La ausencia de depósitos correspondientes al periodo comprendido entre el Pérmico y el Cretácico inferior permite suponer que el grado de incidencia que tuvieron determinados even- tos tectónicos del ciclo alpino (estructuración de cuencas pérmicas, rifting triásico y finijurásico) en el Sistema Central fue nulo o muy atenuado. Estos eventos, sin embargo, sí tienen un buen registro en áreas próximas: al este, en el estronque del Sistema Central con la Cordillera Ibérica, y al norte, en la Sierra de Pradales.
ALONSO (1981) y ALONSO y MAS (1982) citan la existencia de un cierto control tectónico du- rante el depósito del Cretácico superior en el sector oriental del Sistema Central, de tal forma que la distribución de sus facies y la forma de las cuencas estaría condicionada por dos directri- ces fundamentales, N110-120º y N20-30º.
A tenor de la homogeneidad de las facies Garum a ambos lados del Sistema Central es de supo- ner que el levantamiento de éste comenzara ya entrado el Paleógeno (finales del Eoceno, según PORTERO y OLIVE, 1983 y PORTERO y AZNAR, 1984) y continuara de forma progresiva durante el Oligoceno y Mioceno inferior, condicionando la individualización definitiva de la Fosa del Tajo. Es durante el Aragoniense (etapa Guadarrama de CALVO et al., 1991) cuando se produce la con- figuración prácticamente definitiva del Sistema Central (Fig. 2.2) en forma de “estructura levan- tada” o uplift cabalgante sobre las cuencas limítrofes, estructura que se ha explicado reciente- mente como un mega pop-up (BUTLER, 1982) intracratónico emergente por encima de una su- perficie intracrustal de despegue, situada a unos 8 km de profundidad (Fig. 2.3) que proceden- te de las Cordilleras Béticas, transmitiría hacia el antepaís los esfuerzos derivados de la formación de esta última cadena (BANKS y WARBURTON, 1986; WARBURTON y ÁLVAREZ, 1989). Aproximándose a esta idea pero perfilando detalles de la geología de superficie e integrando da- tos de paleoesfuerzos y gravimétricos, DE VICENTE et al. (1991, 1992 y 1994) han propuesto un modelo general para la evolución alpina del Sistema Central. Las estructuras compresivas princi- pales corresponden a cabalgamientos de dirección N45º a N80º, cuyo movimiento diferencial es- tá regulado por fallas de transferencia con direcciones N130º (desgarres dextrales) y N20º (des- garres sinestrales). Estos cabalgamientos enraizarían en una superficie intracrustal de despegue que con un perfil escalonado, estaría localizada a unos 9 km de profundidad en el sector septen- trional de la cadena y a unos 16 km en el sector meridional. Los pliegues que dibuja la coberte- ra mesozoica y en su ausencia, el techo del basamento, se interpretan como “pliegues de aco- modación” (fault bend folds de SUPPE, 1985 o JAMISON, 1987) ya que se producen por la aco- modación de los bloques de techo a la geometría de las rampas sobre las que se deslizan. Los autores mencionados deducen una dirección de acortamiento máximo en torno a los N150º. El perfil escalonado de la superficie intracrustal de despegue podría justificar la asimetría de la cadena cuya vertiente septentrional es más escalonada, con presencia de numerosos cabalga- mientos de bajo a medio ángulo y un cabalgamiento frontal con menor salto que en la vertien- te meridional, donde existen menos cabalgamientos, pero con mayor ángulo de buzamiento, que permiten una imbricación rápida sobre la Fosa del Tajo. Esta asimetría, se pone también de manifiesto en la morfología actual de la cadena, cuya zona axial, más elevada, está claramente desplazada hacia el margen meridional.
Figura 2.2.
Cuadr
o de corr
elación entr
e unidades tectosedimentarias y campos de esfuerzo en la cuenca de Madrid durante el Neoge
no (según Calvo et
Figura 2.3. T
ransversal de la estructura alpina del Sistema Central y cor
dilleras béticas según Banks y W
Dentro del esquema general de vergencias, al sur en el margen meridional y al norte en el sep- tentrional, son frecuentes, especialmente en este último, los retrocabalgamientos que permiten la individualización de bloques levantados o pequeños pop up. Uno de estos bloques es el de Santa María la Real de Nieva, en cuyo borde meridional se observa una orla de materiales cretá- cicos que presentan fuertes buzamientos e incluso, como ocurre en la Hoja de Cantalejo, llegan a estar invertidos. Esta disposición permite interpretar este borde como el flanco inverso o verti- calizado de un anticlinal vergente al SE, que muy probablemente refleja el funcionamiento de un cabalgamiento de alto ángulo vergente en esta misma dirección. De hecho, en la Hoja de Nava de la Asunción (456) se han cartografiado cabalgamientos de estas características en las inme- diaciones de Carbonero el Mayor. Sobre la naturaleza del margen NO de este macizo poco se puede decir al estar oculto bajo los depósitos aragonienses y cuaternarios, pero es de suponer que el límite septentrional del macizo coincida con un cabalgamiento vergente al NO que sería muy probablemente el que resuelve la traslación de éste sobre la Depresión del Duero (cabalga- miento frontal).
En la esquina SE de la Hoja, los depósitos aragonienses reposan discordantes sobre los ortognei- ses glandulares y los materiales mesozoicos, que en este punto constituyen el borde septentrio- nal del Sistema Central en sentido estricto; por esta razón no se puede precisar la naturaleza de este borde en profundidad aunque según los afloramientos contiguos hacia el este parece que hay continuidad estructural con el Macizo de Sepúlveda (Hoja de Sepúlveda, 431).
Respecto a la edad de los movimientos alpinos, existe una mayor imprecisión que en el margen meridional dada la mala correlación que todavía existe entre buena parte de los depósitos tercia- rios de ambos márgenes del Sistema Central y a su vez, entre los del margen septentrional y los del resto de la Depresión del Duero. Sin embargo, en este último margen, los depósitos arago- nienses no se ven involucrados en la deformación con la misma intensidad que en el margen me- ridional. Este techo se podría explicar por una heterocronía de la deformación a uno y otro mar- gen del Sistema Central, o bien por una imprecisión en la datación de las series terciarias del mar- gen septentrional.
3. GEOMORFOLOGÍA