CHAPTER 4. Development of an integrating suicide vector and counterselection
4.4. Discussion
Para comenzar el análisis, resulta pertinente recordar la definición del término dignidad propuesta por la Real Academia española (Año):
Dignidad (RAE, 2001) (Del lat. dignitas, -ātis).
• “Cualidad de digno” • “Excelencia, realce”.
• “Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”
Definir el concepto de dignidad es complejo por lo tanto cabe señalar las Aseveraciones de Kant, quien logra aclararnos sobre:
El concepto de dignidad humana es una expresión eminentemente ética. En diversas constituciones latinoamericanas (como la brasileña y la chilena), este concepto aparece expresamente en relación con el respeto absoluto que se le debe a la persona humana. Como es sabido (…). Kant Concibe la “dignidad” como un valor intrínseco de la persona moral, la cual no admite equivalentes (…) ser dotado de razón y voluntad libre, el ser humano es un fin en sí mismo, que, a su vez, puede proponerse fines. Es un ser capaz de hacerse preguntas morales, de discernir entre lo justo y lo injusto, de distinguir entre acciones morales e inmorales, y de obrar según principios morales, es decir, de obrar de forma responsable. Los seres moralmente imputables son fines en sí mismos, esto es, son seres autónomos y merecen un respeto incondicionado. El valor de la persona (…) proviene de la dignidad que le es inherente a los seres racionales libres y autónomos. La dignidad es una instancia moral que distingue al ser humano de los animales “y lo ennoblece ante todas las demás criaturas. Nuestra obligación con nosotros mismos es no negar la dignidad de la humanidad en nuestra propia
persona” (Kant, I.1964: a 119). el fundamento de la dignidad humana radica en la autonomía y la capacidad moral de los seres humanos (Michelini, s.f).
Para este análisis solo serán consideradas las primeras tres definiciones que están de la Real Academia Española, ya que poseen directa relación con cualidades humanas. Se considera la dignidad como un concepto inherente al ser humano, es decir que todos nacemos con ella, siendo una cualidad innata y de derecho intrínseco de nuestra especie, la cual no se desarrolla con el paso del tiempo sino que nos acompaña desde el momento en que somos concebidos.
Juan Radrigán asume en su dramaturgia el compromiso con la representación del mundo, la perspectiva y el discurso de aquellos con menos posibilidades de alcanzar a ser considerados –vistos y/o escuchados– en el entramado social cotidiano. En este intento sus personajes emergen como portadores de una significativa densidad histórica y cultural, propia del mundo popular y del registro oral, recuperada en su autonomía, validez y dignidad. A la vez, este rescate no es idealizador ni complaciente, no hay en el autor conmiseración para con sus personajes sino el máximo de exigencia, obligándolos a enfrentarse con la mayor dureza a sí mismos como condición esencial para acceder a una eventual rehumanización. Por último, y en tanto lo anterior ocurre siempre en situaciones límite, la intensidad de esta experiencia existencial contribuye finalmente a superar la estrecha caracterización socioeconómica de los personajes de la ficción para abrir la interpretación de la misma hacia una reflexión sobre la condición humana en general. (Albornoz, 2005).
Radrigán interpela al lector/espectador a través de un movimiento cíclico generado por sus personajes que persiguen la dignidad para ser dignos y/o son dignos porque buscan la dignidad. Independiente de cuan bajo caen los personajes social o moralmente, su dignidad ofrece apoyo para que se levanten, revelando un discurso sorprendente, siendo poco creíble que, en momentos de tan profundo vacío y desposesión, puedan expresarse con un lenguaje tan versátil.
El autor (Radrigán) impregna en sus personajes esta característica para darles grandeza a los individuos. Los miramos porque son dignos, o son dignos porque los miramos. Son conclusiones circulares que empiezan, terminan y vuelven a empezar con seres básicamente exiliados de su propia tierra.
Un lenguaje popular, desdentado y a tirones utilizan los personajes de Radrigán. Pero con un vuelo que permite pasar de la anécdota a niveles profundos de la existencia humana. A través de un decir cotidiano e imperfecto se filtra un tono poético que transporta, valora y reivindica los derechos básicos del ser humano, y que asoman a la intemperie aunque estén aplastados por toneladas de mercado (Pulgar, 2011)
La dignidad es parte constitutiva de los personajes que poseen carencias materiales, otorgándoles la facultad de poder decidir sus propias vidas, de aceptar, rechazar o ignorar ciertas situaciones presentes en sus obras. Un ejemplo de ello, se presenta en el personaje de Emilio en la obra Hechos consumados, quien no acepta ser desplazado y que lo pasen a llevar como le ha ocurrido a lo largo de toda su vida. Al contrario, muestra la voluntad de decidir sobre su propia existencia aunque esto ocasione su muerte, dando testimonio de que su dignidad es aún mayor.
Radrigán también expone la sociedad que marginaliza a sus integrantes, ya sea mediante un representante de la empresa que lo echó de su empleo o de una sociedad que descontinuó su oficio, debido a la informatización o industrialización.
Los personajes radriganianos no escalan socialmente, más bien tratan de superar su continua inestabilidad, ya que presienten que en cualquier momento su realidad vital decaerá. Las esperanzas o buenas noticias no existen, ya que las desgracias inevitablemente, vuelven a ocurrir.
Por su parte, Boal expresa su deseo de cambiar la realidad de los practicantes de su sistema teatral y enfatiza su esperanza en la capacidad del individuo de transformar su sociedad.
En Boal la dignidad es trabajada como un valor ético particular que se puede comprender como una virtud, donde una persona no puede concederlo, ni mucho
menos quitárselo a alguien, porque es un privilegio esencial de la condición humana. No todos los hombres tienen conciencia de poseer dignidad, por eso es tan valioso el trabajo que ocurre en las obras de Teatro Fórum, donde el público al entrar en el escenario y actuar, se da cuenta de sus derechos y de las opresiones que ocurren en su cotidiano mediante la interpretación de un personaje, olvidándose de que deben apropiarse de la dignidad ya que es inherente a la condición humana.
El T.O. con sus metodologías pretende, que en cada área específica de la vida, el ser humano logre realizarse plenamente, por medio de un mecanismo funcional haciendo que el individuo comprenda y se haga consciente de sus derechos, con lo cual devuelve la dignidad a personas que la consideren perdida o creen no poseerla.
En cuanto a la dramaturgia radriganiana, la dignidad es el principio que motiva el accionar cotidiano de los personajes, pero esto entendiéndolo como algo posterior al existencialismo presente en ellos como su razón de vivir...
En muchos de los textos, como por ejemplo en la obra Hechos consumados,los diálogos podrían estar en la boca de personajes de realidades socio-culturales opuestas a Marta y Emilio, puesto que Radrigán utiliza un vocabulario sin groserías, ajeno a las poblaciones de donde son originarios sus personajes. Es así que, dignificándolos mediante el lenguaje, demuestra que su situación es una consecuencia de la devastación de la sociedad en el periodo dictatorial, siempre nostálgica de un periodo anterior, como el personaje Pedro en El invitado, donde extraña el periodo en que era pobre, no porque ahora no lo siga siendo, sino porque percibe que su situación social ha declinado pasando a ser un miserable.