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Digital technology and changes in value network structure

CHAPTER 5. ANALYSIS AND DISCUSSION

5.2. Digital technology and changes in value network

5.2.1. Digital technology and changes in value network structure

El concepto de la Marca Parque Natural es una iniciativa de la Junta de Andalucía como empuje para la diversificación de las actividades tradicionales de los entornos rurales. Como forma de diversificación y favorable para el desarrollo sostenible por evitar la pérdida de las labores agrícolas y ganaderas al tiempo que resulta un reclamo turístico, ya que, tanto los consumidores “comprometidos” como los “hedonistas” están interesados, de una u otra manera, en los productos artesanales.

La concesión de la Marca Parque Natural por parte de la Consejería de Medio Ambiente es una propuesta dirigida a diversos sectores, a saber, la producción natural y/ o artesanal con recursos naturales obtenidos en los espacios protegidos o pequeños municipios del entorno, y los productos y servicios turísticos (establecimientos de alojamiento, restauración y empresas de turismo activo).

Sin embargo la pertenencia y producción en el espacio protegido no es la única condición para acceder a la Marca Parque Natural. Encontrarse en un entorno privilegiado no es calificativo por sí mismo. Según el discurso de la administración la categoría viene dada por esa circunstancia junto con una calidad, ya que si el producto o servicio va a salir al mercado representando un Parque Natural, ha de ir acompañada de una garantía certificada que aumente el caché del producto y del Parque.

“...estar en un parque natural es marchamo de prestigio, pero también debe ser calidad”.

“...es vender un producto de calidad con una marca asociada que es Parque Natural y se supone que la producción no puede ser agresiva, y así se están revalorizando los productos locales”.

El proceso de lanzamiento de la propuesta, nacida en 2001, pasó por una primera fase de presentación a las empresas por medio de jornadas informativas en convocatorias diferentes para cada espacio. La afluencia a estas jornadas no fue muy satisfactoria, lo que puede indicar que el canal elegido no fue el más adecuado para dirigirse a los empresarios.

En una segunda fase se seleccionó a dos empresas de cada Parque, atendiendo a niveles de producción y antigüedad y se les ofreció la posibilidad de acceder a la marca subvencionando los costes de la certificación de calidad, y en este punto algunas empresas accedieron. La personalización de la propuesta tiene mejor resultado que la convocatoria a jornadas informativas. Es posible que la vía para motivar a los empresarios sea el acercamiento individualizado.

En la actualidad se continúa con la misma tendencia para fomentar la aceptación de la idea, pero en los dos años de vida del proyecto son pocas las empresas que están interesadas. Parece que las acciones para el conocimiento del proyecto no son las acertadas y no suficientes.

Otro inconveniente, es que una vez, que la empresa decide acogerse a la marca, ha de cubrir una serie de requerimientos de calidad, tanto en el producto como en el proceso atendiendo con especial rigidez al impacto ambiental. Los trámites y habilitaciones de las instalaciones para conseguir la certificación necesaria son costosos, similares a las ISO. La oportunidad que tuvieron en los inicios de acceder a estos procesos totalmente subvencionados ha sido sustituida por la condición actual, de subvención únicamente de parte de los gastos. Los interesados señalan que la política de concesión es demasiado dura.

Se detecta un paradójico desencuentro de intereses: las empresas que pueden permitirse cubrir los gastos de adaptación a la normativa son las que ya están afianzadas, las mismas a las que, por antigüedad y nivel de producción se subvencionó desde el principio. Pero estas no están interesadas. Funcionan bien, disfrutan de reputación y la marca no supone para ellos un paso adelante, sino una complicación para sus ya asentados procesos. Sin embargo, las que sí pueden estar interesadas en la marca para favorecer su impulso y darse a conocer son las empresas más pequeñas o las que están empezando. Éstas no pueden costearse los gastos.

Se percibe que la actual filosofía de la Marca no es demasiado atractiva para los empresarios. Los canales de comunicación no son los idóneos, y la tendencia a colaborar cada vez menos con los gastos de adaptación hacen que para la empresa, el acceso a la etiqueta carezca de interés.

El otro freno detectado por los entrevistados es el de la mentalidad tradicional y la reticencia a incorporar cambios por exigencia. Se valoran más los usos tradicionales que los designios (o ciertos intereses) institucionales. La desconfianza, el miedo a cambiar los hábitos y a las complicaciones hacen que muchos pequeños empresarios y productores prefieran quedarse al margen. No deja de ser una paradoja que, al tiempo que se exige una modernización en los sistemas, se requiere que mantengan el aspecto rústico y tradicional. La pregunta sería ¿es posible hacer compatible requisitos modernos de calidad y mantenimiento artesanal?

“...requiere tiempo, que los empresarios se lo crean, cuesta trabajo romper una inercia de funcionar al margen de las marcas de calidad. Hay que darle tiempo y potenciarlo”.

Una de las cuestiones que deberían ser tratadas de cara al consumidor es la diferenciación entre terminologías muy próximas, tales como Agricultura Ecológica, Marca Espacio Natural y Denominación de Origen. Si la etiqueta Marca Parque Natural supone una garantía de calidad, de prestigio, etc, se puede suponer que existe un grado de solapamiento

con la etiqueta ecológica o con la denominación de origen, pero ante esta hipótesis, los discursos de los expertos declaran que son independientes y que transmiten conceptos distintos.

Mientras que la etiqueta ecológica certifica que el producto es totalmente natural y que en los procesos no ha habido agresión medioambiental, la Marca Parque Natural garantiza que la materia prima viene del espacio en cuestión (aunque también la calidad y la protección del entorno) y la denominación de origen confirma la variedad del producto. Además, las etiquetas no siempre favorecen al productor (en este caso del espacio protegido), ya que la certificación ecológica es para el agricultor, por ejemplo, que labra y recoge siguiendo procesos ecológicos, sin pesticidas, etc. pero él no recibe la Marca Parque Natural, que es una denominación comercial, de la que se beneficia el envasador del producto final. La agricultura ecológica está destinada al productor y la marca al transformador.

La explicación de los expertos es clara, pero son ellos quienes conocen los detalles. El potencial consumidor no tiene porque saber las diferencias entre cada etiqueta. Lo que percibe es una oferta cada vez más extensa en productos “naturales” de algún tipo y esta saturación de códigos desconocidos provoca desconfianza. La Marca Parque Natural, al igual que otras que se identifican con el concepto, puede generar el efecto contrario al deseado, esto es, convertirse en poco verosímiles, sin apenas legitimidad.

Por último, es interesante señalar que el concepto que la Marca Parque Natural trata de transmitir va más allá de la certificación de calidad, procedencia y prestigio, y que arrastra también la idea de protección de los usos tradicionales y mantenimiento de la población rural. Sin embargo, el consumidor no está lo suficientemente maduro como para entender plenamente un concepto tan sofisticado si no viene acompañado de una potente campaña informativa. En este momento la Marca no es capaz de transmitir ese mensaje. Carece de identidad y resulta confusa para los usuarios.

“el mensaje que transmite la marca se limita hasta el punto en que el consumidor que lo va a recibir entienda lo que hay detrás: la gente que vive en un espacio natural y sigue trabajando allí, y que es gente que ha sabido convivir con un entorno y mantenerlo tradicionalmente”