DATA ANALYSIS AND INTERPRETATION
DISCUSSION:
Además del Pragmatismo hay otra continuación del Positivismo, que modificando en algo su estructura, trata de conservar una actitud constructiva y afirmativa: el verdadero heredero del Positivismo es el Cientificismo, que ha conservado del Positivismo su fe en la verdad científica y la convicción, no ya tratándose del conocimiento real, de que las verdades obtenidas por el método positivo de las ciencias exac- tas, hecho que desconocen, y el conjunto de esos conocimientos, aun- que sistematizados, dejan en nosotros un vacío, así las ciencias operan con elementos hipotéticos a pesar de lo cual no llegamos a un conoci- miento final que nos satisfaga. El Cientificismo conviene en que es forzoso satisfacer la angustia metafísica que experimenta el espíritu humano y buscar la base que satisfaga a ciertas exigencias del senti- miento, como en la Ética y la Estética. De manera que abandona la primitiva actitud del Positivismo que negaba no sólo la posibilidad de una Metafísica como ciencia, sino abordar el problema metafísico. El Cientificismono tiende únicamente a explicar los fenómenos, sino también a su solución metafísica porque plantea, discute y trata de ver con los medios que aportan las ciencias, si podemos inferir alguna consecuencia Metafísica.
La tendencia cientificista empieza a iniciarse ya cuando está en ple- no auge el Positivismo, y lo extraño es que parte, en mucho, de hom- bres consagrados al estudio de las ciencias naturales.
El desarrollo de la investigación científica, en el siglo pasado, trajo consigo la especialización: los hombres de ciencia se negaban a abordar extensos dominios de la ciencia e introducen divisiones, pequeños cam- pos de observación, para que, cuanto más estrecha la esfera de su investigación, pudiera ser más intensa. Hoy día, por ejemplo, el natu- ralista no pretende abarcar toda la extensión de las especies animales, se contenta con estudiar los mamíferos, los peces, etc., y aún dentro de estas reparticiones elige una parte especial a la que se consagra.
Esta especialización de las ciencias naturales trajo al espíritu huma- no la sensación del campo reducido en que actuaban y el deseo de poder subordinar ese campo a un concepto general del cosmos, de lo universal, de la existencia; y entonces observamos cómo los hombres que normalmente tienen ocupaciones distintas, se lanzan a resolver problemas filosóficos. Vemos el ejemplo de botánicos, físicos, quími- cos, embriólogos, etc., de gente consagrada a observar una parte de los datos de las ciencias positivas, entregándose a concepciones filosó- ficas. En general esas tentativas son de carácter mediocre.
Quiero señalarles un caso especial en que el investigador se sale de su esfera aislada para abordar el conjunto de los problemas filosóficos, quien por entender su teoría y ser el más preparado en el conocimien- to de la mayoría de las disciplinas filosóficas y por el hecho de que su propia disciplina era la psicológica, por todas estas circunstancias es- tuvo habilitado para darnos el programa de la orientación cientificista. Por eso en nuestro estudio he englobado la Teoría del Conocimiento de Wundt, pero no su filosofía, porque aun siendo hasta cierto punto contemporáneo, su construcción metafísica ha tenido la influencia de un momento en Alemania, bastante intensa, pero al fin efímera; y no nos interesa porque Wundt no era un espíritu creador, sino hombre investigador, pensador, prudente en sus conclusiones, que, para cons- truir la última parte de su sistema, usó valores también ajenos, consti- tuyendo una filosofía ecléctica con el criticismo de Kant, la metafísica del devenir de Hegely algo del voluntarismo de Schopenhauer, en fin, una serie de otros elementos para realizar una construcción de base heterogénea. Lo que permanece y nos interesa conocer, es su Teoría
ALEJANDRO KORN. LECCIONESINÉDITAS, 1925
del Conocimiento que sirve todavía de base a la teoría cientificista y no ha sido superada hasta ahora.
Define Wundt el objeto de la filosofía como «Una síntesis de las nociones singulares de las ciencias empíricas en una concepción uni- versal quesatisfaga las exigencias de la razón y del sentimiento». En su primera parte no hace más que repetir el concepto positivista de filo- sofía: para Comte y Spencer la filosofía también es una «síntesis de los conocimientos científicos». Pero Wundt agrega «que satisfaga a las exigen- cias de la razón y del sentimiento»; y después añade: «Filosofía es la ciencia general que ha de reunir en un sistema lógico, sincontradiccio- nes, los datos de las ciencias particulares» es decir, que no tiene por objeto sino finalizar el conocimiento científico.
En primer lugar, le conviene a Wundt establecer qué debemos entender por conocimiento científico y cómo podemos superarlo. A su juicio nuestro conocimiento se desenvuelve en tres etapas. Su punto de partida es el realismo ingenuo que toma las cosas como se le aparecen y presentan, y no establece diferencias entre nuestra representación de las cosas y las cosas mismas como las supone al verlas. Este conocimiento es en el fondo, según Wundt, intuitivo, él dice perceptivo, fuente primitiva de la ciencia. En el conocimiento intuitivo, que suponemos inmediato, los hechos se nos presentan numerosos, los catalogamos, conservamos en la memoria y sirven para desenvolvernos prácticamente en la vida, pero no constituyen más que un conjunto más o menos ordenado de nociones de hechos que tenemos presentes cuando nos aparecen nuevamente. A este grado perceptivo del conocimiento, ya la ciencia agrega otro: la ciencia toma estos hechos intuitivos, los relaciona entre sí, reúne los análogos, separa los distintos y establece entre ellos un nexo que ya existe en el conocimiento intuitivo, porque la intuición nos hace colocar las cosas en el espacio y en el tiempo y las supone relacionadas entre sí por la casualidad, pero sin averiguar qué es la causa. La ciencia toma estas relaciones de una manera abstracta, las reduce a conceptos y trata de formularlas en leyes persistentes. Este conocimiento es intelectivo: una función de nuestro entendimiento. Fijémonos en la diferencia notable que existe entre el
conocimiento científico y el simplemente ingenuo del primer grado; aquí la ciencia ya abandona el hecho singular, en el estado del conocimiento perceptivo no hay más que hechos singulares, en cambio la ciencia abstrae de los hechos el concepto general: «No hay ciencia de lo singular». Pero resulta que la realidad efectiva está en el hecho singular y que la ciencia habla de abstracciones, de conceptos que una vez sistematizados los coordina y subordina, creando conceptos superiores que abarquen a los más sencillos; primero pone conceptos de contenido intuitivo, luego tan abstracto que carecen de contenido sensible. Por ejemplo en química, física, etc., nos olvidamos que lo que se nos presenta no son hechos singulares sino conceptos a los cuales creemos que están sometidos los hechos reales. Así el físico hablará de la luz como concepto general y nos dirá en qué forma debemos interpretarla científicamente: como un movimiento; estudiará también los fenómenos de refracción, reflexión, transmisión; estudiará las diversas clases de rayos luminosos, su relación con el calor, la electricidad, etc.; y luego nosotros tomamos el concepto de luz como una realidad, como si existiera la tal luz; lo que hay son objetos luminosos, desde el sol hasta el foco eléctrico o la bujía. Eso es lo que existe: el hecho singular; pero del hecho singular abstrae la ciencia y habla de la luz que es un concepto. Así hay otros conceptos creados por la ciencia como los de materia,
energía, etc. En las ciencias ocurre otro tanto aunque no tiendan a llegar a conclusiones ni formular leyes, sino que se limitan a enumerarlos, analizarlos por sus analogías y clasificarlos, al fin también opera mediante conceptos. Por ejemplo: el zoólogo se forma conceptos como
mamífero, ave, reptil, pez, evidentemente que no existen tales conceptos en la realidad, sino la especie, y aún todavía, la especie es una abstracción, lo que existe es el pez, un mamífero, etc., en singular. Con estos conceptos la ciencia constituye sus abstracciones de la realidad que llamamos esquemas; a eso se reduce el conocimiento científico. Suponemos que cada hecho aislado está subordinado al esquema, pero no de una manera absoluta, porque cuanto más vasto es el concepto, menos atributos contiene: en el concepto de género hay menos cualidades que en el de especie; en el concepto de clase, menos atributos
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que en el anterior, etc.; así el concepto de vertebrado se describe con menos atributos que un pez o un mamífero, cuanto más amplio es un concepto más pobre resulta. Y sin embargo para la ciencia estos esquemas son la interpretación de la realidad, ellos constituyen nuestro conocimiento científico. Por poco que reflexionemos bien, pronto comprendemos que la realidad desborda por todos lados el esquema científico. Pero hay algo más: no se trata simplemente de los esquemas (abstracciones sistematizadas según las cuales podríamos suponer que siempre la experiencia resulta subordinada al esquema), la ciencia agrega algo más para establecer el nexo entre los hechos que estudia, agrega factores que ha creado o imaginado, factores hipotéticos, y los mantiene hasta tanto la experiencia no los contradiga, pero está obligada a suprimirlos cuando la experiencia los desmienta.
En el siglo XVIII en que empezó a sistematizar, a conciencia, los hechos de la naturaleza, en química se inventó para justificar los fenó- menos de oxidación y desoxidación de los cuerpos (es decir, no se sabía que se trataba de estos procesos) el flogisto, entidad completa- mente imaginaria que se agregaba y separaba de los cuerpos; fue una creación hipotética destinada a explicar los hechos, y que durante mucho tiempo imperó hasta que Lavoissier demostró que no existía el tal
flogisto, lo que había eran procesos de oxidación y desoxidación. Pero antes, ¿cómo hubiera sido posible satisfacer las necesidades de la cien- cia incipiente, cuando todavía no se había introducido la balanza en el control de las investigaciones químicas? No se había previsto que al poner el flogisto, los cuerpos desminuían de peso. Después, con el des- cubrimiento de la oxidación y desoxidación de los cuerpos ya nadie recordó al flogisto; pero fue, es su momento, una hipótesis científica. Y no es éste el único ejemplo: continuamente se crean esas hipótesis y se vuelven a abandonar, pero algunas tienen la ventaja de persistir duran- te mucho tiempo.
Tenemos pues que en la ciencia se construyen conceptos abstrac- tos con elementos intuitivos e hipótesis creadas por nosotros. Este conocimiento ya se separa bastante de la realidad intuitiva que se le presenta al hombre ingenuo, pero siempre tiene esta gran ventaja: la
experiencia puede autorizarlo o desautorizarlo, siempre podemos re- currir a ella. Si la ciencia con todo esto lograse satisfacer nuestros pro- blemas, no habría necesidad de ir hacia un más allá. ¿Por qué lo busca- mos? Porque la contestación de la ciencia nos parece siempre insufi- ciente, queda algo ignoto, un más allá que deseamos conocer, sobre todo cuando se trata de algún elemento primitivo con que la ciencia opera sin explicarnos su naturaleza; así el matemático que se ocupa en mecánica del problema del movimiento, no explica el movimiento en sí, habla del espacio, del tiempo, de la misma transmisión del movi- miento: es un hecho que abstrae. Y dirá que la explicación del movi- miento, del espacio, etc., no corresponde a la ciencia. Pero..., ¿cómo hacemos para superar este conocimiento? La ciencia llega hasta el lí- mite de la experiencia, en los esquemas ha sido englobada toda la ex- periencia, pero queda algo que parece estar más allá. Bien, dice Wundt, tenemos que llegar a un tercer grado del conocimiento, el racional, donde ya no queda el recurso de apelar a la intuición, tenemos que operar con conceptos abstractos; encadena todo de una manera lógica y trata de coordinar los hechos que conocemos para inferir los que no cono- cemos y fundar así la filosofía y metafísica (que en el fondo son una misma cosa para Wundt).
Habrían, pues, tres grados del conocimiento: perceptivo, intelecti- vo y racional, a este último le quedan tres problemas que resolver: -El Cosmológico: un concepto universal del mundo objetivo. -El Psicológico: una solución y concepción sobre la naturaleza de los fenómenos subjetivos.
-El Ontológico: el propiamente metafísico, el problema del Ser. Hasta aquí el plan de Wundt es perfectamente comprensible y ra- zonable: establece un programa para desarrollar la investigación cien- tífica y superarla con una construcción filosófica, sin desconocer que esa construcción tiene que fundarse en hipótesis, a semejanza de otros elementos hipotéticos con que integramos un conocimiento científi- co. De cómo sobre esta base, desarrolla su propio sistema filosófico, es un asunto que carece de interés. Pero en esta teoría se encuentra el plan general de todas las tentativas de la filosofía cientificista.
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Entre nosotros tenemos a un hombre que ocupa posición seme- jante: Ingenieros, que no nos ha dado la conclusión filosófica a que aspira, pero sí un programa para llegar a una filosofía cientificista que está en su obra Las Proposiciones donde encontraremos una posición muy semejante a la que desenvuelve Wundt en su Teoría del Conoci- miento. El conocimiento inmediato, como base de todo conocimien- to científico; la hipótesis, como parte integrante de las ciencias; y nues- tra capacidad para construir sobre esas hipótesis científicas otras más amplias: lo que llama IngenierosMeta-Hipótesis.
Con respecto al programa de los cientificistas hay pocas divergen- cias; desde que creen que nuestro conocimiento radica en las ciencias, tienen que adaptarse a esta manera de ver de Wundt. Sin embargo los que han intentado ampliar este programa han llegado a conclusiones muy distintas. Una vez que han llegado a los límites de la experiencia y han intentado pasar más adelante, a pesar de que todo intento lo pre- sentan con la más estrecha lógica y dentro de un orden perfectamente racional, a pesar de todo eso, llegan a conclusiones divergentes.
Wundtllegó a un idealismo o sistema ecléctico, mezcla de idealis- mo, racionalismo, voluntarismo y espiritualismo; con la célebre teoría del paralelismo psicofísico, según el cual nuestras manifestaciones físi- cas y psíquicas lo son de una unidad esencial, sólo que se presentan como dos aspectos distintos de esta unidad. Para aplicar una concep- ción de este orden hay que valerse del ejemplo: las manifestaciones físicas y psíquicas están en la relación de lo cóncavo y convexo de una esfera, la cual por un lado nos parece cóncava y por otra convexa, así la realidad sería única, pero contemplada bajo un aspecto, es física, y bajo otro, es psíquica.
Por último Wundt seaproxima a una solución semejante a la de Spinoza que supone la existencia de una sustancia universal.
Sobre esta misma base, otros cientificistas llegan a las sistematizaciones energéticas, entendiendo que la ciencia no nos da cuenta sino de la acción de un proceso dinámico que se desenvuelve en virtud de una fuerza que debemos suponer como una energía uni- versal. En el hecho, hasta donde llega la experiencia de las ciencias,
esta energía se nos presenta en formas distintas: primero, como ener- gía física (luz, calor, movimiento, gravitación, etc.); segundo, como energía vital en los organismos vivos; tercero, como energía psíquica en el pensamiento.
Entonces tendríamos tres energías universales; pero las construc- ciones metafísicas tienden a la unidad, pretenden reducir esas distintas manifestaciones a un solo concepto, intentan ver si todas las manifes- taciones de la energía pueden reducirse a la cósmica. Supongamos que entre esas doctrinas prefiero la solución materialista, entonces me de- terminaré por la sustanciauniversal. En la actualidad predominan las soluciones dinámicas y energéticas. Pero siempre queda la dificultad de explicar (porque las explicaciones científicas son objetivas) las fun- ciones psíquicas. Ya resulta difícil vincular el fenómeno biológico al psíquico, aunque no se produzca el psíquico sin su concomitante fi- siológico, todavía no hemos logrado crear el fenómeno vivo; entre ambos (físico y biológico) hay siempre un abismo. La generación es- pontánea niega la ciencia. ¿Cómo pasamos al fenómeno vivo? ¿Qué conformación experimenta la energía? Y la dificultad se acrecienta si pasamos de la energía orgánica a la psíquica. Ostwald dice que la ener- gía en parte es consciente y en parte inconsciente. Pero lo que aquí nos interesa es saber como se vuelve consciente y produce el fenómeno, por cierto no despreciable, de nuestro yo.
De modo que la misma teoría del conocimiento permite al Cientificismo llegar a las conclusiones más diversas.