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Correlation Analysis

6. DISCUSSION

Tal como lo señaláramos al comienzo de este apartado, los géneros vigentes en el canon literario, la novela y el cuento, tienden a hegemonizar tanto las listas de

bestsellers (de allí que Noé Jitrik, en su dirección de la Historia crítica de la literatura argentina confine la dramaturgia, el guión tanto dramatúrgico cuanto radial y televisivo, y el comic y la poesía a un espacio vicario del sistema literario argentino, que sigue los lineamientos internacionales) como los programas de literatura en instituciones reproductoras del saber y proveedoras de devoción cultural (Bourdieu, 1967[1966]). Gorodischer, en efecto, ha publicado doce novelas y diez libros de cuentos, sobre todo pertenecientes al modo fantasy (Jackson, 1986). Por su parte, Tununa Mercado se ha inclinado en su práctica escrituraria por los así llamados “géneros íntimos o menores” (Catelli, 1991), muchas veces limítrofes con textos periodísticos como la crónica o,

incluso, por textos de difícil taxonomía, misceláneos, que involucran fuertemente la variable autobiográfica. Vale aquí la distinción entre “géneros menores” y “géneros íntimos”, de los cuales estos últimos apuntarían a dar cuenta de una subjetividad social en su rasgo más inmediato y profanatorio de la exposición, de su exhibición ante la arena de lo público, de su nota más privada. Mercado, aún cuando redacta diarios o fragmentos de diarios, no obstante, se puede constatar que ejerce esta práctica desde un punto de vista sumamente riguroso y literario o, más ampliamente, estético, en lugar de un mero registro de acontecimientos. Según Nora Catelli, “en principio, podemos afirmar que cualquier relato en prosa, en el cual sean idénticos el narrador y el personaje -y ambos coincidan con el nombre del autor-, cuyo asunto principal sea una visión del desarrollo de esa vida y de esa persona desde el pasado, forma parte de ‘géneros’ íntimos o menores” (Catelli, 1991: 59). Tununa Mercado tiende a realizar operaciones de ficcionalización con el pasado, que lo “desrealizan”, y a trabajar lo memorialístico (En estado de memoria, 1990; La madriguera, 1996 o los diarios íntimos en La letra de lo mínimo, 1994). No obstante, un libro de comienzos como Celebrar a la mujer como a una Pascua (1967; más tarde reeditado) incluye una serie de relatos, al igual que Canon de alcoba; y, en algún sentido, La madriguera puede ser considerada una novela aunque no en su variante convencional, sino más bien como ficción autobiográfica, en tanto se trata de un texto que interroga fuertemente el “pacto autobiográfico” (Lejeune, 1975). Se trata de obras, las de Mercado, de una suerte de “género en cuestión”, en virtud de que, si bien es posible rastrear en ellas como siguiendo un hilo componentes de la historia política y social o bien privada de orden intersujetivo, no menos cierto es que a partir de ese fermento la autora procede a imprimirles una reescritura limitante del mero rasgo documental. Reescribiéndolos, como decíamos, desde la perspectiva de novelizarlas, o bien de volverlas formas pasibles de ser confundidas con otras

ficcionales, lo que, valga la redundancia, “confunde al lector” o lo desoriente en el mapa en el que el sistema literario tiende a organizar. Si las novelas o cuentos con una trama y un argumento fuertemente contorneados producen un efecto altamente ficcional, los textos de Mercado desconciertan porque desdibujan lo argumental en aras de un tipo de escritura donde la trama es atenuada casi a un grado cero y la escritura como tal, ontológicamente, literalmente se “apodera” del libro, desalojando formas de inteligibilidad tradicionales o canónicas, pese a que uno de sus títulos se denomine, precisamente, Canon de alcoba. Este atributo de la ficción o “desficcionalización” de Mercado se manifestará tanto en libros como La madriguera (1996) o en otros como Yo nunca te prometí la eternidad, en el que entrelaza diario íntimo, Historia política y social constatable, elementos imaginarios y discursos sociales asociados a las nuevas tecnologías, así como los mass media. Mediante operaciones de montaje, traducción y organización de discursos según citas e intertextos, Mercado orquestará su más reciente novela. De esta manera, su trabajo escriturario produce una suerte de mestizaje bastante inédito pero reconocible en la medida en que uno se familiariza con una labor en la que las convenciones literarias son desmanteladas pero no desatendidas. Sino, más bien, que, siguiendo una suerte de nonsense, son articuladas de modo según el cual se desanudan y se desatan algunas de las formas según las cuales el sistema literario ha pautado su funcionamiento y su lógica. Tununa Mercado viene, una vez más, a distorsionar, a torsionar, a producir un tipo de tensión sin estridencias, en una suerte de “tono menor”, no beligerante, pero no menos efectivo ni letal.

Los textos más autobiográficos de Tununa Mercado trabajan sobre el modo en el que el sujeto de la enunciación se hace cargo del pasado y, al volverlo relato, se reintroduce como sujeto del enunciado, inscribiendo la primera persona discursivamente, poniendo en entredicho la mímesis de los hechos narrados y su

estatuto de verdad. Más bien, lo que algunos teóricos tienden a ver en la autobiografía en la actualidad, más que una mímesis es una poiesis (Loureiro, 1991). Entre los que niegan toda referencialidad al discurso autobiográfico (De Man, 1991) y quienes ven en él una garantía de ella (Lejeune, 1975), hay un arco amplio de posturas que analizan las posibilidades y limitaciones del género. No obstante, a partir del “giro lingüístico” en adelante, la enunciación en primera persona ha sido objeto de severas sospechas. Al respecto, el reciente libro de Beatriz Sarlo (Tiempo pasado, Bs. As., Siglo XXI Editores, 2005) establece un nuevo debate respecto del género testimonial en primera persona, con la nada desdeñable excepción, claro está, de los referidos a la dictadura de 1976/1983, los cuales son inobjetables dado su fundamento político probatorio de los delitos y su valor moral, en tanto la corporación militar procedió a eliminar y destruir todas las pruebas de su genocidio.

También nos centraremos en el peculiar abordaje del género ensayístico por parte de Gorodischer y Mercado, con un marcado contraste en el cultivo del mismo. Gorodischer escribe ensayos en general para ser leídos bajo la forma de conferencias públicas, y es por ello que sus textos están (una vez más) contaminados de notables marcas de oralidad o, en términos de Daniel Cassany, código oral y código escrito están sobreimpresos, produciendo una ilusión de oralidad compleja pero próxima, íntima pero distanciada a la vez, mediata e inmediata. Asimismo, se trata de un conjunto de textos hechos para ser “actuados” en público, por lo que sus notas teatrales o dramatúrgicas, sobre todo con vistas a producir un efecto humorístico, son bien visibles. En efecto, sus prólogos y conferencias, carentes de todo rigor académico, juegan con las jergas, la rigurosidad de los papers y las referencias eruditas o la citación de autoridades. Los textos de Mercado, por el contrario, recatados, están permeados por un lenguaje literario que ha procesado metalenguajes muy diversos, provenientes de la teoría literaria, el

psicoanálisis, la teoría de género, el marxismo, la multidisciplina, la transdisciplina. Sus operaciones son metaescriturarias: apuntan a organizar un idiolecto que, en un haz poroso, contiene múltiples lógicas discursivas y géneros discursivos. No obstante, ni los textos de Mercado ni los de Gorodischer son académicos en sentido estricto ni están plagados de citas eruditas o enciclopédicas, según una economía del discurso universitario en boga. Todo lo contrario, reivindican para sí el adjetivo de “literarios” o, más ampliamente, poéticos o deudores de una poética.

Por lo tanto, nuestra tesis apuntará a establecer y revisar la categoría de géneros literarios y, en especial, su adjetivación de “mayores” y “menores”, en el sentido de íntimos o de proyectarse a la esfera de lo público o lo ficcional puro, lo que ha suscitado no pocas polémicas entre los estudiosos del problema.

Asimismo, nos proponemos estudiar cómo mediante dos operaciones paradojales, las de recordar e imaginar, o, más preciso sería decir, la de servirse de una dirección memorativa, restrospectiva, y de la otra, orientada hacia el futuro, el absurdo, el humor y la prospección, tanto Mercado como Gorodischer articulan sus proyectos en dos direcciones contrapuestas. Si Gorodischer centra gran parte de su producción en la ciencia ficción, la ficción especulativa y las utopías y distopías (con un fuerte énfasis en la variable imaginaria y el futuro), Mercado lo hará en la memoria y el recuerdo, esto es, anclará su poética en el pasado, como forma de resucitar un tejido necrosado. Claro está que, para llevar adelante estas dos propuestas, ambas autoras se ven en la obligación de negociar con las instituciones, de establecer transacciones de admisión y exclusión, y las de presentarse a sí mismas en el seno de la academia como “objetos de estudio” más que como posibles emuladoras de una tradición de la que reniegan o dentro de la cual no se sienten cómodas, o por decisión, o por oposición o por inevitable choque entre sus proyectos y las de las instituciones en las que se entrometen como exóticos ejemplares.

- Autobiógrafas, biógrafas encubiertas, autobiografías ficcionales y

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