Chapter 4. Software Architecture
4.3 Digital control system
Alejandro García Sanjuán Introducción
Los parámetros en los que ha de articularse el desarrollo de mi intervención, establecidos en el propio título de la m isma, se vinculan a tres vectores: un espacio geográfico, un período de tiempo y un tipo de información concretos. Por lo tanto, me remitiré, en primer lugar, a las características generales englobadas bajo dichos tres vectores.
El ámbito geográfico es el del territorio onubense y, de manera más concreta, el de la cora de Niebla, ciudad que actuaba como centro administrativo de un espacio que, durante la época musulmana, se extendía, aproximadamente, por unos dos tercios del actual territorio provincial, incluyendo las comarcas de la Tierra Llana y el Andévalo.
El arco cronológico es el abarcado por el dominio de la dinastía almohade, que en la zona de referencia se prolonga a lo largo de un período de ochenta años. El punto de partida es la disolución del orden almorávide, que se inició con la revuelta de Ibn Qœsæ en Mértola, si bien el dominio almohade no se afianzó de forma definitiva hasta la conquista de Niebla en 549 H/1154, extendiéndose hasta la proclamación de Ibn Ma¥f@ƒ en 629 H/1234 como señor independiente en dicha ciudad. En términos relativos, ello significa que la época almohade representa menos del 15% de los cinco siglos y medio de presencia musulmana en el ámbito onubense, desde la conquista de 712 hasta la toma de Niebla por Alfonso X en 1262.
El tercer vector al que se remite el título de mi intervención es el de la información procedente de las fuentes escritas. En un trabajo anterior he podido abordar de manera global la aportación de dichas fuentes respecto al estudio del ámbito onubense durante la época andalusí, poniendo de manifiesto las principales características de una información que, en general, resulta insuficiente y fragmentaria, tanto desde el punto de vista cronológico como temático y espacial, y muy inferior a la disponible en relación a zonas limítrofes, como la cora de Sevilla, sobre la cual las fuentes árabes son mucho más abundantes y completas. En conjunto, los datos que suministran las fuentes se refieren a tres parcelas temáticas muy concretas: la dinámica política, el poblamiento y la toponimia y la actividad intelectual desarrollada por
La etapa almohade responde plenamente a los comentados parámetros que caracterizan, en general, la proyección del territorio onubense en las fuentes árabes. No obstante, si hacemos un balance comparativo entre el porcentaje que representa la etapa almohade respecto al conjunto de la época musulmana y el volumen de información que podemos adscribir a ella, lo cierto es que resulta ser un período más prolijo en información que los anteriores. Ello es especialmente notorio por lo que se refiere al estudio de los hombres de religión, ya que la mayor parte de los ulemas y alfaquíes iliplenses de los que tenemos noticia se insertan cronológicamente dentro de nuestro período.
Partiendo de estas consideraciones preliminares, las páginas siguientes se centran en el análisis de las tres comentadas parcelas temáticas susceptibles de análisis a partir del registro documental, que sólo nos permite llevar a cabo una aproximación general a las principales manifestaciones relacionadas con cada una de ellas.
Dinámica histórica
El fin de los reinos de taifa y el comienzo del dominio almorávide marca el inicio de una nueva fase en la Historia de al-Andalus, cuyas características son muy diferentes de la anterior. En efecto, mientras que durante las épocas emiral y califal el panorama aparece marcado por la preponderancia de los problemas internos, en cambio el período que se inicia a partir de finales del siglo XI estará determinado por la vigencia de los aspectos externos, y ello desde una doble vertiente.
En primer lugar, desde su sumisión por los almorávides, al-Andalus pasa a ser un país dependiente de un poder político exterior, cuya sede radica en Marrakech. Ello significa que, hasta la constitución a mediados del siglo XIII del reino nazarí de Granada, no habrá un Estado propiamente andalusí, y además muy mermado territorialmente, de forma que la dinámica política de al-Andalus se va a ver afectada de manera directa por los sucesos que tengan lugar en el Norte de África, sobre todo en Marruecos. El segundo aspecto donde queda de manifiesto la preponderancia de los problemas externos en esta segunda fase de la evolución de al-Andalus es la relación con los reinos cristianos peninsulares. Si hasta comienzos del siglo XI el Estado islámico cordobés había sido capaz de mantener el control de sus territorios y de defender las fronteras, a partir de la caída del califato la situación experimenta un cambio total. La balanza de poderes se invierte y desde entonces los reinos cristianos van a llevar la iniciativa, comenzando un lento pero imparable y casi continuo retroceso territorial musulmán que no se detendrá, y sólo de forma momentánea, hasta finales del siglo XIII, culminando con la conquista de Granada en 1492.
Teniendo en cuenta este predominio de las cuestiones externas, a la hora de verificar su operatividad sobre el territorio onubense es preciso establecer algunas matizaciones en relación a otras zonas de al- Andalus. Debido a su alejamiento de la frontera con los reinos cristianos, la amenaza enemiga no se manifestará hasta la segunda mitad del siglo XII y el proceso de pérdidas territoriales no se hará sentir hasta entrado el siglo XIII, una vez ya desaparecido todo vestigio de autoridad almohade en al-Andalus. Sin embargo, dicho retroceso territorial sí que tendrá consecuencias indirectas, por lo que el mismo supone de crisis sobre las estructuras de poder de las dinastías almorávide y almohade, así como por la pérdida de apoyo de la población local, dado que la justificación de su establecimiento en el poder era, sobre todo, la de restablecer el orden interno, reinstaurar la unidad territorial de al-Andalus y proteger las fronteras.
El fin del dominio almorávide y las “segundas taifas”: la revuelta de los novicios sufíes
El establecimiento del dominio almohade viene precedido por una fase de intercesión marcada por el declive de los almorávides y el desarrollo de una breve fase de fragmentación política previa a la
instauración del nuevo orden. La transición entre los períodos almorávide y almohade en la zona de Niebla está marcada por el desarrollo de la revuelta de los murædæn, encabezada por Ab@-l-Qœsim A¥mad
b. al-Ëusayn b. Qœsæ, que fue el primero en proclamar en al-Andalus la legitimidad almohade2. A lo largo
de esta etapa, que podemos situar cronológicamente durante la década que transcurre entre los años 539- 549 H/1144-1154, la figura dominante en Niebla fue Y@suf al-Bi§r@^æ, que se integra en el movimiento de Ibn Qœsæ y ejerce el control político de la zona hasta el año 545 H/1151.
La base ideológica que sustenta del movimiento se vincula al desarrollo de las tendencias sufíes, como se refleja en su propia designación, ya que el término muræd (pl. muræd@n) designa, en el lenguaje místico, al novicio que se inicia en la vía espiritual sufí. A esta base sufí se añaden componentes de carácter escatológico y mesiánico, ya que Ibn Qœsæ reivindicó el imamato y proclamó ser el mahdæ, es decir, “el bien
guiado”, restaurador de la justicia que habrá de gobernar antes del fin del mundo3. Esta base ideológica
sirvió de sustento a un movimiento armado de oposición a los almorávides, cuya naturaleza insurgente queda de manifiesto en la propia forma en que las fuentes árabes lo designan, empleando los términos
÷awra4y fitna5, que nos remiten a su carácter revolucionario y sedicioso. De esta forma, pese a las bases
espiritualistas y místicas del movimiento, en realidad es probable que Ibn Qœsæ recogiese el descontento de amplios sectores de la sociedad andalusí frente al dominio almorávide, tanto en los ámbitos populares como entre los medios intelectuales y jurídicos.
Las biografías de los dos principales cabecillas del movimiento, Ibn Qœsæ e Ibn al-Munøær, ilustran el sentido espiritual que nutre su ideología. Ambos procedían de importantes familias de origen muladí, pero donaron todas sus riquezas como limosna y se alejaron de la vida mundana, entregándose por completo a la reflexión espiritual. Ibn Qœsæ ejercía como almojarife en Silves y, tras deshacerse de sus bienes, se dedicó
a una vida itinerante, hasta fundar una rábita en una aldea de Silves6. Asimismo, al-Munøær se retiró a
un ribœ§ situado en la costa y llamado “el arrayán” (al-ray¥ana)7. Ello subraya la relación del movimiento
de los murædñn con las corrientes reformadoras del Islam, al igual que había sucedido con los propios almorávides, cuyo movimiento nació en un ribœ§.
Ibn al-Ja§æb afirma la amplia difusión de estas corrientes en la zona del Occdidente andalusí,
especialmente en Silves, pero también en Niebla y Mértola8. La difusión de las tendencias místicas en la
zona onubense queda de manifiesto a través de diversos personajes vinculados a los dos principales sufíes
de la época, Ab@-l-Ëakam b. Barra^œn y Ab@-l-‘Abbœs b. al-‘Aræf9. Discípulo iliplense del primero de ellos
fue Mu¥ammad b. ‘Abd Allœh b. Mu¥ammad b. Jalæl al-Qaysæ (m. 570 H/1174-1175)10 y con ambos estudió ‘Abd al-Gaf@r b. Ismœ‘æl b. Jalaf al-Sak@næ, perteneciente a uno de los principales linajes iliplenses de hombres de religión y cuyas cualidades personales coinciden con el perfil ideológico de los sufíes: primero su condición de individuo carismático (min ahl al-karamœt wa-i^abat al-du‘œ) y de otro lado el desprecio por lo material, salvo en el nivel de lo estrictamente necesario, dando todo lo demás a los pobres y necesitados. No obstante, al parecer no se identificó con el movimiento de Ibn Qœsæ, ya que salió huyendo hacia Oriente tras el estallido de la fitnat al-murædæn wa-l-fuqahœ’ a mediados del año 540 H
(24.6.1145 / 12.6.1146) y allí murió11.
Otros personajes de origen onubense mantuvieron una relación directa con el propio fundador del movimiento, Ibn Qœsæ, e incluso ejercieron un papel protagonista en su desarrollo. Sabemos que uno de sus
maestros fue un tal Ibn Jalæl de Niebla, tal vez un miembro del célebre linaje iliplense de los Sak@níes12. No
Ibn al-Qœbila y originario de Saltés13, como indica su nisba. Este personaje formaba parte de un grupo que se
auto-denominaba los Ban@-l-Sunna, entre los cuales se escondió Ibn Qœsæ. Ya en ese momento gozaba de prestigio, pues Ibn al-Ja§æb señala que era célebre por sus epístolas y su elocuencia. Llegó a ser secretario del
propio Ibn Qœsæ, quien lo designaba como al-Muåtafà14, haciendo de él “la espada de su revuelta y el valedor
de su poder y su victoria”15 , al encargarle la toma de Mértola, lo que logró en 539 H/1144 con un
contingente de 70 murædæn, siendo proclamada por vez primera en al-Andalus la legitimidad almohade16.
Los efectos de la revuelta de los murædæn se hicieron sentir pronto sobre el territorio onubense. A principios de rabæ® II de 539 H (1.10.1144), al-Munøir e Ibn Wazær se unieron a Ibn Qœsæ en Mértola, reconociéndolo como emir y manifestándole su obediencia, siendo nombrados emires de Beja y Silves respectivamente. A continuación, al-Munøir unió a sus fuerzas, compuestas por los de Silves y los muræd@n, el ejército de Ocsonoba. Con todos ellos cruzó el Guadiana, conquistando en primer lugar Huelva y después Niebla, para dirigirse a continuación hacia la zona de Sevilla, donde se apoderó de Aznalcázar y Tejada. Tras fracasar en su intento de tomar Sevilla, al-Munøær volvió a Niebla, donde permaneció dos días, y después partió para Silves, dejando a al-Bi§ru^æ en Niebla, que acto seguido fue asediada durante tres meses del otoño por Ibn Gœniya, representante de los almorávides en al-Andalus,
hasta que supo del levantamiento de Ibn Ëamdæn en Córdoba, tras lo cual levantó el cerco17. Al tener
noticia de dicho levantamiento, Ibn Qœsæ ordenó a Ibn al-Munøær que se dirigiera a Córdoba con la intención de tomarla, para lo cual contó con las tropas de Silves y Niebla, pero fracasó en el intento, siendo el comienzo del fin del movimiento de los murædæn.
Ignoramos la fecha precisa de la sumisión de la zona iliplense a los murædñn, aunque sin duda hubo de tener lugar durante el otoño de 1144. A partir de este momento, la zona de Niebla quedó incluida en la órbita del movimiento encabezado por Ibn Qœsæ, bajo el gobierno de Y@suf b. A¥mad al-Bi§r@^æ, iniciándose un período de inestabilidad que se va a prolongar hasta la definitiva y trágica conquista almohade de 549 H/1154. Respecto a Y@suf al-Bi§r@^æ nada dicen las fuentes, ni respecto a su origen ni sobre su inserción en el movimiento de Ibn Qœsæ. Lo mismo cabe decir en cuanto a las consecuencias que pudo suponer el establecimiento del gobierno de los murædæn en Niebla, aunque a buen seguro debieron producirse actos de represión y violencia, no sólo contra los enemigos del mismo, sino incluso contra probables disidentes, como indica el caso, antes mencionado, de ®Abd al-Gaf@r b. Ismœ®æl b. Jalaf al-Sak@næ. El control de Y@suf al-Bi§r@^æ sobre Niebla se vio pronto cuestionado por la entrada en escena de los almohades, así como por el propio debilitamiento del movimiento, debido a las divergencias que comenzaron a surgir entre sus dirigentes. Ibn Wazær y su hermano se pasaron al bando del cordobés Ibn Ëamdæn, ante lo cual Ibn Qœsæ optó por buscar el apoyo de los almohades, cosa que obtuvo, regresando a al- Andalus con el primer contingente norteafricano que llegó a la península en 541 H/1146. Con ello se inicia la etapa de presencia almohade en al-Andalus, aunque aún habrían de pasar décadas hasta que lograsen controlar todo el territorio, de forma que Niebla no fue definitivamente sometida hasta 549 H/1154.
Después de la entrevista de Ibn Qœsæ con ®Abd al-Mu’min b. ®Alæ en Marrakech, que Ibn al-Abbœr fecha en rabæ‘ II de 540 H (21.9 / 19.10.1145) e Ibn ‘Idœræ en el mes de ™a‘bœn (17.1 / 14.2.1146), los almohades enviaron dos ejércitos a al-Andalus, comandados por Ab@ Is¥œq al-Barraz b. Mu¥ammad al- Mas@fi y ‘Umar b. Åœli¥ al-Sinha^æ respectivamente, a quienes acompañaba el propio Ibn Qœsæ. Tras cruzar el estrecho se dirigieron a Jerez y, desde allí, obtuvieron la sumisión de todo el Occidente de al- Andalus, incluyendo Niebla, Mértola, Silves y Beja. Luego, Barraz, acompañado por Sidray b. Wazir de
Beja y el propio Y@suf al-Bi§r@^æ, se dirigió a Sevilla, ciudad que conquistó el miércoles 12 de ™a‘bœn del
año 541 H (17.1.1147), según la fecha que da Ibn ‘Iøœræ citando a Ibn Åœ¥ib al-Åalœt18.
Sin embargo, tras la sumisión y colaboración iniciales, las relaciones de al-Bi§r@^æ con los almohades fueron muy inestables, registrándose episodios de diverso signo, sobre los que nos informa Ibn Jald@n, lo cual podría tener alguna relación con la violenta forma en que se produjo la sumisión de Niebla a los almohades. El primero de dichos episodios se produjo tras la caída de Sevilla en manos de los almohades. La causa del problema fue la actitud de los hermanos del Mahdi, ‘Abd al-‘Azæz e ‘Isà, instalados en el gobierno de Sevilla, quienes tendieron una emboscada a al-Bi§r@^æ, el cual huyó de la capital y se refugió en Niebla, expulsado a la guarnición almohade y volviendo a la obediencia almorávide, al igual que otros
caudillos locales del Occidente andalusí, como el propio Ibn Qœsæ19. La reacción almohade vino de la
mano de Y@suf b. Sulayman, a quien ‘Abd al-Mu'min nombró gobernador de Sevilla y que mediante una campaña militar se encargó de hacer volver el Occidente de al-Andalus a la obediencia almohade,
comenzando precisamente por Niebla y sus dependencias, lo que provocó la huida de al-Bi§r@^æ20.
Transcurrido algún tiempo se produjo la vuelta de al-Bi§r@^æ a la obediencia almohade, en el año 543 H (22.5.1148 / 10.5.1149), aprovechando para ello el caudillo iliplense una circunstancia favorable, cual fue el asedio de Córdoba por el rey Alfonso VII, ante lo que al-Bi§r@^æ reaccionó ofreciendo su ayuda, que
le fue aceptada, sirviendo como forma de reintegrarse en el dominio almohade21. De esta forma, entre los
caudillos de al-Andalus que fueron a Salé para prestar la bay‘a al califa almohade ‘Abd al-Mu'min estaba el señor de Niebla, al-Bi§r@^æ hecho ocurrido en 545 H (30.4.1150 / 19.4.1151), según Ibn Jald@n, o en
546 H (20.4.1151 / 7.4.1152), según Ibn ‘Iøœræ22. Tras esta referencia no volvemos a saber nada más sobre
al-Bi§r@^æ, por lo que ignoramos cual fue su destino ulterior.
La conquista almohade y el “suceso de Niebla”
A pesar de que el dominio almohade parecía asentado en el Occidente de al-Andalus, la definitiva sumisión de Niebla no se produjo hasta finales de 549 H/1154, hecho que quedó registrado de manera detallada en las fuentes debido a sus trágicas consecuencias para la población iliplense, pues concluyó con una terrible matanza. Fue un suceso sonado, que dejó profunda huella en la memoria colectiva, siendo descrito por las fuentes en términos muy dramáticos. En este sentido es significativa la propia terminología empleada en las fuentes para describirlo, siendo designado como “el suceso de Niebla” (kœ'inat Labla), es decir, el hecho más conocido, el acontecimiento, por excelencia, de la historia de la ciudad, teñido de terrible recuerdo. A esta trágica memoria del suceso contribuyó, sin duda, la presencia entre las víctimas de la masacre de destacados personajes pertenecientes a la élite intelectual de los hombres de religión, lo cual hace que las fuentes, redactadas habitualmente por miembros del propio colectivo, magnifiquen aún más las consecuencias de la matanza.
Buena prueba de lo extraordinario del suceso es que dispongamos de varias narraciones al respecto, lo cual no resulta nada frecuente, dada la comentada parquedad de las fuentes sobre la zona onubense. Narran este episodio las crónicas de Ibn ‘Iøœræ e Ibn Abæ Zar‘, aunque el relato más completo es el del repertorio biográfico del también magrebí Ibn ‘Abd al-Malik al-Marrœku™æ, quien incluye una relación de los acontecimientos en su reseña de uno de los alfaquíes que fueron asesinados en la matanza, Ab@ ‘Amir
b. al-‰add23, perteneciente a uno de los más afamados linajes iliplenses de hombres de religión, resultando
que tuvieron sus dos protagonistas. Asimismo mencionan el suceso otras fuentes, como Ibn Jald@n,
aunque de forma menos detallada24. Este conjunto de relatos e informaciones nos permite afirmar que la
conquista almohade de Niebla es uno de los episodios respecto al que disponemos de una información más amplia de toda su historia andalusí. En cuanto a la secuencia de los hechos, las fuentes coinciden en su interpretación global, aunque discrepan en algunos detalles de lo sucedido.
El origen del episodio se vincula a un personaje llamado ‘Alæ al-Wahæbæ, perteneciente a una familia