Este trabajo lo adelantamos tomando como base los corregimientos Santafé Ralito y Caramelo y las veredas Volcanes y Carrizola en el municipio de Tierralta, alto Sinú, en el sur de Córdoba. La población aproximada es un poco más de dos mil habitantes, el número de estudiantes supera los mil quinientos, teniendo en cuenta que muchos de ellos provienen de otros corregimientos y veredas vecinas, atendidos por 95 profesores, de ellos el 5% es normalista y los demás licenciados, algunos con especializaciones o maestrías. El promedio de edad es de 35 a 40 años. En las cabeceras de cada uno de estos lugares están las sedes principales con preescolar, básica primaria, básica secundaria y media vocacional y las subsedes en comunidades más pequeñas, retiradas y dispersas con preescolar y básica primaria con profesores que atienden varios grados.
En esta área encontramos maestros con características particulares de acuerdo con la ubicación de sus residencias habituales.
El que vive en cabeceras urbanas y regresa en las tardes.
Es el que va a las áreas rurales en horas de la mañana a dictar las clases que le corresponden y regresa en las tardes. Representan el 75% del profesorado, casi todos se movilizan en motocicletas. Sus lugares de residencia están en Montería, a 90 kilómetros de distancia y Tierralta a 30 kilómetros. Dentro de este grupo encontramos los que llegan tarde al trabajo y regresan temprano; aprovechan los paros y jornadas de protesta para ausentarse y cuando llueve o sucede alguna calamidad pública tampoco asisten a clases. Desconocen la historia del pueblo donde laboran, la vocación e intereses de sus estudiantes, la mentalidad e idiosincrasia de sus gentes, sus recursos y posibilidades de desarrollo. El 80% de ellos no quieren estar en la zona por la inseguridad, escasez de servicios, vías en mal estado e imposibilidad de superación, entre otros, agravado ahora con el Covid-19 y el aislamiento preventivo obligatorio.
Aunque el colegio tenga amplitud de terreno desocupado, fincas productivas en los alrededores y recursos humanos con disposición de transferirles conocimientos, técnicas y entrenamientos, no les motivan estas posibilidades que pueden servir para proponer estudios o experimentaciones en el camino de formular un nuevo y provechoso aprendizaje.
Un número reducido de estos educadores valiéndose de metodologías y conocimientos útiles incentivan en los educandos el amor por la historia local, los valores de la comunidad y el interés por resolver problemas y necesidades propias. Tratan de introducir nueva información y crear otras actitudes, valores, principios y capacidades que promuevan bienestar, convivencia, justicia y honestidad. Están dispuestos a motivar las manifestaciones de creatividad en el arte, las artesanías, la literatura, la tecnología y los deportes.
64 El que vive en cabeceras urbanas y regresa los fines de semana
Pasan la semana laboral en sus lugares de trabajo y los fines de semana viajan a sus casas de residencia situadas en municipios de Montería, Cereté, Sahagún, Cotorra y Tierralta. Representan el 15% del profesorado y en su totalidad quieren estar al lado o más cerca de sus familias, tener una vida mejor y buscar otras oportunidades.
Años antes, cuando el magisterio era un apostolado comprometido de lleno con la comunidad, los maestros eran escasos, el pago exiguo y atrasado, las comunidades los disputaban y en su afán por conservarlos en muchas ocasiones no les cobraban vivienda ni comida, los mejores platos eran para ellos y en sitios retirados de todo, monte adentro, solo faltaba que les lavaran los pies para que la atención fuera perfecta. En la actualidad, aunque disminuida un poco la atención, la familiaridad que les profesan tanto el grupo que los acoge como la comunidad en general la mantienen intacta. En muchas ocasiones el maestro sin querer termina involucrado en conflictos íntimos o muy particulares como cualquier otro miembro del grupo.
Dada la experiencia que ha experimentado con la cotidianidad local tiene en el proyecto educativo institucional, la nuclearización y la investigación, instrumentos importantes para socializar los conocimientos comunitarios y convertir la escuela en el epicentro cultural por excelencia. Los obstáculos empiezan cuando no encuentran apoyo en las secretarías de educación seccionales ni en los programas del ministerio. A pesar de ello cuando tiene disposición y compromiso elabora, con los interesados, la historia de la escuela o la comunidad, el estado de las fuentes de agua, la fauna y flora, el lenguaje, la alimentación, las creencias, la música, las actividades económicas, servicios, vivienda y decenas de iniciativas que están al alcance del esfuerzo de los profesores y estudiantes.
El que vive en el área rural
A este grupo pertenecen aquellos maestros y maestras que trabajaron y viven en el área rural. Viejos y jubilados algunos, reflejan en sus espaldas, rostros e iris de sus ojos el peso y las cicatrices que ha dejado el trabajo y las condiciones difíciles del campo.
Muchos de ellos fueron maestros en fincas y deambularon de una a otra sin medir distancias ni cansancios, logrando sobrevivir al conflicto que no cesa en la zona. Los distintos actores armados los respetaron por su entrega desinteresada, su disposición a servir, su tolerancia y solidaridad, su ejemplo de vida y sobre todo su persistencia en la convivencia a pesar de las diferencias. Son dueños de una letra impecable, una narración fluida y sentimental, un respeto profundo por la patria, la familia y el pueblo donde viven. En varias comunidades los veneran.
En los pueblos ven acercarse el día que puedan disfrutar de una paz absoluta en un cementerio tranquilo, debajo de un árbol frondoso, sin olvidar nunca la alegría que les proporcionó el nombramiento, los instantes cuando llegaron al pueblo y conocieron la escuela donde enseñarían y por esas cosas del destino descubrieron en una celebración patronal, a la orilla de alguna quebrada o río o en la compañera de trabajo el amor que lo hizo feliz según lo había adivinado su madrina cuando miró el residuo del tinto que tomó esa mañana desesperado por no saber qué hacer con su vida.
65 Los maestros actuales representan solo el 10% de todo el profesorado. Al parecer el estudio y práctica de la pedagogía no llama mucho la atención de los jóvenes, sobre todo de las mujeres que siguen siendo minoría. Estos docentes siguen siendo tratados con cierta condescendencia por los actores del conflicto y ante la inseguridad que generan, la gente espera de los maestros que sean ejemplo de prudencia, dignidad, mediación y confianza. Defienden la institución ante comentarios falsos o mal intencionados y con frecuencia tienen proyectos o propuestas que al final no logran hacer realidad por distintas razones. Son comprensivos, amigables y dispuestos a servir a estudiantes y padres de familia sin distinción de ninguna clase. Aún no encuentran explicaciones satisfactorias por qué el 40% de los estudiantes no asumen sus responsabilidades como les corresponde y cada año que pasa disminuye el número de alumnos.
Entienden muy bien que la educación pública rural que ejercen no es mejor o peor que cualquier otra, simplemente es diferente. Los distintos gobiernos y sus elaboradores de políticas educativas tratan de homogenizar todo lo que es distinto sin tener en cuenta las enormes diferencias de todo tipo que existen entre municipios, departamentos y regiones, sin desconocer lo que nos es común como país. El resultado son los programas de estudio alejados de contextos y la imposibilidad para muchos estudiantes de desempeñarse con relativo éxito en el medio donde seguramente continuarán su vida, siempre y cuando el gobierno haga presencia con obras y programas. De continuar el desamparo gubernamental el abandono del campo seguirá inexorable a pesar del esfuerzo que hace la población por sobrevivir y adaptarse.
Consideran que la educación pública rural no está en condiciones de cumplir estrictamente las tareas y competencias que le exige el gobierno por las siguientes razones: a) La dispersión y aislamiento de numerosas comunidades que les ocasiona dificultad de movilidad por falta de vías y transporte, presencia y control de grupos armados ilegales, periodo de lluvias y tiempos de cosechas que requieren mano de obra de los hijos. b) La finalización de los programas de estudio tampoco es posible en su totalidad por falta de nombramientos de docentes, carencia o insuficiencia de laboratorios, bibliotecas y conectividad, entre otros. c) El acompañamiento y apoyo familiar en los trabajos de estudio y orientación es débil por el bajo nivel de escolaridad de los padres. d) Difícil acceso a las tecnologías de la información: baja cobertura de internet y telefonía celular, altos precios de equipos tecnológicos (computadores, tablets y celulares), costosas tarifas de telefonía móvil y desmantelamiento el año pasado de los kioscos digitales, el programa Vive digital del Ministerio de las tecnologías de la información y comunicación. e) La falta de capacitación de los docentes, estudiantes y padres de familias en acceso y manejo de estas tecnologías según lo hemos vivido con ocasión del Covid-19 y cuarentena. f) Recomiendan revisar los criterios, objetivos, metodologías y evaluaciones que soportan la educación pública rural, particularmente la de los cinco municipios del sur del departamento incluidos en los Programas de desarrollo con enfoque territorial.
Montería, 4-5-2020
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Los maestros rurales de antes
Víctor Negrete Barrera y Arnulfo Mestra Díaz
En los corregimientos El Caramelo, Mantagordal, Severinera, Bonito Viento, Santafé Ralito y Nueva Granada, pertenecientes al municipio de Tierralta en el sur de Córdoba, desde mediados de la década de los años ochenta del siglo pasado, era notable la falta de docentes en sus cabeceras y respectivas veredas. Lo usual, más en las veredas, los estudiantes prácticamente no finalizaban el año lectivo, pasaban semanas o meses sin recibir clases y para colmo nadie daba explicaciones a pesar de las peticiones respetuosas o molestias airadas de los padres. Por la ocurrencia permanente de estos casos la razón no podía ser otra: a los maestros, por falta de pago de la administración o de apoyo del político que ayudó en sus nombramientos, les tocaba abandonar la escuela después de laborar cumplidamente durante varios meses. Algunas veces las diferencias no eran entre el político y el maestro sino entre el político y el mandatario local o los líderes de la comunidad con quienes sostenían diferencias políticas o personales. De esta manera, quitándoles el maestro, hacía sentir quien mandaba en el territorio. Los maestros despedidos contaban con pocos o ningún recurso para recuperar sus derechos. Al tiempo que aumentaba la población crecía la demanda educativa. Para entonces la presencia y control de la guerrilla de izquierda, el Ejército Popular de Liberación, estaba fortalecido después de un largo tiempo de permanecer en la zona. Las solicitudes infructuosas de maestros por parte de las comunidades fue tal que el grupo armado comenzó a presionar a líderes políticos para la consecución de ellos y en algunos lugares contrataban a bachilleres para prestar el servicio educativo.
Fue así como los líderes de las veredas comenzaron a negociar o asumir compromisos electorales con concejales, candidatos a las alcaldías, gobernación y dirigentes políticos con el propósito de conseguir o mantener maestros permanentes en sus respectivos sitios. Con la elección popular de alcaldes y gobernadores a partir de 1988 la consigna fue conseguir votos a cambio de maestros. Así comenzó la oferta de contratos para ejercer como maestros a bachilleres académicos y algunas veces sin haber terminado el bachillerato. De esta manera el municipio llegó a tener una nómina de seiscientos maestros bachilleres quienes devengaban un poco más del sueldo mínimo de la época. Por lo general eran bachilleres egresados de Tierralta y Montería, todos jóvenes, quienes con el contrato en la mano y algunos con una cajita de tiza se presentaban, entre alegres y nerviosos, a trabajar en las veredas.
La llegada a la vereda y el trabajo a desempeñar
Los jóvenes llegaban acompañados de líderes políticos o concejales que hicieron posible el nombramiento, convocaban a la comunidad a la reunión de presentación donde exponían el compromiso del grupo político con la comunidad, el esfuerzo que hicieron por lograr los nombramientos y finalmente se comprometían
Grupo de maestros en una de las escuelas de la zona. Al fondo algunos estudiantes. Año 1992
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a mantenerlos como maestros durante todo el año lectivo. Pedían el respaldo político y la ayuda en alimentos y vivienda para los docentes. De hecho los convertían en nuevos líderes político y su labor empezaba con la adecuación del aula donde trabajar: por lo regular eran casas comunes y corrientes acondicionadas para escuelas o ranchos en canillas, es decir, sólo el techo soportado por cuatro o seis horcones. Allí matriculaban sin importar el número de niños y debían recopilar datos sobre población escolar, grados de estudio, edad de vacunación, niños sin bautizar y sin registrar. Además, ayudaban en la organización de la comunidad en juntas de padres de familia, juntas de acción comunal, comités de salud, deportes y arreglo de vías. Les tocaba trabajar con niños desde los cinco años hasta más de dieciocho en los diferentes grados de la primaria.
En comunidades más retiradas y de difícil acceso el papel de maestros lo ejercían señores o señoras mayores de 40 años, nativos del lugar o foráneos, preocupados por la falta de escuelas y niños pequeños y grandes sin saber leer y escribir. El pago que recibían eran modestos aportes en dinero o productos del medio. En algún lugar de la casa o el patio acondicionaban el salón y los alumnos llevaban sus propios asientos. Enseñaban a conocer el abecedario, unir las letras o sílabas para formar palabras y oraciones, contar, escribir, sobre todo el nombre y hacer las operaciones de sumar, restar y multiplicar. Los niños disponían de tiempo para jugar y hacer sus necesidades. En casos especiales la comunidad pedía a los maestros colaboración en celebraciones
de rezos a los difuntos cuando no encontraban rezanderos de oficio y ayuda en la preparación de los niños para hacer la primera comunión.
El sueldo
Eran contratados por diez meses, nunca les pagaban puntual, el pago era cada tres meses y siempre les abonaban uno o dos meses de sueldo. Recibían el pago en cheques y eran afortunados si tenían fondos o las cuentas de los municipios no estaban embargada. Con ayuda de padrinos políticos unos cuantos maestros lograban vender el cheque en el comercio o a prestamistas. El tiempo para adelantar estas diligencias tardaba tres días. Ante tal situación apareció el negocio de la compra de sueldos o contratos a maestros por parte de amigos o allegados al mandatario de turno. Algunos maestros en desacuerdo con esta situación manifestaban a la comunidad su deseo de renunciar. Con el fin de impedirlo le prestaban o recogían el dinero entre los padres de familia o hacían fiestas a través de sus organizaciones para recolectar fondos que aseguraran la presencia de los maestros.
Los maestros que llegaban al sitio de trabajo con familias trabajaban en la jornada de la tarde, un número de ellos aprovechaba las mañana para ganarse el día como jornalero en actividades de tirar machete o sembrando arroz o maíz; otros hacían sus propias cosechas con el apoyo de la comunidad y no faltaron los que ayudaban en oficios caseros donde le suministraban la comida. Estos bachilleres jóvenes sabían del gran esfuerzo hecho por sus padres por darles estudios, se sentían con el compromiso de
68 recompensarlos o por lo menos que ellos mismos vivieran de lo que aprendieron sin tener que seguir dependiendo de los progenitores. Por este y otros motivos se aferraban al oficio de enseñar para no tener la misma vida de jornalero de sus padres o de aquellos otros que no pudieron o no quisieron estudiar.
Tierralta y Montería, septiembre 2020