Chapter 3 Data Collection and Analysis
4.3 Digging the foundations
Esta corrientes filosófica influyó en el México del siglo XVIII, ya que a partir de esta época se observa el desarrollo más intencionado de la ciencia en nuestro país, lo que ayudó a que se formaran varias sociedades u organizaciones científicas que impulsaron el desarrollo de la ciencia, ya que con ese fin se crearon.
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Se entiende como Ilustración a un movimiento intelectual con base en un conjunto de ideas filosóficas que enfatizan en la razón, como solución de muchos de los males de la humanidad. La razón aplicada a través de los conocimientos científicos difundidos, gracias a la educación (los ilustrados creen en la necesidad de alfabetizar al conjunto de la población), se convierte en una herramienta esencial para el progreso de la humanidad. La confianza en la razón, la defensa de las libertades individuales, de la tolerancia religiosa y el optimismo ante el futuro son rasgos característicos de muchos de los llamados ilustrados (Ruiz, 1994).
El concepto Ilustración hace referencia a la “luz” que arroja la razón al abordar muchos asuntos, considerados antes misteriosos. En muchos idiomas, el movimiento se denomina con una palabra que hace referencia a esa luz clarificadora de la razón: iluminismo (Italia), Enlightenment (Gran Bretaña).
En el origen de este movimiento, desarrollado en el siglo XVIII, “Siglo de las luces”, se encuentran la difusión de la filosofía empirista inglesa, que afirma que
todo conocimiento proviene de la experiencia, y el espíritu científico difundido por Newton, matemático y científico inglés que desarrolló su obra en las últimas décadas del siglo XVII, y sus seguidores, que pondrán las bases de la llamada ciencia moderna: toda teoría científica deberá ser probada mediante experimentos, idea ya anticipada a comienzos del siglo XVII por los trabajos del astrónomo italiano Galileo.
De esta manera, la Ilustración considerada por muchos como una corriente filosófica francesa, tiene claramente una inspiración británica. Sin embargo, sus
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figuras más importantes serán en buena parte un grupo de pensadores franceses (Les philosophes), entre los que destacan Diderot y D´Alembert, Voltaire, Montesquieu y Rousseau.
Estos pensadores tienen ideas muy diferentes, pero globalmente coinciden en la valoración de la inteligencia humana, de la razón, como instrumento que puede desvelar los secretos de la naturaleza y proporcionar técnicas que mejoren no sólo las condiciones materiales de la humanidad, sino hacer mejores, éticamente, a los humanos.
De los pensadores que defienden esta corriente filosófica sólo se disertará alrededor de tres, porque su influencia llegó hasta al continente americano e influyó en la dirección que tomaron algunos países de América; en el caso particular de México, tuvo que ver con la guerra de Independencia, por ejemplo, y, por lo tanto, las ideas de los pensadores fueron determinantes. Se enlistan a continuación: Voltaire, sobrenombre de François Marie Arouet, aportó fundamentalmente una defensa apasionada de la libertad de pensamiento y una consecuente crítica a cualquier forma de fanatismo e intolerancia; en particular, hizo blanco de sus dardos a las religiones que predican la persecución de quienes no las practican. En sus numerosos escritos defendió las posibilidades de la razón y los beneficios de la libertad de pensamiento y criticó la superstición, el oscurantismo, el fanatismo y la intolerancia, como males contra los cuales se debe luchar. Voltaire, personalmente no dudó en implicarse en complicados asuntos de su época, convirtiéndose en un ejemplo de lo que mucho después se llamará el intelectual comprometido.
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Montesquieu es conocido sobre todo como el autor de una de las obras más influyentes del pensamiento político contemporáneo, El espíritu de las leyes (1748), obra en la que, entre otros muchos asuntos, pasa revista a las diferentes formas de organización política en el mundo.
En concreto, al tratar las modernas leyes inglesas hará una defensa inequívoca de la necesidad de que los diferentes poderes de un Estado, tres según su concepción política (poder legislativo, poder ejecutivo y poder judicial), no se encuentren nunca en manos de la misma persona u organismo, sino separados, de forma que unos sirvan para frenar los posibles abusos de los demás. Así se evita caer en la tiranía.
Su teoría del equilibrio de poderes no sólo influirá en los redactores de la Constitución Francesa de 1791, sino que ya antes puede detectarse su influencia en quienes, como Thomas Jefferson, dirigieron el proceso de independencia y participaron en la redacción de la Declaración de Derechos del Estado de Virginia y de la Constitución de los Estados Unidos de América, en 1789.
Rousseau, colaborador de la Enciclopedia, influyó también en las revoluciones políticas de la era contemporánea de forma decisiva, en especial con sus teoría de la voluntad general; esto es, defendía que el poder no tiene el origen divino que exponen los defensores de la monarquía absoluta, sino que el poder reside en todos y cada uno de los miembros del pueblo. La idea de soberanía nacional (el soberano es el pueblo, la nación) está presente en todas las constituciones liberales que se redactan desde finales del siglo XVIII, y es aún hoy la base de nuestras modernas democracias.
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Rousseau cree en los llamados derechos naturales del hombre: los hombres nacen libres e iguales en derechos, pero a lo largo de la historia los diferentes regímenes políticos los han corrompido. Es hora, según Rousseau, de fundar un nuevo sistema político con base en esa igualdad de derechos, en la soberanía nacional.
Las ideas de Montesquieu y Rousseau se reflejarán tanto en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 y, como ya hemos visto anteriormente, en las varias constituciones que se redactaron durante el proceso revolucionario francés, así como en la Constitución de los Estados Unidos de América (González,1973).
La idea de que los poderes del Estado deben permanecer separados para que se controlen unos a otros, y la idea de que los gobernantes deben ser elegidos por el pueblo con el ejercicio de la soberanía nacional, siguen siendo ambas el fundamento de los múltiples regímenes con base en las teorías del liberalismo político, que desde el siglo XVIII se han ido fundando sobre la Tierra.
La política del despotismo ilustrado se propone la potenciación del Estado, cuya encarnación es el monarca, según la frase atribuida a Luis XIV: “El Estado soy yo”.
La potencia del Estado se manifiesta por su riqueza, con la que se logra y se aumenta la felicidad de los súbditos, capaces de disfrutar de mayor suma de bienes de consumo, con la que el Estado puede resolver mayor suma de necesidades de todo orden, y con la que se puede disponer de unas fuerzas armadas capaces de defender victoriosamente los intereses y los bienes de la sociedad y del Estado.
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El despotismo ilustrado acelera el proceso de robustecimiento del Estado moderno, que tiende a profundizar y ampliar el contenido del Estado de la Edad Media. Su acción se proyecta sobre todos los planos de la actividad humana, con una voluntad transformadora; su política es reformista en lo económico, científico, social, administrativo, religioso y político (Domínguez, 1990).
La influencia de las corrientes filosóficas de estos tres pensadores fue determinante en el avance de la ciencia en el mundo; su pensamiento ayudó que las personas pudieran hasta cierto punto apoyar los cambios. Además, influyeron también para que se presentaran cambios, o revoluciones científicas, como menciona Kuhn, específicamente en la química.
Con respecto a México, influyeron en la conformación de un gobierno independiente, con ciertas normas que ellos enunciaron en sus corrientes de pensamiento; asimismo, propiciaron el crecimiento de las ciencias en este país, ya que sus corrientes de pensamiento fueron más abarcantes, no sólo incluían a las clases sociales privilegiadas.