CHAPTER III RESEARCH METHODS
DISCUSSION AND IMPLICATIONS FOR PRACTICE
1. Si, como anteriormente dijimos, tenemos mandado amar a los enemigos, ¿a quién habremos de odiar?168 Del
mismo modo: si ofendidos no podemos devolver mal por mal para no ser iguales en los hechos, ¿a quién podemos ofender?
2. Juzgadlo vosotros mismos. ¡Cuántas veces os en- sañáis con los cristianos, en parte por vuestra animosidad personal, en parte por obedecer vuestras leyes! ¡Cuántas veces, sin contar con vosotros, la chusma hostil no se ha precipitado sobre nosotros, por su propio impulso, con piedras y hachas encendidas! A modo de furias de las bacanales169 no perdonan ni a los cristianos muertos, lle-
gando a arrancar del descanso de la sepultura, de ese como asilo de la muerte, los descompuestos cadáveres, imposibles de identificar, desgarrándolos y haciéndolos pedazos!
3. Y sin embargo, ¿qué represión de tales ultrajes te- néis que reprochar a gentes que tan bien se entienden, que tanto valor despliegan hasta morir, cuando sobraría una sola noche, con algunas antorchas, para saciar ampliamen- te nuestra venganza si nos fuera permitido sacudirnos mal con mal? Pero lejos de nosotros el pensar que una religión divina se sirva, para reivindicarse, de un fuego encendido por los hombres o que se lamente de padecer, en lo que prueba ser tal.
4. Porque si nosotros quisiéramos obrar no tanto como secretos vengadores, sino como enemigos declarados, ¿nos faltaría la fuerza del número y de guerreros? ¿Serán más numerosos que nosotros los mauros, los marcomanos y los mismos partos o cualquier otro pueblo, por grande que sea, pero al fin confinados en un solo lugar y entre sus
168 Cf. Lucas 6:27-38; Mateo 5:38-48.
169 Eran tales los excesos del populacho en las bacanales o fiestas de
Baco Líbero (celebradas el 17 de marzo de cada año) que el propio Senado prohibió tales cultos ya el año 186 antes de Jesucristo, durante algún tiempo.
La rápida multiplicación de los cristianos
Si nosotros quisiéramos obrar no tanto como secretos vengadores, sino como enemigos declarados, ¿nos faltaría la fuerza del número y de guerreros?
138 Apología contra los gentiles en defensa de los cristianos
fronteras? ¿Son más que esta nación [cristiana], a la que pertenece toda la tierra? De ayer somos y ya hemos lle- nado todo lo vuestro: ciudades, islas, fortalezas, munici- pios, aldeas, los mismos campos, tribus, decurias, palacio, Senado, Foro; a vosotros solamente os hemos dejado los templos.170
5. Podemos hacer el recuento de vuestros batallones, seguro que nosotros seremos más los de una sola provin- cia. Los que tan de buen ánimo nos prestamos a ser de- gollados, ¿qué no haríamos en cualquier guerra; a qué no estaríamos dispuestos, aun siendo dispares en número, si dentro de esta nuestra doctrina no fuera mejor ser muer- tos que matar?
6. Hubiéramos podido, sin recurso a las armas, apartándonos de vosotros, combatiros ya por el mero hecho de ese divorcio desdeñoso. Porque si tal masa de hombres hubiésemos roto con vosotros, yéndonos a esta- blecer en cualquier remoto rincón de la tierra, la pérdida de tantos ciudadanos, cualesquiera que sean, hubiera ciertamente cubierto de vergüenza a los amos del mundo; más aún: tamaño abandono hubiera por sí solo bastado para castigarlos.
7. Sin duda alguna hubierais quedado espantados ante vuestra soledad, ante el silencio de las cosas y de ese como estupor del orbe muerto. Hubierais buscado en vano a quienes mandar. Os hubieran quedado más enemigos que ciudadanos.
8. Ahora tenéis menos enemigos por causa de la mul- titud de los cristianos, ya que casi todos los ciudadanos que tenéis en casi todas las ciudades son cristianos. ¡Pero habéis preferido llamarlos enemigos del género humano más bien que del error humano!
170 “De ayer somos.” Los críticos del cristianismo, conforme al pres-
tigio de la antigüedad, le echaban en cara su novedad, su aparición reciente, que daba pie a todo tipo de calumnias sobre el carácter antisocial del grupo reciente. Como escribe el filósofo Celso a quien contestó Orí- genes: “Hay una raza de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, asociados entre sí contra todas las instituciones religiosas y civiles, per- seguidos por la justicia, universalmente cubiertos de infamia, pero autoglorificándose con la común execración: son los cristianos” (Celso,
Discurso verdadero contra los cristianos, 1. Trad. Serafín Bodelón. Alianza
Editorial, Madrid 1988). De ayer somos y ya hemos llenado todo lo vuestro: ciudades, islas, fortalezas, municipios, aldeas, los mismos campos, tribus, decurias, palacio, Senado, Foro; a vosotros solamente os hemos dejado los templos. Ahora tenéis menos enemigos por causa de la multitud de los cristianos, ya que casi todos los ciudadanos que tenéis en casi todas las ciudades son cristianos.
139 9. Mas, ¿quién os arrebataría a esos enemigos ocultos
que por doquier y siempre devastan vuestros espíritus y vuestra salud, o sea, esos demonios que nosotros arroja- mos de vuestros cuerpos sin pedir recompensa ni salario? Nos hubiera bastado, en venganza, abandonaros a esos espíritus inmundos como a bien sin dueño.
10. Pues bien, sin pensar en una compensación por auxilio tan precioso, sin deciros que, lejos de seros gravosa, nuestra gente os es necesaria, vosotros habéis preferido conceptuarnos enemigos, y ciertamente lo somos no ya del género humano, sino del error.
La rápida multiplicación de los cristianos
Sin deciros que nuestra gente os es necesaria, habéis vosotros preferido conceptuarnos enemigos, y ciertamente lo somos no ya del género humano, sino del error.
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