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hermano también hacía parte de este proceso.

La vuelta olímpica oficial fue el 6 de Julio luego de ganarle 1-0 a Girardot con gol de Orlando Rengifo . Pero debo confesar que fue mas emocionante la celebracion anterior. La primera fue espontánea , fue la mayor celebración en la historia de la ciudad, pues era el primer título que se ganaban.

La plaza de Cúcuta siempre fue muy exigente. Aunque cabe resaltar que ese año en particular no había queja del rendiento en lo deportivo y por ende en el administrativo. Como en todos los estadios, hay barras complicadas. En esa época existían todavía los gorriones, estaba el grupo de los de oriental -o en ese tiempo “sol”- que se llamaba “Los Toches” y en el costado occidental – sombra- estaban los hinchas de toda la vida, los menos tolerantes en cuanto a resultados. Unos amigos míos, fieles hasta hoy incluso, crearon una que se llamaba “Barra de Chocolate”.

La gente siempre me habó en el estadio. Me referenciaban como la hija del dueño y presidente. Ya fuera para bien o para mal. Si el equipo iba bien en la tabla o jugaba bien el partido , me gritaban cosas buenas, aunque no faltaban los interesados. Y si esa no era la tarde del técnico o de los jugadores, me miraban raro , o se escondían para gritar cosas. Realmente, muy pocas veces le presté atención a esos comentarios.

Desde que me acuerdo mi papá no se sentaba en palco ni nada por estilo. Bueno, con la excepción que fuera un momento crítico y corriera riesgo la seguridad de cualquiera. Cuando tenía alguna duda se la preguntaba a él. Precisamente, lo primero que me enseño fue como se para un equipo, obviamente en el lenguaje de ese momento. Por ejemplo: El arquero, los back central , los marcadores de punta, volantes de contención, volantes de creación y punteros. Antes de algún partido de la selección Colombia me hablaba de posiciones y de cómo jugaría posiblemente.

No niego que la principio entender el fútbol no fue nada fácil. Tal ve porque muchas veces influye el machismo que rodea este deporte. La visión de una mujer con respecto a este deporte, considero es diferente. Un hombre, desde muy pequeño juega con balones, le inculcan el fútbol, tal vez el amor por una camiseta , mientras que para una mujer las costumbres son diferentes. Por eso, el gusto se va desarrollando. No siento que el gusto o la afición hacia esto haya nacido con cada uno. Todo lo contrario, se alimenta. Siempre me he considerado una mujer normal. Me gustaban las muñecas y todo con lo que una niña crece. Por eso, me atrevería a pensar que parte de ese amor nace del vínculo con mi papá. Unos lazos muy grandes que se fueron fortaleciendo.

Por eso, al ver su pasión, su admiración y su manera de trabajar me llamó la atención indagar acerca de estos temas. Evidentemente, al principio no era claro ver cada idea de un Técnico, o que pretendía hacer en los partidos. Todas estas dudas me llevaron a preguntarle cada cosa que no entendía a mi papá. El fuera de lugar no fue muy fácil de aprender, entenderlo fue uno de los mayores logros. Pero para conseguirlo, había que detener la jugada, mirar la posición de los defensores y de los jugadores del equipo contrario que estaba atacando. Al final, después de varios intentos, con mucha paciencia de parte de mi padre, logre relacionar que dependía mucho del momento en el que saliera el balón.

Así que la mejor manera de ir aprendiendo pequeños detalles, me refiero a historia, táctica, etc. Era guiada por él. Generalmente veíamos partido juntos. A medida que se desarrollaba el compromiso me iba explicando ciertas reglas o jugadas dudosas. Incluso, de las cosas mas trascendentales en el previo de un partido era mirar la probable alineación y discutirla. La que salía en los periódicos. En ese caso, la fuente era La Opinión, si hablábamos del Cúcuta o de El Tiempo y El Espectador, si se trataba de la selección Colombia.

Muy pocas veces me gustó relacionar esta pasión con mujeres. Confieso que casi no me gustaba hablar del tema con ellas. Por eso, prefería pasar mas tiempo con hombres que pudieran debatir esas ideas que poco a poco iba aprendiendo. Tanto así, que las veces que jugué fútbol en el colegio, lo hice con hombres. Ellos me condicionaban a que si jugaba con ellos, yo debía ser un hombre mas. Realmente, no funcionó porque la segunda vez me partí un brazo. Es que como crecí en un ambiente netamente masculino y fuera de lo común, la credibilidad hacía el género femenino no existía. De la época no me acuerdo de muchas mujeres en este campo. Me atrevería a decir que solo de una ex reina de belleza morena que presentó alguna vez la sección de deportes en un noticiero que no tengo presente ahora. Mas adelante, conocí el trabajo de Liliana Salazar, pero ya para esa época, me estaba enfocando en esa profesión, así que envidiaba de buena manera su rol y aceptaba con mucho respeto el trabajo que realizaba en el campo de juego.

En esa misma época, cuando Cúcuta ascendió, entré a mi primera charla técnica. Fue en el hotel, la dictaba Sergio Santín y de vez en cuando intervenía mi papá aunque era muy respetuoso. El planteamiento de juego se hacía en papel periódico o en un tablero de acrílico. Fue en Rionegro, exactamente, en la hostería Llanogrande, cuando le pedí por primera vez que me dejara solo ver como era el ambiente antes del partido. Así que lo ví, no entendía muchas cosas, pero de las cosas que mas tengo presentes es que el técnico pedía que buscaran que les hicieran la falta cerca al área para aprovechar cualquier tiro

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