Part III The Evidence Reviewed Qualitative Analysis
Chapter 5 Treatment Centres Independent Sector and NHS
5.2 Evidence
5.2.2 Differing Organisational Methods
La localidad de Chapinero durante mucho tiempo fue habitada por el pueblo Muisca, allí, un territorio regido por la siembra de alimentos como el maíz, arracacha, cubios, papa, haba y muchas otras especies alimenticias autóctonas de
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http://www.bogotamiciudad.com/MapasBogota/mapaimpresion.aspx?Lat=4.64695253018259&Long =-74.0627324581146&Nivel=14&Tipo=&MLat=&MLng=.
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la región, dan cuenta del legado cultural de las comunidades indígenas, en este caso, bifurcada la tierra en poder de dos caciques diferentes, Usaquén y Teusacá o Teusaquillo, quienes conferían tributo al Zipa19 de Bacatá y a través de la cosecha de tales productos rendían un tributo y un excedente que podía ser intercambiado en el ejercicio del trueque; tras la llegada de los españoles a este territorio, se le atribuyó a Teusacá la fundación de Santa Fé.
Durante el periodo colonial, en la localidad la orden franciscana construyó la iglesia de San Diego justamente en el Predio de Burburata y hasta el cual limitaba Chapinero en aquel entonces, así como también la edificación de otro tipo de asentamientos como la Quita de los Arzobispos, la cual alude al nombre propio del río (Río Arzobispo) que posteriormente sucumbe ante la construcción del Hipoódromo de los Espinoza, además de la realidad de cimentación de varias casas hacia la Vía Tunja. Después de un tiempo, la comunidad religiosa de los Dominicos accedió a la posesión de las tierras pertenecientes al afluente del Río Arzobispo, aquellas de la cordillera, también del Resguardo de Usaquén y de las lagunas del sector de Suba. Cabe destacar que el origen del nombre de la Localidad atañe a una curiosa leyenda la cual da prelación a un arte bastante común en la época, el arte de fabricar un tipo específico de calzado; su designación se debe a la tarea que un comerciante de calzado llamado Antón Hero Cepeda –aunque también se dice que su verdadero nombre era Sebastían Rodríguez– quien ideó un tipo de zapato particular para la mujer, adecuado para caminar en terreno rústico pero con un estilo bastante femenino de zuela alta y cuyo amarre llegaba hasta las piernas, a los que creativamente denominó chapines, útiles para conservar sus pies totalmente limpios.
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El Zipa solía ser una designación o título concedido por la comunidad Muisca al gobernante supremo de Zipasgo, la cual representaba una de las más importantes divisiones administrativas de la Cofederación Muisca, el motivo por el cual se nombraba “Zipa de Bacatá” a la autoridad encarnada, consistía en que la locación geográfica de la sede principal estaba en lo que actualmente se conoce como Funza, es decir, la capital del cacicazgo de Bacatá, Bogotá Colombia en nuestros días. Dicha figura gestada por la Diosa Chie (La Luna) y a la cual se le otorgaba la resosabilidad de la creación y aplicación de leyes, así como también la ejecución de cargos administrativos, la regulación y liderazgo del ejército y de la doctrina religiosa. Consultado en:
Gamboa M., Jorge Augusto (compilador). Los Muiscas en los Siglos XVI y XVII. Miradas desde la
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El nombre de la localidad se explica con la siguiente leyenda: cierta vez llegó un español, natural de Cádiz, de nombre Antón Hero Cepeda, a contraer nupcias con la hija de un potentado cacique de Usaquén, dueño de varias tierras en lo que hoy es Chapinero, y adquiere una estancia de 150 hectáreas, ubicando su residencia a la orilla del camino de la sierra (carrera 7 N° 59-74, actual estación de gasolina). Este gaditano se dedicaba a la fabricación de chapines, un tipo de calzado consistente en suela de madera y correas de cuero con las que se sujeta el pie, y que sirven para protegerse de los charcos y el barro; y como al que hace zapatos se le llama zapatero, al que hace chapines se le llama chapinero. Aunque otros dicen que el origen viene de la marca del calzado El Chapín Hero. Para los santafereños se volvió costumbre llamar así al caserío, y de esta manera empezó a denominarse desde 1812. (Lozano, 2008, p. 16).
Un aspecto a resaltar de Chapinero es que personas que gozaban de gran reputación se instalaron a vivir en quintas o casas de estilo republicano, fenómeno que marcó una clara evolución en la reconfiguración de la ciudad de Bogotá en términos generales y que se consolida con la toma de posesión de potreros por parte de personal particular; en 1554, el conquistador Juan Muños de Collantes se apoderó de un terreno en función del pastoreo y crianza de porcinos y vacunos, como una más de las actividades comerciales de la zona.
De la misma manera, la comunidad religiosa de los Dominicos hizo patente en la adquisición de parte del territorio cuyo destino fue la creación de un latifundio con haciendas, una de ellas se denominó Chapinero y las dos restantes, Rosales y Camargo, fueron adquiridas posteriormente, es decir, medio siglo después.
De otra parte, la orden de los Jesuitas destinó un predio en la Carrera 10 con Calle 65 para la construcción de un noviciado, en ese lugar había un ambiente propicio para tal fin contando con una huerta y un solar, donde se estableció una cátedra de teología, también había una pequeña capilla a la cual las familias de los hacendados asistía con regularidad sobre la Calle 60 con Carrera 10. Trascurrido el momento en el cual se hicieron evidentes los familiares de los próceres de José María Carbonell y de don Primo G. la tasa demográfica empezó a incrementarse considerablemente, viéndose como una necesidad de primera mano la
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incorporación de una capilla para el culto de la Inmaculada Concepción que para el año 1812, fue terminada y denominada Virgen de Chapinero, tiempo después, justamente para el año 1875 un 8 de diciembre, se dio pasó a la cimentación de la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, sobre la capilla de la Virgen, una edificación Neo gótica20 morisca, estilo que además afirmaba el sentir de la doctrina católica frente a la profunda devoción a Dios y a la Virgen Santísima, y que fue consolidada gracias a la gestión del Arzobispo Vicente Arbeláez, ello en vista de la imposibilidad de brindar cobijo cabal a la creciente población que se expandía en el territorio y que como efecto colateral, propició la apertura de vías y la construcción de casas quintas, de igual manera, el comercio empezó a extenderse a un ritmo acelerado, siendo desde entonces, uno de los más influyentes de la capital; no obstante, en 1917, la estructura sufre un accidente radical por acción de los temblores que para ese año, se precipitaron en el territorio; aun así, don Julian Lombona, es decir, el arquitecto de la iglesia, logra finalizarla con éxito pese a los inconvenientes que se manifestaron en dicho proceso, pues además de los temblores, las guerras civiles y una difícil situación económica, fue el empeño del arquitecto, y la devoción de los creyentes, la condición que garantizó verla cimentada en nuestros días.
Otro de los avances que permea al territorio de Chapinero es la instauración del Tranvía, un servicio auspiciado tras la intervención de don Ramón Jimeno, en cuyo tiempo solía ser el dueño y director del Acueducto de la ciudad y propietario de uno de los terrenos de la zona en mención, esta obra se llevó a cabo el 25 de diciembre de 1884 y en sus inicios fue impulsada por tracción animal (mulas), haciendo su recorrido por la Carrera 13 hasta el Parque Santander y que posteriormente se amplió hasta la calle 67. En 1910, se instalan los primeros tranvías eléctricos, que no contaron con el apoyo de los curas, quienes los censuraban desde los púlpitos. Igualmente, comienza a funcionar la línea norte del
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A mediados del siglo XIX, el diseño Neo Gótico era asumido como la mejor opción en lo que a construcción de templos de oración o iglesias se refiere, inclinación auspiciada por el arquitecto francés Emmanuel Eugene Viollet-le-Duc (1814-1879).
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ferrocarril, cuya estación de Chapinero se ubicaba en la Avenida Caracas con calle 62,”(Lozano, 2008, p. 17).
Para el año 1885 durante el 17 de diciembre y tras la firma de un Acuerdo Municipal, la comunidad en mención se declaró oficialmente como Chapinero, básicamente la comunidad de chapines estaba compuesta por familias de alto status social o de alcurnia, algunas de ellas como los Grau, Orrantía, Mejía, Valencia, Diago (pasando por alto algunas otras) cuyas primeras casas se fabricaron con tejado, ocasionalmente pensado al estilo inglés y con la ayuda de un arquitecto que direccionara su construcción.
De otra parte, se evidencia para el año 1886 la presencia de un sector comercial importante como lo es el fabril dando relevancia a la venta de prendas para dama, caballero y niños, aunque también se comercializaban artículos para el hogar, el almacén Maniquí (necesario para aquel entonces para el suministro de aquellos artículos), localizado en la Carrera 13 con Calle 60 fue el pilar del comercio en el sector, cuyo propietario don Demetrio Padilla, responsables en el impulso de tal iniciativa, incorporó allí una sucursal, ya que existía con antelación una sede principal en el centro de la ciudad. Numerosas tiendas de comestibles tuvieron lugar en ese periodo.
Cabe destacar que en Chapinero también se consolidó la cimentación de un hipódromo, que junto a las primeras partidas de polo durante 1886, contribuyeron a hacer de éste, un lugar emblemático para el disfrute e interacción social a través de actividades deportivas.
Aunque las carreras de caballos son bastante antiguas, estas se realizaban en los espacios potreros de la sabana, y principalmente en un campo situado cuatro cuadras abajo del templo de Chapinero. De modo que el primer hipódromo de carreras construido a la moderna fue el de “La Gran Sabana”, de Carlos José Espinosa y Rafael Espinoza Guzmán, situado en los predios de la Magdalena, hoy barrio de este nombre, y entre las calles 36 y 40, occidente de la carrera 13. Fue bendecido este primer
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hipódromo por el venerable Padre Rafael Almanza, el 14 de julio de 1898 fecha en la cual se realizaron varias pruebas de caballos y carreras en bicicleta. (Ricaurte, 1967, p. 62-63).
Entrado el año 1887, geográficamente Chapinero comprendía en su mayoría un territorio cobijado por haciendas en donde predominaba el cultivo de trigo y la presencia de algunos árboles frutales y la posibilidad de veranear allí, algunas de ellas era “Teusaquillo, otra La Magdalena, otra Marly, y otra serie de fincas como La Merced, Palermo, El Campín, Los Rosales, La Gruta, Quinta Mireya, El Bosque, El Chicó y Villa Sofía (propiedad del general Rafael Reyes), entre otras.” (Lozano, 2008, p. 17).
Ahora bien, en cuanto a las dinámicas de salubridad, cabe destacar que para el año 1904 la sociedad Casas de la Salud y de Sanatorios intervino en la adquisición de la Quinta Marly, la cual se dispuso como la primera sala de maternidad de la ciudad, denominándose como Clínica Marly de manera oficial para 1923. Para el año de 1914 hubo una serie de renovaciones urbanas, la primera auspiciada por don Agustin Nieto Caballero con la construcción del Gimnasio Moderno cerca al Lago Gaitán así como también la cimentación de la Villa Adelaida obra de Juan Pablo Cruz y Yarleys Pulgarín, posteriormente, para 1919 se crea la Sociedad de Mejoras Públicas cuyo nombre alude a su función, el levantamiento de la Avenida Chile en la propiedad de don Germán Cárdenas, adicionalmente la orden franciscana compró el terreno donde actualmente se encuentra localizada la Capilla de La Porciúncula en honra y adoración de San Francisco de Asís.
Un rumor interesante suscitó un agente misterioso dentro de la historia de Chapinero, donde la muerte del torero Leandro Sánchez bajo el seudónimo de “Cacheta” tuvo lugar en condiciones no esclarecidas, tal suceso ocurrió en la Quinta Camacho, propiedad de don Eduardo Camacho quien además era dueño de un extenso terreno ubicado sobre la Calle 67 y por supuesto la quinta en mención sobre la Calle 68 con Carrera. Barro Colorado, hacienda polémica a causa del anteriormente mencionado acontecimiento, fue adquirida por parte de
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don Enrique Pardo Roché, póstumo en 1922, la finca contaba con 346 hectáreas que el señor Pardo repartió a sus 5 hijos; Eduardo y Alejandro Pardo Rubio (hijos) se dedicaron, tras la adquicisión de los terrenos, a la fabricación de ladrillo ya que en los chircales de los páramos existe una clase de barro “colorado”, óptimo para tal fin, hoy día corresponden a varias zonas del barrio Pardo Rubio. De tal manera que Eduardo crea un horno en función de aumentar la plusvalía al aire libre sobre la Calle 51 con Carrera 4 y su hermano Alejandro construye otro sobre la Calle 47 con Carrera 7, y para el año 1928 se consolida el primer horno tecnificado. Entonces:
La zona de los cerros se convirtió en la despensa de la industria de la construcción de la época. Aparte de los Pardo Rubio, Cementos Samper tenía una central de mezclas en lo que hoy es la Pontificia Universidad Javeriana, y existía una calería en la calle 47 con carrera 7. Igualmente, de la montaña se extraía piedra, carbón, arena y madera. Fue tal el impacto de la explotación minera en la zona que el pavimento de la calle 50, entre carreras 7 y 16, comenzó a levantarse debido a la explotación de las canteras con dinamita que hacía Cementos Samper, por lo que se vieron obligados a suspender tal práctica y trasladarla al sur, a orillas del río San Cristóbal, y al norte, a Usaquén. (Lozano, 2008, P. 18).
El Parque Nacional Olaya Herrera también hace parte fundamental de la historia de la localidad. Éste fue construido en honor a la conmemoración de los 400 años de la ciudad y por la ejecucuión de la Ley 50 de 193121, gracias a la intervención arquitectónica de PilarQuintero y Yarleys Pulgarín; cuenta con una extención de 283,4 hectáreas divididas en 3 difererentes localidades: Santa Fé, La candelaria y Chapinero acaparando las laderas escarpadas del Río Arzobispo en sentido sur y norte, y encontrándose ubicado sobre la Carrera 7° con Calle 36. Fue construido durante el periodo de 1933, el escenario sufre una serie de transformaciones
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La Ley número 50 de 1931 del 17 de abril en relación al desarrollo de Bogotá considera: Artículo 1°: Declárense de utilidad pública la obras que lleven a cabo conjuntamente la Nación, el Departamento de Cundinamarca y el Municipio de Bogotá para la higiene, saneamiento, embellecimiento o adelanto en general de la ciudad de Bogotá, mediante la construcción o reconstrucción de edificios o de barrios, apertura o ensanche de vías, plazas, parques etc. (Herrera, 1931, p. 1-2).
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gracias a la cáptación del terreno de la Cascajera en 1936 y otros localizados sobre la Carrera séptima para el año 1938,
Durante este periodo se construye una serie de edificaciones destinadas a alojar servicios complementarios como quioscos, un teatro-biblioteca infantil (obra del arquitecto Carlos Martínez que individualmente tiene declaratoria como Bien de interés Cultural del ámbito Nacional), un edificio con salones para el uso de los deportistas, una pequeña biblioteca para adultos entre otras (Quintero & Pulgarín, 2015).
Ciertamente, el Paque Nacional como patrimonio posee en su estructura y diseño una caracterización paisajística al estilo inglés y al estilo francés; en el primero se acentúa la invariabilidad de los elementos naturales presentes en el bosque, específicamente en las zonas montuosas del parque; en el segundo sobresale la adecuación de zonas verdes en forma geométrica justo en la parte baja del hábitad recreativo, por último, como símbolo reconocible, además de la estatua de Olaya Herrera, se encuentra a disposición el público “El Reloj”, el cual fue donado como obsequio por la comunidad suiza que vivía en el sector en el año 1938.
El Bogotazo como momento histórico que determina el devenir de la ciudad de Bogotá, también lo hace con Chapinero; justo después de este incidente, la localidad se ve obligada a autogestionar una empresa de transportes para amortiguar el declive a cual el servicio del Tranvía había sido expuesto, debido a que no daba abasto en el flujo de población flotante, además del elevado costo por la prestación del mismo, importando los vehículos; sin embargo, el transporte privado urbano acaparó o si se quiere, lo absorbió sustancialmente. Tras la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, donde una horda iracunda desencadenó la quema completa de múltiples viviendas así como el hurto de las pertenencias de los residentes del sector, otras casas, quedaron semidestruidas; el periodo de la “Decadencia” había tocado las puertas de Chapinero;
Firmas importantes del centro de Bogotá, por ejemplo, J. Glottman sufrieron las consecuencias directas de la muchedumbre que les quemó y destruyó sus negocios; propiciando su traslado a Chapinero. El barrio residencial se vio invadido pues la
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mayoria del comercio del centro se radicó definitivamente en el sector, que ofrecía ventajas tales como seguridad, facilidad de acceso y mercado. Es así como los primeros almacenes modernos se ubican sobre la Avenida Caracas. (…) la Carrera 13 empezó a evolucionar de residencial a comercial, y aunque en las otras carreras como la 15 y la 16 se ven muchas casas, la presión del comercio va invadiendo los sectores (Castañeda, 1989, p. 13).
Para el año de 1989, se ve implícito en la espacialidad de “El Lago y sus alededores” el fenómeno que obligó a muchas familias a reubicarse con el traslado de grandes centros comerciales a barrios residenciales como sucedió en Chapinero, específicamente en lo que enclaustra las calles 63 y 85, con las carreras 13 y 14 (principalmente); de esta manera, la localidad de Chapinero logra consolidarse como un espacio abierto para la diversidad, según la arquitecta Silvia Arango (1990), el tránsito por las calles de la localidad no era exclusiva de la gente adinerada, puesto que con el advenimiento de intelectuales y artistas, el matíz de Chapinero empezó a cambiar: “Chapinero empezó a transfomarse en un chorizo. La antigua carrera 13 fue devorada por establecimientos comerciales y los bogotanos iban los sábados y domingos a “regatear” precios, o simplemente a ver en las vitrinas los nuevos productos que ofrecía la sociedad de consumo” (Castañeda, 1989, p. 14).
Asímismo, preferencias como la música o el cine tuvieron una fuerte acogida; sonidos de antaño interpretados por Carlos Gardel, Leo Marini y Hugo Romani centraban la atención de la población gracias a surepreducción en vitrolas y traganíqueles de la época. En cuanto al cine, “Una de las diversiones más placenteras era ir a matiné a ver las películas de Clack Glabe o Marlene Dietrich, en los dos teatros del sector, el Caldas y el Imperio” (tomado de: Carvajal, Alfonso “Del carruaje de bueyes al tranvís y los nickers”, El Tiempo, 21 de enero de 1985) tomado a su vez de(Castañeda, 1989, p.12).
Chapinero evidentemente ha enfrentado múltiples transformaciones que pugnaron su consolidación como una de las localidades más representativas de la ciudad de
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Bogotá especialmente en el sector financiero y comercial, la construcción de la Avenida Chile, del Centro Andino en 1992; Granahorrar en 1983; la Bolsa de Bogotá en 1994; World Trade Center en 1986 (por citar algunos ejemplos) dan cuenta de su evolución y transmutación, incluso en el tránsito de los años ochenta y noventa, la imbricación de otra serie de barrios fomenta el crecimiento de la localidad, pese a que su origen se remonta a una condición de invasión e desestabilización en algunas zonas de reserva forestal, principalmente en los terrenos aledaños a barrios como Villa del Cerro, Villa Anita, Las Acacias, Juan XXIII y en el emplazamiento próximo a la vía a La Calera en barrios como San Isidro, San Luis y La Esperanza), aun cuando las disputas con las fuerzas coercitivas del estado no dieron tregua. En todo caso, la localidad de Chapinero