En el mismo año de 1618, la editora De Bry de Oppenheim publicó otro libro de Maier, también con una carátula espléndidamente grabada. Se trata de Atalanta fugiens, libro muy apreciado por las bellas ilustraciones complementarias de su enigmático texto. El grabador que las hizo fue casi seguramente Mateo Merian, aunque no están firmadas.
La Atalanta fugiens es un libro de emblemas con comentarios filosóficos. En la carátula (lám. 22), Atalanta, tentada a abandonar la búsqueda de la verdad espiritual, moral y científica, da una lección de perseverancia y pureza de intenciones al alquimista espiritual. Maier, por medio de los emblemas del libro, cada uno de los cuales tiene un modo de expresión musical además de gráfico, enseña una filosofía religiosa y alquímica muy sutil.31
En uno de los emblemas más llamativos aparece un filósofo que con una linterna sigue las huellas de la naturaleza (lám. 23). Esto recuerda en cierra forma el prefacio que Giordano Bruno dedicó en Praga en 1588 a Rodolfo II, en el que reitera su tema preferido, es decir, que hay que estudiar los vestigios o huellas que deja la naturaleza, eludiendo las luchas entre las sectas religiosas y poniendo atención sólo a ella, que por todas partes grita para ser escuchada32.
31 En relación con la música de Atalanta fugiens, véase John Read, Prelude to Chemistry, Londres, 1936, pp. 213-254,
281-289.
32 Giordano Bruno, Articuli adversus mathematicos, Praga, 1588, prólogo; cf. Giordano Bruno and the Hermetic
Quizás también Maier, que era cristiano luterano practicante (Fludd era un devoto anglicano), tenía presente una idea semejante cuando en esos años de feroces controversias religiosas, inmediatamente antes de que estallara la Guerra de los Treinta Años, presentó sus enseñanzas para que se adoptara una actitud religiosa y filosófica distinta mediante el simbolismo alquímico.
En otro emblema de la Atalanta fugiens un filósofo señala una figura geométrica (lám. 24). El comentario que corresponde a este emblema lleva el título de "Monas o el único".33 Un editor
reciente del libro de Maier ha comparado esto con la Monru hieroglyphica de John Dee, de modo que una vez mj encontramos esta obra en el corazón del misterio rosacruz, oculta entre los emblemas de Maier. Quizás éste recibió la influencia de Dee en Bohemia.
No hay duda de que la alquimia, de la que los emblemas de Maier son la misteriosa expresión gráfica, era de la especie condenada por Libavius, la de los manifiestos rosacruces y de la Afon.,ude Dee. Observando un emblema, como por ejemplo el que representa a un filósofo que con su espada está a punto de atacar a un huevo (lám. 24b), comenzamos a reconocer el huevo, símbolo del
universo34 en la Monas hieroglyphica (lám. 10a), y el fuego, simbolizado por el signo de Aries de la
Monas, que expresan los procesos alquímicos. Volviendo de nuevo nuestra atención al "alquimista"
de Khunrath, expresión del tipo de alquimia representado por Dee, vemos que la perspectiva del emblema de Maier, que se extiende detrás del huevo, es comparable a la que figura en la ilustración de Khunrath. Según tenemos entendido, la perspectiva es símbolo de la arquitectura y de las materias matemáticas anexas. Si recordamos que Maier da una música para acompañar su emblema del huevo, advertimos que entonces contiene todos los elementos resumidos en la Monas hieroglyphica. Somos totalmente incapaces de entender esto, ni cómo puede ser posible resolver un problema matemático en términos de esta clase de alquimia, pero creemos que en los emblemas de Michael Maier están presentes implicaciones de esta naturaleza, y que quizá Maier fue el más profundo de los "rosacruces".
Aunque Maier se expresa principalmente por medio de emblemas alquímicos, y Fludd trata de dar forma a una exposición filosófica completa, sus filosofías tienen en común la influencia de Dee y una fuerte base hermética. Maier rinde un culto tan entusiasta a Hermes Trismegisto y a la verdad hermética “egipcia” como Fludd. Cualesquiera que sean sus otras características, Fludd y Maier son ciertamente unos filósofos herméticos que en realidad representan una especie de renacimiento de esa filosofía, en un momento en que los impulsos herméticos originales del Renacimiento en sus primeros tiempos ya estaban desapareciendo en algunas partes. Isaac Casaubon ya había fechado en
época poscristiana las obras herméticas,35 que por consiguiente no podían haber sido escritas por un
sacerdote egipcio antiquísimo llamado Hermes Trismegisto. El libro en que Casaubon fechó los
Hermetica en realidad fue dedicado a Jacobo I en 1614, y esta dedicatoria parecería colocar a este
rey en el campo antihermético y en un mundo muy distinto al intenso seudoegipcianismo de Fludd y de Maier.
Es imposible discutir aquí adecuadamente, y ni siquiera mencionarlas, todas las obras que Maier publicó de 1614 a 1620. Las observaciones que siguen representan unos cuantos puntos relevantes de este material tan vasto y rico.
El libro Lusus serius de Maier fue publicado por Lucas Jennis en Oppenheim en 1616; el mismo impresor hizo una nueva edición también en Oppenheim en 1618. Precisamente en el prefacio de esta obra es donde el autor afirma encontrarse en Francfort, en viaje de Londres a Praga. El libro está dedicado a tres personas: Francis Anthony, del que se dice que es un inglés residente en Londres (era
un médico paracelsista muy conocido)36; Jacob Mosanus, calificado de dignatario de la casa del
Landgrave de Hesse, ,y Cristián Rumfius, quien según Maier es el médico del Elector Palatino del
33 Cf. H.M.E. de Jong, 'Ataltrua fugiens': Sources of an Alchemical Book of Emblems, Leiden, 1969.
34 La “monas” es un símbolo comprendido dentro de un trazo oval, que figura en la carátula de Monas hieroglyphica
(lám. 10a), y en el texto también aparece un diagrama del universo en forma de huevo. En el "testamento de John Dee", publicado por Elías Ashmole, Theatrum Chemicum Britannicum, p. 334, se describe misteriosamente el “corte” de la
Monas, con cuchillos. Cf., infra, pp. 243, 244.
35 Cf. Giordano Bruno and the Hermetic Tradition, pp. 398-403. 36Cf. Debus, The English Paracelsians, pp. 142-145.
Rin. La dedicatoria a estas personas revela los círculos en que se movía el autor, es decir los círculos médicos paracelsistas de Londres y, en Alemania, las cortes del l.andgrave de Hesse y del Elector Palatino.
El Lusus serius (“juego serio”) es tal vez lo que Andreas llamaba un ludibrium. Se trata de una pequeña y sencilla alegoría en la que una vaca, una oveja y otras criaturas discuten su importancia relativa, pero la importancia suprema se le reconoce a Hermes Trismegisto, cuando pronuncia un discurso en el que describe su papel de pacificador y de reconciliador, y la utilidad de las actividades que se llevan a cabo bajo su dirección, entre ellas la medicina y la mecánica. Esta historia es, en sí misma, perfectamente simplona, tanto que lo único que podemos suponer es que en los círculos frecuentados por Maier tuviera un significado secreto. Hay otra broma hermética de Maier intitulada
Jocus Severus, que es una alegoría en la que aparecen muchas aves nocturnas, publicada por primera
vez mucho tiempo atrás, en 1597, por De Bry el viejo en Francfort y reimpresa en la misma ciudad en 1616 con un prólogo dirigido "a todos los químicos de Alemania" que contiene alusiones a los manifiestos rosacruces. Este hecho relaciona claramente el tipo de "bromas" de Maier con el de los manifiestos.
En la obra Symbola aurea, publicada en Francfort por Lucas Jennis en 1617, Maier exalta lo sublime de la "chymia", la omnisabiduría de Hermes, rey de Egipto, el carácter sagrado de la "Virgen" o "reina Chemia", para terminar con un himno hermético de regeneración. En este libro tenemos la expresión de un intenso misticismo hermético, que recuerda mucho la manera en que Giordano Bruno emplea los temas religiosos herméticos, aunque con mayor uso de imágenes alquímicas que en Bruno. En los Symbola, Maier se refiere con cierta amplitud a la fraternidad R. C., pero demasiado vagamente para informarnos con alguna exactitud.
Quizá Maier sufrió la influencia tanto de la tradición de Giordano Bruno como de la de John Dee. Sabemos que Bruno pretendía haber fundado una secta de "giordanistas" entre los luteranos.37 Maier
era luterano; por consiguiente su movimiento religioso, intensamente hermético, puede haber tenido cierta influencia de Bruno, y puede ser un intento de reforma hermética de la religión, de infundir más vida a la religión por medio de la influencia hermética, como Bruno había propugnado con tanta pasión. Por otra parte, el aspecto fuertemente alquímico del movimiento de Maier indica que la mayor influencia que recibió fue la de Dee. Tal vez en la reforma hermética de tipo palatino se mezclan corrientes derivadas de la tradición hermética de Dee con otras que proceden de Bruno.
El Silentium post clamores y la Themis aurea, publicados ambos por Lucas Jennis en Francfórt en 1617 y 1618, respectivamente, reflejan el interés suscitado por los manifiestos rosacruces aparecidos pocos años atrás. Al mencionar en estos libros a los hermanos R. C. y sus asuntos, Maier toca así el tema que en ese momento inspiraba más curiosidad, y parece que quiere dar informes al mismo tiempo que calla algo que sabe. En ambos libros sostiene que la fraternidad R.C. verdaderamente existe, y que no es una simple mistificación, como han dicho algunos. Por otra parte, declara no ser miembro de dicha organización por ser una persona demasiado humilde para poder llegar hasta seres tan excelsos.
En el Silentium post clamores Maier defiende a los hermanos R.C. de las calumnias de que han sido objeto, y trata de explicar la razón por la que no han respondido a las numerosas personas que han querido ponerse en contacto con ellos. Afirma que los autores de la Fama y de la Confessio han cumplido con su deber al publicar dichos tratados, y que prefieren dejar que la calumnia se extinga con el silencio que combatirla con otros escritos. Se apresura a agregar que no cree que la Sociedad Rosacruz tenga necesidad de que una persona tan insignificante como él la defienda, porque sus miembros son honestos y piadosos, sus fines buenos y se bastan a sí mismos. Declara luego que la Sociedad Rosacruz, así como sus piadosos y filantrópicos objetivos, se refieren al estudio de la naturaleza, la cual hasta ahora sólo ha sido revelada a medias; por ello es necesario más que nada hacer experimentos e investigaciones tentativas.38 Esta señal de la influencia de Bacon, quizá
precisamente de El avance de la ciencia, es importante.
37 Cf. Giordano Bruno and the Hermetic Tradition, pp. 312-313.
La influencia de Bacon podría haber llegado a Alemania a raíz del matrimonio del Elector Palatino, y por medio de los contactos con Inglaterra indicados por los movimientos de Maier.
En la Themis aurea (de la cual se publicó en 1652 una traducción al inglés dedicada a Elías Ashmole), Maier da a entender que va a revelar la estructura de la Sociedad Rosacruz y sus leyes, pero por desgracia estas leyes no son más que un compendio de lo que en la Fama se da a conocer al público acerca de los hermanos R. C., que deben curar a los enfermos, reunirse una vez al año, etc. Otra vez Maier hace revelaciones en broma, pero en realidad no revela nada, aunque expresa su convencimiento de que tal sociedad exista realmente, y quienes conocieran sus relaciones y los círculos en que se movía quizá podían entender sus alusiones. En el siguiente párrafo parece tener la
intención de revelar el lugar donde se reúnen los hermanos R. C.: 39
A veces he visto casas olímpicas no lejos de un río, y una ciudad conocida que creemos se llama S. Espíritu –quiero decir Helicón o Parnaso, donde Pegaso hizo brotar un manantial de agua desbordante, en la que Diana se lavaba, a la cual Venus servía como doncella y Saturno como ujier caballero. Esto ilustrará suficientemente al lector inteligente, pero confundirá más al ignorante.
El Parnaso y el Pegaso son naturalmente alusiones clásicas sin ningún peligro, sumamente vagas, y una ciudad cercana a un río y llamada Espíritu Santo podría ser cualquiera. Pero por otra parte, Heidelberg está cerca de un río, su Iglesia se llamaba del Espíritu Santo y en sus jardines había una admirable fuente del Parnaso. Leyendo las obras de Maier después de haber estudiado de cerca el ambiente de Heidelberg y de las Bodas químicas de Andreas, se tiene la impresión de que tanto Maier como Andreas quizás aluden a Heidelberg en sus descripciones, y de que algunas de sus escenas emblemáticas pueden ser reflejo de construcciones simbólicas que existían en el Hortus
Palatinus. Por ejemplo, compárese la gruta construida por De Caus en Heidelberg en la que hay una
fuente decorada con coral (lám. 25a) con el delicioso emblema de Maier que representa a un pescador de coral (lám. 25b). El comentario relativo explica que el coral representa la piedra filosofal.
Un punto importante de la Themis aurea, que tiende a confirmar ciertos argumentos tratados más atrás en este libro, es la exposición de la fraternidad R.C. como una orden de caballería, cuyo emblema (“R.C.”) se compara con las insignias de otras órdenes, tales como la doble cruz de los Caballeros de Malta, el vellocino de la Orden del Toisón de Oro o la liga de la Orden de la Jarretera. Hay que comparar este pasaje con las alusiones que en las Bodas químicas se hacen a las órdenes de caballería. Maier continúa diciendo, después de comparar la Orden R.C. con otras órdenes, que las palabras R.C., que significan curiosamente, según Maier, la R “Pegaso” y la C “Julio” (no explica
por qué), agregando: “¿No es esto la garra de un león róseo?” 40 ¡Me alegro de dejarlo en forma de
pregunta!
En la obra Verum inventum, publicada en Francfort por Lucas Jennis en 1619 y dedicada al Landgrave de Hesse, Maier parece estar de humor patriótico, discute la historia del Imperio en su relación con Alemania, elogia la riqueza de su erudición alemana, como por ejemplo el gran número de manuscritos que se conservan en bibliotecas tales como la de Heidelberg, elogia a Martín Lutero por su rebelión contra el tirano romano, expresa el deseo de regresar a la Iglesia primitiva y exalta en
sumo grado a Paracelso, “a quien siguen muchos miles de médicos de todos los países”.41
Por último, llegamos a 1620, año en que Lucas Jennis publicó en Francfort la Septimana
philosophica de Maier. Se trata de un libro que describe una conversación entre Salomón, la reina de
Saba e Hiram, rey de Tiro, y que comprende conferencias místicas sobre varios temas, inclusive uno acerca de la Rosa.42
Las extrañas obras de Michael Maier siguen un esquema perfectamente definido en el tiempo. Comienzan en 1614, el año que siguió a las bodas de Federico e Isabel, y terminan en 1620 (aunque existe una publicación posterior a esta fecha), año en que estos reinaron brevemente en Bohemia.
39 Themis aurea, hoc est de legibus Fraternitatis R.C., Francfort, 1618. pp. 143; cf. Waite, ibíd., p. 328. 40 Themis aurea, p. 159.
41 Verum inventum, dedicatoria.
Todas ellas se caracterizan por un misticismo hermético, expresado en términos de interpretaciones herméticas o “egipcias” de fábulas o mitos, que tienen ocultos significados también herméticos o “egipcios”, combinados con uso idiosincrático del simbolismo alquímico. El producto más refinado de esta perspectiva es la Atalanta fugiens, obra que demuestra que Maier tenía antecedentes de una educación altamente exquisita y en la cual la alquimia es símbolo de un movimiento religioso e intelectual de importancia e interés poco comunes.
Resultará ya obvio que la gráfica cronológica del movimiento religioso e intelectual representado por Maier coincide con la época del movimiento de Federico e Isabel, desde su matrimonio hasta el año fatal que pasaron en Bohemia. También será evidente que Maier expresa por medio del simbolismo hermético los aspectos intelectuales y religiosos de dicho movimiento. La dedicatoria a Cristián de Anhalt demuestra que Maier indudablemente estaba en relación con él, y es un fuerte indicio de que el autor colaboró con el consejero en el establecimiento de lazos entre Inglaterra, Alemania y Bohemia, previos al ascenso de Federico e Isabel al trono de Bohemia.
La actividad de Maier responde a un fortísimo impulso religioso hermético, tan fuerte a su modo como el que movía a Giordano Bruno en los últimos años del siglo XVI; pero en Maier este impulso está combinado con la piedad luterana, y ésta sería la combinación que habría podido esperarse si la influencia de Giordano Bruno hubiese arraigado en los círculos luteranos de Alemania.
La fuerza de este impulso no se extinguió en Maier ni siquiera con los desastres sobrevenidos en 1620. Su última obra parece ser la que lleva por título Cantilenae intellectuales de Phoenice
redivivo,43 que lleva una dedicatoria a Federico, príncipe de Noruega, fechada en Rostock el 23 de
agosto de 1622. En este libro, su canto del cisne, o mejor dicho su canto del fénix, Maier profetiza el renacimiento del fénix, el ave egipcia y hermética cuya supremacía sobre todas las demás aves había celebrado en una de sus anteriores “bromas”. En la dedicatoria de este canto del fénix al príncipe noruego, Maier dice haber pasado la vida estudiando matemáticas, y no, como sería más natural, componiendo complejas obras de simbolismos herméticos, que por lo contrario no menciona.
Un joven alquimista bohemio, fugitivo de los horrores que después de 1620 sucedieron en su país, por reverencia a la memoria de Michael Maier y para que su recuerdo no pereciera, reimprimió sus obras usando las matrices de las versiones originales. Este joven bohemio era Daniel Stolck o Stolcius, médico titulado en la Universidad de Praga, quien en 1621 llegó a Marburgo, donde se matriculó, y luego siguió hacia Francfort, donde se dirigió al establecimiento de Lucas Jennis. Éste le enseñó las matrices de varias obras sobre alquimia recientemente publicadas, principalmente las de Maier, y Stolcius se comprometió a encargarse de la edición de una nueva versión completa de
ellas.44 Ésta apareció con el nombre de Viridarium chemicum, y fue publicada por Lucas Jennis en
Francfort en 1624,45 con un prefacio de Stolcius fechado en 1623 en Oxford. El refugiado, al igual
que muchos otros de su país en años posteriores, había establecido su residencia en Inglaterra. En este prólogo Stolcius habla de su infelicidad, que ha tratado de aminorar habitando en su imaginación en “el jardín de las delicias de la química”; publica su libro para ofrecer a sus infelices compatriotas esta clase de solaz. Evidentemente, tiene esperanzas de que “su jardín de las delicias” circule por la Bohemia oprimida. Sigue diciendo que en su viaje al extranjero está apesadumbrado por los desastres ocurridos en su patria y sufre la aflicción que causan los tumultos de la guerra. Su único refugio es el jardín de las delicias de la química.46
Entonces, amable lector, usa y complácete en estos (emblemas) como mejor te parezca, y da un paseíto de placer en mi jardín. Agradece a la apreciada memoria del muy famoso señor Michael Maier, celebérrimo doctor en física y en medicina, una parte de las ilustraciones, y el resto al maestro Juan Mylius, el