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5. Can preferential credit programs speed up the adoption of low-carbon agricultural

5.6. Discussion and conclusions

La observación participante tiene su origen en la antropología con la obra de Malinowski y Boas (Rubio y Varas, 1997). Sin embargo, posteriormente, fue aplicada en el campo de la sociología y la psicología para abordar problemas sociales o grupales en las sociedades modernas.

Se trata de una técnica que consiste en la participación por parte de la investigadora en las dinámicas interaccionales y los procesos grupales de un grupo de personas. Es decir, participa en una determinada forma de vida social donde puede ser observadora directa de las interacciones que allí tienen lugar. Pero la investigadora no es sólo observadora sino que forma parte de dichas interacciones.

Durante el tiempo en que se produce la dialéctica entre observación y participación, el papel de la investigadora es el de recoger una serie de informaciones acerca del habitus del grupo, sus ideas, sus creencias, sus comportamientos, sus actividades, sus formas de organizar el tiempo y el espacio, sus formas de resolver los conflictos, sus obstáculos materiales, etcétera. A la vez que debe observar cómo su propia participación puede ocasionar un cambio en dichas prácticas, puede ser un obstáculo o puede ser un elemento que se ha incorporado al resto de los procesos.

Las ventajas de esta técnica son (Valles, 1997):

• Se puede observar a fondo la interacción de los sujetos entre sí y de éstos con el medio.

• El o la observadora está en un permanente estado de alerta para captar la información.

• Se obtienen datos que el o la investigadora no había tenido en cuenta en un primer momento.

• Se obtiene una experiencia desde dentro y desde fuera de la escena, desde la doble condición de observadora: de ser un miembro y una extraña.

• Se puede aplicar la introspección. Exploración, por parte de la observadora, de los propios sentimientos, actitudes y comportamientos que se han tenido durante la interacción con el grupo o los sujetos.

• Se puede obtener un mayor registro de los datos.

Una cuestión importante a tener en cuenta en el uso de la técnica de observación participante, atañe a los roles que le tocará experimentar a la investigadora durante su trabajo de campo. Se trata de elegir el rol mediante el cual, ésta se presentará ante el grupo o los sujetos/objetos del estudio, o bien, podrá acercarse a los mismos de manera abierta sin especificar su papel.

En nuestro caso, hemos optado por ambos acercamientos dependiendo del momento de la investigación y de los contextos a donde nos hemos aproximado. Por ejemplo, se ha explicitado el rol de investigadora ante las entidades públicas y los técnicos y técnicas de las ONGs, así como ante otros informantes clave. En cuanto a los propios menores, en un primer momento, no se les ha especificado un determinado rol, permitiendo que éste surja dependiendo de las interacciones. Como era de esperar dentro del contexto de tutela, los propios menores determinaron que la posición de la investigadora fuera la de una educadora. Y con este rol se ha mantenido la relación durante muchos meses. Sin embargo, con la emancipación de los jóvenes, el rol ha ido variando de forma más o menos espontánea, llegando a ser el de una amiga con recursos informativos, idiomáticos y sociales que podía, en diversas ocasiones, apoyar procesos de inclusión. Precisamente con la instauración de este segundo rol, el vínculo con los jóvenes se estrechó de forma considerable, pero también la observación participante comenzó a dar lugar a una mayor intervención social.

No será sino hasta el año 2006 en que se comunique a los cinco jóvenes que se está realizando un estudio sobre trayectorias de menores no acompañados y se solicite su autorización para publicar sus historias manteniendo en todo momento su anonimato.

Cuatro de los jóvenes aceptaron sin mayores dificultades este uso de sus historias bajo el compromiso de que las leerían antes de su publicación en forma de tesis. Lo que se transcribe de estas historias es lo que finalmente ha quedado consensuado con cada uno de ellos. Debemos aclarar que algunos escasos datos han sido ocultados a petición expresa de sus protagonistas, aunque no revisten un carácter especialmente importante para esta tesis, sino más bien, implican a sus familias, amigos o parejas.

En cuanto al quinto menor, no tenemos conocimiento de su situación desde que, en el año, 2005 se ha efectuado su expulsión de España. Sin embargo, hemos creído oportuno incluir su historia precisamente por el curso de exclusión que esta ha tomado.

Finalmente, se utilizó en mayor medida la técnica de observación participante durante los viajes a Marruecos y las visitas a las familias de los jóvenes (visitas que en algunos casos han sido más de tres), así como durante el acompañamiento de estos a sus revisiones médicas o psiquiátricas, sus entrevistas de trabajo, sus actividades de ocio y tiempo libre, sus búsquedas de vivienda en España. Esta técnica ha sido fundamental para la elaboración de las historias de vida.

El material resultante de la observación participante son los cuadernos de campo. Al principio, todo lo observado era apuntando, pero con el tiempo, se comenzó a recoger sólo aquellos aspectos que se creían más relevantes o que podían plantear una novedad en el análisis. Es decir, también los cuadernos de campo sufrieron un proceso de saturación que determinó la selección progresiva de sus contenidos con el fin de no redundar en ellos.

Los cuadernos de campo comenzaron a escribirse durante el primer viaje a Marruecos en el año 2001. Desde entonces, se ha recogido un total de 27 cuadernos de campo de muy diverso contenido y dimensión. En la redacción de esta tesis se hace referencia a ellos en varios apartados, sobre todo en los capítulos VII y VIII, que atañen a los dispositivos de intervención y a las historias de vida. Cuando lo que se está analizando o trayendo como ejemplo tiene como fuente el cuaderno de campo, este es citado entre paréntesis con sus iniciales seguidas del número de cuaderno correspondiente, es decir, (CCNº).

Es preciso redundar en la idea de que también en la forma de recoger por escrito lo observado y el lenguaje utilizado para redactarlo, es posible encontrar la particular mirada de la investigadora y sus mecanismos selectivos de la información, por lo que ya en el proceso de recogida de datos se encuentran implícitos los esquemas mentales propios de una persona de clase media, blanca y con nacionalidad española, que la aleja de aquellos “otros” a los que estudia (Rodríguez Martínez, 2002).

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