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Los planteamientos del enfoque tradicional se han dado a conocer mediante los aportes realizados desde el marco de la Teoría General de la Terminología (TGT), cuyo máximo representante es E. Wüster. Los trabajos de Wüster surgen en Viena en los años treinta, época en la que se da prioridad a la comunicación sin ambigüedad y en la que la terminología deviene un instrumento de trabajo para la desambiguación de la comunicación científica y técnica.

Desde este punto de vista, los trabajos de la TGT presentan unas determinadas características que sintetizamos de la siguiente forma:

a) La metodología de trabajo es exclusivamente onomasiológica; es decir que se parte del concepto para buscar las denominaciones. A partir de esta concepción, se infiere que el concepto precede a la denominación; esto es, los individuos poseen primero estructuras y clasificaciones del mundo “uniformes” y posteriormente arriban a la denominación. Lo anterior conlleva a la afirmación de que todas las lenguas clasifican la realidad de la misma manera.

b) Partir del concepto significa que desaparece la polisemia, lo que obliga a defender la

monosemia, que en términos de Wüster (1979/1998) significa que fuera de todo

contexto, una denominación tiene un solo significado. Según Wüster (1979/1998:138), un término monosémico es bimonosémico si no hay ningún otro término con el mismo significado.

c) La forma internacional prevalece sobre la genuina. Si la uniformidad se aplica a varias lenguas, especialmente a lenguas que pertenecen a varias familias lingüísticas, se habla de unidad lingüística internacional. Un término internacional puede ser una forma fonética internacional, una forma escrita internacional o una forma conceptual internacional (Wüster 1979/1998:150). La TGT da prioridad a la forma gráfica porque el prototipo del término es la forma escrita, de allí que la ISO (International Standard Organization) intervenga de manera contundente en la forma gráfica de los términos.

d) Se muestra gran interés por la sincronía de los conceptos y términos porque se parte de la base de que los conceptos son estáticos y, por tanto, no se considera relevante el estudio de la evolución de los conceptos.

Se asume que en terminología es la lógica la que ordena el conocimiento científico, de modo que los conceptos se estructuran lógica y ontológicamente de manera jerárquica.

e) El objetivo del estudio de los términos es la normalización conceptual y denominativa. En lo que concierne a los conceptos, es necesario establecer por consenso el conjunto de características más comunes que representan un segmento de la realidad, dejando de lado los rasgos menos comunes. En cuanto a las denominaciones, la normalización significa eliminar la variedad denominativa y abogar por una única forma de referencia.

f) La normalización terminológica propende por la univocidad de la comunicación profe-

sional, lo que significa que no deberían existir denominaciones ambiguas, ni

denominaciones múltiples para un mismo concepto: un concepto está adscrito a una sola denominación y viceversa (relación biunívoca).

Esta serie de características que resumen algunos de los planteamientos de la TGT dejan entrever que la concepción inicial de la terminología era meramente prescriptiva, pues, aunque partía de la práctica y la descripción de diccionarios, se centraba en la idea de establecer un consenso de los términos científico-técnicos con el fin de lograr la trasferencia de conocimientos entre los especialistas a nivel internacional. Sólo este tipo de consenso podría contribuir, según la TGT, a la difusión de la ciencia de manera homogénea.

De todos los planteamientos antes enunciados nos interesa detallar el tema referente a la univocidad de la comunicación, con el fin de mostrar el tratamiento que recibe la variación

denominativa desde la perspectiva de la TGT.

2.1.1.1 La variación desde el enfoque tradicional

Tal y como hemos manifestado anteriormente, para la Teoría General de la Terminología un concepto está adscrito a una sola denominación y viceversa. Esta relación biunívoca hace que fenómenos como la polisemia, homonimia y sinonimia sean vistos desde el punto de vista de la estandarización como un obstáculo para la comunicación profesional.

“En el lenguaje especializado, los sinónimos muchas veces dan la falsa impresión de que existe más de un concepto, con la carga inútil que esto representa para la memoria” (Wüster 1979/1998:137).

Asimismo, Wüster hace referencia a la variación lingüística como una “perturbación de la unidad lingüística”, y hace distinción entre la variación lingüística en el interior de una lengua y la variación lingüística interlingua.

En el caso de la variación monolingüe, el autor afirma que puede ser de tipo geográfico (e.g. flame-proof en inglés británico y explosion-proof en inglés americano) y darse entre campos temáticos (e.g. términos en farmacia y química); además hace también referencia, aunque muy sutilmente, a la variación que se produce entre diferentes escuelas de pensamiento en un mismo ámbito (e.g. en filosofía, la variación denominativa entre los diferentes autores).

Con respecto a la variación interlingua, el autor hace referencia a los diferentes términos utilizados para designar un sólo concepto en varias lenguas, a los que denomina sinónimos

de variación. Los sinónimos de variación, para Wüster, equivalen a los homónimos

interlingua (e.g. caldo en italiano caliente y kalt en alemán frío). Tal y como el mismo autor afirma, este tipo de sinonimia u homonimia es poco frecuente y puede presentarse máximo entre dos lenguas.

En nuestro caso particular, interesa profundizar en el tema de la variación monolingüe; es decir, en este trabajo necesitamos observar lo que sucede con la variación lingüística, específicamente la variación denominativa, en una misma lengua, y además, en un mismo dominio o campo temático, con el ánimo de demostrar que en el uso real, la terminología no puede prescindir de los fenómenos que engloba la variación lingüística.

Pese al gran esfuerzo de Wüster por demostrar el riesgo que se corre en la comunicación especializada al utilizar diversas denominaciones para hacer referencia a un mismo concepto y recalcar la importancia de la relación biunívoca (un concepto – una

denominación y viceversa) de cara a la normalización, el autor no sólo reconoce que es una posición poco realista, sino que establece una clasificación para los distintos tipos de sinónimos.

“En terminología, sin embargo, la exigencia de biunivocidad absoluta no es más que una ilusión” (Wüster 1979/1998:137).

La tipología que establece Wüster con respecto a los sinónimos deja entrever la dicotomía predominante de la época con respecto al signo lingüístico — relación entre significante/significado —. Wüster propone una sinonimia por denotación, una sinonimia

por connotación y una sinonimia que aúna ambos aspectos (denotación y connotación

simultáneamente). La distinción efectuada por Wüster entre los tipos de sinónimos corresponde a la distinción que realizan otros autores (e.g. Lyons 1981/1983, Cruse 1986) desde el punto de vista formal y desde el punto de vista del contenido. Los resultados obtenidos en los diferentes estudios realizados, bien sea en el discurso general o en el discurso especializado, siempre dejan entrever que la sinonimia absoluta realmente no existe.

En los trabajos de los seguidores de Wüster, específicamente Felber y Picht (1984) y Arntz y Picht (1995), se percibe también una posición de rechazo hacia el empleo de sinónimos en el interior del discurso especializado, debido a que representan un obstáculo para este tipo de comunicación. No obstante, observamos que Arntz y Picht (1995) justifican la aparición de sinónimos en áreas de especialización en las que se producen importantes progresos. En los planteamientos de estos autores, igualmente se percibe una tendencia a inferir que los sinónimos presentan ciertas diferencias desde el punto de vista conceptual.

“Dado que al principio se carece de coordinación, en distintos lugares se crean diferentes términos para designar objetos y fenómenos nuevos [...] Por eso es necesario aclarar en cada uno de los casos si las diferentes denominaciones realmente representan al mismo concepto o si, por lo contrario, se trata de diferentes contenidos conceptuales y a priori todo induce a pensar que sea así.” (Arntz y Picht 1995:160).

En concreto, vemos que los trabajos de la TGT conciben la variación lingüística y específicamente el fenómeno de la sinonimia como un obstáculo para la comunicación especializada, debido al gran énfasis que otorgan a la normalización. En este sentido, consideramos importante subrayar que para la terminología con fines prescriptivos, la sinonimia siempre será vista como la ambigüedad lingüística más peligrosa para el discurso y la comunicación científico-técnica.

La posición de la TGT frente a la relación biunívoca resulta coherente desde el punto de vista de la estandarización, pero pierde valor ante el uso real de los términos sinónimos en textos especializados producidos por los mismos especialistas.

Tal y como veremos a los largo de este trabajo, los aportes de Wüster con respecto a la relación biunívoca dejan de tener validez en las nuevas propuestas de la terminología y específicamente en la propuesta de base comunicativa en la que se enmarca este trabajo.

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