Se argumentó que lo performativo está presente en las autorreferencias personales que los vecinos entrevistados relatan; en la manera en que nombran su realidad; en los cambios que
90 se manifiestan en sus cuerpos según ellos mismos van tejiendo y ordenando los temas de interés de sus propias historias de vida; en sus posicionamientos personales y cruzados por lo colectivo respecto a ciertos temas. Ahora se intentará responder a la pregunta: ¿cómo se expande la teatralidad en el evento escénico de Rentas congeladas?
Para responder a esta cuestión es necesario retomar una de las características de la teatralidad de las que habla Féral y que se mencionó en la introducción de este trabajo: la mímesis activa. Parafraseando, este tipo de mímesis se basa en la libre expresión de la realidad, es decir, que no se busca hacer una copia fiel de un modelo cualquiera, sino que una mímesis como esta se percibe más general, ya que pone en escena los elementos necesarios para que sea posible crear otra realidad, sin ser restrictiva (Acerca de la 28-29). El tipo de teatralidad que el público de teatro está habituado a percibir es la que Féral denomina como pasiva, es decir, la que se basa en la exageración de gestos en una representación donde se intenta crear una ficción a partir de la imitación de la realidad. La que acompaña a la mímesis activa es la que podría verse como una teatralidad expandida, ya que ésta se podría generar en cualquier espacio escénico donde tuviera lugar un evento donde se buscara poner de manifiesto las redes de relaciones que preexisten entre los miembros de una comunidad, y que, a la vez, son participantes del mismo, como es el caso de La Comuna. Es así como en este estudio se observa que en la conversación que sostuvieron Armando Ventura y Sara Alcantar con Cleo en su cuarto de la vecindad de Emiliano Zapata; o la plática que sostuvieron Ventura y Luis Daniel Pérez con Mario, sobre la acera de la misma calle, frente a la Academia de San Carlos; o el recorrido que ofreció Carlos Bacca por los lugares insólitos y emblemáticos de la colonia Santa María la Ribera; o los partidos de fútbol que se organizaron entre los colonos que participaron en el Capítulo I. Implicaciones escénicas
contra los integrantes de la liga gay de Azcapotzalco, pueden verse como fenómenos cargados de teatralidad porque en todos estos se pusieron de manifiesto las redes interpersonales que habían generado estos habitantes con los demás miembros de su entorno, o, en su caso, la falta de éstas.
El segundo punto en el que se apoyan los marcos de lo teatral en el trabajo de este grupo es en la idea del acomodo de cuerpos en el espacio, idea ofrecida por Rubén Ortiz y extraída a su vez de las disertaciones de Jean Jacques Rousseau. En este punto se agrega también su definición de teatralidad, “hemos dejado de pensar en los procedimientos de la
91 escena cerrada como primera posibilidad de nuestro quehacer y optamos por desplazarnos del teatro a las teatralidades, de la escena a los escenarios, de los actores a los implicados” (“Un nuevo contrato” 70), en este caso se opta por tomar la teatralidad de Féral junto con la que Ortiz extrae de Rousseau para distinguir los marcos de lo teatral, a razón de que la complejidad de los fenómenos escénicos así lo amerita. Por un lado, es necesario saber que la teatralidad o las teatralidades existen fuera de la sala cerrada del teatro, y, por otro lado, es necesario comprender que otra de las teatralidades -y que ayuda a observar de qué manera se manifiesta la teatralidad en estos fenómenos- se puede encontrar en el acomodo de cuerpos en el espacio, como se verá a continuación.
El punto número 3 del decálogo que Ortiz ofrece -y del que ya se ahondó en aparatados anteriores- en su texto “Un nuevo contrato social: La comuna”, dice: “el teatro no distingue entre actores y espectadores. Hay, digamos, sólo participantes” (ibídem 72). En las acciones escénicas que se han descrito a lo largo de este trabajo, el lector se habrá percatado de que casi todos han ocurrido en lugares o espacios fuera de los recintos de teatro, además de que, en todos ellos, los protagonistas han sido los mismos vecinos, colonos o pobladores, es decir, quienes han estado en la escena han sido los participantes. En esta particularidad se cumple la característica que se apunta en la cita anterior, el teatro no distingue entre actores ni espectadores, hay sólo participantes. En palabras de Armando Ventura
Efectivamente, en los acontecimientos [eventos] escénicos casi no hay espectadores, generalmente asisten únicamente los vecinos de la zona donde estamos trabajando, quienes son los mismos participantes. Es curioso que la banda de teatro hable bien de nosotros, pero la neta [la verdad] nunca hemos visto a ninguno de ellos en nuestras presentaciones. Quizá en el único donde sí hubo espectadores fue en el Capítulo IX. Historia(s) de fútbol porque al realizarse en unas canchas de futbol rápido, en las gradas sí había mucha gente solo viendo, fuera de ahí la verdad es que no tenemos espectadores (“Charla personal”).
Por ejemplo, al recordar el evento escénico “Recorridos insólitos”, el cual era guiado por el vecino Jorge Bacca, y transcurría en las calles de la colonia Santa María la Ribera, se resalta la peculiaridad de que él no era parte del equipo de La Comuna, él era un habitante del barrio que se interesó en el proyecto que estaba generando el grupo, y propuso esta actividad. Los recorridos se basaban en la ruta que Bacca planteaba y en las historias que él
92 contaba sobre los lugares que se visitaban, sin embargo, existía la consigna de que todo aquel que acompañara las rutas podía enriquecer las historias con sus propias anécdotas. Por lo que, había momentos en que se borraba la línea que dividía a un ejecutante de sus múltiples receptores o espectadores, el recorrido se volvía un espacio donde fluctuaban los roles entre escuchas y participantes.
No obstante, hace falta distinguir entre tipos de participantes. Algunos eran los miembros de La Comuna quienes tenían una función más organizativa, es decir, se encargaban de las cuestiones técnicas o de logística que se pudieran suscitar durante el trascurso de este evento -una actividad parecida realizan en otros proyectos-. Aun así, se mezclaban con el grupo de gente convocada por medio de carteles y volantes que se distribuyeron en la zona. El otro tipo de participantes es, en efecto, las personas que asistieron al enterarse por medio de la difusión impresa o por invitaciones personales. Ellos eran quienes tenían la prioridad para participar en el recorrido, ya fuera con anécdotas propias o de conocidos que ocurrieron en las calles transitadas, o con comentarios sobre la información recibida.
Otro ejemplo sobre cómo es que en los eventos escénicos de La Comuna se da este cambio de roles entre participantes, es la serie de partidos de fútbol que tuvieron lugar como parte del Capítulo IX. Historia(s) de fútbol, entre algunos de los equipos de la Liga gay de fútbol de Azcapotzalco y equipos formados por los habitantes de otras zonas de la ciudad de México: los equipos además de enclavarse en distintos contextos de la ciudad pertenecían a un grupo específico: “en la colonia [G]uerrero se trabajó con un equipo femenil, en Azcapotzalco con uno de la comunidad gay, en el campamento Dos de octubre con jóvenes entre quince y 25 años y por último en Tetelco, Tláhuac, con un equipo varonil veterano” (La Comuna Blog).
El objetivo de este proyecto era visibilizar la red de relaciones que los propios vecinos o habitantes de los barrios de la ciudad de México habían creado sin la necesidad de la ayuda de los gobiernos locales, estatales o de empresas privadas. Según los organizadores “el procedimiento de trabajo con cada equipo fue conocer la historia que cada uno de los grupos tiene con el futbol y cómo esto ha posibilitado una plataforma para la organización, los afectos y el reconocimiento en su comunidad” (ibídem). Uno de los ejemplos que eligió La
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Comuna para visibilizar esto fue la Liga gay de fútbol de Azcapotzalco, única en su tipo41. Originada en el año 2010 por iniciativa de Michel Arzate, Noemi Arzate y Laura López, en el momento en que este Capítulo se llevó a cabo -año 2016- la liga ya contaba con 15 equipos. Todos estos conformados enteramente por jugadores homosexuales. En palabras de Michel Arzate “es totalmente gay. No es diversidad. No. Es gay” (La Comuna Historias de).
Respecto a su historia con el fútbol que compartió Michel Arzate, en el vídeo se pude escuchar: “yo jugué en la pony [categoría de futbol infantil] y después me desvié. Probé la droga y me metí en la droga, de verdad me metí en la droga. Cuando regreso al futbol fue algo así como que solucionó mi vida porque de ahí dejé la droga. Y ahorita pa’l real estoy aquí jugando” (ibídem). Michel es un joven de no más de 25 años. Vestido con una camiseta de fútbol de la selección argentina, lentes de pasta, se advierte su pelo corto en la parte lateral que escuetamente deja ver la gorra negra con detalles en color rosa que lleva puesta. Complementa su atuendo con unos aretes pequeños, plateados, en forma de flor. Su actitud, su voz, su personalidad entera expresan notoriamente su homosexualidad. Ni en su complexión física, ni en el aspecto de su rostro hay indicios que hicieran pensar que esta persona haya estado inmersa en alguna adicción, quizá por esto Michel es tan incisivo en mencionar que estuvo metido en el mundo de la drogadicción, y que su cercanía con el fútbol fue lo que lo alejó de eso. A diferencia de las numerosas historias que se pueden leer en los diarios deportivos, en donde los futbolistas profesionales cambian el balón por la droga, Michel hizo lo contrario, él cambió las drogas por el fútbol.
Sin embargo, y retomando la característica de la teatralidad que se está tratando, en el teatro no hay actores ni espectadores sólo participantes, aunque Michel Arzate fue uno de los organizadores que generaron ese proyecto, no se limita únicamente a desempeñar ese rol, sino que participa en la Liga gay de fútbol también como jugador. Mientras La Comuna lo entrevistaba, llegó a la oficina de la cancha Laura López, otra de las fundadoras de la liga. Entonces Michel le cedió a ella la palabra para que las cámaras registraran otra versión de la historia:
41 Al menos, hasta el momento en que La Comuna hizo este proyecto, esta liga era la única conformada por
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De casualidad yo iba pasando, vi la marcha gay que venía [por la calle], el tri gay [la selección mexicana gay de fútbol] en ese entonces y me colé con mi hija. Llegamos [a la cancha de fútbol “Los olvidados”] y vi a una amiga -que en paz descanse- Chachita y nos conectó con Miranda y con Rafa [organizadores de otras ligas de fútbol de Azcapotzalco]. Vine en la noche [a la cancha de fútbol “Los olvidados”] y se los dije: vamos a hacer un equipo de fútbol gay con todos los chavos, vamos a jalarlos para salir. Muchos estaban hundidos en las drogas. Y pedimos el apoyo a la liga femenil para jugar contra chavas, la femenil aceptó y de ahí empezó (ibídem).
Dos de los chicos que estaban inmersos en las drogas y que conformaron el primer equipo gay de seis jugadores fueron Michel Arzate y su hermano Noemí Arzate. De aproximadamente 1.80 m de altura, piel morena y complexión media, de cabello lacio largo y pintado de rubio, vestido con playera negra masculina, pero de ademanes marcadamente femeninos, además de tener los labios pintados de color rosa pastel, Noemi cuenta su versión de esta historia de fútbol: “la idea comenzó cuando unas chicas lesbianas nos invitaron a jugar un partido de exhibición pero contra puros chicos gays, entonces entre yo, Michel y Laura [López] formamos un equipo de las que nos juntábamos, y lo hicimos. Pues fue la sensación porque se llenó la cancha, y fue un partido padre [agradable]” (ibídem). De este testimonio se rescata que las personas que ahora son reconocidas por la comunidad homosexual y futbolera como líderes organizadoras de la Liga gay de Azcapotzalco, también fueron jugadoras. Por lo que, de este fenómeno de lo real, podría decirse que más allá de una división categórica entre organizadores y organizados, entre directivos y futbolistas, entre espectadores y jugadores, en la cancha sólo había participantes que, con su colaboración individual en pro de la colectividad, hacían posible que dicha organización y comunidad existieran. Cabe aclarar que esta sección se refiere a la etapa dos del proyecto que fue el
Capítulo IX, es decir, esta fue la recopilación de historias para posteriormente generar el evento escénico: un minitorneo de futbol o evento escénico llamado “LaCopa comunal”.
Ahora bien, de manera general el objetivo del Capítulo IX. Historia(s) de futbol, era generar un encuentro entre los diferentes equipos con los que se estaba trabajando, por lo que “paralelamente al trabajo con cada uno de los equipos, se generó la Copa comunal, un torneo organizado por La Comuna donde se generaron partidos amistosos entre los diferentes equipos con la intención de propiciar un encuentro entre los distintos agentes futboleros” (La
95 Comuna Blog). Con la organización de este torneo, todas las personas que integraban cada uno de los cuatro equipos, tuvieron un espacio de encuentro, en este caso la cancha de fútbol -el teatro no tiene un espacio determinado lo genera-, y un tiempo determinado para que este encuentro fuera sucediendo, el tiempo que duraba el partido de futbol -el teatro no tiene un tiempo determinado, lo genera-. Además, el encuentro que buscaba propiciar el grupo con este torneo tenía que ver con el reconocimiento de los afectos comunes que tenían todas y cada una de las personas que estaban presentes dentro del terreno de juego. Aunque sus historias con el fútbol fueran diferentes, había problemas o circunstancias personales que podían compartir, a pesar de sus diferentes estratos sociales: etarios, territoriales, identitarios o de género. Lo teatral también tiene que ver con que “[E]l teatro pone en escena los afectos comunes, no siempre consensuales” (Ortiz, “Un nuevo contrato” 72).
Para encontrar un ejemplo sobre afectos comunes no consensuales habrá que volver al Capítulo V. Rentas congeladas, con una de las vecinas de Emiliano Zapata, con doña Chucha. En otra parte del vídeo se puede observar que ella era una mujer septuagenaria, de pelo lacio y corto completamente encanecido, delgada, de piel morena y con pocas arrugas que la hacían ver de menor edad. Ella contaba sus principales preocupaciones sobre su habitar. Una de estas preocupaciones era el desazolve del registro del drenaje que va del predio donde se encuentra la vecindad hacia la calle. Si bien, a la mayoría de los habitantes de este lugar les importa el bienestar del inmueble, lo que se podría tomar como un afecto común, en cuanto a la resolución del problema, es decir, pedir a las autoridades correspondientes el servicio necesario, no hubo un consenso en el cual todos aportaran o apoyaran al vecino más afectado -doña Chucha-. Las autoridades no atendieron a la petición por escrito que esta vecina llevó a las oficinas correspondientes, ni tampoco tuvo el respaldo de los otros vecinos para encontrar otras soluciones al problema. En sus palabras
Si se tapa la coladera que está allá afuera, ese registro que está ahí, como mi drenaje viene todo hasta acá dentro, si se tapa ahí y no sale a la calle, pues todo eso se me regresaba para acá adentro, y luego acá en mi cocina se me inundaba todo… y luego de los drenajes de arriba que entran al baño y todo [caía más agua], luego les decía yo que no echaran agua, pero ni modo que no iban a echar, de todas maneras ellos están arriba y nunca se les iba a subir el agua, pero yo que estoy aquí abajo pues todo se me inundaba. Y como a ninguno [a parte de
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ella] les afecta, a nadie, pues nadie hace lo posible por meter la varilla y sacar todo eso [las aguas negras] para la calle (La Comuna Los habitantes de la).
Aquí se percibe que ella tenía al menos otra solución al problema alterna a esperar que las autoridades gubernamentales lo resolvieran: meter una varilla para destapar el drenaje. Sin embargo, ella misma no podía ejecutar ese plan ya que su debilitado cuerpo, a causa de la edad, se lo impedía. En esta primera etapa del proyecto, la recopilación de historias, se puede observar la característica de la teatralidad a la que se está haciendo referencia en estos párrafos. La Comuna puso en el espacio y tiempo de la acción escénica el afecto común de que todos los habitantes del lugar desean que éste sea funcional, ya que su funcionalidad se traduce en bienestar y calidad de vida, pero con la historia de doña Chucha se puso en el marco de la teatralidad que este afecto común no era consensual, al menos en la acción o ejecución de posibles soluciones para que este deseo se viera realizado o concretado en la vida diaria de los habitantes de la vecindad.
Para retomar el punto de la teatralidad sobre que el teatro son reglas de juego y de relación entre los cuerpos es necesario apoyarse en lo sucedido en el Capítulo X. El parlamento de la memoria, el cual estuvo en temporada en el teatro El Granero, del Centro Cultural del Bosque, en la ciudad de México, durante septiembre-octubre de 2018. Este trabajo tenía como objetivo principal ensayar la democracia. Una de sus particularidades es que fue el primer evento escénico de este grupo en ser planeado para presentarse en un recinto destinado exclusivamente para teatro. Incluso tuvo una temporada que constó de 15 funciones que se presentaban en horario de teatro42. Sin embargo, hay que acentuar que, a pesar de estas características, esta acción escénica no fue una obra ensayada a la manera del teatro tradicional. Sí contaba con una estructura preconcebida, más similar a una línea de acción que a un texto dramático. No obstante, en el planteamiento de este proyecto se contemplaba que ninguna función o presentación fuera igual a otra43. Según Rubén Ortiz, en la estructura
42 En México, con horario de teatro se entiende que se darán funciones de jueves a domingo por la tarde-noche,
es decir, entre las 18 y las 20 horas, según el día.
43 En el teatro, por ser un arte vivo en el cual influye el estado de ánimo del actor, en tanto persona cambiante
y receptiva de los estímulos de su entorno social y geográfico, nunca existe una función que sea igual a otra, sin importar el tipo de obra teatral que se esté representado. Por ejemplo, ya sea una obra de teatro montada con todas las características del siglo de oro español o una obra con características cercanas al teatro posdramático