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3.2 Phase 2: Field activities and data collection

3.2.6 Difficulties faced during community interviews

El dolor crónico puede inducir anorexia, pér- dida de peso y detención del crecimiento. Se debe iniciar el tratamiento con analgésicos no narcóticos, y en los casos graves, opiáceos. La administración regular de enzimas pancre- áticas orales con la comida puede reducir la frecuencia o intensidad del dolor, como con- secuencia de una inhibición de la secreción pancreática.

Se ha utilizado el octreótido análogo de somatostatina, que inhibe la liberación de colecistoquinina y la secreción pancreática vía neuronal.

En los casos en que el dolor no cede con los tratamientos médicos, se procede a la inter- vención quirúrgica, para lo cual se debe reali - zar colangiografía endoscópica o mediante

resonancia para ayudar a escoger la mejor téc- nica quirúrgica.

Malabsorción

La malabsorción se debe tratar mediante enzi- mas pancreáticas orales y con un aporte nutri- cional que evite la malnutrición y la deten- ción de crecimiento.

Tratamiento

El tratamiento de la pancreatitis crónica no complicada es habitualmente médico. En el caso de que existan factores predisponentes, deben ser eliminados o modificados con métodos médicos o quirúrgicos.

El dolor suele ser más intenso en los primeros episodios que cuando la enfermedad ha evo- lucionado.

La base del tratamiento es similar al referido al hablar de la pancreatitis aguda, y el trata- miento de las complicaciones ya ha sido tra- tado con anterioridad.

Es habitual que estos pacientes necesiten un soporte nutricional, con dietas de alto conte- nido energético suplementadas con grasas y vitaminas liposolubles. En los casos de malnu- trición severa, se necesitará una nutrición parenteral total, y en el momento en que se pueda utilizar el tracto digestivo, una nutri- ción parenteral con sonda nasogástrica o sonda de gastrostomía.

Por último, la aparición de diabetes mellitus complica aún más la nutrición de estos pacientes, que necesitarán manipulaciones dietéticas como tratamiento para su diabetes.

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Concepto

Entendemos por reflujo gastroesofágico (RGE) el retorno sin esfuerzo del contenido gástrico a la boca, de forma esporádica y espe- cialmente en el período posprandrial, que acontece con una prevalencia de hasta el 18% en lactantes. Cuando este fenómeno incrementa su frecuencia e intensidad, puede llegar a superar la capacidad defensiva de la mucosa esofágica y provocar una enfermedad por RGE (ERGE), con sintomatología varia- ble, evidente o silente, típica o atípica, con repercusiones clínicas, que no siempre se logran controlar con tratamiento médico, provocando ocasionalmente esofagitis (0,5%) y/o estenosis esofágicas (0,1%).

Fisiopatología

La eficacia del complicado sistema antirreflu- jo para evitar el paso retrógrado gastroesofági- co está limitado en el recién nacido y el lac- tante pequeño, ya que la peristalsis esofágica, la competencia del EEI y la anatomía del esó- fago intraabdominal, entre otras, maduran con la edad posnatal. La barrera anatómica antirreflujo y especialmente las relajaciones espontáneas e inapropiadas del inmaduro EEI del lactante han sido implicadas como partí- cipes del RGE, aunque también se ha podido demostrar su presencia ante la normalidad estructural de estos elementos1.

Clínica

Las bases diagnósticas del RGE, siguiendo las recomendaciones de la NASPGN2, se estable-

cen sobre dos pilares: la historia clínica y las pruebas complementarias.

La historia clínica debe analizar los síntomas y signos digestivos, respiratorios y otros que se presentan cuando existen complicaciones que son muy variables, siendo los más frecuentes y específicos las regurgitaciones sin esfuerzo y sin náuseas y los vómitos (tabla I).

Hay que diferenciar dos situaciones: los niños que regurgitan con frecuencia pero que llevan una adecuada ganancia ponderal y no tienen síntomas de complicaciones, y los niños con regurgitaciones o vómitos que además tienen una curva de peso estacionaria o descendente y otros síntomas sugestivos de complicaciones de RGE. En el primer caso se trataría probable- mente de regurgitaciones "fisiológicas" por inmadurez fisiológica cardiohiatal, sin repercu- sión patológica y sin necesidad de pruebas diag- nósticas, que únicamente requieren vigilancia clínica mantenida para comprobar la eficacia de las recomendaciones dietéticas y posturales comunicadas a los padres. Por el contrario, en los niños que tienen vómitos copiosos o regur- gitaciones constantes con repercusión en su desarrollo pondoestatural, debemos investigar signos de alarma del lactante vomitador (tabla II) y precisar un estudio minucioso y un trata- miento adecuado. También es posible que un niño presente episodios de RGE que no se acompañen de signos de enfermedad3.