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Discussion, Conclusions, and Recommendations

Las lavas emitidas desde la base de Montaña Grande I reciben el nombre de malpaís. En Canarias, bajo esta denominación se hace referencia a una superficie lávica reciente, que conserva sus rasgos morfológicos superficiales originales, constituidos por pedazos irregulares, de bordes quebrados y vesiculados, en conjunto caótico, con diferente grado de calado y de tránsito difícil.

Si bien es cierto que la morfología superficial predominante

de las lavas es de este tipo; también lo es, la presencia de aquellas con superficies lisas, continuas y fácilmente transitables, por lo que la denominación de malpaís no es del todo correcta. La emisión de las lavas se produce a través de varias fisuras efusivas basales localizadas en los flancos orientales y meridionales de M. Grande I. Este modo de emitir las corrientes lávicas es propio de erupciones basálticas de tipo mixto, desarrolladas sobre superficies topográficas previas escasamente inclinadas, en la que se edifican conos centrales de alturas considerables, de manera que, la presión del magma para ascender y salir a la superficie no es lo suficientemente importante y no alcanza el cráter, generando entonces grietas en la base del edificio por las cuales se derraman los materiales fluidos a favor de la pendiente (Fig. 5).

Montaña Grande I emitió varios derrames lávicos procedentes de fisuras efusivas basales. Estas corrientes ocupan el territorio con una tendencia a superponerse, si bien es cierto que al no disponer cada una de ellas del mismo volumen de lavas, no cubren siempre a las anteriores, ni tampoco los relieves previos. Un ejemplo llamativo lo constituye el cono de piroclastos de Montaña de la Mar –que según el mapa geológico corresponde a una acumulación de lavas basálticas de la Serie III (IGME, 1978)–. Este edificio constituido por lapilli, escorias soldadas y bombas volcánicas conforma un islote en el mar de lavas de M. Grande I, cuyas emisiones lo bordearon e incluso lo atraviesan, presumiblemente, por una escotadura inicial en su cráter. En su flanco sur, los restos de este edificio piroclástico están acantilados lo que es indicativo de hasta donde batían las olas con anterioridad a la erupción de M. Grande I; incluso, por su proximidad actual al mar éste pudo desarrollar fases hidrovolcánicas cuyas huellas morfológicas podrían estar sepultadas bajo las lavas del malpaís.

                 

A lo largo de las proximidades del frente lávico y a la misma altitud que Montaña de la Mar, se reconoce un ligera ruptura de pendiente de varios metros de altura en el que las lavas aa de M. Grande I se precipitan y que podría coincidir con la antigua línea de costa, lo que implica por tanto, que las lenguas lávicas de la erupción de M. Grande I, no sólo llegaron al mar, sino que ganaron terreno al mismo ampliando la superficie del malpaís previo y, por consiguiente, de la isla. Otros afloramientos anteriores que sobresalen en el manto lávico son tres acumulaciones piroclásticas basálticas de la Serie III, con recubrimientos parciales de pumitas y niveles de encalichamiento. El buzamiento de los estratos de cada uno de estos afloramientos y la disposición semicircular que dibujan, parecen indicar que son los restos de un antiguo edificio volcánico abierto al este, cuyo flanco ONO está parcialmente destruido y sepultado por la construcción de M. Grande I. Ésta habría reutilizado una fractura previa alineándose con todos los aparatos eruptivos explosivos recientes de esta plataforma del Valle. A su vez, el área deprimida que generan las montañas Grande II, III y IV, en relación con el corte de los estratos y con el buzamiento de los mismos, insinúan que ésta podría corresponder con el cráter del primitivo cono volcánico. Cierto o no, en su interior alberga la fisuraefusiva oriental de M. Grande I responsable de la emisión de las lavas centrales del malpaís. Asociada a la misma, y

Figura 5. Fotografía aérea del volcán basáltico de la Poruña en Chile, obsérvese la emisión de las lavas con una longitud de unos 8 Km. a través de fisuras efusivas basales muy similares a las del malpaís de Güímar. Fotografía: Peter Francis, 1993

relacionadas con las emisiones póstumas del paroxismo volcánico. Se trata de coladas basálticas, fluidas, con disposición en abanico y con una morfología superficial rica en formas de detalle. Dentro del malpaís podemos reconocer los dos tipos morfológicos más característicos de las emisiones lávicas: las aa y las pahoehoe. Las primeras, caracterizadas por una superficie caótica, compuesta por bloques heterométricos, angulosos e irregulares, generalmente calados, resultan de la fragmentación de la costra enfriada por el desprendimiento de los gases y por el propio movimiento de la colada, que origina en su interior velocidades diferenciales (Romero, 1992), son las predominantes y es el tipo de lava que corresponde estrictamente al término de malpaís. Las pahoehoe, relacionadas con un menor contenido en gases y mucho más fluidas que las aa tienden a circular bajo una costra ya solidificada pero plástica, generando una gran variedad de morfologías superficiales tipo pliegues, cuerdas, tripas, bulbosas, losas, etc. La distribución de ambos tipos de superficies lávicas no es aleatoria, existen modificaciones en la morfología superficial de las mismas tanto desde la base del cono hasta el mar, como en su perfil transversal. Este hecho responde al proceso evolutivo lógico de las lavas en muchos volcanes basálticos, que consiste en el paso gradual de las emisiones pahoehoe hacia las aa, incluyendo una amplia gama de morfologías de transición. De este modo, las lavas pahoehoe se localizan fundamentalmente en el área central del malpaís, mayoritariamente asociadas a grietas de resalida a medida que se alejan de los centros de emisión basales, y en las proximidades a los centros de emisión, mientras que las aa lo hacen en los bordes del abanico lávico y en su frente. Como ya hemos comentado, las lavas fueron emitidas a través de fisuras eruptivas ubicadas en la base de M. Grande I. Se reconocen, al menos, tres tramos de ella localizadas desde la base suroccidental del cono a la nororiental. Aunque no dispongan de continuidad espacial cabe suponer que estos salideros, individualizados y con momentos efusivos temporalmente heterogéneos, pertenecen a un único proceso eruptivo responsable de la apertura de la grieta volcánica pero con concentración de la actividad en tres tramos concretos. En las proximidades de las fisuras existen acumulaciones de varios metros de altura de lavas escoriáceas, relacionadas con las etapas finales de expulsión de las lavas y asociadas a bajas tasas de emisión, permitiendo la acumulación de las mismas en las proximidades de las fisuras. Cerca de los puntos de emisión los lapilli han cubierto parte de la superficie lávica, lo que significa que los estadios finales de la erupción de M. Grande I desarrolló comportamientos explosivos de tipo moderado, del resto no sabemos que etapas –explosivas o efusivas– se iniciaron antes o después, aunque lo normal en este tipo de erupciones mixtas es un funcionamiento simultáneo, máxime cuando sus respectivos centros de emisión están espacialmente separados. Las lavas pahoehoe son de escasa potencia, 5-20 cm, y poco calado pero con una variedad morfológica superficial enorme: en losas o planchas, tripas, cordadas, etc.

Durante su circulación, en ocasiones, la cobertera se rompe en bloques cuya potencia no va más allá de los 20 cm originando superficies con morfologías de fragmentos groseros que distan mucho de las típicas lavas en bloques. También es posible reconocer en su superficie la presencia de túmulos, tubos y microtubos volcánicos de dimensiones variables, jameos cuyos techos se desplomaron mientras aún circulaba por su interior la lava empastando sus paredes internas de rebabas o respiraderos de desgasificación con un orificio circular de pocos centímetros de profundidad. Frente a esta diversidad de formas, las lenguas aa se caracterizan por su relativa homogeneidad. Destaca la presencia de canales lávicos y muros laterales de enfriamiento y las enormes diferencias, sobre todo, en el tamaño de los fragmentos que oscilan desde los 10-15 cm hasta los 50 cm, que son responsables de grados de calado de la superficie rocosa igualmente diversos.

Las transformaciones más importantes en las lavas del malpaís están relacionadas, por un lado, con la erosión marina, y por otro, con las escasas actividades humanas. El litoral del malpaís está totalmente acantilado exceptuando la zona de la playa de la Entrada, una playa de cantos heterométricos con una berma de unos dos metros de altura, por donde penetran las arenas empujadas por los alisios que cubren parte del malpaís y de los flancos del cono. La altura de cantil oscila entre los 2 y 10 metros aproximadamente, posee una verticalidad acusada mantenida por la abrasión marina responsable de la sucesión de grutas, bufaderos, arcos y el ensanchamiento de su red de diaclasas, ligada a la propia disyunción columnar de las coladas basálticas. La erosión marina actúa a través de todos ellos y de los numerosos tubos volcánicos que constituyen puntos de debilidad del frente costero.

Hacia el interior del malpaís la erosión del mar se refleja a través de los procesos de taffonización asociados a la corrosión marina causados por la maresía. La continuidad del sustrato rocoso con falta total de suelo y el constante azote de un fuerte viento cargado de sal y localmente de arenas, unido a unas condiciones climáticas difíciles (Beltrán et al., 1999), y que en la actualidad forme parte de la red de espacios naturales protegidos de Canarias, junto con que el grado de aprovechamiento humano haya sido mínimo –protagonizado por un pastoreo invernal, una agricultura inicialmente de cereales de secano y luego de tomates y plátanos en regadío cuyas parcelas se localizan en las márgenes del malpaís y en los terrenos más antiguos que afloran en su interior junto con otro tipo de aprovechamiento extensivos (Beltrán et al., 1999)–, permiten que el malpaís se encuentre en un estado de conservación relativamente bueno. Sin embargo, en la actualidad el malpaís está seriamente amenazado por la expansión del polígono industrial y del núcleo del Puertito de Güímar al norte y sur respectivamente.