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Discussion

DISCUSSION

Dado que este trabajo de tesis se centraliza en la investigación sobre los restos óseos fetales e infantiles que componen la colección osteológica, no podemos dejar de realizar algunas consideraciones relativas a la mortalidad infantil en la región.

En primer lugar, definir conceptos. En este sentido, el Ministerio de Salud de la Nación ofrece una serie de definiciones al respecto, así como sobre indicadores de mortalidad fetal e infantil (DEIS 2012).

La mortalidad fetal representa la muerte “antes de la expulsión completa de su madre de un producto de la gestación, independientemente de la duración del embarazo”. Además, en nuestro país, se adopta la categorización propuesta por la Clasificación Internacional de las Enfermedades (10ma revisión) (OPS 1995), donde se establece que las muertes fetales tardías (o mortinatos) son aquellas ocurridas hasta la semana 22 de la gestación (o 500gr de peso).

Esta fecha marca un límite ya que la mortalidad ocurrida a partir de ella se incorpora a lo que se denomina mortalidad perinatal, que involucra el período comprendido entre las 22 semanas de gestación y los 7 días posteriores al nacimiento, estando establecido por estadísticas que la mayoría de los casos incluidos en esta categoría corresponden a individuos producto de partos pretérmino, encontrándose concentrados en el extremo inferior de la distribución de peso.

Desde 1960 es conocido que la población de bajo peso al nacimiento está conformada por dos grupos: prematuros y con retraso de crecimiento intrauterino (RCIU). El primer grupo se define de acuerdo al tiempo de gestación, mientras que el segundo refiere al peso para la edad gestacional. Los estudios desarrollados durante

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los años setenta dejaron claramente establecido que el bajo peso al nacimiento es un factor determinante en la mortalidad perinatal (Susser et al. 1972), sin embargo, más adelante, nuevos estudios epidemiológicos y de salud pública llevaron a hacer un análisis más complejo. Aunque el RCIU y el nacimiento prematuro pueden ocurrir simultáneamente, los individuos prematuros son los que presentan mayor riesgo de mortalidad perinatal, incluso mucho mayor que la de los casos de RCIU con nacimientos a término y aún más si se excluyen las malformaciones congénitas fatales. Los factores de riesgo como tabaquismo, desnutrición, poca ganancia de peso y bajo peso a la concepción explican buena parte de la proporción de individuos con RCIU. Sin embargo, y aún teniendo en cuenta los factores de riesgo, una alta proporción de nacimientos prematuros no puede ser explicada (Kiely y Susser 1992).

La observación de que la mortalidad perinatal se incrementa de manera exponencial a medida que desciende el peso al nacimiento, dentro de cada intervalo gestacional, llevó a considerar el peso al nacimiento desde una perspectiva diagnóstica pero no explicativa de la mortalidad. Esto llevó a J. Kiely y M. Susser a postular que: en los individuos prematuros, el acortamiento del período de gestación impide el adecuado crecimiento y desarrollo dando como resultado individuos de baja talla y peso, lo cual explica la alta mortalidad en prematuros, y es el motivo por el cual el bajo peso al nacimiento es un buen indicador del riesgo de mortalidad (Kiely y Susser 1992).

El concepto de mortalidad infantil comprende la mortalidad de todos los menores de un año. Sin embargo, es importante la diferenciación entre el período neonatal y el postneonatal, dado que existen diferentes factores afectando la mortalidad en cada uno de ellos (Ruiz Ramos y Nieto García 2003). En este sentido, la mortalidad neonatal es la que ocurre en el transcurso de los primeros 28 días (neonatal precoz entre 0 y 6 días; neonatal tardía entre 7 y 27 días) y la mortalidad

postneonatal aquella que ocurre desde el fin del período neonatal hasta la edad de un año.

A partir de la Encuesta de Fertilidad Mundial, un estudio internacional llevado adelante en 42 países entre 1972 y 1984, surgieron interesantes datos relativos a la mortalidad infantil que permitieron proporcionar una visión general de la misma. Respecto de la mortalidad neonatal y postneonatal, el estudio permitió observar que cuando la mortalidad infantil es baja, la muerte es causada mayoritariamente por factores endógenos, como defectos genéticos que resultan fatales en el corto plazo posterior al nacimiento. En cambio, cuando la mortalidad infantil es alta, las causas

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exógenas, como enfermedades infecciosas y desórdenes gastrointestinales son mucho más importantes. Por lo tanto el balance entre mortalidad neonatal y postneonatal no es independiente de la tasa de mortalidad infantil y, en términos generales, donde existen bajas tasas de mortalidad infantil, los mayores porcentajes se concentran en la mortalidad neonatal. En este sentido, cuando ocurre una disminución en la mortalidad infantil, también baja la mortalidad de todo el grupo comprendido entre el mes y los 5 años posteriores al nacimiento (Chidambaram et al.

1985).

La Colección Lambre en su conjunto está compuesta por individuos que fallecieron entre 1936 y 2001, encontrándose la mayor proporción de fechas de fallecimiento en la década del noventa. Por este motivo es de interés para este trabajo conocer, además, las características de la mortalidad infantil en la región para el período de interés.

En nuestro país ha habido una disminución de la mortalidad infantil de 1980 en adelante (Bossio y Arias 2001). Esta reducción puede observarse tanto en la Provincia de Buenos Aires como en la Ciudad de La Plata, basada en datos provistos por el Ministerio de Salud de la Provincia (Fig. 5). Respecto de las causas de mortalidad, se observa que las causas perinatales y congénitas aumentaron su incidencia, mientras que las causas respiratorias e infecciosas disminuyeron, dando como resultado, para 1999, un 64,2% de la mortalidad correspondiente al período neonatal y un 35,5% al postneonatal (Bossio y Arias 2001; Rojo et al. 2006). Este descenso en la mortalidad infantil puede ser explicado parcialmente por una disminución en la mortalidad de recién nacidos de bajo peso, que, como detalla P. de Sarrasqueta (2001), pasó del 25,6 al 18,8 por mil entre 1990 y 1997 a causa de la extensión y desarrollo de los cuidados intensivos neonatales.

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Figura 5. Tasa de mortalidad infantil 1990-2009.

Información proveniente de Dirección de Información Sistematizada, Dirección Provincial de Planificación de la Salud, Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires y elaborada por la Dirección Provincial de Estadística, Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires.

Este cambio en el perfil de mortalidad infantil es un indicador del proceso de

transición epidemiológica (Abeyá Gilardón 2001), entendida como el cambio en los patrones de salud enfermedad y sus determinantes y consecuencias demográficas, económicas y sociales (Omran 1971). Aunque el modelo ha recibido diversas críticas, en el marco de la investigación antropológica también fue el disparador para la indagación acerca de la relación entre las prevalencias de enfermedades y la estructura socioeconómica de las poblaciones (Plischuk 2012). La transición epidemiológica puede delinearse a través de una serie de postulados clave. Por un lado, y entendiendo que la mortalidad es un factor fundamental dentro de las dinámicas poblacionales, se observa que los patrones de mortalidad signados por pandemias e infecciones fueron dando lugar a patrones caracterizados por enfermedades degenerativas. Este cambio se debe principalmente al descubrimiento de los antibióticos durante el siglo XX de manera que ésta y otras mejoras en las condiciones de salud, tuvieron un alto impacto en el descenso de la mortalidad infantil (Omran 1971).

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La situación de transición epidemiológica en Argentina fue estudiada por S. Curto et al. (2001), quienes analizaron las causas de muerte a partir de información proveniente de censos demográficos de Argentina y de la Ciudad de Buenos Aires, demostrando gráficamente este proceso (Fig. 6).

Figura 6. Transición epidemiológica en Argentina. Reproducido de Curto et al.

(2001).

Finalmente, y sin perjuicio de todo lo anterior, es importante mencionar que, en lo relativo a estudios epidemiológico-demográficos es imprescindible contar con una fuente de información fiable. Estos análisis generalmente se basan en censos, estadísticas vitales y certificaciones de diversos orígenes. Así, mientras algunos indagan en registros parroquiales antiguos (Galley y Woods 1998), otros recurren a estadísticas correspondientes a un partido, provincia o nación (Curto et al. 2001; Rojo

et al. 2006; Buchbinder 2008) y, si bien en los estudios a mayor escala la información es obtenida y procesada por diferentes estamentos, en los estudios donde la investigación involucra la recolección de la información, se han observado falencias en los registros. Esta situación ha sido mencionada en la investigación regional relativa a mortalidad infantil, enfatizando que las causas de mortalidad fetal y neonatal son difíciles de analizar debido a la falta de coherencia en las definiciones adoptadas por la nación (Rojo et al. 2006) y el deficiente registro de la edad gestacional (Lomuto 1998). Estas mismas problemáticas surgieron en el análisis de la información

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documental asociada a los restos esqueléticos que componen nuestra colección, motivo por el cual se diseñó una metodología relativa al tratamiento de la información de la edad que fue detallada en un capítulo previo. Asimismo, la composición de la Colección Lambre está relacionada con la mortalidad infantil en la región, aunque son necesarias algunas consideraciones que se desarrollarán en el apartado siguiente.

3.2 DEMOGRAFÍA,

EPIDEMIOLOGÍA Y

COLECCIONES

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