Para comprender las razones de ese comportamiento depresivo generalizado y sus oscilaciones es necesario analizar los elementos estructurales del funcionamiento micro-económico del capitalismo. La tasa de ganancia, los salarios, la productividad, los precios, son factores clave en el funcionamiento de la inversión capitalista y es necesario profundizar su conocimiento para entender cómo funcionaron en el período 1967-75 las variables que explican el comportamiento global de la economía.
Al observar el gráfico 1, vemos cómo las ganancias de las corporaciones cayeron en los Estados Unidos desde 1966.
Como resultado del aumento de las contradicciones de clase en este período, la clase obrera consigue una elevación de sus salarios hasta 1972 (inclusive), especialmente en Estados Unidos. A partir de 1972 la caída de los salarios y el índice de desempleo vienen acompañados de una pérdida de la capacidad de lucha de la clase obrera (véase gráfico 2)
Salarios reales: media semanal bruta de las ventas, ajustadas según las variaciones en los impuestos. Las medidas son anuales para 1960-73 y mensuales para 1973-74.
La tasa de ganancia es el sismógrafo de la crisis capitalista y es importante observar cómo ella presenta cada vez más problemas para conseguir su recuperación, entre otras cosas porque la crisis condujo a una disminución de la tasa media de productividad, Así, aunque los salarios bajen, aumentando por lo tanto la tasa de plusvalía, la tasa de productividad también baja (porque existe un descenso muy agudo de la producción) y la tasa de ganacia no consigue recuperarse lo suficiente en función de la subutilización de la capacidad instalada y, por lo tanto, del capital constante que representa un peso relativo muy alto en los costos de producción.
GRÁFICO 1
Para tener una visión global del problema es necesario tener en cuenta que los empresarios no pueden despedir de las empresas el número de obreros equivalente a la disminución de la producción. Entre los diversos elementos que determinan esta situación están las conquistas sindicales, que restringen la capacidad de los empresarios, como también la actitud de éstos al no aceptar la depresión como una situación duradera. Su comportamiento no es aún típico de una depresión grave, dado que consideran poco conveniente despedir a los trabajadores que les serán necesarios en un período de recuperación al que consideran no muy lejano. Esta situación sólo empezará a cambiar a partir de 1979-83, cuando los ajustes tecnológicos y la decisión de suprimir sectores íntegros de la economía se convierten en política estatales, como se verá posteriormente. La productividad, tal como lo indica la Tabla 12, tiende a caer en los años de crisis. En 1976 comenzó un ascenso significativo de la productividad, pero en 1978 y 1979 empezó a bajar. En los primeros cuatro meses de 1979 la tasa de productividad cayó en un índice anual de 4.5% en los Estados Unidos; la baja productividad aumenta la presión inflacionaria al elevar los costos y disminuye la competitividad de los Estados Unidos en la economía internacional, lo que restringe su posibilidad de expansión en dirección al mercado externo. Sin embargo, la baja productividad es parcialmente compensada por el crecimiento inferior de los salarios en Estados Unidos en relación con Alemania y Japón.
En la Tabla 13 se puede apreciar el costo del salario por hora, o sea el costo de los salarios, que muestra también un aumento bastante significativo.
Los datos comparativos entre los Estados Unidos y los demás países de la OCDE, revelan una situación desfavorable para Alemania, que evidencia un gran incremento en el costo del trabajo o la compensación por hora trabajada. Este factor afecta la competitividad intercapitalista ya que si los costos salariales crecen las ventas al exterior se tornan más difíciles. Alemania sólo puede compensar estos altos salarios con una productividad muy elevada que, por otro lado, restringe la utilización de mano de obra. Como consecuencia su tasa de desempleo tiende a aumentar, inclusive durante la recuperación de 1975-78.
Podemos llegar a la conclusión de que, durante el período estudiado, hubo una recesión acompañada de un descenso de la productividad y de un aumento de los costos en general. El aumento de la capacidad ociosa provoca también un aumento en los costos de producción y el conjunto de esta situación impide que la etapa de ganancia se eleve de manera significativa, al mismo tiempo que se mantiene un alza inflacionaria.
Los datos muestran que la participación del costo de la mano de obra en el valor agregado aumenta y provoca una tensión creciente entre capital y trabajo, según se desprende de los datos presentados por el FMI. Es necesario señalar que ese aumento de los salarios en el valor agregado de la industria no es una consecuencia de los aumentos salariales. Por el contrario, con el aumento del desempleo los salarios pierden poder de compra. Esto es un resultado de la menor productividad, es decir, de la caída del valor agregado por trabajador. Y esta caída no es el resultado de una tecnología peor, sino del aumento de la capacidad ociosa de las empresas, como consecuencia de la depresión económica (véase Tabla 12).
TABLA 13
Esto permite entender también cómo este deterioro de la tasa de ganancia, de los costos industriales, de la productividad y de la relación salario / valor agregado debilita la capacidad financiera de las empresas y las somete progresivamente a la necesidad de financiamiento externo. Esa presión sobre el financiamiento externo aumenta la tasa media de intereses, presionada también por la creciente inflación.
Mientras que las fuentes internas de los fondos de las corporaciones de los sectores no agrícolas de los Estados Unidos representaban a veces hasta el doble de las fuentes externas durante el auge de la década de 1950, en el período posterior a 1973 empiezan a igualarse e incluso a presentarse negativamente, según se puede apreciar en la Tabla 12. En este período aumentan las quiebras y las compras de empresas por los grupos económicos de mayor disponibilidad financiera.
Aumenta también el peso del sistema bancario y el dominio del capital financiero sobre la economía. Compitiendo con el capital financiero se encuentra sólo el poder económico del Estado, particularmente el sector militar, que a través de la adquisición del producto y del financiamiento y del subsidio directo tiene acceso a gigantescas fuentes de financiación. Así también las ganancias obtenidas en el exterior representan una fuente creciente de financiamiento externo para las empresas norteamericanas. Es preciso recordar también el papel desempeñado por las inversiones externas en el sector financiero como fuente importante de financiación, acrecentada en los últimos años por la política de valorización del dólar y de altas tasas de interés pagadas en los Estados Unidos.
GRÁFICO 3
TABLA 14
Se debe tener en cuenta, por otra parte, que el poder monopólico de las corporaciones multinacionales permite también sostener sus tareas de ganancias a través de la elevación de los precios administrados. Este es uno de los orígenes del fenómeno de la estagflación, que mantiene un comportamiento inflacionario de la economía aún cuando se presenten períodos recesivos.
Pero mientras más aguda y más larga es la depresión, menor es la capacidad de los monopolios para resistir con precios elevados. Esto fue lo que ocurrió con la depresión de 1979-83, que logró, por fin, hacer caer significativamente la tasa de inflación en los países industrializados. Las presiones antiinflacionarias se vieron ayudadas también por la caída del comercio mundial y de los precios de las materias primas, sobre todo el petróleo. De este modo, la caída de la inflación se hace a través de una apertura hacia el exterior y de una liberalización del comercio internacional que tiende a hacer quebrar las industrias internas con menor poder adquisitivo.
Este dilema viene paralizando en parte las políticas económicas de los países desarrollados. Proteger a las industrias decadentes y disminuir el comercio internacional; o bien provocar una reestructuración industrial, permitiendo la competencia internacional y quebrando los viejos monopolios: he ahí la cuestión. A veces se opta por la estatización de esos sectores decadentes, en alianza con los trabajadores amenazados por el desempleo. Pero esta solución es onerosa y exigiría un capitalismo de Estado sumamente fuerte, que aproximaría a estos países a una economía socialista. En este caso el Estado no podría limitarse a mantener los sectores decadentes: tendría que incursionar en las nuevas ramas de vanguardia y asumir el control de la política industrial en su conjunto3 , tal como viene ocurriendo en la práctica en los países capitalistas desarrollados,
bajo la dirección de gobiernos socialistas. Se trata de un paso más en dirección del capitalismo monopolista de Estado como respuesta del sistema capitalista a las nuevas etapas de socialización de las fuerzas productivas, que rompe los marcos de las empresas tradicionales para dar origen a inmensos complejos productivos 4. Sin embargo, los monopolios tratan de controlar la política industrial en el sentido de exigir la intervención directa del Estado en los sectores decadentes, al mismo tiempo que exigen subsidios y protección indirecta a las nuevas ramas de vanguardia que pretenden conservar en manos del capital privado. En
consecuencia, se establece una tendencia al aumento del gasto público como proporción del producto interno bruto (ver Tabla 15), como también la intervención en el conjunto de los mecanismos económicos.
El análisis reveló que la tendencia recesiva instaurada a partir de 1967 tuvo su origen en una caída de la tasa media de ganancia, que viene minando el sistema productivo imperante y modificando la estructura industrial en el sentido de una mayor concentración tecnológica; una nueva división internacional del trabajo; un aumento de la capacidad ociosa y una baja de la productividad media; una búsqueda de tecnologías más baratas en costo de capital y con utilización de menos mano de obra; una quiebra natural de los sectores tecnológicos obsoletos, aunque fuertemente concentrados y monopolizados; un aumento de la inversión estatal en la economía. Queda por analizar ahora con más detalle sus repercusiones en la economía internacional.