relación formal

Además, para algunos autores existe una categoría de error afásico que debe diferenciarse de estos dos tipos de afasia. A esta la denominan “neologismo” o “parafasia neologística”, y se refieren con tal denominación a seudopalabras que no son reconocibles. Aunque estas son típicas de la afasia de Wernicke, también se dan en otras, incluida la anómica. Algunas de estas se pueden explicar por la codificación simultánea de dos elementos léxicos, aunque sólo en algunos casos se puede ver relación formal o semántico-formal. Por ejemplo, en “eskloot” por “igloo”, con influencia de “eskimo”, la interferencia es más bien semántica.

Pero, volviendo a las sustituciones de palabras basadas en la forma, que es el fenómeno que más nos interesa dentro del tema de la afasia, debemos destacar cómo en algunos casos se ha observado que la sustitución formal respeta el patrón vocálico del “target” (Sánchez Bernardos 1988: 345), cosa que se observa también en muchas sustituciones por lapsus, en malapropismos clásicos, en las sustituciones del fenómeno “punta de la lengua” y en la etimología popular prototípica.

3.2.1.1.3. Otros errores de origen patológico

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